Colombia ingresa al Mecanismo para Bosques y Fincas

* En un país con más de 10 millones de personas campesinas, casi 5 millones afrodescendientes y 2 millones indígenas afectadas por 41,2% de pobreza rural, Colombia se suma al Mecanismo Bosques y Fincas con ocho organizaciones que muestran cómo café, cacao, miel y manglares frenan la pérdida de bosques y abren soluciones climáticas y económicas en territorios rurales.

Agricultura & Ganadería

(FAO – Martes 25 de noviembre de 2025).- Colombia da un nuevo paso hacia la protección de sus bosques y el fortalecimiento de las economías rurales al sumarse oficialmente al Mecanismo para Bosques y Fincas (Forest and Farm Facility – FFF), una alianza global que impulsa a organizaciones comunitarias que viven del bosque y de la agricultura familiar.

En esta nueva etapa, el país inicia la implementación del Mecanismo FFF con ocho organizaciones rurales seleccionadas tras una convocatoria nacional de Fondos Concursables para Iniciativas Sostenibles, que impulsan soluciones locales frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las brechas de ingresos en el campo.

En un país donde 23,9 % de la población -unos 12,5 millones de personas- vive en zonas rurales y la pobreza monetaria en el campo aún supera el 42 %, las familias que cuidan los bosques y las fincas son clave para cerrar brechas. Al apoyar a estas ocho organizaciones comunitarias en el Pacífico, el Huila, Boyacá y la Serranía de San Lucas, el Mecanismo para Bosques y Fincas busca convertir la conservación y la agricultura familiar en oportunidades de ingreso, inclusión de mujeres y acción climática.

“Colombia se integra a un mecanismo global que reconoce a las comunidades como socias estratégicas en la conservación de los bosques y la producción sostenible. No es solo financiamiento: es una apuesta por el liderazgo rural, la gobernanza territorial y las economías que cuidan la vida”, señaló Agustín Zimmermann, representante de la FAO en Colombia.

Ocho organizaciones rurales seleccionadas en territorios estratégicos

Las iniciativas apoyadas por el Mecanismo FFF se ubican en paisajes clave para la conservación de la biodiversidad y la regulación hídrica del país, y están lideradas por comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas que combinan producción sostenible, saberes locales y gobernanza comunitaria.

En el Pacífico colombiano, el mecanismo impulsa experiencias en:

* Tumaco (Nariño) – Consejo Comunitario Rescate Las Varas (Corpoteva), donde familias cacaoteras avanzan en la sustitución de economías ilegales mediante la producción de cacao fino de aroma, vinculándose a mercados especializados.

* Sotará y Timbiquí (Cauca) – La Asociación de Mujeres Productoras Agropecuarias del Carmen (AMPACS) fortalece el liderazgo de mujeres caficultoras, mientras que la Asociación Asotaupirra, junto con la Fundación Herencia Natural, integra cestería tradicional y conservación del bosque húmedo tropical.

* Bajo Baudó (Chocó) y Cajambre (Valle del Cauca) – Los consejos comunitarios de San Agustín de Terrón y Río Cajambre protegen manglares, riberas y bosques, articulando la pesca artesanal, el aprovechamiento sostenible del naidí (açaí) y la agricultura tradicional con la conservación.

La ruta de conservación se extiende hacia el interior del país:

* En Acevedo (Huila), el Grupo Ecológico Los Castores impulsa prácticas de restauración, apicultura y producción de café que reemplazan actividades de tala y degradación del bosque.

* En Ráquira (Boyacá), la Asociación Ráquira Reverdece complementa la tradición artesanal del municipio con procesos de reforestación, educación ambiental y protección de bosques nativos.

* En la Serranía de San Lucas (Antioquia), la Asociación Ecoserranía fortalece la forestería comunitaria y la gobernanza local en un territorio estratégico para la conectividad ecológica y la provisión de agua.

Aunque Colombia aún pierde más de 113.000 hectáreas de bosque al año, el país conserva cerca de 59 millones de hectáreas de cobertura boscosa. Las iniciativas apoyadas por el FFF muestran que actividades como el café, el cacao, la miel, las artesanías y el cuidado de manglares pueden convertirse en una barrera real contra la deforestación y la pobreza rural.

Estas experiencias demuestran que, cuando se reconocen sus derechos y capacidades, las comunidades rurales pueden liderar la conservación de los bosques y, al mismo tiempo, mejorar sus ingresos, fortalecer el tejido social y aportar a la construcción de paz en los territorios.

Un mecanismo global al servicio de los territorios rurales de Colombia

El Mecanismo para Bosques y Fincas (FFF) es una alianza internacional que reúne a la FAO y a diversos socios de cooperación para fortalecer a organizaciones de productores forestales y agrícolas de pequeña escala en África, Asia y América Latina.

En Colombia, el FFF se implementa junto con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, con el apoyo de la Embajada de Suecia y otros cooperantes, alineado con los compromisos del país frente al cambio climático, la protección de la biodiversidad y el fortalecimiento de las economías campesinas, étnicas y populares.

La agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca generan empleo a más de 3,1 millones de personas y siguen siendo uno de los principales motores de ocupación del país. Casi 5,9 millones de mujeres viven en zonas rurales, muchas de ellas sosteniendo la producción de alimentos y el cuidado de los ecosistemas. Por eso, el Mecanismo FFF pone a las mujeres y a las comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas en el centro de las soluciones para el clima, la biodiversidad y la economía local.

“El mecanismo aporta a la promesa de fortalecer las comunidades, la implementación en los territorios y darle valor a los conocimientos que allí habitan. Permite romper estructuras rígidas, convirtiendo a las comunidades en aliadas de las iniciativas del Gobierno”, destacó Jerson González, profesional de la Oficina de Asuntos Internacionales de Minambiente.

Para Nelson Lozano, coordinador de Sostenibilidad Ambiental y Cambio Climático de Minagricultura, “el mecanismo de bosques y fincas contribuye a la implementación de las políticas nacionales y a la inclusión de comunidades étnicas e indígenas, afrodescendientes y de las mujeres”.

Desde la cooperación internacional, el Mecanismo FFF es también una herramienta concreta para avanzar en paz y desarrollo sostenible. “Esta iniciativa representa el objetivo de Suecia en Colombia: ser un socio para la paz y el desarrollo sostenible. Esperamos lograr más transformaciones en los territorios afectados por el conflicto”, afirmó Catalina Hoyos, oficial de Programas de la Embajada de Suecia en Colombia.

“Deseamos que esta contribución sea un elemento catalítico para las iniciativas y que les permita seguir fortaleciéndose en el trabajo que vienen desarrollando, que es complemento a la conservación de nuestros bosques”, subrayó María Alejandra Chaux, especialista senior de Recursos Naturales y Gobernanza de la FAO en Colombia.

Acerca del Mecanismo para Bosques y Fincas (FFF)

El Mecanismo para Bosques y Fincas (Forest and Farm Facility – FFF) fortalece a quienes producen, transforman y comercializan bienes y servicios provenientes de bosques y fincas sostenibles. A través de apoyo directo a organizaciones de productores, asistencia técnica, fortalecimiento organizativo y articulación con políticas públicas, el FFF contribuye a:

* La acción climática y la conservación de la biodiversidad.

* La mejora de los medios de vida rurales y la seguridad alimentaria.

* El liderazgo de mujeres, jóvenes y pueblos indígenas en la gobernanza de los territorios.

Minagricultura entrega TECAM Nuevo Amanecer

* El primer Territorio Campesino Agroalimentario del país fue entregado oficialmente a familias de tres municipios cesarenses.

Agricultura & Ganadería

(Minagricultura – Martes 25 de noviembre de 2025).- La ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino, lideró el domingo pasado el acto público de reconocimiento del primer Territorio Campesino Agroalimentario establecido en el país. Se trata de Nuevo Amanecer, el TECAM asentado en Chimichagua, Tamalameque y Pailitas (Cesar), y que beneficia a 214 familias campesinas y es un reconocimiento a la lucha de las organizaciones por la defensa de su territorio.

“Esta tierra es de ustedes. Este es el ejemplo de que cuando el gobierno trabaja de mano de las organizaciones populares, que cuando el gobierno le tiende la mano y el campesinado le tiende la mano al gobierno, se pueden lograr grandes cosas. Necesitamos que sea este movimiento y este territorio el que defienda el decreto para lo fundamental que es la tierra para la vida y la tierra para la esperanza”, manifestó la ministra Carvajalino.

El TECAM Nuevo Amanecer fue aprobado en octubre pasado en el Consejo Directivo de la Agencia Nacional de Tierras luego de la viabilidad otorgada en visita técnica, diseño del plan de vida, audiencia pública, los conceptos ambientales y étnicos, y la factibilidad jurídica.

“Entregamos un acuerdo que constituye este territorio, este es el reconocimiento de una lucha permanente y persistente de trabajo de un territorio que ustedes han hecho. (…) Los Territorios Campesinos Agroalimentarios, TECAM, constituyen la forma de organización, de movilización y de producción de un campesinado que cree en la producción limpia, que siembra los alimentos y que cree en las futuras generaciones”, señaló la jefe de la cartera agropecuaria.

En el acto de reconocimiento jurídico de Nuevo Amanecer, el director de la Agencia Nacional de Tierras, Felipe Harman, se unió al reconocimiento que desde Minagricultura se hizo a la lucha campesina en estos tres municipios y recordó que “en Colombia nos intentaron convencer de que no existía espacio para el campesino, que hablar de Reforma Agraria era ser anticuado, pero esta es la verdadera realidad de lo que implica un reconocimiento político de territorios campesinos (…) queremos seguirle cumpliendo al campesinado, pero queremos que el campesinado siga firme”.

