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Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado
Agricultura & Ganadería
(JFLR – Viernes 30 de octubre de 2026).- Colombia tiene una oportunidad que no debería dejar pasar. Lo confirmé durante nuestra participación en SIAL París, una de las principales vitrinas alimentarias, y en las reuniones de la Secretaría Internacional de la Carne, en Bruselas, donde Fedegán tiene asiento con los grandes jugadores del mercado internacional. Allí, productores, industriales y analistas examinaron las transformaciones del mercado mundial. Sus conclusiones deberían servirnos de espejo: mientras otros países organizan su ganadería para competir, nosotros seguimos discutiendo cómo aprovechar nuestro potencial.
Estados Unidos ofrece la señal más contundente. Entre enero y agosto de 2026 sus importaciones de carne bovina crecieron 14,4% frente al mismo período de 2025. Para el cierre del año se proyectan cerca de 2,9 millones de toneladas importadas. Su oferta interna atraviesa restricciones y necesita abastecimiento externo. Australia, Brasil, Nueva Zelanda, Uruguay y Argentina disputan ese mercado. Colombia, pese a su cercanía geográfica y al tratado comercial vigente, todavía tiene pendiente la admisibilidad sanitaria.
Recientemente, el presidente Trump solicitó 300 mil toneladas adicionales para noviembre. Activamos gestiones para incorporar nuestra solicitud de admisibilidad a las conversaciones arancelarias bilaterales.
Europa muestra otra cara del fenómeno. Su inventario bovino disminuye, presionado por costos, regulaciones y problemas de relevo generacional. Pero acceder al mercado europeo exige trazabilidad, garantías sanitarias, cumplimiento ambiental y estándares verificables. Las restricciones a productos brasileños recuerdan que un mercado puede cerrarse cuando falla la confianza en los controles. Nuestra ganadería sostenible puede diferenciarse, siempre que no confundamos discursos con certificaciones efectivas.
China sigue siendo un comprador decisivo, aunque depender excesivamente de sus decisiones comerciales representa un riesgo. Sus importaciones cubren cerca de una tercera parte del consumo bovino y la demanda cambia con los ingresos y hábitos de sus hogares. Otros mercados asiáticos y de Oriente Medio ofrecen posibilidades que debemos estudiar producto por producto, sin suponer que todos compran los mismos cortes ni pagan iguales precios.
¿Qué nos enseña ese panorama? Primero, que exportar no puede ser una actividad ocasional para colocar excedentes. Es un negocio construido desde la finca, con información, continuidad y contratos. Segundo, que la productividad no depende solamente del tamaño del hato: importan los kilogramos de carne por hectárea, su costo, calidad y tiempo de producción. Tercero, que vender ganado en pie, aunque genera ingresos, no sustituye una industria frigorífica capaz de agregar valor, aprovechar la canal y generar empleo nacional; industria afectada por el incremento del sacrificio informal y clandestino.
Colombia dispone de pasturas, genética y experiencia creciente en sistemas silvopastoriles. Tiene ganaderos que invierten en sanidad y mejoramiento productivo. Sin embargo, esas fortalezas conviven con una debilidad: la fragmentación entre la finca, la información sanitaria, la movilización, el sacrificio, la industria y el comprador internacional.
La respuesta exige una agenda de Estado. ICA, INVIMA, Gobierno, frigoríficos y productores debemos comprometernos con metas comprobables, con plazos definidos, responsabilidades claras y mecanismos públicos de seguimiento: abrir mercados, consolidar trazabilidad individual, asegurar estándares sanitarios, elevar productividad y construir oferta exportable constante. Fedegán está dispuesto a impulsar esa articulación, como lo ha hecho con la vacunación y la ganadería sostenible.
No se trata de escoger entre abastecer a los colombianos y exportar. Una cadena eficiente puede atender ambos mercados, remunerar mejor al productor y ofrecer al consumidor productos de calidad a precios competitivos y sostenibles.
El mundo no nos está esperando. Los competidores avanzan, los compradores imponen condiciones y las ventanas comerciales pueden cerrarse. La verdadera pregunta no es si Colombia tiene potencial ganadero. Lo tiene. La pregunta es si seremos capaces de convertirlo, con decisiones y resultados, en una presencia estable y competitiva en los mercados internacionales.
* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie