* Equipos portátiles como este, fabricado en la UNAL, transforman residuos orgánicos en abono útil para huertas urbanas. Foto Cortesía: Jairo Leonardo Cuervo Andrade, profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias.
Agricultura & Ganadería
(UN – Lunes 23 de febrero de 2026).- Cada día se generan en Bogotá más de 7.000 toneladas de residuos; por eso la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) desarrolla investigaciones, prototipos y procesos comunitarios para aprovechar el 70% de estos —especialmente restos de comida, cáscaras de frutas y verduras, residuos de poda y otros desechos biodegradables— y convertirlos en abono útil para suelos urbanos y proyectos de agricultura urbana.
El ingeniero agronómico Jairo Leonardo Cuervo Andrade, profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias, explica que “la mayoría de los residuos producidos en la ciudad se podrían reutilizar si se separaran adecuadamente desde la fuente. Cuando no se hace esa separación, los materiales orgánicos se mezclan con otros desechos y terminan colmatando los rellenos sanitarios”.
Uno de los principales destinos de estos residuos es el Relleno Sanitario Doña Juana, ubicado en la localidad de Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá. Con una extensión de 623 hectáreas y operando desde el 1 de noviembre de 1988, este relleno recibe residuos no solo de la capital sino también de municipios como Cáqueza, Choachí, Chipaque, Fosca, Gutiérrez, Ubaque y Une.
Cada día ingresan allí un promedio de 6.368 toneladas —es decir cerca de 194.000 toneladas al mes—, transportadas en unos 684 viajes diarios, cifras que evidencian la magnitud del desafío ambiental y la urgencia de reducir la cantidad de residuos que llegan a disposición final.
Desde la Universidad se han desarrollado sistemas experimentales y prototipos para facilitar el manejo y la transformación de estos residuos, entre ellos el compostaje, un proceso biológico controlado mediante el cual los residuos orgánicos se descomponen y se transforman en abono; el lombricompostaje, que utiliza lombrices para acelerar esa descomposición y mejorar la calidad del producto final; las composteras metálicas giratorias, que permiten una aireación constante del material; y las pilas estáticas, que son montículos de residuos organizados que se manejan bajo parámetros técnicos de humedad y temperatura.
También se ha trabajado en la adaptación de la “paca Silva”, una técnica de aprovechamiento de residuos orgánicos aplicada tanto en entornos urbanos como en proyectos financiados por entidades distritales, la cual busca fortalecer la gestión integral de residuos en la fuente. En esta práctica se utilizan restos de comida, cáscaras de frutas y verduras, residuos de poda, hojas secas y otros materiales biodegradables generados en hogares y parques, se organizan y compactan en capas dentro de una estructura sencilla. Con el paso del tiempo, y gracias a la acción natural de microorganismos y a la adecuada aireación, estos residuos se transforman en un material similar al suelo fértil, útil para jardines, huertas y procesos de agricultura urbana, sin necesidad de maquinaria especializada.
Una planta que cierra el ciclo
En la UNAL funciona una planta de compostaje que procesa residuos de poda, hojarasca, cafeterías y pequeños animales. Estos materiales se combinan para lograr una adecuada relación carbono-nitrógeno, es decir un equilibrio entre materiales “secos” como hojas y ramas, ricos en carbono, y materiales más húmedos como restos de comida, ricos en nitrógeno, lo que permite que la descomposición ocurra eficientemente, sin generar malos olores y con una temperatura adecuada, y obtener un abono de calidad, utilizado tanto en Universidad como en el Centro de Investigación Marengo y en otras entidades que lo solicitan. Este abono se destina especialmente al mantenimiento de zonas verdes, huertas experimentales y procesos de investigación agronómica.
Este proceso no solo reduce el volumen de residuos enviados a rellenos sanitarios, sino que además evita costos asociados con su disposición final y demuestra la viabilidad de un modelo circular dentro de la ciudad, en el que la basura se vuelve a incorporar al sistema como un recurso útil. Así se disminuye la cantidad de residuos que se deben transportar y disponer, y se aprovechan mejor los materiales que ya circulan en la ciudad.
Residuos que se convierten en alimento
El aprovechamiento de residuos orgánicos está directamente relacionado con la agricultura urbana, una práctica que la Universidad ha promovido como estrategia de seguridad y soberanía alimentaria. En espacios como terrazas, patios o huertas comunales es posible transformar residuos en nutrientes y producir alimentos frescos y de calidad.
Iniciativas como el grupo “Metro Cuadrado” demuestran que incluso en áreas reducidas se pueden cultivar variedad de especies, mejorar la alimentación familiar y fortalecer la integración comunitaria.
“El aporte académico va más allá de la investigación técnica: implica acompañar a la comunidad, desarrollar modelos replicables y fomentar una cultura de separación en la fuente que permita reducir el impacto ambiental de la ciudad”, señala el profesor Cuervo.
Por su trabajo en la promoción de la agricultura urbana y el aprovechamiento de residuos orgánicos, el docente ha recibido reconocimientos por su contribución a la sostenibilidad ambiental y al fortalecimiento de procesos comunitarios en Bogotá; el más reciente lo recibió del Concejo de Bogotá.
Por eso insiste en que “lo fundamental está en la conciencia ciudadana: separar adecuadamente los residuos, evitar su contaminación y comprender que los materiales orgánicos no son basura, sino un recurso con potencial productivo”.