* Según Asocolflores, Colombia exportó más de 310 mil toneladas de flores a cien mercados internacionales durante 2025.
* Las flores del Día de la Madre comienzan su preparación entre octubre y noviembre: dependiendo de la especie, el ciclo puede arrancar con la poda de hortensias en octubre o con la siembra de crisantemos pocas semanas antes de la fecha, exigiendo en todos los casos una gestión fitosanitaria precisa para alcanzar los estándares que exigen los mercados internacionales.
* Los floricultores colombianos avanzan en la incorporación de prácticas regenerativas que mejoran la salud del suelo, optimizan el uso de insumos y refuerzan la productividad del cultivo a mediano plazo.
* La floricultura colombiana incorpora prácticas de agricultura regenerativa para fortalecer la competitividad exportadora
Agricultura & Ganadería
(Bayer -Jueves 7 de mayo de 2026).- En este momento, en los invernaderos y campos de la Sabana de Bogotá y el oriente antioqueño, se ejecuta la cosecha de las flores que llegarán a los hogares colombianos el Día de la Madre. Es el resultado de seis meses de gestión agronómica que inició en noviembre: un proceso que, en el sector floricultor más competitivo de América Latina, cada vez integra más prácticas de agricultura regenerativa. No solo como compromiso ambiental, sino como estrategia de negocio.
Un sector que se tecnifica y siembra en noviembre para cosechar en mayo
Según Asocolflores, la floricultura colombiana genera más de 240.000 empleos formales directos e indirectos, de los cuales el 60% son directos. Cerca del 60% de los empleos están ocupados por mujeres, y la gran mayoría son madres cabeza de familia. En términos de empleo formal, es el sector agrícola más intensivo en mano de obra del país. En 2025, el país exportó cerca de 317 mil toneladas de flores a cerca de 100 mercados, logrando un ingreso de más de 2.200 millones de dólares.
Fechas como Día de San Valentín o Día de la Madre pueden concentrar más del 20% del volumen exportador. Solo en la primera fecha se exportaron más de 900 millones de tallos.
La producción de flores para el Día de la Madre equivale a una apuesta agronómica que se planifica con meses de anticipación. Los tiempos varían según la especie: mientras el crisantemo requiere apenas 10 a 11 semanas de cultivo y se siembra en consecuencia, la hortensia de ciclo corto comienza a prepararse desde octubre mediante podas estratégicas. En todos los casos, el punto óptimo de cosecha debe alcanzarse en un margen de tiempo muy estrecho, lo que exige condiciones fitosanitarias impecables, suelos biológicamente activos y una gestión precisa del riego, la nutrición y la protección de cultivos. Las plagas y enfermedades representan uno de los mayores riesgos productivos del sector y pueden comprometer la calidad de tallos y pétalos que los mercados internacionales exigen.
Regenerar el suelo como decisión de negocio
Para Osiris Ocando, líder de asuntos agrícolas para Latinoamérica de Bayer, la agricultura regenerativa es una solución que propone ir más allá de la sostenibilidad: restaurar activamente los recursos naturales mientras se produce. En la floricultura, esto se traduce en prácticas que mejoran la estructura del suelo, optimizan el uso del agua, incrementan la biodiversidad funcional y reducen la dependencia de insumos externos. Labranza mínima, uso estratégico de biológicos, rotación de cultivos de cobertura entre ciclos productivos y aplicación de productos fitosanitarios de nueva generación son algunas de las herramientas que productores floricultores están incorporando en sus sistemas de manejo.
“La floricultura colombiana ha sido históricamente pionera en estándares de calidad y formalización. Hoy tiene la oportunidad de liderar también la transición hacia sistemas productivos que cuiden el suelo como recurso estratégico. Un suelo sano no solo produce flores más resistentes, produce flores con menor costo de manejo y mayor resiliencia frente a los extremos climáticos”, afirma Ocando.
Competitividad y sostenibilidad: una agenda común
Colombia produce más de mil variedades de flores durante todo el año. Mantener esa posición requiere sistemas productivos que garanticen calidad de manera consistente y que reduzcan la exposición a riesgos sanitarios y climáticos. Los resultados en campo muestran que la integración entre protección de cultivos de última generación y prácticas regenerativas puede mantener la productividad: suelos con mayor capacidad de infiltración, menor presión de plagas por biodiversidad funcional y reducción progresiva de costos de insumos son compatibles con los estándares de exportación que el mercado internacional exige.
Para Néstor Muñoz, ingeniero agrónomo y representante de Colombia en la Global Farmer Network “la agricultura regenerativa no es una técnica puntual, es una estrategia integral que combina ciencia, tradición y rentabilidad sostenible. En cultivos permite aprovechar suelos antes subutilizados, mejorar la fertilidad y reducir el impacto ambiental, al tiempo que garantiza empleo para madres cabeza de hogar y visibilidad colombiana en los mercados internacionales”.