Fedearroz entrega once recomendaciones para enfrentar los riesgos climáticos ante el fenómeno de “El Niño”

* En el cultivo de arroz, las condiciones adversas pueden afectar la oportunidad de siembra, la disponibilidad hídrica, la eficiencia de fertilización, el establecimiento, la sanidad y la exposición de etapas sensibles a estrés térmico e hídrico.

Agricultura & Ganadería

(Fedearroz – Jueves 4 de junio de 2026).- Una importante compilación de recomendaciones agronómicas han sido diseñadas por la Federación Nacional de Arroceros – Fondo Nacional del Arroz con el fin de que los productores del grano se preparen para los efectos que pueda tener el Fenómeno de “El Niño”. 

Dichas recomendaciones hacen parte del informe especial que fue preparado por el ingeniero Francisco Javier Hernández Guzmán I. A., M.Sc. en Meteorología, Investigación y Transferencia de tecnología, Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz) – Fondo Nacional del Arroz, según el cual, si bien existe incertidumbre frente a la intensidad y forma exacta de sus impactos, las señales actuales sugieren un aumento del riesgo productivo por reducciones de precipitación, aumento de temperaturas e irregularidad en la distribución de las lluvias. 

En el cultivo de arroz, estas condiciones pueden afectar la oportunidad de siembra, la disponibilidad hídrica, la eficiencia de fertilización, el establecimiento, la sanidad y la exposición de etapas sensibles a estrés térmico e hídrico.

El informe especial, que ya fue publicado por la Revista ARROZ de Fedearroz, indica que el aumento de las temperaturas máximas eleva la demanda atmosférica de agua, incrementa la evapotranspiración y puede acelerar el desarrollo fenológico de los cultivos. Pero las temperaturas mínimas altas también tienen implicaciones relevantes: noches más cálidas reducen la posibilidad de recuperación fisiológica, incrementan la respiración y, en ciertos cultivos, pueden afectar procesos sensibles de floración, fecundación y llenado. 

En arroz, esta combinación es especialmente delicada cuando coincide con etapas reproductivas, porque puede comprometer la fertilidad de las espiguillas, afectar el llenado de grano y traducirse finalmente en pérdidas de rendimiento y calidad.

Igualmente señala que el pronóstico climático para 2026 no representa el mismo nivel de riesgo para todos los cultivos, ni para todas las regiones, ni para todos los sistemas productivos. En la agricultura colombiana, las implicaciones de un escenario con lluvias menos confiables y temperaturas en aumento deben leerse de acuerdo con el tipo de cultivo, la oferta ambiental de cada zona y el calendario de siembra. En el caso del arroz, esa diferencia es aún más importante, porque no enfrentan el mismo riesgo los sistemas de secano que los de riego, ni responden de igual manera las distintas zonas arroceras del país.

El aumento de las temperaturas también debe evaluarse por sus implicaciones agronómicas. Cuando el cultivo enfrenta condiciones más cálidas, especialmente si estas se acompañan de periodos de estrés hídrico, pueden presentarse recortes en la duración del ciclo, aceleración fenológica y menor margen operativo para ejecutar oportunamente las labores agronómicas. En términos prácticos, esto obliga a ser más juiciosos y rápidos en la toma de decisiones, porque cada retraso pesa más sobre la productividad final. Un establecimiento deficiente, una labor fuera de tiempo o una fase sensible expuesta a calor excesivo pueden tener efectos que luego son difíciles de compensar.

El estudio entregó 11 recomendaciones puntuales las cuales no sustituyen el criterio técnico local, pero sí resumen varias decisiones que cobran especial importancia en un año con probables aumentos de temperatura, mayor irregularidad de las lluvias y riesgo de estrés hídrico en distintos momentos de la campaña.

1. Empezar por la viabilidad productiva del lote y del sistema. Antes de sembrar conviene revisar con mayor rigor si el lote, la variedad y el sistema de manejo realmente son viables bajo un posible segundo semestre más cálido y con menor confiabilidad en la oferta hídrica. Las zonas naturalmente más calientes, los lotes con suministro de agua incierto, los suelos livianos o arenosos y aquellos con baja capacidad de retención de humedad pueden quedar más expuestos. En estos casos, más que insistir por rutina, vale la pena evaluar la pertinencia de la siembra, el ajuste del área o la necesidad de reforzar el manejo del suelo y del agua.

2. Acompañamiento técnico de un ingeniero agrónomo. En un escenario de menor oferta de precipitación, mayor temperatura y exigencia en la oportunidad de las labores, cobra aún más importancia contar con el acompañamiento de un ingeniero agrónomo que ayude a ajustar las decisiones técnicas del cultivo a las condiciones reales de cada zona y de cada lote. Su apoyo resulta clave para definir la viabilidad de la siembra, ajustar fechas, seleccionar la variedad más conveniente, afinar el manejo del agua, orientar la fertilización, interpretar la respuesta del cultivo y anticipar riesgos fitosanitarios. Más que una recomendación general, se trata de reconocer que, bajo condiciones climáticas más exigentes, el manejo agronómico debe estar mejor planificado, mejor monitoreado y adaptado al comportamiento del ambiente.

3. Ajustar la fecha de siembra. La fecha de siembra vuelve a ser una decisión estratégica. El objetivo no es solamente sembrar dentro del calendario, sino ubicar el cultivo en la ventana ambiental más favorable posible, buscando que las etapas sensibles no coincidan con los meses de mayor temperatura ni con periodos de menor disponibilidad hídrica. En un escenario como el de 2026, unas pocas semanas de diferencia pueden cambiar de forma importante la exposición del cultivo. 

4. Selección de variedad con criterio de ambiente y estabilidad. La elección de la variedad no debería asumirse como una decisión rutinaria. En un escenario más cálido y con posibles limitaciones en la disponibilidad de agua, gana importancia seleccionar materiales adaptados y aprobados para la zona, con buen comportamiento agronómico, tolerancia a condiciones de altas temperaturas tanto diurnas como nocturnas y mayor eficiencia en el uso del recurso hídrico. Más que buscar una solución general, se trata de elegir variedades que respondan mejor a las condiciones reales del ambiente productivo y que mantengan un desempeño más estable bajo escenarios de mayor exigencia térmica e hídrica. 

5. Mejorar la adecuación del suelo y del lote para conservar humedad y ganar uniformidad. En lotes vulnerables a pérdida rápida de agua o con baja uniformidad, la preparación del suelo puede marcar una diferencia importante. Prácticas como el uso de Cincel vibratorio en sentido contrario a la pendiente, la micronivelación con Land Plane o el diseño de curvas a nivel con Taipa pueden contribuir a mejorar la retención de humedad, la uniformidad del riego, el establecimiento del cultivo y la eficiencia de labores como fertilización y control de arvenses. No son medidas nuevas, pero en un año variable adquieren aún más valor.

6. Fortalecer el manejo eficiente del agua. En sistemas con riego, la prioridad no debe ser solo disponer del recurso, sino administrarlo mejor. Esto incluye revisar tiempos de riego, limpieza de canales, mantenimiento de trinchos, uniformidad del lote y alternativas de manejo más eficiente, como el riego intermitente y los sistemas de riego dirigido o de precisión, entre ellos el MIRI (Riego por Múltiples Entradas), que permiten llevar el agua de forma más localizada y oportuna hacia las zonas donde realmente se requiere.  En términos prácticos, muchas variedades no necesitan una lámina permanente continua, sino una humedad adecuada y bien manejada. En secano, el principio también es mejorar el aprovechamiento del agua, pero desde la adecuación del lote: reducir la velocidad de paso del agua por la superficie, favorecer su retención temporal y disminuir pérdidas por escorrentía. Para ello, cobran especial importancia prácticas como la construcción de caballones o curvas a nivel, que ayudan a conservar mejor la humedad y a distribuir con mayor uniformidad el agua de lluvia dentro del lote.

7. La fertilización y la oportunidad de las aplicaciones. En un escenario de altas temperaturas y mayor riesgo hídrico, la eficiencia del nutriente puede ser tan importante como la dosis. Conviene ajustar la fertilización con base en análisis de suelo, condición del lote, estado del cultivo y humedad disponible, evitando tanto aplicaciones en suelos excesivamente secos como en condiciones de anegamiento. También vale la pena revisar el balance nutricional, con especial atención al papel del fósforo y del potasio cuando el ambiente y el diagnóstico del lote indiquen que pueden ayudar a sostener mejor la respuesta del cultivo bajo mayor exigencia climática.

8. Precisión en el manejo de arvenses. La irregularidad de las lluvias complica el comportamiento de las malezas y la oportunidad del control. En este contexto, el uso de preemergentes exige más criterio en la selección de mezclas, dosis y momento de aplicación, considerando humedad del suelo, textura y riesgo de lluvias intensas. Bajo exceso de agua algunos tratamientos pueden aumentar su fitotoxicidad o perder eficiencia, mientras que en condiciones muy secas pueden no expresar el efecto esperado. La oportunidad seguirá siendo la clave. 

9. Reforzar el monitoreo fitosanitario. Algunas enfermedades e insectos pueden verse favorecidos por la combinación entre altas temperaturas, humedad intermitente y eventos intensos de lluvia. En arroz, esto obliga a vigilar con atención problemas que pueden expresarse con mayor fuerza bajo escenarios variables, incluyendo enfermedades bacterianas de la panícula y un posible aumento en la multiplicación de insectos vectores como la sogata en ciertos ambientes. La recomendación no es aplicar por calendario, sino monitorear con más frecuencia y actuar con mayor oportunidad. 

