* Durante la Global Conference on Smart Farming, la FAO destacó experiencias de Perú, Bolivia y la iniciativa regional 1.000 Aldeas Digitales como ejemplos de cómo los datos, la innovación y el desarrollo de capacidades pueden acelerar la transformación de los sistemas agroalimentarios. Foto Cortesía: FAO: Wenwei Luo.
Agricultura & Ganadería
(FAO – Jueves 2 de julio de 2026).- La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó experiencias desarrolladas en América Latina y el Caribe que demuestran cómo la agricultura inteligente puede ayudar a los productores a tomar mejores decisiones, mejorar la productividad, optimizar el uso de los recursos naturales y fortalecer la resiliencia de los sistemas agroalimentarios.
En un contexto de cambio climático y creciente presión sobre los recursos naturales, la agricultura inteligente ofrece soluciones para producir más con menos, optimizando el uso del agua y otros insumos. La integración de tecnologías digitales y el desarrollo de capacidades contribuyen a fortalecer la productividad y la resiliencia de los sistemas agroalimentarios.
Durante la Global Conference on Smart Farming, el subdirector General y Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Rene Orellana Halkyer, destacó que la agricultura inteligente no debe entenderse como una tecnología aislada, sino como un sistema que integra datos, capacidades locales, innovación, servicios de apoyo y acceso a mercados.
En su presentación, el Representante Regional mostró tres experiencias desarrolladas por la FAO en la región que ilustran cómo las tecnologías digitales pueden responder a desafíos concretos que enfrentan productores y comunidades rurales en la región.
En Perú, la FAO apoya el desarrollo de Sanismart, un sistema de inteligencia acuícola implementado en Tumbes que combina sensores, análisis de datos e inteligencia artificial para monitorear la calidad del agua y generar alertas tempranas sobre riesgos sanitarios. La herramienta permite anticipar situaciones asociadas a enfermedades, estrés fisiológico y otros factores que afectan la producción acuícola.
El sistema integra información ambiental, productiva y epidemiológica mediante sensores que transmiten datos en tiempo real y modelos predictivos capaces de identificar entre tres y cinco patógenos de alto impacto. Los resultados muestran el potencial de fortalecer la bioseguridad, mejorar la trazabilidad y reducir pérdidas productivas mediante decisiones más oportunas.
En Bolivia, donde la disponibilidad y el uso eficiente del agua son desafíos crecientes para la agricultura, el sistema EMA integra sensores de campo, imágenes satelitales e inteligencia artificial para optimizar el riego y el manejo de cultivos. La herramienta permite pasar de calendarios generales de riego a decisiones basadas en información en tiempo real sobre humedad del suelo, temperatura y nutrientes, aumentando la eficiencia en el uso del agua y reduciendo costos de producción.
El Representante Regional sostuvo que la agricultura inteligente constituye “el puente entre los datos locales, mejores decisiones, mercados más sólidos y sistemas agroalimentarios más resilientes”, y reafirmó el compromiso de la FAO con el apoyo a los países para construir sistemas digitales inclusivos, asequibles y escalables que contribuyan a una agricultura más productiva, sostenible y resiliente frente a los desafíos climáticos, económicos y sociales que enfrenta la región.
Orellana también destacó la iniciativa 1.000 Aldeas Digitales, mediante la cual la FAO impulsa una red regional de agentes digitales de origen campesino que acercan tecnologías y servicios a comunidades agrícolas. La primera convocatoria conformó un registro de 3.670 candidatos calificados, de los cuales más de 3.500 profesionales jóvenes provenientes de comunidades agrícolas fueron identificados como potenciales agentes digitales en nueve países de América Latina y el Caribe. Estos profesionales combinan conocimientos técnicos, arraigo territorial y capacidades digitales para facilitar la adopción de innovaciones en sus propias comunidades.
“La tecnología, por sí sola, no transforma la agricultura”, señaló Orellana. “Para escalar soluciones se requieren capacidades locales, servicios de apoyo, marcos de políticas públicas y gobernanza, financiamiento y herramientas accesibles que permitan a los productores tomar mejores decisiones”.