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Por: German Bahamón Jaramillo * / Autor Invitado
Agricultura & Ganadería
(GBJ – Martes 8 de septiembre de 2026).- En los últimos doce meses Colombia importó 1,55 millones de sacos de café. Nuestro consumo interno es de aproximadamente 2,4 millones.
El dato es nuestro. Lo publica @FedeCafeteros y no lo escondemos. Buena parte responde a una necesidad real en un año de menor disponibilidad, que obliga a garantizar el abastecimiento de la industria, y eso es legítimo.
Pero hay una parte que no es abastecimiento. Es arquitectura de precio.
Un kilo de café colombiano tiene un piso de precio. Lo fijan la bolsa de Nueva York, la prima de nuestro origen y la TRM. Y por debajo hay algo que ninguna de esas tres variables controla, el costo de producirlo. Es decir, los jornales, el abono, la recolección. Ese margen tan justo, es el ingreso de una familia.
El café tostado, por debajo de cierto punto de precio en góndola, no puede ser colombiano. No es una opinión. Es aritmética.
Por eso el punto de precio en góndola nunca es solo una decisión comercial. Es también, una decisión de origen.
Quiero ser más explícito, porque me importa. Aquí nadie está haciendo nada indebido. Importar es legal y hoy puede ser necesario. Respetamos el mercado libre y respetamos profundamente a la industria colombiana. No es una pelea. Es una advertencia sobre hacia dónde nos lleva el camino si solo competimos por el punto más bajo.
Lo que propongo es sencillo, y es por el consumidor.
Hoy no existe una norma que obligue a declarar el origen del café en el empaque. Propongo que la construyamos.
Que en el empaque sea tan legible de dónde viene el café como cuántos gramos contiene. Que quien está frente al anaquel pueda distinguir, sin lupa y sin ser experto, si lo que se lleva a su casa es café 100% de Colombia.
No es una exigencia a nadie en particular. Es una regla de juego para todos, y la Federación está dispuesta a sentarse a construirla con la industria, con el Congreso, con el Gobierno y con quien quiera participar.
El año pasado el consumidor colombiano hizo algo extraordinario. Enfrentó los precios más altos en décadas y no renunció su taza. Ese consumidor se ganó el derecho a saber qué está tomando.
Si lo sabe y aun así elige algo distinto a Colombia, es su libertad y la respetamos. Pero que sea una decisión informada, no un descuido del empaque.
Porque detrás de ese 100% hay más de 500.000 familias que no tienen otra forma de vivir.
Queremos crecer el valor de la categoría de café, educar el paladar del consumidor e industrializar más café de las familias cafeteras de Colombia para transitar en la cadena de valor.
* German Bahamón Jaramillo, Gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC). @GermanBahamon @FedeCafeteros