10. Ejecutar las labores agronómicas con apoyo del pronóstico de tiempo. La eficiencia de fertilizantes y agroquímicos depende en gran parte de ejecutarlos bajo condiciones operativas adecuadas. Hay productos y labores que exigen días más soleados, buena radiación o humedad específica para expresar mejor su efecto, mientras que otros pierden eficiencia cuando se aplican en suelos anegados, muy secos o justo antes de lluvias intensas. Por eso, en 2026 será especialmente importante consultar los pronósticos de tiempo de corto plazo antes de fertilizar, aplicar herbicidas, manejar el agua o hacer controles fitosanitarios. La planeación general sigue siendo necesaria, pero la oportunidad semanal puede definir buena parte del resultado. 

11. No perder de vista el seguimiento del ciclo y el momento de cosecha. Bajo condiciones más cálidas, el cultivo puede acelerar su crecimiento y acortar parcialmente su ciclo, lo que obliga a vigilar más de cerca la evolución fenológica y la humedad del grano. Esperar “la fecha de siempre” puede llevar a llegar tarde. En campañas más cálidas, el monitoreo del punto de cosecha gana importancia para proteger rendimiento, calidad molinera y eficiencia operativa.

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Declaran en riesgo la cosecha de soya y siembra de maíz en Colombia

* El deterioro de la vía nacional entre Puerto López y Puerto Gaitán afecta cerca de 30.000 toneladas de maíz que se están comercializando en este momento.

* Los productores de soya que inician su cosecha en agosto, en cerca de 90.000 hectáreas sembradas, y que tienen estimado mover por este corredor vial más de 210.000 toneladas de esta leguminosa, también estarían en riesgo.

* La siembra de maíz del segundo semestre proyectada entre agosto y septiembre podría verse gravemente afectada al no poder ingresar lo necesario para la siembra como semillas, insumos, fertilizantes y maquinaria.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Miércoles 3 de junio de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce) hace un llamado al Gobierno Nacional, a la Gobernación del Meta y a los Ministerios de Transporte y, Agricultura y Desarrollo Rural, para que atiendan con urgencia el grave deterioro de la vía nacional (Ruta 40) entre Puerto López y Puerto Gaitán, a la altura del puente Carlos Lleras Restrepo. La erosión y creciente del río Metica están provocando el socavamiento de esta importante vía para la economía de la región y la seguridad y soberanía alimentaria del país.

Esta situación no solo afecta la movilidad y seguridad en la región, sino que también pone en riesgo la competitividad del sector agrícola y el bienestar de cientos de productores que dependen de esta ruta para transportar sus cosechas e insumos agrícolas necesarios para las siembras.

En este sentido, el deterioro de esta vía afecta a los productores de soya que inician su cosecha en agosto, sobre la base de cerca de 90.000 hectáreas sembradas y, tienen estimado mover por este corredor vial más de 210.000 toneladas de esta leguminosa; sumado a esto la siembra de maíz del segundo semestre proyectada para agosto y septiembre, podría sufrir demoras al no poder ingresar lo necesario para esta campaña como semillas, insumos, fertilizantes y maquinaria. Además, el transporte de cerca de 30.000 toneladas de maíz que se están comercializando en este momento, se está viendo gravemente afectado.

“El transporte de combustible fundamental para la operación agrícola, así como el transporte de personal necesario para todas las labores en campo y, el ingreso de casas comerciales, entre otras necesidades de estos sectores productivos, también se ven afectados por el mal estado de esta vía y los cierres convocados a propósito de esta situación de extrema urgencia. Necesitamos una vía a la altura de la realidad agrícola de la región, por la que se mueven más de 1.500 tractomulas que llevan el producto desde la zona de producción hasta el centro del país”, sostuvo Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

La erosión continua que desgasta los cimientos de la vía nacional entre Puerto López y Puerto Gaitán (altura del puente Carlos Lleras Restrepo), sumado a la creciente del río Metica, no representa una situación nueva en la región, esta calzada ya ha presentado dificultades en otros momentos. Esto ha ocasionado un paro definitivo, impulsado por el sector de transporte de materiales pétreos, para exigir que vaya la concesionaria a hacer los arreglos pertinentes. También se registran protestas en el peaje de Casetabla y bloqueos por parte del gremio de volqueteros en el sector de la báscula del peaje El Yucao. Todo esto provocado por la falta de soluciones en este importante corredor vial.

“Aunque en ocasiones anteriores se han hecho llamados sobre esta preocupante situación, no se ha dado una solución real a esta problemática. Como federación que representa a los agricultores de cereales y leguminosas del país, advertimos que este contexto afecta seriamente la producción de estos granos, así como su calidad y comercialización y, por ende, la productividad y rentabilidad de quienes los cultivan. También genera inconvenientes al gremio de transportadores de carga y a la industria que requiere estas materias primas, generando sobrecostos de producción”, explicó el gerente general de Fenalce.

Arnulfo Trujillo, líder del gremio, puntualizó: “situaciones como esta ponen de manifiesto que no hay garantías para nuestros agricultores y vamos en retroceso de lograr la tan anhelada seguridad y soberanía alimentaria de nuestro país”.

Fenalce advierte sobre fallas para la asignación de ISA

* El gremio le precisa al Ministerio de Agricultura que en la asignación de recursos del Incentivo al Seguro Agropecuario no se tienen en cuenta los calendarios de siembra de los distintos cultivos

* Con el propósito de aportar elementos técnicos para la toma de decisiones, la federación consolidó un cuadro con los calendarios de siembra de los cultivos de maíz, soya y fríjol en diferentes departamentos del país.

* La ausencia de un esquema de asignación que reconozca esta estacionalidad genera presiones tempranas sobre los recursos disponibles, limitando el acceso al instrumento para los productores que inician sus ciclos productivos en el segundo semestre.

* El gremio propuso varias medidas para mejorar la eficiencia del incentivo al Seguro Agropecuario (ISA) como instrumento de política pública. Así mismo, dejó clara su disposición para trabajar de manera articulada con el Ministerio, la Dirección de Financiamiento y Riesgos Agropecuarios y Finagro, en el análisis técnico de la información productiva que permita optimizar la operación de este instrumento.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Miércoles 13 de mayo de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), señaló al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural que uno de los principales factores que incide en el desbalance de la asignación de recursos del Incentivo al Seguro Agropecuario (ISA), corresponde a la no diferenciación del instrumento en función de los calendarios de siembra de los distintos cultivos y regiones del país.

Por tal motivo, la federación presentó a Martha Carvajalino, ministra de dicha cartera ministerial, una petición con relación al manejo diferencial del ISA, para el segundo semestre de 2026, en función de calendarios de siembra y priorización por cultivo.

En comunicaciones previas remitidas por el gremio, se advirtió oportunamente sobre el riesgo de agotamiento de los recursos asignados al Incentivo al Seguro Agropecuario (ISA) durante la vigencia 2026, particularmente en el primer semestre del año. Como es de conocimiento del MinAgricultura, dicho riesgo se materializó, evidenciando limitaciones en la disponibilidad de recursos para atender la demanda del instrumento por parte de los productores, en un contexto caracterizado por la alta exposición a riesgos climáticos, el incremento de la incertidumbre productiva y la necesidad de fortalecer mecanismos de gestión del riesgo en el sector agropecuario.

Sumado a esto, en el marco de las reuniones sostenidas en la mesa técnica realizada en el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, con la Dirección de Financiamiento y Riesgos Agropecuarios, se identificó la importancia de avanzar en ajustes operativos que permitan mejorar la focalización, eficiencia y oportunidad en la asignación de los recursos del ISA, particularmente de cara al segundo semestre de 2026.

“Los cultivos de maíz, soya y fríjol presentan dinámicas productivas diferenciadas en términos de ventanas de siembra, lo que implica que la demanda por el seguro agropecuario no es homogénea a lo largo del año, sino que se concentra en periodos específicos. La ausencia de un esquema de asignación que reconozca esta estacionalidad genera presiones tempranas sobre los recursos disponibles, limitando el acceso al instrumento para los productores que inician sus ciclos productivos en el segundo semestre”, explica Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Con el propósito de aportar elementos técnicos para la toma de decisiones, Fenalce consolidó un cuadro con los calendarios de siembra de los cultivos de maíz, soya y fríjol en diferentes departamentos del país, el cual remitió al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural con el propósito de evidenciar la distribución temporal de la actividad productiva y, en consecuencia, la necesidad de armonizar la asignación de los recursos del ISA con dichas dinámicas.

La federación considera que de no implementarse un esquema de manejo diferencial de los recursos del ISA que considere variables como cultivo, región y calendario de siembra, existe un alto riesgo de que en el segundo semestre de 2026 se repita la situación, lo que limitaría el acceso de los productores a instrumentos de gestión del riesgo en un contexto de alta vulnerabilidad climática, comprometiendo el abastecimiento agroalimentario en varias regiones del país.

En la carta enviada a la ministra Carvajalino, el gremio propuso varias medidas para mejorar la eficiencia del ISA como instrumento de política pública. Así mismo, dejó clara su disposición para trabajar de manera articulada con el Ministerio, la Dirección de Financiamiento y Riesgos Agropecuarios y Finagro, en el análisis técnico de la información productiva que permita optimizar la operación de este instrumento.

