Fenalce advierte sobre fallas para la asignación de ISA

* El gremio le precisa al Ministerio de Agricultura que en la asignación de recursos del Incentivo al Seguro Agropecuario no se tienen en cuenta los calendarios de siembra de los distintos cultivos

* Con el propósito de aportar elementos técnicos para la toma de decisiones, la federación consolidó un cuadro con los calendarios de siembra de los cultivos de maíz, soya y fríjol en diferentes departamentos del país.

* La ausencia de un esquema de asignación que reconozca esta estacionalidad genera presiones tempranas sobre los recursos disponibles, limitando el acceso al instrumento para los productores que inician sus ciclos productivos en el segundo semestre.

* El gremio propuso varias medidas para mejorar la eficiencia del incentivo al Seguro Agropecuario (ISA) como instrumento de política pública. Así mismo, dejó clara su disposición para trabajar de manera articulada con el Ministerio, la Dirección de Financiamiento y Riesgos Agropecuarios y Finagro, en el análisis técnico de la información productiva que permita optimizar la operación de este instrumento.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Miércoles 13 de mayo de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), señaló al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural que uno de los principales factores que incide en el desbalance de la asignación de recursos del Incentivo al Seguro Agropecuario (ISA), corresponde a la no diferenciación del instrumento en función de los calendarios de siembra de los distintos cultivos y regiones del país.

Por tal motivo, la federación presentó a Martha Carvajalino, ministra de dicha cartera ministerial, una petición con relación al manejo diferencial del ISA, para el segundo semestre de 2026, en función de calendarios de siembra y priorización por cultivo.

En comunicaciones previas remitidas por el gremio, se advirtió oportunamente sobre el riesgo de agotamiento de los recursos asignados al Incentivo al Seguro Agropecuario (ISA) durante la vigencia 2026, particularmente en el primer semestre del año. Como es de conocimiento del MinAgricultura, dicho riesgo se materializó, evidenciando limitaciones en la disponibilidad de recursos para atender la demanda del instrumento por parte de los productores, en un contexto caracterizado por la alta exposición a riesgos climáticos, el incremento de la incertidumbre productiva y la necesidad de fortalecer mecanismos de gestión del riesgo en el sector agropecuario.

Sumado a esto, en el marco de las reuniones sostenidas en la mesa técnica realizada en el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, con la Dirección de Financiamiento y Riesgos Agropecuarios, se identificó la importancia de avanzar en ajustes operativos que permitan mejorar la focalización, eficiencia y oportunidad en la asignación de los recursos del ISA, particularmente de cara al segundo semestre de 2026.

“Los cultivos de maíz, soya y fríjol presentan dinámicas productivas diferenciadas en términos de ventanas de siembra, lo que implica que la demanda por el seguro agropecuario no es homogénea a lo largo del año, sino que se concentra en periodos específicos. La ausencia de un esquema de asignación que reconozca esta estacionalidad genera presiones tempranas sobre los recursos disponibles, limitando el acceso al instrumento para los productores que inician sus ciclos productivos en el segundo semestre”, explica Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Con el propósito de aportar elementos técnicos para la toma de decisiones, Fenalce consolidó un cuadro con los calendarios de siembra de los cultivos de maíz, soya y fríjol en diferentes departamentos del país, el cual remitió al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural con el propósito de evidenciar la distribución temporal de la actividad productiva y, en consecuencia, la necesidad de armonizar la asignación de los recursos del ISA con dichas dinámicas.

La federación considera que de no implementarse un esquema de manejo diferencial de los recursos del ISA que considere variables como cultivo, región y calendario de siembra, existe un alto riesgo de que en el segundo semestre de 2026 se repita la situación, lo que limitaría el acceso de los productores a instrumentos de gestión del riesgo en un contexto de alta vulnerabilidad climática, comprometiendo el abastecimiento agroalimentario en varias regiones del país.

En la carta enviada a la ministra Carvajalino, el gremio propuso varias medidas para mejorar la eficiencia del ISA como instrumento de política pública. Así mismo, dejó clara su disposición para trabajar de manera articulada con el Ministerio, la Dirección de Financiamiento y Riesgos Agropecuarios y Finagro, en el análisis técnico de la información productiva que permita optimizar la operación de este instrumento.

Medidas propuestas por Fenalce

1. Asignación diferencial de recursos por periodos de siembra. Establecer una programación de los recursos del ISA que contemple ventanas temporales asociadas a los calendarios de siembra de los cultivos, garantizando la disponibilidad del incentivo en los momentos en que efectivamente se requiere.