Por su parte, Ediver Suárez, del comité promotor del TECAM Nuevo Amanecer, exaltó la gestión de la ministra Carvajalino. “Es la segunda vez que la vida nos ha dado la posibilidad de tenerla en el departamento y, sobre todo, en las fincas recuperadas por el Movimiento de Trabajadores Campesinos y Comunidades del Cesar. Eso es un detalle que jamás vamos a olvidar. Su lucha está impregnada también con la de nosotros. Esta fue una tierra donde se producía muerte, donde se producía miedo, y la valentía del campesinado, no teniendo más que perder que la vida, decidieron venirse a recuperarla para usarla en una cosa que sabe hacer el campesinado y es organizarse, producir alimentos y defender esta tierra, eso es lo que ha hecho el campesinado”, señaló.

Bacterias del arroz protegerían cultivos y aumentarían el peso de los granos

* Cuatro bacterias de raíces de arroz controlan el añublo bacteriano, enfermedad que causa pérdidas de hasta el 80% en cultivos. Foto Cortesía: Unimedios.

Agricultura & Ganadería

(UN – Martes 25 de noviembre de 2025).- Cuatro bacterias que viven en las raíces de la planta del arroz limitan y retardan el crecimiento del añublo bacteriano, enfermedad que causa pérdidas de hasta el 80% en los cultivos. La aplicación conjunta de estas bacterias disminuyó notablemente el tamaño de las lesiones en los tallos, mejoró la absorción de nitrógeno y aumentó casi al doble el peso de los granos, lo que demuestra que es una alternativa viable a los pesticidas y fertilizantes.

El arroz no solo acompaña la comida, también representa el sustento diario de millones de personas en el mundo y es el segundo cultivo más importante para la seguridad alimentaria global después del trigo, con una producción anual cercana a los 543 millones de toneladas, según la FAO. En Colombia tiene un papel fundamental en la economía agrícola nacional y en la alimentación de las familias campesinas.

Sin embargo, la producción de este grano enfrenta un enemigo silencioso y devastador: Burkholderia glumae, una bacteria que invade el tallo donde se forman las espigas e impide que los granos se desarrollen. El resultado son espigas vacías, granos decolorados y cosechas que pueden perder hasta el 80% de su producción, especialmente en regiones cálidas y húmedas donde el patógeno prospera.

La solución más común para controlar el añublo bacteriano, enfermedad producida por dicho microorganismo, ha sido el uso de químicos y pesticidas, pero estos, además de contaminar fuentes hídricas, afectar la biodiversidad del suelo y generar riesgos para la salud de los agricultores, han perdido efectividad porque la bacteria ha aprendido a resistirlos.

Como alternativa para enfrentar la enfermedad, la investigadora Sandra Ximena Vivas Londoño, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira, comprobó que 4 bacterias benéficas extraídas de las raíces del arroz atenúan los efectos del patógeno. Las plantas tratadas produjeron 24% más espiguillas, los granos casi duplicaron su peso, y tanto las panículas como las raíces fueron más robustas, lo que se tradujo en un mejor anclaje y una mayor capacidad de absorción de nutrientes.

Búsqueda de aliados microscópicos

El primer paso del estudio fue encontrar a los posibles aliados; para ello, la magíster recolectó 8 plantas de arroz totalmente sanas: 7 provenientes del municipio de Saldaña (Tolima) y 1 de Jamundí (Valle del Cauca), principales zonas arroceras de Colombia. En el laboratorio tomó muestras de las raíces, tallos, hoja y granos para aislar las bacterias que viven dentro de los tejidos de la planta, conocidas como bacterias endofíticas, las cuales no son dañinas, por el contrario, la mayoría tienen una relación de beneficio mutuo con la planta. Así, aisló 112 bacterias diferentes.

Luego, en placas de cultivo, enfrentó cada una de estas 112 muestras contra la bacteria B. glumae. Este proceso, conocido como “ensayos de enfrentamiento dual” se puede imaginar como una serie de duelos microscópicos en los que la mayoría de las bacterias extraídas no lograron detener el patógeno.

Sin embargo, 4 de ellas sí lo hicieron, formando una barrera de inhibición a su alrededor, lo que limitó el crecimiento de la bacteria, una clara señal de que producían sustancias que inhibían su desarrollo o competían por el espacio y los nutrientes de manera más efectiva.

Una vez evidenciado su potencial, el siguiente paso fue ponerles un nombre; para ello, la investigadora usó la observación microscópica para identificar cómo se veían sus colonias en una placa —forma, color y textura—, y notó que todas tenían forma de bastoncillo.

El paso siguiente fueron las pruebas bioquímicas para conocer los “gustos” de estas 4 bacterias. Usando unas tiras especiales que contienen 49 azúcares diferentes, analizó qué fuentes de alimento podrían consumir.