Medidas propuestas por Fenalce

1. Asignación diferencial de recursos por periodos de siembra. Establecer una programación de los recursos del ISA que contemple ventanas temporales asociadas a los calendarios de siembra de los cultivos, garantizando la disponibilidad del incentivo en los momentos en que efectivamente se requiere.

2. Priorización por tipo de cultivo. Definir criterios de focalización que reconozcan las particularidades de cultivos estratégicos como el maíz, la soya y el fríjol, en función de su importancia en la seguridad alimentaria, su exposición a riesgos climáticos y su dinámica productiva.

3. Regionalización o creación de bolsas de recursos con destinación específica. Evaluar la estructuración de bolsas regionales o por cultivo, particularmente para cultivos semestrales, que permitan evitar la concentración de recursos en determinados territorios o periodos, y asegurar una distribución más equilibrada y equitativa del incentivo.

4. Fortalecimiento de la planeación del instrumento. Avanzar en mecanismos de planeación anticipada que permitan alinear la asignación presupuestal del ISA con la programación productiva del sector agropecuario, reduciendo el riesgo de desfinanciamiento del instrumento durante la vigencia.

La federación considera que la implementación de estos ajustes contribuirá a: mejorar la eficiencia del ISA como instrumento de política pública, fortalecer la gestión del riesgo climático en el sector y garantizar un acceso más equitativo para los productores a nivel nacional.

Confirman millonaria inversión para proteger la caficultura ante el fenómeno de El Niño

* El programa “Cosecha de Derechos Cafeteros – Fertilización para la vida” protegerá a la caficultura colombiana ante el fenómeno de El Niño, con apoyos directos de hasta $1,8 millones por productor.

* Los recursos provenientes del Fondo de Estabilización de Precios del Café y del programa FAIA, permitirán el incremento potencial del 42% en productividad gracias a la fertilización adecuada, clave para la resiliencia climática y económica del sector.

Agricultura & Ganadería

(Minagricultura – Jueves 30 de abril de 2026).- El Comité Nacional de Cafeteros aprobó por unanimidad la propuesta presentada por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para implementar el programa “Cosecha de Derechos Cafeteros – Fertilización para la Vida” en la que se invertirán cerca de 52 mil millones de pesos para la protección de la caficultura colombiana ante los choques climáticos, económicos y de mercado asociados al fenómeno de El Niño y la situación global de fertilizantes. El programa constituye una de las apuestas más importantes del Gobierno Nacional en este 2026 para proteger el ingreso, la productividad y la estabilidad de cientos de miles de familias cafeteras.

La ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino Villegas, destacó: “Nuestra caficultura es el motor de la economía agropecuaria y por iniciativa del ministerio de Agricultura, desplegaremos un programa de prevención y mitigación, fortalecimiento de nuestras coberturas vegetales, fertilización nuestros cultivos y de esta manera, podamos garantizar que el café de Colombia siga acompañando al mundo”.

Cabe aclarar que los recursos para el programa son aportados exclusivamente por el Fondo de Estabilización de Precios del Café (FEPC) y por el programa FAIA Mitigación 2026, del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

El Programa “Cosecha de Derechos Cafeteros – Fertilización para la Vida” beneficiará hasta 108 mil productores cafeteros que recibirán apoyos concretos y directos: hasta 40% de apoyo para fertilización en renovación, hasta 30% para producción, un bono adicional del 5% para mujeres y jóvenes y beneficios de hasta 1 millón 800 mil pesos por productor. Este programa tendrá cobertura en 610 municipios cafeteros de 23 departamentos, impactando positivamente cultivos en renovación y en etapa de producción.

La implementación del programa se basa en que la falta de fertilización adecuada puede reducir la productividad de los cultivos entre un 20% y un 46%, así, una nutrición oportuna permite incrementar la producción de 12 a 17 cargas por hectárea, lo que representa un aumento cercano al 42%.

Garantizar una adecuada fertilización no solo protege la productividad cafetera, sino que también contribuye a preservar los ingresos de las familias rurales, fortalecer la estabilidad social y mejorar la capacidad de respuesta del sector frente a los efectos del cambio climático, temas centrales en la política agraria del gobierno del presidente Gustavo Petro.

El Ministerio enfatizó que este programa no constituye un subsidio más, sino una estrategia de protección anticipada del ingreso, fortalecimiento productivo y defensa estructural del campesinado, en el marco de la Revolución Por la Vida en la que el MinAgricultura está empeñado.

Es importante señalar que el 97% de los caficultores del país son pequeños productores y el 91% cultiva en menos de 3 hectáreas. Se trata de familias que sostienen buena parte de nuestra economía rural, de la producción nacional y de la soberanía alimentaria. Por eso, proteger al café no es solo respaldar un producto de exportación, es defender el tejido social, el empleo rural, y la justicia social y económica de las y los colombianos.

Fenalce advierte sobre el peligro de la aprobación de un arancel cero para importar cebada

* El gremio advierte que la medida llevaría a la desaparición de este cereal en el país.

* La federación presentó su concepto técnico en relación con esta medida que representa una grave afectación para los productores de cebada del país, que se concentran en Boyacá, Nariño y Cundinamarca.

* Fenalce considera que un diferimiento arancelario permanente al 0% a la cebada para malteado o elaboración de cerveza, incrementaría el riesgo de desincentivo a la producción nacional, profundizaría la dependencia externa y debilitaría la sostenibilidad económica de los productores en las regiones donde el cultivo aún subsiste.

* La producción nacional de cebada no debe evaluarse exclusivamente en términos de participación porcentual, sino en función de su rol estratégico dentro del sistema agro productivo nacional.

* Desde el punto de vista jurídico, el Estado colombiano no se encuentra compelido por norma constitucional ni por tratado internacional a establecer un arancel permanente del 0% para la cebada destinada a malteado.

* Cualquier modificación permanente de instrumentos arancelarios o de estabilización debe evaluarse con rigor técnico y bajo el principio de equilibrio intersectorial, garantizando que las decisiones de competitividad industrial no comprometan la sostenibilidad de la base productiva agrícola ni los fines constitucionales de desarrollo rural.

* De ser aprobado este arancel 0% de la cebada para malteado o elaboración de cerveza, se profundizaría la crisis de la seguridad y soberanía alimentaria de Colombia. 

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Miércoles 29 de abril de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), observa con preocupación la solicitud de diferimiento arancelario al 0% de la cebada para malteado o elaboración de cerveza (subpartida 1003.90.00.10), por esto en cumplimiento de su función gremial de representación y defensa de los productores nacionales, se pronunció sobre este asunto, en carta dirigida al viceministro de Comercio Exterior, Tito Rufino.

En su momento la federación presentó su concepto técnico en relación con esta medida que representa una grave afectación para los productores de cebada del país, que se concentran en Boyacá, Nariño y Cundinamarca. En 2025, la producción de este cereal fue de 10.238 toneladas con un rendimiento de 2,25 t/ha, mientras que el área cultivada fue de 4.547 hectáreas.

“Como federación que representa a los agricultores de cereales del país, Fenalce reconoce la importancia de garantizar el abastecimiento oportuno y competitivo de materias primas para la industria agroalimentaria. No obstante, también considera fundamental que las decisiones de política comercial y arancelaria incorporen una visión integral que contemple el desarrollo rural, la sostenibilidad productiva, la estabilidad del ingreso agrícola y la resiliencia del sistema agroalimentario nacional, para evitar la desaparición de más cultivos en el país”, explica Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Añade, “la cebada, aunque actualmente representa una proporción reducida del consumo nacional aparente, constituye una actividad productiva estratégica para determinadas regiones del país y un componente relevante dentro de la diversificación agrícola. En este contexto, cualquier modificación permanente en los instrumentos de política comercial debe evaluarse no solo desde la perspectiva de competitividad industrial, sino también desde sus efectos estructurales sobre la producción nacional y, la seguridad y soberanía alimentaria”.

Con base en estas consideraciones, la federación expuso ante el Ministerio de Industria, Turismo e Industria, un análisis técnico y recomendaciones frente a la solicitud presentada.

Con base en la evidencia productiva y comercial disponible, la federación concluyó que el mantenimiento de instrumentos arancelarios dentro de los márgenes permitidos por los compromisos internacionales constituye un mecanismo legítimo de política pública para evitar una mayor contracción del cultivo en el país.

Asimismo, evidenció que las cifras recientes arrojan señales de recuperación productiva (área y producción) y mejoras técnicas (rendimientos), las cuales podrían fortalecerse mediante programas de asistencia técnica, adopción de mejores prácticas y articulación institucional. Esto ayuda a los productores debería priorizarse, en lugar de tomar decisiones que generan señales de desprotección en frontera.

Dado el nivel actual de dependencia de las importaciones en el país, la evidencia de competencia por precio frente al producto importado incluso bajo el esquema arancelario vigente, y la tendencia decreciente de la producción nacional, Fenalce considera que un diferimiento arancelario permanente al 0% a la cebada para malteado o elaboración de cerveza, incrementaría el riesgo de desincentivo a la producción nacional, profundizaría la dependencia externa y debilitaría la sostenibilidad económica de los productores en las regiones donde el cultivo aún subsiste.

Por lo anterior, desde una perspectiva técnica, económica y de sostenibilidad sectorial, la federación recomendó no acceder a la solicitud de diferimiento arancelario al 0 %, sugiriendo que las medidas de competitividad industrial se orienten hacia estrategias complementarias que no impliquen una desprotección estructural del productor nacional.