2. Priorización por tipo de cultivo. Definir criterios de focalización que reconozcan las particularidades de cultivos estratégicos como el maíz, la soya y el fríjol, en función de su importancia en la seguridad alimentaria, su exposición a riesgos climáticos y su dinámica productiva.

3. Regionalización o creación de bolsas de recursos con destinación específica. Evaluar la estructuración de bolsas regionales o por cultivo, particularmente para cultivos semestrales, que permitan evitar la concentración de recursos en determinados territorios o periodos, y asegurar una distribución más equilibrada y equitativa del incentivo.

4. Fortalecimiento de la planeación del instrumento. Avanzar en mecanismos de planeación anticipada que permitan alinear la asignación presupuestal del ISA con la programación productiva del sector agropecuario, reduciendo el riesgo de desfinanciamiento del instrumento durante la vigencia.

La federación considera que la implementación de estos ajustes contribuirá a: mejorar la eficiencia del ISA como instrumento de política pública, fortalecer la gestión del riesgo climático en el sector y garantizar un acceso más equitativo para los productores a nivel nacional.

Confirman millonaria inversión para proteger la caficultura ante el fenómeno de El Niño

* El programa “Cosecha de Derechos Cafeteros – Fertilización para la vida” protegerá a la caficultura colombiana ante el fenómeno de El Niño, con apoyos directos de hasta $1,8 millones por productor.

* Los recursos provenientes del Fondo de Estabilización de Precios del Café y del programa FAIA, permitirán el incremento potencial del 42% en productividad gracias a la fertilización adecuada, clave para la resiliencia climática y económica del sector.

Agricultura & Ganadería

(Minagricultura – Jueves 30 de abril de 2026).- El Comité Nacional de Cafeteros aprobó por unanimidad la propuesta presentada por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para implementar el programa “Cosecha de Derechos Cafeteros – Fertilización para la Vida” en la que se invertirán cerca de 52 mil millones de pesos para la protección de la caficultura colombiana ante los choques climáticos, económicos y de mercado asociados al fenómeno de El Niño y la situación global de fertilizantes. El programa constituye una de las apuestas más importantes del Gobierno Nacional en este 2026 para proteger el ingreso, la productividad y la estabilidad de cientos de miles de familias cafeteras.

La ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino Villegas, destacó: “Nuestra caficultura es el motor de la economía agropecuaria y por iniciativa del ministerio de Agricultura, desplegaremos un programa de prevención y mitigación, fortalecimiento de nuestras coberturas vegetales, fertilización nuestros cultivos y de esta manera, podamos garantizar que el café de Colombia siga acompañando al mundo”.

Cabe aclarar que los recursos para el programa son aportados exclusivamente por el Fondo de Estabilización de Precios del Café (FEPC) y por el programa FAIA Mitigación 2026, del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

El Programa “Cosecha de Derechos Cafeteros – Fertilización para la Vida” beneficiará hasta 108 mil productores cafeteros que recibirán apoyos concretos y directos: hasta 40% de apoyo para fertilización en renovación, hasta 30% para producción, un bono adicional del 5% para mujeres y jóvenes y beneficios de hasta 1 millón 800 mil pesos por productor. Este programa tendrá cobertura en 610 municipios cafeteros de 23 departamentos, impactando positivamente cultivos en renovación y en etapa de producción.

La implementación del programa se basa en que la falta de fertilización adecuada puede reducir la productividad de los cultivos entre un 20% y un 46%, así, una nutrición oportuna permite incrementar la producción de 12 a 17 cargas por hectárea, lo que representa un aumento cercano al 42%.

Garantizar una adecuada fertilización no solo protege la productividad cafetera, sino que también contribuye a preservar los ingresos de las familias rurales, fortalecer la estabilidad social y mejorar la capacidad de respuesta del sector frente a los efectos del cambio climático, temas centrales en la política agraria del gobierno del presidente Gustavo Petro.

El Ministerio enfatizó que este programa no constituye un subsidio más, sino una estrategia de protección anticipada del ingreso, fortalecimiento productivo y defensa estructural del campesinado, en el marco de la Revolución Por la Vida en la que el MinAgricultura está empeñado.

Es importante señalar que el 97% de los caficultores del país son pequeños productores y el 91% cultiva en menos de 3 hectáreas. Se trata de familias que sostienen buena parte de nuestra economía rural, de la producción nacional y de la soberanía alimentaria. Por eso, proteger al café no es solo respaldar un producto de exportación, es defender el tejido social, el empleo rural, y la justicia social y económica de las y los colombianos.

