* La gulupa es sensible a cambios en nutrientes como el nitrógeno, reduciendo su desarrollo y crecimiento de hojas y frutos. Foto Cortesía: Unimedios.
Agricultura & Ganadería
(UNAL – Miércoles 25 de febrero de 2026).- Pequeña, morada y cada vez más demandada en mercados internacionales, la gulupa se ha consolidado como un cultivo importante en regiones como Cundinamarca, Antioquia y Huila. Sin embargo, su manejo agronómico aún presenta vacíos: muchos productores la fertilizan como si fuera su “primo” el maracuyá —que requiere mayores aportes de nitrógeno—, lo que puede derivar en pérdidas económicas y de cosecha. Una investigación evidenció que este nutriente es determinante, pues su ausencia puede reducir hasta en un 91% el crecimiento de la planta.
La investigación fue realizada por Jorge Leonardo Cáceres Rodríguez, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en los invernaderos de la Sede Bogotá, en donde cultivó 232 plantas de gulupa bajo condiciones controladas para evaluar qué nutrientes son más determinantes en su cultivo.
El hallazgo es relevante en un contexto de creciente exportación: según la DIAN, entre enero y septiembre de 2024 las exportaciones colombianas de gulupa alcanzaron los 43 millones de dólares (unos $189.415 millones), con destino a países como Países Bajos, Reino Unido, Alemania, Bélgica y Canadá, lo que representó un aumento del 20% frente al mismo periodo de 2023.
Para el experimento, el investigador puso las plantas en bolsas plásticas con tierra y materia orgánica, y a algunas les retiró los nutrientes esenciales —como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio o magnesio— mientras que en las demás permanecían disponibles para observar el efecto específico de cada nutriente. Como el cultivo tarda cerca de un año en completar su ciclo, durante varios meses el magíster midió variables como altura de la planta, número de hojas, coloración, acumulación de biomasa y síntomas visibles de deficiencia.
En laboratorio, cosechó las plantas y las separó en raíces, tallos y hojas, que luego se secaron y pesaron para calcular cuánto tejido había producido cada tratamiento. Este procedimiento permite comparar exactamente el crecimiento real entre plantas bien nutridas y plantas con deficiencias. Luego, con esos datos el investigador aplicó análisis estadísticos, lo que le permitió concluir cuál nutriente tenía el mayor impacto y descartar que las diferencias obedecieran al azar.
“El nitrógeno resultó ser el factor crítico para el desarrollo de la planta. Cuando escasea, las hojas pierden su verde intenso, aparecen tonos amarillentos y el crecimiento se ralentiza drásticamente. En los casos más severos, la cantidad total de tejido vegetal se redujo hasta en un 91%, lo que compromete seriamente la capacidad de la planta para sostener flores y frutos”, asegura el investigador.
Nutrientes, rendimiento y decisiones de cultivo
El estudio mostró además que la carencia de otros nutrientes también afecta el rendimiento, aunque en menor grado, debilitando procesos como la fotosíntesis, mientras que algunos micronutrientes —como boro, cobre y zinc— son esenciales para la formación de brotes, la floración y el adecuado desarrollo de los frutos, por lo que su deficiencia también limita la productividad. En conjunto, estos desbalances reducen el potencial productivo incluso si la planta logra sobrevivir.
El magíster considera que uno de los aportes más importantes es que se establece una guía de rangos nutricionales específicos para la gulupa, una fruta que, a pesar de su importante exportación, carece de estudios profundos sobre este tema, por lo que los agricultores la tratan como si fuera maracuyá debido a sus similitudes como planta y fruta. Contar con estos parámetros permitirá ajustar la fertilización en el momento adecuado del crecimiento y evitar la carencia o el exceso de nutrientes.
Esto es crucial para Colombia, pues en zonas de clima frío y húmedo el nitrógeno se puede perder fácilmente por procesos como el lavado del suelo (lixiviación) causado por lluvias intensas que arrastran este nutriente hacia capas más profundas donde la planta no puede absorberlo, lo que agrava el riesgo de deficiencia y de pérdida de rendimiento para los productores.
Por otro lado, el magíster observó que la etapa más crítica de la planta cuando no tiene nitrógeno es alrededor de los 5 o 6 meses de crecimiento, momento en el que desarrolla sus hojas y tallos y acumula la mayor parte de su peso, además de que sus frutos están en desarrollo. Si el nitrógeno falta en esa fase, el daño compromete todo el ciclo productivo.
Aunque la planta cumpla todo un ciclo productivo, que se repite cada año y en condiciones ideales puede durar hasta siete años, el daño ya está hecho en las fases iniciales, por lo que asegurar una nutrición adecuada desde las primeras semanas de desarrollo permite sostener la capacidad del cultivo.
Con esta información los productores mejorarían el rendimiento, reducirían costos y harían más sostenible el cultivo, pues, como demuestra el estudio, en el país la gulupa no fracasa por falta de suelo fértil sino por no recibir el nutriente que impulsa al máximo su crecimiento.