Consideraciones técnicas sobre el mercado de cebada

Si bien la producción nacional de cebada representa actualmente una proporción reducida del consumo nacional aparente (en 2024, alrededor del 2,8% del consumo aparente), su importancia no debe evaluarse exclusivamente en términos de participación porcentual, sino en función de su rol estratégico dentro del sistema agro productivo nacional.

En primer lugar, la cebada constituye una actividad productiva relevante en determinadas zonas agroecológicas del país, donde las condiciones climáticas y de altitud limitan alternativas agrícolas de igual viabilidad económica. En estos territorios, la cebada forma parte de esquemas productivos que contribuyen a la estabilidad del ingreso rural y a la permanencia de la población en el campo.

En segundo lugar, la producción de cebada genera empleo rural directo (siembra, manejo agronómico, cosecha) e indirecto (transporte, almacenamiento, comercialización, provisión de insumos y servicios técnicos). Aunque el volumen total producido sea bajo frente a las importaciones, su impacto territorial es significativo en términos de economía local.

En tercer lugar, la cebada cumple un papel en la diversificación agrícola. La diversificación reduce riesgos productivos, mejora la rotación de cultivos, contribuye al manejo sostenible de suelos y disminuye la dependencia de monocultivos. La reducción o desaparición de esta alternativa productiva podría generar mayor concentración agrícola y aumentar vulnerabilidades en determinadas regiones.

Por tanto, la baja participación actual no implica irrelevancia estructural. Por el contrario, evidencia la necesidad de fortalecer la base productiva interna para mejorar su competitividad y sostenibilidad, evitando señales de política que puedan acelerar su debilitamiento.

En 2025, la cebada registró una caída del 2% en producción, con respecto a 2024, mientras que en área cultivada presentó un aumento del 21%. La demanda total de cebada el año pasado fue de 365.641 toneladas, para cubrir esta demanda el 97,2% fue importado (355.403 toneladas) y, el 2,8% producción nacional (10.238 toneladas). No obstante, las importaciones de este cereal disminuyeron en 2025, con una caída de 0,9%, respecto al año anterior.

En línea con lo anterior, Fenalce viene promoviendo acciones orientadas a elevar la competitividad del cultivo. Entre ellas, se destaca el proyecto gremial enfocado en la identificación, validación y difusión de las mejores prácticas agronómicas y administrativas del cultivo en zonas productoras (altiplano Cundiboyacense y Nariño), mediante la conformación de grupos con acompañamiento técnico especializado, registros técnico-económicos estandarizados y evaluación comparativa de resultados, con el propósito de mejorar rendimientos, rentabilidad y competitividad.

Estas iniciativas, sumadas a los esfuerzos privados de incentivo a la siembra, muestran que la estrategia sectorial adecuada no es debilitar la protección en frontera, sino fortalecer la productividad y el encadenamiento interno para ampliar progresivamente la oferta nacional bajo condiciones de mercado más equilibradas.

En este contexto, el instrumento arancelario vigente cumple un papel de contención frente a las brechas estructurales de competitividad y constituye una señal de política relevante para evitar una mayor contracción del área sembrada y de la producción nacional.

Seguridad de abastecimiento vs. soberanía productiva

La federación reconoce la importancia de garantizar el abastecimiento continuo de cebada para la industria maltera y cervecera, sector que aporta significativamente a la economía nacional. La estabilidad en el suministro es un elemento clave para la planeación industrial y la competitividad del sector.

No obstante, la seguridad de abastecimiento no debe fundamentarse exclusivamente en la dependencia externa, puesto que la evidencia internacional muestra que:

-La alta concentración de proveedores externos incrementa la vulnerabilidad ante crisis logísticas, restricciones comerciales, conflictos geopolíticos o eventos climáticos extremos en países exportadores.

-La volatilidad de precios internacionales y del tipo de cambio puede trasladarse rápidamente a los costos internos cuando no existe una base productiva local que actúe como amortiguador.

-La eliminación permanente de instrumentos de política comercial reduce la capacidad del Estado para reaccionar ante escenarios adversos, limitando herramientas de estabilización.

En esta línea, la adopción de medidas permanentes de desgravación total debe ponderarse con el riesgo de profundizar la dependencia importadora y de erosionar la capacidad mínima de producción interna, con implicaciones sobre la resiliencia del sistema agroalimentario y la sostenibilidad económica de los productores que permanecen en el cultivo.

Consideraciones sobre competitividad industrial

El análisis de Tasa de Protección Efectiva (TPE) presentado por la industria constituye una herramienta económica válida para evaluar la estructura de incentivos arancelarios entre insumos y bienes finales. No obstante, su utilización como fundamento exclusivo para la modificación permanente de instrumentos de política agrícola resulta insuficiente.

La TPE mide el grado en que la estructura arancelaria protege o grava el valor agregado de una actividad industrial. Sin embargo, este indicador:

-Se construye bajo supuestos estáticos.

-No incorpora efectos dinámicos sobre el sector primario.

-No internaliza impactos territoriales ni sociales.

-No captura externalidades asociadas a la pérdida de capacidad productiva nacional.

En consecuencia, la evaluación de política comercial agrícola debe trascender el análisis estrictamente industrial e incorporar una visión sistémica del encadenamiento productivo.

Consideraciones sobre competencia vía precios

Adicionalmente, el comportamiento observado en el mercado interno muestra que la competencia entre el producto nacional y el importado ya opera de manera directa, particularmente a través del precio.

El comparativo de precios entre cebada nacional e importada para 2024–2025 evidencia meses recurrentes en los que el producto importado se ubica por debajo del nacional, ampliando la presión competitiva sobre el productor colombiano. En términos agregados, durante 2024 el precio importado fue inferior al nacional en la mayor parte del año, y en varios meses de 2025 se mantiene esa misma relación, lo que confirma que la presión competitiva no es hipotética, sino estructural.

Este resultado es relevante considerando que en la actualidad la importación ya enfrenta un arancel fijo del 15%, más el ajuste correspondiente del Sistema Andino de Franja de Precios (SAFP) cuando aplica. Aun así, el producto importado logra ubicarse por debajo del nacional.

En consecuencia, un diferimiento arancelario al 0% ampliaría la brecha de precios a favor del importado, intensificando la sustitución del grano nacional y debilitando la señal económica que hoy permite sostener la permanencia del cultivo en el país. En el largo plazo, ello no solo implica mayor dependencia externa, sino también la pérdida de capacidades productivas y de encadenamientos territoriales que resultan costosos de reconstruir una vez desaparecen.

De igual manera, la reducción del precio interno asociada a la intensificación de la competencia importada puede afectar el recaudo parafiscal del subsector, limitando la disponibilidad de recursos destinados a asistencia técnica, transferencia tecnológica, fortalecimiento productivo y proyectos de mejora de competitividad.

Consideraciones jurídicas y de política comercial

El análisis de la solicitud de diferimiento arancelario al 0% de la cebada para malteado o elaboración de cerveza debe enmarcarse en los principios constitucionales que orientan la política económica y agropecuaria del Estado colombiano, así como en el régimen internacional de comercio aplicable.

•          El artículo 65 de la Constitución Política establece que la producción de alimentos gozará de la especial protección del Estado y que este deberá promover el desarrollo integral de las actividades agrícolas, así como mejorar el ingreso y la calidad de vida de los campesinos. Este mandato no constituye una simple declaración programática, sino una directriz vinculante que orienta la formulación de políticas públicas en materia agropecuaria. En consecuencia, cualquier decisión de política arancelaria que incida directamente sobre la producción agrícola nacional debe evaluarse a la luz de este principio de protección reforzada, ponderando sus efectos sobre la sostenibilidad productiva y el ingreso rural.

•          El artículo 333 de la Constitución Política reconoce la libertad económica y la libre empresa, pero establece que la actividad económica cumple una función social que implica obligaciones. En virtud de este principio, el Estado está facultado para intervenir cuando sea necesario racionalizar la economía y armonizar los intereses de los distintos sectores productivos.

•          El artículo 334 de la Constitución Política dispone que el Estado intervendrá, por mandato de la ley, en la producción, distribución, utilización y consumo de bienes, con el fin de racionalizar la economía, mejorar la calidad de vida de los habitantes, distribuir equitativamente las oportunidades y beneficios del desarrollo y preservar un ambiente sano. Estas disposiciones constitucionales legitiman la existencia y utilización de instrumentos de política comercial agrícola, como los aranceles y los mecanismos de estabilización de precios, cuando su finalidad sea proteger el empleo rural, el desarrollo regional y la estabilidad productiva.

•          En el ámbito internacional, Colombia es miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y parte de múltiples acuerdos comerciales bilaterales y regionales. Sin embargo, dichos compromisos establecen techos arancelarios consolidados máximos, mas no la obligación de aplicar arancel cero de manera permanente. Dentro de los límites consolidados ante la OMC, el Estado conserva margen de maniobra para fijar su arancel aplicado, siempre que respete el principio de no discriminación entre socios comerciales conforme a los acuerdos vigentes. En consecuencia, mantener un arancel o un mecanismo de estabilización dentro de los parámetros consolidados no constituye incumplimiento de obligaciones internacionales, sino ejercicio legítimo de soberanía en política comercial.

•          En lo que respecta a los Tratados de Libre Comercio suscritos por Colombia, muchos de ellos contemplan esquemas de desgravación progresiva o arancel cero para determinados orígenes preferenciales. No obstante, tales compromisos operan exclusivamente frente a los países parte de cada acuerdo y no implican la obligación de generalizar un arancel cero frente a todos los orígenes ni de eliminar instrumentos internos de estabilización cuando estos se encuentren dentro del marco permitido por el derecho internacional. La existencia de preferencias arancelarias no suprime la competencia del Estado para diseñar su política comercial respecto de terceros países ni para administrar instrumentos de estabilización conforme a la normativa vigente.

