Fortalecen alimentos tradicionales de indígenas de Casanare

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Foto Cortesía: UN.

* Por medio de la construcción conjunta de una huerta comunitaria, un galpón de gallinas ponedoras y conucos de siembra de yuca para elaborar dos subproductos tradicionales, avanza la alianza entre el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas (WFP) y la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Orinoquia en las comunidades de la etnia betoy, sikuani y sáliba.

Agricultura & Ganadería
(UN – Miércoles 13 de enero de 2021).- El proyecto se desarrolla en el territorio de la comunidad indígena morichito, perteneciente al resguardo Caño Mochuelo, en el municipio de Hato Corozal, Casanare.

Para llegar a esta comunidad es necesario realizar un recorrido de más de cinco horas desde la capital araucana, pasando por el municipio de Cravo Norte. Por vías terrestres y fluviales se llega a esta comunidad indígena en la cual los habitantes de la etnia sáliba son reconocidos por su disciplina, organización y respuesta asertiva a los trabajos comunitarios.

Según el ingeniero Edwin Espitia Basallo, líder de proyectos étnicos del acuerdo UNAL-WFP, “con el proyecto Sistemas de autoabastecimiento como estrategias que permitan una recuperación temprana y el fortalecimiento de los medios de vida en las comunidades indígenas de la etnia betoy, sikuani y sáliba’ se busca mejorar las condiciones de seguridad alimentaria y nutricional (SAN) de esta comunidad, mediante la implementación de sistemas productivos agrícolas y pecuarios, además del apoyo alimentario mensual entregado por el programa.

En el proyecto, el ingeniero agrícola Andrés Felipe Romero, de la UNAL, hizo el acompañamiento técnico requerido para el montaje de una huerta comunitaria de 400 m2 con diseño propio para la producción de hortalizas como cilantro, tomate, pepino, fríjol, albahaca y citronela. Además se trabajó en la adecuación de un galpón con capacidad para 200 gallinas ponedoras y en el establecimiento de tres conucos comunitarios sembrados con plátano, fríjol, maíz, ahuyama y yuca.

Como línea transversal a la producción agropecuaria se apoyó a la comunidad en temas relacionados con la agroindustria, proporcionando equipos de procesamiento de yuca –como ralladora y tostadora– para elaborar mañoco y casabe, dos subproductos tradicionales que forman parte de la base alimentaria de la comunidad. Además, se capacitó a los beneficiarios en procesamiento de materias primas mediante talleres de panificación, elaboración de encurtidos de verduras, frutas en almíbar, mermelada y jabón, dirigidos por el ingeniero agroindustrial Agner Andrey Parada.

También se contó con un componente de apoyo a iniciativas de artesanía en el que se proporcionó material para elaborar bolsos tejidos y manillas en mostacilla. Tras la intervención, se creó el grupo de mujeres tejedoras JIXU E´GA y artesanos de pulseras PIYABI, y se reactivó y potenció la elaboración de artesanías en madera.

Para el ingeniero Espitia, esta comunidad es particularmente interesante debido a que sus integrantes poseen un balance entre desarrollo social y prevalencia de las tradiciones culturales, pues han adoptado estilos de vida modernos con vestimenta, lengua castellana, uso de tecnología de la cultura occidental, entre otros, sin dejar de lado sus costumbres ancestrales y conservando la enseñanza de su propia lengua aborigen.

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