Posteriormente, al analizar su ADN, identificó a las aliadas: dos cepas de Priestia aryabhattai, una de Priestia megaterium y otra de Bacillus sp., géneros de bacterias reconocidos mundialmente por su capacidad para promover el crecimiento de las plantas y suprimir enfermedades.

Del laboratorio al invernadero

Con las bacterias ya identificadas, la investigadora estableció un experimento con múltiples grupos de plantas de arroz cultivadas en invernadero. Algunas semillas se trataron individualmente con cada una de las 4 bacterias, otras recibieron una mezcla o consorcio de las 4, otro grupo no recibió ningún tratamiento y un último grupo fue infectado con el patógeno sin ningún tipo de protección.

A los 21 días de germinación de estas plantas, la magíster infectó 3 grupos con la bacteria maligna para conocer y medir qué tan rápido se marchitaban las plantas, cuánto crecían las lesiones en los tallos y cuál era el rendimiento de la cosecha.

Después de 30 días evidenció que las plantas que recibieron el tratamiento con las bacterias benéficas no solo desarrollaron síntomas mucho más leves, sino que además mostraron un vigor y una salud general muy superiores.

La unión de las bacterias prodigiosas demostró ser la estrategia más efectiva. En estas plantas se retrasaron los síntomas de la enfermedad, la lesión en sus tallos fue en promedio 1,3 veces más pequeña que en las plantas que no tuvieron protección, y el peso de los granos aumentó casi el doble, versus el grupo de control.

También concluyó que este grupo de microorganismos benéficos ayudan a fijar el nitrógeno, que permite que la planta crezca con mayor vigor y rendimiento, pues las raíces fueron más robustas, lo que significa que podían absorber mejor los nutrientes y anclarse con más fuerza al suelo.

FNC rescata organización solidaria de cafeteros

* La entidad llegó a operar como una de las cooperativas más importantes del país.

Agricultura & Ganadería

(FNC – Martes 25 de noviembre de 2025).- La Cooperativa de Los Andes que se encontraba intervenida desde el 2020, volverá a prestar los servicios a los cafeteros del suroeste antioqueño, gracias a que la Federación Nacional de Cafeteros trabajó en un plan estructurado de viabilización, junto a otros sectores, como la Supersolidaria logrando que dicha cooperativa se ponga al día con acreedores como la banca y la misma Fedecafé.

Con esta acción la Cooperativa de Los Andes mantendrá incluso un presupuesto, patrimonio e infraestructura para retomar su funcionamiento.

“Estamos recuperando un activo social, permitiendo que los 4 mil asociados de esta región puedan contar con la garantía de compra y otros servicios prestados desde el sector solidario” destaca Germán Bahamón gerente general de la FNC.

Como parte de la solución gestionada desde el gremio cafetero, Andes se compromete a cumplir con la entrega de bienes y tendrá un plazo de 25 años para saldar sus compromisos financieros frente a la Fedecafé.

No es la primera vez que la FNC busca soluciones y respalda al sector solidario, tal como se anunció el pasado mes de febrero del 2025 cuando implementó el Plan de Acción Solidario PAS, permitiendo que 17 Cooperativas del país cafetero se pusieran al día con las entregas pendientes de café a futuro, salvaguardando al Fondo Nacional del Café.

“Antioquia es un departamento de tradición cafetera y el segundo productor más grande del país y hoy gracias al esfuerzo de nuestro gremio se está rescatando la estabilidad social y económica de la comunidad cafetera de nuestro departamento”, destacó Alexander Taborda, presidente del comité de cafeteros de Antioquia.

Precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco por carga de 125 kilos

Agricultura & Ganadería

(FNC – Martes 25 de noviembre de 2025).- La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) ofrece a todos los cafeteros la Garantía de Compra, mediante la publicación de un precio base de mercado que se calcula de acuerdo con la cotización de cierre en la Bolsa de Nueva York del día, el precio del dólar del día y el diferencial o prima de referencia para el café colombiano.

Precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco por carga de 125 kilo

Martes 25 de noviembre de 2025

Precios del ganado bovino comercial en Colombia

Agricultura & Ganadería

(Fedegán, BMC – Martes 25 de noviembre de 2025).- Presentamos la tabla de precios indicativos de ganado bovino comercial (Ganado macho gordo) en nueve departamentos del país, suministrados por Fedegán y la Bolsa Mercantil de Colombia.

Estos precios son construidos a partir del registro de facturas en el mercado bursátil, por lo que la información es de operaciones reales realizadas en Colombia.

Precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá

Agricultura & Ganadería

(DANE-SIPSA – Martes 25 de noviembre de 2025).- Presentamos el reporte diario de precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá, suministrados por el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa).

Advertimos que estos precios son de referencia porque varían de acuerdo con la oferta y la demanda, la calidad del producto y la región donde se comercialicen.