•          El Sistema Andino de Franja de Precios (SAFP) constituye un mecanismo reconocido dentro del ordenamiento andino, orientado a estabilizar los precios de productos agropecuarios sujetos a alta volatilidad internacional. Su finalidad es mitigar fluctuaciones abruptas que puedan afectar tanto a productores como a consumidores. La exclusión permanente de una subpartida de dicho sistema no responde a una obligación jurídica derivada de compromisos internacionales, sino a una decisión discrecional de política pública que debe ser cuidadosamente ponderada frente a sus efectos estructurales.

En síntesis, desde el punto de vista jurídico, el Estado colombiano no se encuentra compelido por norma constitucional ni por tratado internacional a establecer un arancel permanente del 0% para la cebada destinada a malteado. Por el contrario, el marco constitucional le impone el deber de considerar la protección de la producción agrícola nacional como un objetivo legítimo y prioritario. En este sentido, cualquier modificación permanente de instrumentos arancelarios o de estabilización debe evaluarse con rigor técnico y bajo el principio de equilibrio intersectorial, garantizando que las decisiones de competitividad industrial no comprometan la sostenibilidad de la base productiva agrícola ni los fines constitucionales de desarrollo rural.

Colombia disminuyó las áreas de siembra y la producción de cereales y leguminosas en 2025

* Todos los cereales y leguminosas que agremia la federación, incluida la soya, presentaron un comportamiento negativo en sus indicadores productivos por falta de garantías para los productores. Con respecto a las áreas de siembra, solo dos granos registraron un aumento en áreas: la cebada y la soya.

* Frente a estas cifras poco alentadoras, desde Fenalce hacen un llamado al Gobierno Nacional a implementar políticas que den garantías a los agricultores y aseguren condiciones justas, que les permita aumentar las áreas de siembra y, la producción.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Jueves 26 de marzo de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce) manifiesta nuevamente su preocupación ante el comportamiento negativo que registraron las áreas de siembra y los volúmenes de producción de los cereales y leguminosas en Colombia, durante el año 2025, en comparación con 2024, lo cual compromete cada vez más la sostenibilidad del campo y pone en riesgo la seguridad y soberanía alimentaria del país.

Específicamente, todos los cereales y leguminosas que agremia la federación, incluida la soya, presentaron un comportamiento negativo en sus indicadores productivos. Es decir, producimos en 2025, comparado con 2024, menos maíz amarillo (- 5%), maíz blanco (- 12%), avena (- 11%), cebada (- 2%), sorgo (- 72%), trigo (- 24%), arveja (- 30%), fríjol arbustivo (- 17%), fríjol voluble (- 11%), haba (- 48%) y soya (- 2%).

Con respecto a las áreas de siembra, solo dos granos registraron un aumento en áreas: la cebada (+ 21%) y la soya (+12 %). Mientras que los demás registraron una disminución de áreas: maíz amarillo (- 17%), maíz blanco (- 23%), avena (- 14%), sorgo (- 76%), trigo (- 8%), arveja (- 20%), fríjol arbustivo (- 12%), fríjol voluble (- 12%) y haba (- 23%).

El comportamiento a la baja, tanto de la producción, como de las áreas de siembra se debe a la falta de garantías para los productores de cereales y leguminosas. Factores climáticos adversos, la falta de seguros agropecuarios competitivos y de semillas competitivas, los bajos precios de los granos, los altos costos de producción, la falta de infraestructura de secado y almacenamiento, entre otros aspectos, desincentivan la siembra y bajan los niveles de producción. Dependiendo del grano, un aspecto puede influir más que otro.

Frente a estas cifras poco alentadoras para nuestros sectores de cereales, leguminosas y soya, desde Fenalce hacemos un llamado al Gobierno Nacional a implementar políticas que den garantías a los agricultores y aseguren condiciones justas, que les permita aumentar las áreas de siembra y, por ende, crecer en la producción de estos granos, fundamentales para la seguridad y soberanía alimentaria del país.

“De cara a este panorama, incrementar las áreas cultivadas y la producción de nuestros granos es vital, pero no hay una política clara para estos sectores que les permita crecer, ser rentables y competitivos. Fenalce está listo para acompañar este gran reto y lograr la tan anhelada seguridad y soberanía alimentaria. Sabemos que Colombia cuenta con suficiente potencial productivo, pero cualquier iniciativa de transformación requiere cambios estructurales de parte no solo de los agricultores, sino de todos los actores indispensables para lograr una cadena de valor competitiva y sustentable. Dichos cambios deben abarcar desde el entorno de la investigación científica hasta la regulación e incentivo del comercio, y es indispensable contar con el apoyo del gobierno nacional, para lograr los resultados esperados”, sostuvo Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Añadió, “la federación viene haciendo grandes esfuerzos en la ejecución de los recursos de los fondos parafiscales, haciendo investigación, extensión y fortaleciendo las capacidades técnicas de los agricultores, pero los recursos no son suficientes para la gran necesidad que tienen estos sectores y el país en general, de garantizar la producción de sus alimentos”.

A continuación, se presenta el balance de 2025 para los diferentes granos que representa la federación, en comparación con 2024: 

Cereales

•        El maíz amarillo en 2025 tuvo una producción de 985.759 toneladas, en 195.222 hectáreas cultivadas, siendo Meta Altillanura, Meta Piedemonte y Córdoba las regiones de mayor producción, tanto en sistema tecnificado, como tradicional. El rendimiento promedio fue de 5,05 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (1.040.723 toneladas – 236.450 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 5% y, el área cultivada 17%.

•        El maíz blanco en 2025 tuvo una producción de 392.823 toneladas, en 81.628 hectáreas cultivadas, siendo Tolima, Meta Altillanura y Córdoba los departamentos con mayor producción, tanto en sistema tecnificado, como tradicional. El rendimiento promedio fue de 4,81 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (448.859 toneladas – 106.516 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 12% y el área cultivada 23%.

•        La avena en 2025 tuvo una producción de 4.426 toneladas, en 1.963 hectáreas cultivadas, siendo Boyacá el único departamento en el que se sembró este cereal. El rendimiento promedio fue de 2,25 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (5.000 toneladas – 2.280 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 11% y el área cultivada 14%.

•        La cebada en 2025 tuvo una producción de 10.238 toneladas, en 4.547 hectáreas cultivadas, siendo Boyacá, Nariño y Cundinamarca los departamentos en los que se sembró este cereal. El rendimiento promedio fue de 2,25 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (10.488 toneladas – 3.760 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 2%, mientras que el área cultivada aumentó 21%. Esto se explica por una caída del rendimiento (de 2,79 t/ha pasó a 2,25 t/ha).

•        El sorgo en 2025 tuvo una producción de 2.527 toneladas, en 900 hectáreas cultivadas, siendo Meta Altillanura, Tolima y La Guajira las regiones en las que más se cosechó este cereal. El rendimiento promedio fue de 2,81 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (9.070 toneladas – 3.820 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 72% y el área cultivada 76%.

•        El trigo en 2025 tuvo una producción de 3.530 toneladas, en 1.375 hectáreas cultivadas, siendo Boyacá, Nariño y Cundinamarca los departamentos en los que se sembró este cereal. El rendimiento promedio fue de 2,57 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (4.636 toneladas – 1.490 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 24% y el área cultivada 8%.

Leguminosas

•        La arveja en 2025 presentó un área total cultivada de 19.315 hectáreas, con una producción de 84.895 toneladas y un rendimiento promedio de 4,40 toneladas por hectárea. Nariño, Boyacá y Cundinamarca fueron los departamentos en los que más se produjo esta leguminosa. En comparación con 2024 (24.228 hectáreas – 121.500 toneladas), en 2025 disminuyó el área cultivada 20% y la producción 30%.

•        El fríjol arbustivo en 2025 presentó un área total cultivada de 33.608 hectáreas, con una producción de 32.008 toneladas y un rendimiento promedio de 0,95 toneladas por hectárea. Santander, Nariño y Antioquia fueron los departamentos en los que más se produjo esta variedad de fríjol. En comparación con 2024 (38.335 hectáreas – 38.413 toneladas), en 2025 disminuyó 12% el área cultivada, y la producción 17%.

•        El fríjol voluble en 2025 presentó un área total cultivada de 32.444 hectáreas, con una producción de 52.290 toneladas y un rendimiento promedio de 1,61 toneladas por hectárea. Cundinamarca, Antioquia y Huila fueron los departamentos en los que más se produjo esta variedad de fríjol. En comparación con 2024 (37.069 hectáreas – 58.576 toneladas), en 2025 disminuyó 12% el área cultivada y la producción 11%.

•        El haba en 2025 presentó un área total cultivada de 1.240 hectáreas, con una producción de 4.540 toneladas y un rendimiento promedio de 3,66 toneladas por hectárea.  Nariño y Cundinamarca fueron los departamentos en los que se sembró esta leguminosa. En comparación con 2024 (1.610 hectáreas – 8.744 toneladas), en 2025 disminuyo el área cultivada 23% y la producción 48%.

Soya

•        La soya en 2025 tuvo una producción de 230.862 toneladas en un área cultivada de 104.416 hectáreas, presentando un rendimiento promedio de 2,21 toneladas por hectárea. Meta Altillanura, Valle del Cauca y Córdoba fueron las regiones en las que más se sembró esta oleaginosa.