Fenalce advierte sobre el peligro de la aprobación de un arancel cero para importar cebada

* El gremio advierte que la medida llevaría a la desaparición de este cereal en el país.

* La federación presentó su concepto técnico en relación con esta medida que representa una grave afectación para los productores de cebada del país, que se concentran en Boyacá, Nariño y Cundinamarca.

* Fenalce considera que un diferimiento arancelario permanente al 0% a la cebada para malteado o elaboración de cerveza, incrementaría el riesgo de desincentivo a la producción nacional, profundizaría la dependencia externa y debilitaría la sostenibilidad económica de los productores en las regiones donde el cultivo aún subsiste.

* La producción nacional de cebada no debe evaluarse exclusivamente en términos de participación porcentual, sino en función de su rol estratégico dentro del sistema agro productivo nacional.

* Desde el punto de vista jurídico, el Estado colombiano no se encuentra compelido por norma constitucional ni por tratado internacional a establecer un arancel permanente del 0% para la cebada destinada a malteado.

* Cualquier modificación permanente de instrumentos arancelarios o de estabilización debe evaluarse con rigor técnico y bajo el principio de equilibrio intersectorial, garantizando que las decisiones de competitividad industrial no comprometan la sostenibilidad de la base productiva agrícola ni los fines constitucionales de desarrollo rural.

* De ser aprobado este arancel 0% de la cebada para malteado o elaboración de cerveza, se profundizaría la crisis de la seguridad y soberanía alimentaria de Colombia. 

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Miércoles 29 de abril de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), observa con preocupación la solicitud de diferimiento arancelario al 0% de la cebada para malteado o elaboración de cerveza (subpartida 1003.90.00.10), por esto en cumplimiento de su función gremial de representación y defensa de los productores nacionales, se pronunció sobre este asunto, en carta dirigida al viceministro de Comercio Exterior, Tito Rufino.

En su momento la federación presentó su concepto técnico en relación con esta medida que representa una grave afectación para los productores de cebada del país, que se concentran en Boyacá, Nariño y Cundinamarca. En 2025, la producción de este cereal fue de 10.238 toneladas con un rendimiento de 2,25 t/ha, mientras que el área cultivada fue de 4.547 hectáreas.

“Como federación que representa a los agricultores de cereales del país, Fenalce reconoce la importancia de garantizar el abastecimiento oportuno y competitivo de materias primas para la industria agroalimentaria. No obstante, también considera fundamental que las decisiones de política comercial y arancelaria incorporen una visión integral que contemple el desarrollo rural, la sostenibilidad productiva, la estabilidad del ingreso agrícola y la resiliencia del sistema agroalimentario nacional, para evitar la desaparición de más cultivos en el país”, explica Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Añade, “la cebada, aunque actualmente representa una proporción reducida del consumo nacional aparente, constituye una actividad productiva estratégica para determinadas regiones del país y un componente relevante dentro de la diversificación agrícola. En este contexto, cualquier modificación permanente en los instrumentos de política comercial debe evaluarse no solo desde la perspectiva de competitividad industrial, sino también desde sus efectos estructurales sobre la producción nacional y, la seguridad y soberanía alimentaria”.

Con base en estas consideraciones, la federación expuso ante el Ministerio de Industria, Turismo e Industria, un análisis técnico y recomendaciones frente a la solicitud presentada.

Con base en la evidencia productiva y comercial disponible, la federación concluyó que el mantenimiento de instrumentos arancelarios dentro de los márgenes permitidos por los compromisos internacionales constituye un mecanismo legítimo de política pública para evitar una mayor contracción del cultivo en el país.

Asimismo, evidenció que las cifras recientes arrojan señales de recuperación productiva (área y producción) y mejoras técnicas (rendimientos), las cuales podrían fortalecerse mediante programas de asistencia técnica, adopción de mejores prácticas y articulación institucional. Esto ayuda a los productores debería priorizarse, en lugar de tomar decisiones que generan señales de desprotección en frontera.

Dado el nivel actual de dependencia de las importaciones en el país, la evidencia de competencia por precio frente al producto importado incluso bajo el esquema arancelario vigente, y la tendencia decreciente de la producción nacional, Fenalce considera que un diferimiento arancelario permanente al 0% a la cebada para malteado o elaboración de cerveza, incrementaría el riesgo de desincentivo a la producción nacional, profundizaría la dependencia externa y debilitaría la sostenibilidad económica de los productores en las regiones donde el cultivo aún subsiste.