PRECIOS DE LA PAPA EN $ COLOMBIANOS

(Primera Calidad)

Papa r-12 negra                    Bulto 50 Kilogramo                  45.000

Papa r-12 roja                       Bulto 50 Kilogramo                  45.000

Papa r-12 industrial              Bulto 50 kilogramo                   50.000

Papa criolla limpia                Bulto 45 Kilogramo                160.000

Papa criolla sucia                  Bulto 50 Kilogramo                110.000

Papa parda pastusa             Bulto 50 Kilogramo                  60.000

Papa tocarreña                     Bulto 50 Kilogramo                105.000

Papa sabanera                      Bulto 50 Kilogramo                150.000

Papa pastusa superior          Bulto 50 Kilogramo                  60.000

Papa única                            Bulto 50 Kilogramo                  40.000

Ganadería ilegal arrasa el hogar de los Nukak y abastece de carne a Bogotá

* El Resguardo Nukak está en peligro por el inclemente avance de la ganadería. Foto Cortesía: Juan Jacobo Walschburger, antropólogo de la UNAL.

Agricultura & Ganadería

(UN – Lunes 24 de noviembre de 2025).- La carne proveniente de la deforestación en el Resguardo Nukak, en la Amazonia colombiana, se comercializa en carnicerías de Bogotá sin que los consumidores sean conscientes de su origen. La expansión de la ganadería en Guaviare ha transformado los bosques en praderas artificiales poniendo en riesgo la biodiversidad y el modo de vida del último pueblo nómada de Colombia.

Desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 el territorio Nukak –ubicado entre los ríos Guaviare e Inírida– ha perdido 36.942 hectáreas de selva. Primero la coca y luego la ganadería han convertido el Resguardo en un campo de disputa, en donde la ausencia estatal ha permitido la explotación de sus recursos naturales. Entre 2016 y 2022, el hato bovino del Guaviare creció un 90 % mientras que el departamento se posicionó como el segundo con mayor deforestación en Colombia, perdiendo 11.467 hectáreas solo en 2023.

“Todos vamos a caminar juntos… allá afuera hay caseríos, no hay donde sacar miel, no hay donde bajar comida, ni donde irnos a cultivar, porque no es territorio sagrado, sino ajeno… eso es lo que no queremos nosotros, por eso profundizamos en las garantías que deben apoyar al pueblo Nukak”, aseguró un líder indígena en entrevista con el antropólogo Juan Jacobo Walschburger, egresado de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Hoy los Nukak y otras etnias como los Tucano y los Jiw deambulan por San José del Guaviare vestidos como cualquier otro habitante, con camisetas de algodón, pantalonetas de equipos de fútbol o de campañas políticas, crocs, sandalias o botas pantaneras. Además, usan joyas, caimanes para el pelo, aretes, e incluso, como lo cuenta una investigación de 2017, una gorra que dice “Jesús”. Atrás quedaron los taparrabos y la vestimenta tradicional con la que eran reconocidos por la sociedad.

La selva tampoco es la misma. Donde antes se escuchaban los cantos de aves rapaces y garzas, ahora resuena el mugido del ganado, que se extiende hasta las praderas artificiales donde antes había bosques densos. Esta transformación del Resguardo Nukak no ha sido un proceso espontáneo, sino el resultado de la ausencia estatal, que deja el territorio a merced de prácticas como los cultivos de coca y la ganadería en zonas de reserva, llevando a la Amazonia colombiana a concentrar más del 50% de la deforestación nacional.

Así, los Nukak se encuentran atrapados entre potreros y caminos de tierra que facilitan el tránsito del ganado hacia los mercados urbanos. La introducción de enfermedades, el contacto con colonos y la falta de recursos han puesto en riesgo su supervivencia como pueblo.

El ganado avanza, la selva retrocede

Investigadores de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), entre ellos el antropólogo Walschburger, han documentado el impacto de la ganadería en la región. A través de imágenes satelitales multitemporales han evidenciado patrones claros de deforestación progresiva, así como un crecimiento acelerado del hato bovino dentro del Resguardo.

Mientras en 2016 el ICA registró 281.611 bovinos en el Guaviare, en 2022 la cifra aumentó a 534.531. Además, los registros de movilidad ganadera muestran que una de cada 10 reses que llegan a Bogotá provienen de este departamento, una conexión que pasa desapercibida por falta de controles y trazabilidad en la comercialización de la carne.

El ingeniero Cristian Salas, investigador de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, se refiere al desmedido crecimiento ganadero en la región: “mientras entre 2016 y 2024 el crecimiento promedio en Colombia fue del 29%, en el Guaviare alcanzó el 95%, lo que significa una expansión descontrolada que está impactando gravemente los ecosistemas amazónicos”.

La falta de regulación ha permitido que la expansión ganadera en zonas de reserva natural siga sin freno. Aunque existen sistemas de seguimiento para el ganado, estos no garantizan que la carne que llega a Bogotá no provenga de territorios deforestados.