En comparación con 2024 (235.454 toneladas – 93.267 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 2%, mientras que el área cultivada aumentó 12%. Esto se explica por una caída del rendimiento (de 2,52 t/ha pasó a 2,21 t/ha).

Cifras 2025

Comportamiento de la demanda nacional de granos

En 2025 la demanda nacional de granos fue de 15.013.113 toneladas, para cubrir esta se importó el 88% (13.209.215 toneladas), mientras que la producción nacional representó solo el 12% (1.803.898 toneladas).

Participación en la demanda por granos – 2025

•        Maíz / Demanda total: 9.040.877 toneladas / 85% importado (7.662.295 toneladas) / 15 % producción nacional (1.378.582 toneladas).

•        Maíz amarillo / Demanda total: 8.294.204 toneladas / 88% importado (7.308.445 toneladas) / 12% producción nacional (985.759 toneladas).

•        Maíz blanco / Demanda total: 746.673 toneladas / 53% producción nacional (392.823 toneladas) / 47% importado (353.850 toneladas).

•        Fríjol / Demanda total: 130.990 toneladas / 64% producción nacional (84.298 toneladas) / 36% importado (46.692 toneladas).

•        Soya (grano y derivados) / Demanda total: 3.265.355 toneladas / 93% importado (3.034.493 toneladas) / 7% producción nacional (230.862 toneladas).

•        Soya (grano) / Demanda total: 826.226 toneladas / 72% importado (595.364 toneladas) / 28% producción nacional (230.862 toneladas).

•        Avena / Demanda total: 5.386 toneladas / 82% producción nacional (4.426 toneladas) / 18% importado (960 toneladas).

•        Cebada / Demanda total: 365.641 toneladas / 97,2% importado (355.403 toneladas) / 2,8% producción nacional (10.238 toneladas).

•        Sorgo / Demanda total: 2.580 toneladas / 98% producción nacional (2.527 toneladas) / 2% importado (53 toneladas).

•        Trigo / Demanda total: 1.911.733 toneladas / 99,8% importado (1.908.203 toneladas) / 0,2% producción nacional (3.530 toneladas).

•        Arveja / Demanda total: 114.459 toneladas / 74% producción nacional (84.895 toneladas) / 26% importado (29.564 toneladas).

Colombia pierde terreno en abastecimiento interno de cereales y leguminosas

* En 2025, Colombia importó 10,6% más de toneladas de cereales, leguminosas y soya que en 2024, aumentando la dependencia de otros países para cubrir su demanda interna de granos 

* En esta vigencia, el país importó casi 10 millones de toneladas de cereales, más de 190 mil toneladas de leguminosas y más de 3 millones de toneladas de soya. Comparado con las importaciones de 2024, que sumaron 11.821.339 toneladas, en 2025 importamos 1.387.867 toneladas adicionales de granos (13.209.215 toneladas – total importado 2025) para cubrir la demanda interna.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Martes 17 de marzo de 2026).- Colombia, año tras año, incrementa su dependencia de las importaciones para abastecer el consumo interno de cereales, leguminosas y soya. Así lo revela el más reciente análisis de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), tras monitorear el comportamiento de las importaciones durante 2025.

En esta vigencia, el país importó casi 10 millones de toneladas de cereales, más de 190 mil toneladas de leguminosas y más de 3 millones de toneladas de soya. Comparado con las importaciones de 2024, que sumaron 11.821.339 toneladas, en 2025 importamos 1.387.867 toneladas adicionales de granos (13.209.215 toneladas – total importado 2025) para cubrir la demanda interna. Es decir, en 2025 Colombia importó 10,6% más de granos, que en 2024. 

Ahora bien, si observamos por sector en 2025, importamos 812.891 toneladas más de cereales, 31.332 toneladas adicionales de leguminosas y, de soya y derivados 552.653 toneladas, lo que representa un incremento de las importaciones del 8,2%, 16,3% y, 18%, respectivamente.

“Esta situación es preocupantes y nos invita a analizar la Ley actual del sector agropecuario; necesitamos una ley fuerte que respalde el sector. Es necesaria una reflexión real del sector productivo, crear una comisión accidental con la presencia de senadores y gremios para analizar un Proyecto de Ley que defienda la soberanía alimentaria ofreciendo créditos oportunos, seguros de cosecha eficientes, infraestructura de almacenamiento y secado, transporte de los granos, acceso a maquinaria y equipos que garanticen una agricultura de precisión, precios de estabilización y contratos de cosecha a futuro, seguridad jurídica y proyectos transversales que tengan que ver con el mejoramiento de vías, conectividad, información de alertas tempranas, acceso a semillas competitivas y garantías para trabajar de manera asociada”, afirma Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Añadió, “es importante, por ejemplo, que desde el gobierno se genere un acuerdo con la industria, darles incentivos para que compren el producto nacional, en primer lugar, respondiendo al consumo del país. No es posible que crezca la industria y la demanda nacional de cereales, leguminosas y soya, que además es abastecida en su mayoría por las importaciones, reduciéndose cada vez más la participación de los granos nacionales, por no existir las garantías suficientes para que los productores nuestros sean competitivos. No podemos depender de otros países para alimentarnos, menos en la coyuntura actual de incertidumbre”, explica el dirigente gremial.

Variaciones representativas en las importaciones de granos / 2024 – 2025

En 2025, Colombia importó 7.308.445 toneladas de maíz amarillo, lo que representa un aumento de 13,3% frente a 2024 (6.448.575 toneladas). Este resultado refuerza la alta dependencia del país del abastecimiento externo para este grano. Las principales empresas importadoras fueron C.I. ADM Colombia Ltda., Alims Finca S.A.S., Italcol de Occidente S.A., Contegral S.A. e Italcol S.A., que en conjunto concentraron el 48,6% de las importaciones de maíz amarillo, siendo Estados Unidos el único país de origen de estas importaciones.

En contraste, las importaciones de maíz blanco registraron una reducción de 5,3% en 2025, totalizando 353.850 toneladas, es decir, 19.629 toneladas menos que en 2024, probablemente por una reducción en la demanda. En este segmento, Organización Solarte y Cía. S.C.A., Precocidos del Oriente S.A., Soberana S.A.S. y Alimentos Polar Col S.A.S. concentraron el 69,4% del total importado.

En 2025, las importaciones de trigo registraron una leve reducción de 0,8% frente a 2024. En total, Colombia importó 1.908.203 toneladas. Los principales países de origen fueron Canadá y Estados Unidos, con participaciones de 53% y 43%, respectivamente. Por el lado de los actores del mercado, Harinera del Valle S.A. lideró las compras externas en el año, con 301.485 toneladas, equivalentes al 15,8% del total importado.

En cuanto a la cebada, las importaciones también disminuyeron en 2025, con una caída de 0,9% respecto al año anterior. Argentina se mantuvo como el principal proveedor, concentrando el 68% del total importado. En este mercado, Bavaria S.A. continúa como único importador, consolidándose como el actor dominante del segmento en Colombia.

En 2025, las importaciones de fríjol en Colombia aumentaron 11,5% frente a 2024, al totalizar 46.629 toneladas, lo que demuestra que perdimos terreno. Estas compras externas provinieron principalmente de Argentina (33%), Perú (17,5%) y Ecuador (15,1%). En cuanto a los actores del mercado, las principales empresas importadoras fueron Comercializadora Luhomar S.A.S., Dist. y Comercializadora Mercogranos Ltda. y Granipack S.A.S., las cuales en conjunto concentraron el 51% del total importado.

Continuando con el abastecimiento externo, en 2025 Colombia importó 29.564 toneladas de arveja, un 24,6% más que en 2024. Estas compras provinieron principalmente de Canadá, que concentró el 96,5% del total importado. Entre las principales empresas importadoras se destacan Sudespensa Barragán S.A., Granos y Cereales La Perla S.A.S. y Dist. y Comercializadora Mercogranos Ltda., que en conjunto representaron el 45% de las importaciones.

En 2025, las importaciones de soya en grano en Colombia aumentaron 34,2% frente a 2024, al totalizar 595.364 toneladas. De manera similar, aunque con un crecimiento menor, las importaciones de torta de soya se incrementaron 19%, alcanzando 2.043.076 toneladas durante el año. En cuanto al origen, Estados Unidos se mantuvo como el principal proveedor de soya y sus derivados para Colombia. En 2025, este país concentró el 99,9% de las importaciones de soya en grano y, el 95% de las de torta de soya, hecho favorecido por un entorno de precios internacionales más bajos y condiciones cambiarias que estimularon el abastecimiento externo.

Por el lado de los actores, entre las principales empresas importadoras de soya en grano se destacan ADM Colombia Ltda., Avidesa Mac Pollo y Solla S.A. En el caso de la torta de soya, sobresalen Italcol S.A., Contegral S.A. e Italcol de Occidente, como los mayores compradores del producto en el país.

Balance de importaciones en 2025

•        Cereales / 9.981.849 toneladas

Se importaron:

•        7.308.445 toneladas de maíz amarillo, de Estados Unidos (100%), que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Santa Marta, Barranquilla y Cartagena.

•        1.908.203 toneladas de trigo, de Canadá (53%) y Estados Unidos (43%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Barranquilla, Santa Marta y Cartagena.

•        355.403 toneladas de cebada, provenientes de Argentina (68%) y Francia (16%) principalmente, que ingresaron por los puertos de Cartagena y Santa Marta.