Por lo anterior, desde una perspectiva técnica, económica y de sostenibilidad sectorial, la federación recomendó no acceder a la solicitud de diferimiento arancelario al 0 %, sugiriendo que las medidas de competitividad industrial se orienten hacia estrategias complementarias que no impliquen una desprotección estructural del productor nacional.

Consideraciones técnicas sobre el mercado de cebada

Si bien la producción nacional de cebada representa actualmente una proporción reducida del consumo nacional aparente (en 2024, alrededor del 2,8% del consumo aparente), su importancia no debe evaluarse exclusivamente en términos de participación porcentual, sino en función de su rol estratégico dentro del sistema agro productivo nacional.

En primer lugar, la cebada constituye una actividad productiva relevante en determinadas zonas agroecológicas del país, donde las condiciones climáticas y de altitud limitan alternativas agrícolas de igual viabilidad económica. En estos territorios, la cebada forma parte de esquemas productivos que contribuyen a la estabilidad del ingreso rural y a la permanencia de la población en el campo.

En segundo lugar, la producción de cebada genera empleo rural directo (siembra, manejo agronómico, cosecha) e indirecto (transporte, almacenamiento, comercialización, provisión de insumos y servicios técnicos). Aunque el volumen total producido sea bajo frente a las importaciones, su impacto territorial es significativo en términos de economía local.

En tercer lugar, la cebada cumple un papel en la diversificación agrícola. La diversificación reduce riesgos productivos, mejora la rotación de cultivos, contribuye al manejo sostenible de suelos y disminuye la dependencia de monocultivos. La reducción o desaparición de esta alternativa productiva podría generar mayor concentración agrícola y aumentar vulnerabilidades en determinadas regiones.

Por tanto, la baja participación actual no implica irrelevancia estructural. Por el contrario, evidencia la necesidad de fortalecer la base productiva interna para mejorar su competitividad y sostenibilidad, evitando señales de política que puedan acelerar su debilitamiento.

En 2025, la cebada registró una caída del 2% en producción, con respecto a 2024, mientras que en área cultivada presentó un aumento del 21%. La demanda total de cebada el año pasado fue de 365.641 toneladas, para cubrir esta demanda el 97,2% fue importado (355.403 toneladas) y, el 2,8% producción nacional (10.238 toneladas). No obstante, las importaciones de este cereal disminuyeron en 2025, con una caída de 0,9%, respecto al año anterior.

En línea con lo anterior, Fenalce viene promoviendo acciones orientadas a elevar la competitividad del cultivo. Entre ellas, se destaca el proyecto gremial enfocado en la identificación, validación y difusión de las mejores prácticas agronómicas y administrativas del cultivo en zonas productoras (altiplano Cundiboyacense y Nariño), mediante la conformación de grupos con acompañamiento técnico especializado, registros técnico-económicos estandarizados y evaluación comparativa de resultados, con el propósito de mejorar rendimientos, rentabilidad y competitividad.

Estas iniciativas, sumadas a los esfuerzos privados de incentivo a la siembra, muestran que la estrategia sectorial adecuada no es debilitar la protección en frontera, sino fortalecer la productividad y el encadenamiento interno para ampliar progresivamente la oferta nacional bajo condiciones de mercado más equilibradas.

En este contexto, el instrumento arancelario vigente cumple un papel de contención frente a las brechas estructurales de competitividad y constituye una señal de política relevante para evitar una mayor contracción del área sembrada y de la producción nacional.

Seguridad de abastecimiento vs. soberanía productiva

La federación reconoce la importancia de garantizar el abastecimiento continuo de cebada para la industria maltera y cervecera, sector que aporta significativamente a la economía nacional. La estabilidad en el suministro es un elemento clave para la planeación industrial y la competitividad del sector.

No obstante, la seguridad de abastecimiento no debe fundamentarse exclusivamente en la dependencia externa, puesto que la evidencia internacional muestra que:

-La alta concentración de proveedores externos incrementa la vulnerabilidad ante crisis logísticas, restricciones comerciales, conflictos geopolíticos o eventos climáticos extremos en países exportadores.

-La volatilidad de precios internacionales y del tipo de cambio puede trasladarse rápidamente a los costos internos cuando no existe una base productiva local que actúe como amortiguador.

-La eliminación permanente de instrumentos de política comercial reduce la capacidad del Estado para reaccionar ante escenarios adversos, limitando herramientas de estabilización.

En esta línea, la adopción de medidas permanentes de desgravación total debe ponderarse con el riesgo de profundizar la dependencia importadora y de erosionar la capacidad mínima de producción interna, con implicaciones sobre la resiliencia del sistema agroalimentario y la sostenibilidad económica de los productores que permanecen en el cultivo.