“Los registros del ICA y las guías de movilización de ganado muestran que cada año miles de reses son transportadas desde Guaviare hacia el centro del país; son tantas, que se estima que una de cada 10 vacas que llegan a Bogotá provienen de allí”, explica la antropóloga Liliana Duica Amaya, investigadora de la Universidad de Georgetown (Estados Unidos).

Según la experta, “el sistema actual de trazabilidad no les permite a los consumidores saber si están comprando carne que ha contribuido directamente a la destrucción de la Amazonia”.

El futuro del Resguardo Nukak es incierto. Si la ganadería se sigue expandiendo y la selva desaparece, las opciones para proteger a esta comunidad y su territorio se reducen. Sin una intervención eficaz del Estado y sin mecanismos de control claros, la deforestación continuaría sin freno, sellando el destino de los Nukak y su hogar ancestral. Mientras para los habitantes de la ciudad la carne es solo un producto en la mesa, para los Nukak cada animal que pasta en lo que fue su selva es un símbolo de la pérdida de su mundo.

Para conocer el estudio completo puede consultar el siguiente enlace: https://revistas.unal.edu.co/index.php/anpol/article/view/118419

Tomate de árbol se ahoga en Boyacá, pero una hormona sería su “chaleco salvavidas”

* El tomate de árbol tendría un aliado sin precedentes que lo haría más resistente al invierno. Foto Cortesía: Unimedios.

Agricultura & Ganadería

(UN – Lunes 24 de noviembre de 2025).- Cuando las lluvias arrecian en zonas de planicie como Boyacá, el tomate de árbol paga las consecuencias: las raíces se asfixian bajo el exceso de agua y hasta el 90% de los frutos se pierden. Ahora, científicos probaron que una hormona obtenida de flores actuaría como escudo protector manteniendo el crecimiento y las hojas incluso en plena temporada invernal.

En las montañas frías de Boyacá, Cundinamarca y Antioquia –principales regiones productoras de este fruto– las lluvias excesivas saturan el suelo y lo vuelven incapaz de drenar. Las raíces quedan atrapadas en un charco invisible y, sin oxígeno, empiezan a marchitarse como si se ahogaran bajo tierra. El desenlace es devastador: las hojas se tornan amarillas, los frutos se desprenden antes de madurar y las cosechas se pueden reducir drásticamente en cuestión de días.

La magnitud del problema se refleja en las cifras. Según la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), el país produce más de 150.000 toneladas de tomate de árbol al año, y departamentos como Boyacá concentran buena parte de esta producción. En épocas de lluvias intensas, incluidas las asociadas con el fenómeno de La Niña, las pérdidas se convierten en una verdadera pesadilla para cientos de familias campesinas que dependen de este fruto para su sustento.

Este fruto ha sido poco estudiado, en especial su capacidad para resistir las inundaciones del suelo, por lo que el investigador Diego Alejandro Gutiérrez Villamil, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se adentró en el problema describiendo el primer impacto: “con 4 de inundación la planta ya empieza a colapsar, y después de ese momento el daño es irreversible”.

Resistir con ayuda de una hormona

El experimento fue sencillo de diseñar, pero exigente en la práctica. En un ensayo a campo abierto en Tunja, el investigador sembró más de 20 plantas de tomate de árbol en materas y luego las sometió a inundación. Así comprobó que el cuarto día es el punto crítico: las raíces dejan de absorber agua y nutrientes, las plantas se asfixian y la fotosíntesis se interrumpe frenando por completo su crecimiento.

El propósito no era solo identificar el momento crítico, sino probar una salida. Así surgió la opción de los brasinoesteroides, una hormona vegetal presente de forma natural en las plantas, pero insuficiente en condiciones de inundación. Con su aplicación externa, el investigador Gutiérrez buscó estimular al tomate de árbol para que generara un escudo en sus hojas capaz de resistir los embates de las lluvias intensas.

La hormona regula el crecimiento de las plantas y tiene una historia particular: la primera vez que se aisló fue en los nabos –ingrediente clave del cocido boyacense– y también en distintas flores. En el experimento, el producto utilizado provenía de un fabricante que obtiene de ellas una concentración baja (0,1%), ya que conseguirla en estado puro resulta difícil y costoso.

Para evaluar su efecto, el magíster conformó dos grupos: uno sin tratamiento y otro al que aplicó brasinoesteroides en las hojas con dos dosis: 6,7 y 3 mililitros por litro, antes y 24 horas después de inundar las materas. Esto le permitió comparar la resistencia y recuperación de las plantas tratadas frente a aquellas que no recibieron ninguna ayuda.

Los resultados sorprendieron al investigador: mientras las plantas sin protección empezaban a marchitarse y perder vigor a los pocos días, las tratadas con la hormona lograron mantener sus hojas verdes, conservar la clorofila y seguir realizando fotosíntesis incluso bajo condiciones de estrés. Además, produjeron sustancias protectoras como la prolina, un aminoácido que actúa como escudo interno frente al ahogamiento.