•        353.850 toneladas de maíz blanco, de Estados Unidos (100%), que ingresaron por los puertos de Santa Marta, Barranquilla, Cartagena y Buenaventura.

•        26.286 toneladas de malta sin tostar, de Francia (47%), Polonia (16%) y Canada (15%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Bogotá, Buenaventura, Cartagena, Ipiales y Santa Marta.

•        21.359 toneladas de maíz pira, de Argentina (55%) y Estados Unidos (28%) principalmente, que ingresaron por los puertos de Cartagena, Buenaventura y Barranquilla.

•        6.402 toneladas de extracto de Malta, provenientes de Singapur (75%) y Brasil (16%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Cartagena y Bogotá. 

•        960 toneladas de avena, provenientes de Chile (72%) y Estados Unidos (26%) principalmente, que ingresaron por el puerto de Buenaventura.

•        441 toneladas de malta tostada, de Holanda (58%) y Alemania (21%) principalmente, que ingresaron por los puertos de Bogotá, Cartagena y Buenaventura.

•        53 toneladas de sorgo, de Estados Unidos (100%), que ingresaron por el puerto de Cartagena. 

•        Leguminosas / 192.873 toneladas 

Se importaron:

•        103.026 toneladas de lenteja, de Canadá (78%) y Estados Unidos (22%), que ingresaron por los puertos de Cartagena y Buenaventura. 

•        46.692 toneladas de fríjol, de Argentina (33%), Perú (18%), Ecuador (15%) y Canadá (14%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Cartagena, Ipiales y Buenaventura.

•        29.564 toneladas de arveja, de Canadá (96%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura y Cartagena.

•        13.591 toneladas de garbanzo, de Canadá (44%) y Argentina (36%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura y Cartagena. 

•        Soya y derivados / 3.034.493 toneladas

Se importaron:

•        2.043.076 toneladas de torta de soya, de Estados Unidos (95%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Barranquilla, Buenaventura, Santa Marta y Cartagena. 

•        595.364 toneladas de soya, de Estados Unidos (100%), que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Santa Marta y Barranquilla. 

•        396.053 toneladas de aceite de soya, de Bolivia (48%) y Estados Unidos (37%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Santa Marta y Barranquilla. 

Cereales, leguminosas y soya en el “filo de la navaja”

* El consumo nacional de cereales, leguminosas y soya crece, al tiempo que crece la dependencia de las importaciones.

* Un análisis hecho por la federación desde el 2012, hasta el primer semestre de 2025 (cifras cerradas), para los cultivos de maíz y fríjol, evidencian cómo ha caído la participación de la producción nacional en la demanda de estos granos, fundamentales para la soberanía y seguridad alimentaria del país.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Lunes 9 de marzo de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), alerta ante la preocupante situación del decrecimiento de las áreas de siembra y la producción de los granos que representa (maíz, fríjol, soya, trigo, cebada, avena, arveja, haba y sorgo), un escenario que contrasta con el crecimiento sostenido de la demanda interna y el aumento continuo de las importaciones, año tras año. El país importa alrededor del 85%, de los 260 millones de sacos que consume en cereales, leguminosas y soya, en un año; siendo la producción nacional tan solo del 15%. 

Los hechos no mienten, aunque Fenalce representa a los productores de estos nueve granos en el país, un análisis hecho por la federación desde el 2012, hasta el primer semestre de 2025 (cifras cerradas), para los cultivos de maíz y fríjol, evidencian cómo ha caído la participación de la producción nacional en la demanda de estos granos, fundamentales para la soberanía y seguridad alimentaria del país.

Maíz amarillo y maíz blanco

En el 2012, la participación del maíz amarillo y el maíz blanco nacionales representaban el 25% y el 93% de la demanda, respectivamente. El mercado mostraba estabilidad relativa, pero ya existía preocupación por un factor determinante: la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos.

Aunque en 2012 aún había protección arancelaria con un contingente de 2,1 millones de toneladas y un arancel del 22%, las importaciones ya superaban los 3,2 millones de toneladas de maíz amarillo y las 69.062 toneladas de maíz blanco. En ese mismo año (2012), la producción nacional superaba 1 millón de toneladas en maíz amarillo y 820.000 toneladas en maíz blanco. Sin embargo, el efecto no tardó en evidenciarse: para 2014, la participación nacional había caído a 22% y 79%, respectivamente.

Con la progresiva reducción del arancel, el crecimiento del sector de alimentos balanceados y el aumento de la población, la demanda continuó expandiéndose mientras la producción nacional perdía terreno. Para 2015, con una demanda de 5,2 millones de toneladas de maíz amarillo y 0,6 millones de maíz blanco, la participación del producto nacional cayó a 15% y 66%, respectivamente. Cinco años después (2020), la demanda de maíz amarillo alcanzó 6,65 millones de toneladas, pero la pérdida de participación persistió: solo el 14% del maíz amarillo y el 50% del maíz blanco fue de origen nacional, muy por debajo de los niveles de 2012 (25% y 93%).

Para el primer semestre de 2025, se evidenció que el maíz amarillo nacional participó con apenas el 7% en la demanda, y el blanco, con el 47%. Esto ocurrió en un contexto de precios internacionales bajos, desprotección arancelaria, clima adverso en Colombia y un dólar débil que incentivó mayores importaciones y desincentivó la siembra local.     

La demanda total de maíz (amarillo y blanco) en 2024 fue de 8.381.248 toneladas, de las cuales el 81,4% fue importado (6.822.054 t), mientras que la producción nacional cubrió tan solo el 18,6% de la demanda (1.559.194 t). Si revisamos 2025 (cifras estimadas), de la demanda total de 8.992.587 toneladas de maíz, el 14,7% representa la producción nacional (1.325.792 t), mientras que el 85,3% las importaciones (7.666.795 t), lo que denota una disminución de la participación del maíz nacional, tanto amarillo, como blanco.

Fríjol

En 2012, la demanda de fríjol fue de 184.770 toneladas, con un consumo per cápita de 4,16 kilogramos. El fríjol nacional suplía el 77% del consumo, mientras que las importaciones apenas representaban el 23%.

Con el paso del tiempo, el consumo per cápita, la demanda y la producción empezaron a caer. No obstante, hasta 2022 el grano nacional continuó abasteciendo más del 75% del mercado. Ese año (2022), la demanda se ubicó en niveles de 2016 y comenzó un reemplazo más fuerte del producto nacional: las importaciones alcanzaron el 32 % del consumo, nivel que se mantuvo hasta 2024.

Para el primer semestre de 2025, la situación se invirtió completamente: el fríjol importado aportó el 67% del consumo, mientras que el nacional lo hizo con el 33%. La menor producción interna aceleró esta pérdida de participación.

Varios aspectos han afectado la competitividad nacional del maíz y el fríjol, incluso de otros granos que representa la federación, llevándonos poco a poco a la situación actual de extrema urgencia. La baja productividad y los altos costos de producción son el resultado de la falta de incentivo de buenas prácticas agrícolas entre los productores, así como el desconocimiento y poca apropiación de acciones como la rotación, el estudio de suelos, la siembra directa sin labranza, la agricultura de precisión y el cultivo asociado, entre otras.

Avances y solicitud de la federación

La federación ha venido trabajando por la defensa de la soberanía y seguridad alimentaria de Colombia, para esto ha hecho varias alertas al Gobierno Nacional, participado en debates políticos y generado un diálogo con la industria en mesas mensuales de trabajo, todo esto con el objetivo de hacer un importante llamado que derive en acciones concretas: la protección de lo nuestro, de nuestros productores, de nuestra tierra y lo que produce, frente a aspectos como los precios, el mercado externo y  las inclemencias climáticas, entre otros, generando un agro más rentable, próspero para quienes se dedican a cultivar y para el país en general, reduciendo las importaciones, de tal manera que podamos ser autosuficientes y autosostenibles con nuestros alimentos en la medida de nuestras posibilidades, que son muchas.

Gracias a nuestra posición geográfica contamos con climas y suelos que permiten diversidad de cultivos durante todo el año, pero hemos descuidado temas clave como las vías, la seguridad, la infraestructura y la rotación de cultivos, entre otros, haciéndonos poco competitivos hasta en nuestro propio territorio. 

La defensa de la soberanía y seguridad alimentaria de nuestro país requiere del trabajo de todos: gobierno, productores, entidades, gremios, empresas, industria e incluso, la población en general, cada uno de nosotros debe hacer su aporte. Ahora que el país está en época electoral, la defensa de la seguridad y soberanía alimentaria debe ser prioridad para los candidatos presidenciales y, aún más, para la nueva o nuevo mandatario de los colombianos.

“Se debe analizar la ley actual del sector agropecuario; necesitamos una ley fuerte que respalde el sector. Es necesaria una reflexión real del sector productivo, crear una comisión accidental con la presencia de senadores y gremios para analizar un Proyecto de Ley que defienda la soberanía alimentaria ofreciendo créditos oportunos, seguros de cosecha eficientes, infraestructura de almacenamiento y secado, transporte de los granos, acceso a maquinaria y equipos que garanticen una agricultura de precisión, precios de estabilización y contratos de cosecha a futuro, seguridad jurídica y proyectos transversales que tengan que ver con el mejoramiento de vías, conectividad, acceso e información de alertas tempranas, acceso a semillas competitivas y garantías para trabajar de manera asociada”, afirma Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Añadió, “es importante, por ejemplo, que desde el gobierno se genere un acuerdo con la industria, darles incentivos para que compren el producto nacional, en primer lugar, respondiendo al consumo del país. No es posible que crezca la industria y el consumo nacional, pero la producción decrezca en el país por no existir las garantías suficientes para que los productores sean competitivos”.

No todo son cifras negativas, lo que demuestra que unidos podemos recuperar nuestra producción nacional, tal es el caso de la soya, un grano que ha crecido en el país en los últimos años. Un análisis de este cultivo, hecho por la federación, desde el 2012, hasta el 2025 (cifras estimadas), lo demuestra. 

Soya

La soya presenta una dinámica distinta. En 2012, la demanda de grano fue de 365.626 toneladas, de las cuales el 76% provenía del exterior y solo el 24%, era nacional.

Con la expansión del mercado y el fortalecimiento de la producción local, la demanda de grano de soya aumentó progresivamente hasta alcanzar las 678.996 toneladas en 2024. A diferencia del maíz y del fríjol, la producción nacional de soya creció de forma sostenida a partir de 2020, acumulando un incremento del 137%, desde 2012. En consecuencia, para 2024 la soya nacional abasteció el 35% del consumo nacional; mientras que las cifras estimadas de 2025, con una demanda de 796.621 toneladas de soya en grano, evidencian una participación nacional del 30%, importando el 70%.

Si bien hemos aumentado nuestra participación en la demanda nacional de grano de soya, con respecto al importado, las cifras son poco alentadoras si analizamos la demanda total de soya en Colombia, necesaria para abastecer tanto el consumo directo como la transformación industrial; lo que denota nuestro atraso en procesos de transformación de materia prima, como los granos.

En 2012, la demanda total de soya fue de 1.781.774 toneladas, de las cuales la participación nacional fue de tan solo el 5%, mientras que el importado representó el 95%. Ahora bien, en 2024, la demanda ascendió a 2.953.142 toneladas, siendo el 92% importado, y el 8% producción nacional, generándose un leve incremento del 3%. Sin embargo, las cifras estimadas para 2025, con una demanda total de 3.289.826 toneladas, muestran una participación nacional del 7,2%, frente al 92,8% importado.

Si comparamos 2024 (cifras cerradas) con 2025 (cifras estimadas), las leves caídas en participación nacional, tanto de soya en grano (de 35% a 30%), como la demanda total que contempla la importación de torta de soya (de 8% a 7,2%), se explican por los menores precios internacionales que incentivan las importaciones, a pesar del crecimiento en áreas y producción de la oleaginosa nacional.

Propuestas de Fenalce a la industria

La federación ha promovido el diálogo con la industria, a través de encuentros mensuales, como una manera de trabajar de la mano con quienes siempre debieron ser los aliados de los productores nacionales. Estos encuentros han sido muy positivos, demostrando todas las partes participantes, su interés por llegar a acuerdos y sacar adelante el país.

En las reuniones con la industria, la federación ha tomado un rol activo a través de propuestas, enfocadas en fomentar la compra nacional, que ha llevado a las mesas mensuales de trabajo.  Estas son: un Sello Nacional de Abastecimiento, para distinguir a las empresas que demuestren un compromiso real con la compra de materias primas agrícolas nacionales; un plan conjunto de inversión en infraestructura de secado y almacenamiento, que consiste en impulsar una alianza de inversión mixta entre la Industria, Fenalce y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para desarrollar centros logísticos cercanos a las zonas productivas; un acuerdo nacional de comercialización: “Compro Colombia”, para el diseño y promoción de contratos de suministro a futuro entre productores nacionales e industriales; y propuestas para la Agenda Política 2026 que contempla aspectos como competitividad productiva y financiera, líneas especiales de crédito e incentivos tributarios.

Buenas Prácticas Agrícolas y otras acciones para mejorar la productividad

Fenalce ha venido firmando convenios con entidades del orden nacional e internacional, con el objetivo de fortalecer la productividad y reducir los costos de producción de los 9 granos que representa, que incluyen la implementación de buenas prácticas agrícolas y la implementación de acciones como la rotación, el estudio de suelos, la siembra directa sin labranza, la agricultura de precisión y el cultivo asociado, entre otras, para obtener todos los beneficios que conllevan como mejorar la fertilidad del suelo, reducir plagas y enfermedades y, conservar y optimizar los recursos.

La correcta implementación de estas prácticas y acciones, con acompañamiento técnico, permitirán mejorar la productividad, rentabilidad y sostenibilidad de los cultivos de cereales, leguminosas y soya en el país, mejorando las unidades productivas agrícolas y protegiendo, además, el medio ambiente.

En Colombia no hay desabastecimiento de arroz

* El Gobierno Nacional avanza en un plan de recuperación productiva para la región afectada por la emergencia invernal, orientado a restablecer y reactivar los sistemas agroalimentarios, y reordenar el territorio alrededor del agua en defensa de la vida y la soberanía alimentaria.

Agricultura & Ganadería

(Minagricultura – Jueves 19 de febrero de 2026).- El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural aclara a la opinión pública que no existe riesgo de desabastecimiento de arroz en Colombia, como de manera errónea se ha informado por algunos medios de comunicación.

Por el contrario, durante los meses de diciembre y enero el país registró el segundo mayor nivel de inventarios del cereal desde 2015, lo que garantiza plenamente el abastecimiento para los hogares colombianos.

Este resultado se presenta en un contexto de ajuste productivo del sector, en el que el área sembrada de arroz, en el segundo semestre de 2025, se redujo en un 17,4 % frente al mismo periodo de 2024 (DIAN, 2026), sin comprometer el abastecimiento nacional.

Así mismo precisa que el fenómeno que actualmente se presenta es una afectación puntual y localizada sobre los cultivos en el departamento de Córdoba, derivada de una emergencia climática cada vez más recurrente y severa, así como de transformaciones profundas del territorio asociadas a grandes obras de infraestructura que han alterado los equilibrios naturales de los ecosistemas de la región. Estos factores, acumulados en el tiempo, han incrementado de manera significativa la vulnerabilidad del territorio frente a eventos climáticos extremos, evidenciando los impactos concretos de la crisis climática sobre la vida de las comunidades y la producción de alimentos.

Plan de acción

El Gobierno Nacional avanza en un plan de recuperación productiva para la región afectada por la emergencia, orientado a restablecer y reactivar los sistemas agroalimentarios, y reordenar el territorio alrededor del agua en defensa de la vida y la soberanía alimentaria.

En el orden nacional, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, adelanta acciones concretas para atender las problemáticas del sector arrocero, entre las que se destacan: el mantenimiento de un precio regulado, la disposición de recursos del Presupuesto General de la Nación para la entrega de apoyos directos a los productores, la puesta en marcha de una nueva edición del programa Fondo de Acceso a Insumos Agropecuarios (FAIA), y el diseño e implementación de un Fondo Nacional de Salvamento Arrocero (FONSA) para atender las deudas de los productores de arroz,  a partir de la Resolución Conjunta No. 000013 de 2026 suscrita por el Ministro de Hacienda y Crédito Público y la Ministra de Agricultura y Desarrollo Rural.

Finalmente, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural ratifica su compromiso con la estabilidad y sostenibilidad de la producción arrocera en el mediano y largo plazo, mediante políticas públicas orientadas a la gestión del riesgo climático, el fortalecimiento de la producción nacional, la protección del ingreso de los productores y la garantía permanente del abastecimiento de alimentos para todos los colombianos.

Lluvias excesivas impactan pronóstico de producción cafetera del primer semestre de 2026

* El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón, pronostica que la producción cafetera colombiana se ubicará en 6,2 millones de sacos.

Agricultura & Ganadería

(Federecafé – Miércoles 18 de febrero de 2026).- De acuerdo con la metodología desarrollada por Cenicafé, basada en el monitoreo permanente de cerca de 2.150 fincas cafeteras, el pronóstico de producción para el primer semestre calendario de 2026 se ubicaría en 6,2 millones de sacos, confirmando un escenario de menor oferta.

Este comportamiento productivo responde, principalmente, a los efectos de las lluvias excesivas registradas en las zonas cafeteras, que han impactado los procesos de floración y desarrollo del grano. En el acumulado del ciclo 2025/2026, las estimaciones técnicas indican que la producción se ubicará alrededor de 12,8 millones de sacos, lo que limitará la disponibilidad exportable en los próximos meses.

En este contexto, la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia refuerza su estrategia de diferenciación y generación de valor, priorizando la comercialización de cafés de alta calidad y el fortalecimiento de experiencias que conectan al consumidor con el origen Colombia.

Como parte de esta apuesta, la apertura de la tienda Juan Valdez número 1959, la primera tienda flagship de Juan Valdez en el mundo, ubicada en Bogotá, marca un punto de inflexión en la estrategia de valor agregado del café colombiano. No se trata únicamente de una nueva tienda, sino de una declaración estratégica que eleva la experiencia alrededor del café, resalta su calidad, su origen y el trabajo de las familias caficultoras.

La caficultura colombiana consolida así una estrategia orientada a vender más calidad y más experiencia, fortaleciendo su presencia en los mercados y con los clientes que valoran atributos como la excelencia en taza, la trazabilidad, la sostenibilidad y el origen.

La institucionalidad cafetera reafirma su compromiso con la calidad como principal ventaja competitiva, el bienestar de las más de 500.000 familias cafeteras y el posicionamiento del café de Colombia como uno de los más valorados del mundo.