El estudio fue dirigido y acompañado por el profesor Helber Enrique Balaguera López, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL, y de Óscar Humberto Alvarado Sanabria, magíster en Ciencias Agrarias.

Hasta la raíz

La hormona permitió que el tomate de árbol no se hundiera del todo. Después de la inundación, las plantas tratadas se recuperaron más rápido y siguieron creciendo, algo que no ocurrió con las demás. Fue como darle un flotador a un nadador que lucha contra la corriente: el río sigue caudaloso, pero al menos tiene la oportunidad de llegar a la orilla.

“Actualmente los agricultores tratan de hacer zanjas para que el agua fluya y las plantas no se ahoguen, pero esto no siempre es efectivo. Por otro lado, algunos ya usan la hormona, pero sin saber cuáles son las concentraciones ideales o en qué momento aplicarla. El estudio es una guía para que lo hagan de manera correcta”, indica el investigador Gutiérrez.

Además de alimentar a miles de hogares, el tomate de árbol también se exporta: en 2022 llegaron cargamentos a Países Bajos, Canadá, Bélgica y Rusia. Su peso económico y cultural lo hace símbolo de la agricultura andina, pero también víctima del cambio climático, “que no solo eleva la temperatura, sino que en pocos días concentra lluvias que antes caían en un mes, seguidas de largas sequías”, señala el investigador.

Los científicos advierten que no se trata de una solución mágica. Falta probar la hormona en las raíces y medir su efecto, aunque allí el reto es mayor porque puede diluirse en el suelo y perder eficacia. Aun así, representa una pieza en el rompecabezas de la adaptación agrícola a las lluvias intensas. Lo ideal es combinar un buen manejo del agua con la aplicación estratégica de estas hormonas para obtener cultivos más resistentes.

“Aunque las hormonas aplicadas en las plantas no tienen impacto en la salud humana, para ellas sí son perjudiciales en concentraciones muy altas, pues impiden su crecimiento normal”, explica el experto.

En las montañas boyacenses, donde las lluvias golpean sin tregua y las nubes oscurecen los valles, los campesinos seguirán sembrando tomate de árbol con la esperanza de que sus frutos lleguen intactos a la cosecha. Quizá con la ayuda de esta hormona “salvavidas”, tengan más posibilidades de ganar la batalla contra el exceso de agua que amenaza sus huertas.

En Zipaquirá la expansión urbana incrementa la presión sobre ríos y quebradas

* En Zipaquirá la expansión urbana ha llevado a un aumento de la presión sobre rondas de ríos y quebradas, y pérdidas en el sistema de acueducto. Foto Cortesía: SOS Amoladero.

Agricultura & Ganadería

(UN – Lunes 24 de noviembre de 2025).- Este municipio de la Sabana de Bogotá crece sobre franjas de protección de ríos y quebradas y de antiguos suelos agrícolas, amparada en un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que hace más de 10 años no se actualiza. Este desfase entre planeación y gestión ambiental ha llevado a que más del 30% del agua tratada se pierda en redes obsoletas, mientras que las aguas residuales se descargan sin tratamiento al río Bogotá, en medio de un auge inmobiliario que avanza más rápido que la capacidad hídrica del territorio.

La investigación realizada por Juan Sebastián Fonseca, magíster en Gobierno Urbano de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), evidenció que en Zipaquirá las modificaciones al POT en las áreas de transición entre lo urbano y lo rural (zonas suburbanas) duplicaron los índices de ocupación —del 20 al 40%— entre las versiones de 2000 y 2003, lo que permitió urbanizar áreas concebidas originalmente para regular la expansión hacia suelos agrícolas y ecosistemas sensibles.

El estudio reconstruyó hasta el 2000 la historia hídrico-urbana de Zipaquirá y de la Sabana de Bogotá —conformada por 27 municipios—, analizando los cambios en el uso del suelo y su relación con las fuentes de agua.

“Encontramos que la urbanización temprana del municipio siguió lógicas territoriales heredadas de los periodos muisca y premuisca, y que durante la colonia se consolidó una división espacial entre el ‘pueblo de blancos’ y el ‘pueblo de indios’, una forma temprana de segregación socioespacial. Esa separación histórica sigue presente hoy en la manera en que se han transformado los suelos agrícolas en áreas residenciales, muchas de ellas ubicadas sobre rondas de ríos y quebradas”, afirma el magíster.

En ese contexto, el crecimiento urbano reciente se ha concentrado en el noroccidente del municipio, en donde se desarrollaron proyectos de vivienda de interés social (VIS) y vivienda de interés prioritario (VIP). Como consecuencia, zonas cercanas a las quebradas El Molino y El Amoladero han perdido franjas verdes y suelos productivos, que han sido reemplazados por urbanizaciones cerradas y proyectos de alta densidad, con edificaciones de hasta 12 pisos que ejercen presión directa sobre estos cuerpos de agua.

El investigador también revisó los POT de 2000, 2003 y 2013, comparando sus disposiciones con la expansión real de la ciudad mediante cartografía y análisis normativo. Este ejercicio le permitió evidenciar cómo las modificaciones sucesivas facilitaron el avance urbano sobre zonas originalmente destinadas a contención, y cómo en la franja de expansión se concentraron conflictos entre dinámicas urbanas y sistemas hídricos, documentados a partir de las percepciones de actores sociales y comunitarios.

“Al superponer las cartografías de los diferentes POTs evidenció que la ciudad ha mantenido las mismas dinámicas de segregación socioespacial sobre suelos agrícolas y rondas hídricas, generando nuevas conflictividades sin darles manejo. Esa lectura permitió ver que el instrumento no solo quedó desactualizado, sino que además no ha logrado concretar un modelo de ciudad armonioso con el agua, ni en el papel ni en la práctica”, señala el magíster Fonseca.

El agua sin “voz” en la planeación

La ausencia de una visión integral del agua en el POT se refleja directamente en el sistema de acueducto de Zipaquirá. El municipio se abastece de una planta de tratamiento regional que comparte con Nemocón y Cogua, a través de redes de distribución instaladas hace décadas. Más del 30% del agua tratada se pierde por fugas, superando los límites legales permitidos, y una gran parte de Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado —formulado en 2011— sigue sin ejecutarse, a pesar de haber superado su horizonte de planeación.

A esta situación se suma una distribución desigual del recurso: mientras los barrios tradicionales enfrentan cortes frecuentes, los nuevos conjuntos residenciales son priorizados, lo que refleja que la expansión urbana ha avanzado sin considerar la capacidad hídrica real del territorio.

Este escenario convierte el manejo del agua en un problema integral, en el que, además de las dimensiones ambientales y sociales mencionadas, se cruzan las culturales, pues la transformación de suelos agrícolas ha erosionado la identidad campesina y debilitado el vínculo histórico de la población con el agua como sustento de vida.

Una torre de Babel institucional

El caso de Zipaquirá es representativo de lo que ocurre en varios municipios pequeños de la Sabana de Bogotá que enfrentan limitaciones técnicas e institucionales para actualizar y ejecutar sus instrumentos de ordenamiento. Su POT, expedido en el 2000, tuvo modificaciones excepcionales en 2003 y 2013, pero debió ser objeto de una revisión estructural en 2012, lo que no ocurrió. Como resultado, hoy opera desactualizado y sin incorporar integralmente resoluciones ambientales recientes de entidades como la CAR o el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, ni fallos judiciales como la sentencia que ordena el saneamiento del río Bogotá.

Este rezago ha creado un campo normativo ambiguo, en el que las administraciones locales pueden otorgar licencias con base en el POT, en circulares internas o en otras normatividades que no están articuladas coherentemente entre sí. Las tensiones con el nivel nacional —ambiental, agrario y cultural, dado que el centro histórico es patrimonio nacional— se superponen sin una jerarquía clara, generando vacíos y conflictos regulatorios.

“Esto ha derivado en una verdadera torre de Babel institucional que dificulta la gestión sostenible y abre espacios a prácticas discrecionales, por ejemplo, en el licenciamiento”, advierte el investigador.

A este problema institucional se suma la precariedad de la infraestructura sanitaria. Zipaquirá no cuenta con una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) plenamente funcional, el sistema actual, basado en una laguna de oxidación diseñada en el POT del 2000, rebosa en temporada de lluvias y descarga directamente al río Bogotá.

“La coexistencia de un alcantarillado mixto, donde confluyen aguas residuales y pluviales, incrementa la carga contaminante y limita la capacidad de respuesta frente al crecimiento poblacional”, indica el magíster.

Por otra parte, la presión sobre el recurso hídrico trasciende las fronteras municipales. Zipaquirá depende en parte de la cuenca del río Neusa, compartida con otros municipios de la Sabana, lo que evidencia la falta de articulación regional en la planeación.

Ciudadanía y territorios sensibles al agua

La investigación del magíster Fonseca también identificó procesos comunitarios que han surgido como respuesta a las deficiencias institucionales. En la quebrada El Amoladero, por ejemplo, habitantes de la zona se han organizado para defender la ronda hídrica y proponer alternativas locales de manejo, articulando prácticas cotidianas con una visión territorial del agua.

Tales hallazgos evidencian que la planeación urbana, particularmente en Zipaquirá, enfrenta una debilidad estructural en el desconocimiento del agua como eje central del territorio. Así mismo, sin la actualización de los POT y su articulación con normas ambientales y resoluciones judiciales, los municipios seguirán expuestos a crisis de abastecimiento, deterioro de ecosistemas y conflictividades sociales ligadas a su dimensión hídrica en su expansión.

Así, la investigación concluye que el agua no solo es un recurso sino un actor territorial que configura la forma en que se habita el territorio, que cumple un rol desde lo ambiental, cultural, político y simbólico, y que opera en diferentes escalas, de lo local a municipal y regional.