Consideraciones sobre competitividad industrial

El análisis de Tasa de Protección Efectiva (TPE) presentado por la industria constituye una herramienta económica válida para evaluar la estructura de incentivos arancelarios entre insumos y bienes finales. No obstante, su utilización como fundamento exclusivo para la modificación permanente de instrumentos de política agrícola resulta insuficiente.

La TPE mide el grado en que la estructura arancelaria protege o grava el valor agregado de una actividad industrial. Sin embargo, este indicador:

-Se construye bajo supuestos estáticos.

-No incorpora efectos dinámicos sobre el sector primario.

-No internaliza impactos territoriales ni sociales.

-No captura externalidades asociadas a la pérdida de capacidad productiva nacional.

En consecuencia, la evaluación de política comercial agrícola debe trascender el análisis estrictamente industrial e incorporar una visión sistémica del encadenamiento productivo.

Consideraciones sobre competencia vía precios

Adicionalmente, el comportamiento observado en el mercado interno muestra que la competencia entre el producto nacional y el importado ya opera de manera directa, particularmente a través del precio.

El comparativo de precios entre cebada nacional e importada para 2024–2025 evidencia meses recurrentes en los que el producto importado se ubica por debajo del nacional, ampliando la presión competitiva sobre el productor colombiano. En términos agregados, durante 2024 el precio importado fue inferior al nacional en la mayor parte del año, y en varios meses de 2025 se mantiene esa misma relación, lo que confirma que la presión competitiva no es hipotética, sino estructural.

Este resultado es relevante considerando que en la actualidad la importación ya enfrenta un arancel fijo del 15%, más el ajuste correspondiente del Sistema Andino de Franja de Precios (SAFP) cuando aplica. Aun así, el producto importado logra ubicarse por debajo del nacional.

En consecuencia, un diferimiento arancelario al 0% ampliaría la brecha de precios a favor del importado, intensificando la sustitución del grano nacional y debilitando la señal económica que hoy permite sostener la permanencia del cultivo en el país. En el largo plazo, ello no solo implica mayor dependencia externa, sino también la pérdida de capacidades productivas y de encadenamientos territoriales que resultan costosos de reconstruir una vez desaparecen.

De igual manera, la reducción del precio interno asociada a la intensificación de la competencia importada puede afectar el recaudo parafiscal del subsector, limitando la disponibilidad de recursos destinados a asistencia técnica, transferencia tecnológica, fortalecimiento productivo y proyectos de mejora de competitividad.

Consideraciones jurídicas y de política comercial

El análisis de la solicitud de diferimiento arancelario al 0% de la cebada para malteado o elaboración de cerveza debe enmarcarse en los principios constitucionales que orientan la política económica y agropecuaria del Estado colombiano, así como en el régimen internacional de comercio aplicable.

•          El artículo 65 de la Constitución Política establece que la producción de alimentos gozará de la especial protección del Estado y que este deberá promover el desarrollo integral de las actividades agrícolas, así como mejorar el ingreso y la calidad de vida de los campesinos. Este mandato no constituye una simple declaración programática, sino una directriz vinculante que orienta la formulación de políticas públicas en materia agropecuaria. En consecuencia, cualquier decisión de política arancelaria que incida directamente sobre la producción agrícola nacional debe evaluarse a la luz de este principio de protección reforzada, ponderando sus efectos sobre la sostenibilidad productiva y el ingreso rural.

•          El artículo 333 de la Constitución Política reconoce la libertad económica y la libre empresa, pero establece que la actividad económica cumple una función social que implica obligaciones. En virtud de este principio, el Estado está facultado para intervenir cuando sea necesario racionalizar la economía y armonizar los intereses de los distintos sectores productivos.

•          El artículo 334 de la Constitución Política dispone que el Estado intervendrá, por mandato de la ley, en la producción, distribución, utilización y consumo de bienes, con el fin de racionalizar la economía, mejorar la calidad de vida de los habitantes, distribuir equitativamente las oportunidades y beneficios del desarrollo y preservar un ambiente sano. Estas disposiciones constitucionales legitiman la existencia y utilización de instrumentos de política comercial agrícola, como los aranceles y los mecanismos de estabilización de precios, cuando su finalidad sea proteger el empleo rural, el desarrollo regional y la estabilidad productiva.

•          En el ámbito internacional, Colombia es miembro de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y parte de múltiples acuerdos comerciales bilaterales y regionales. Sin embargo, dichos compromisos establecen techos arancelarios consolidados máximos, mas no la obligación de aplicar arancel cero de manera permanente. Dentro de los límites consolidados ante la OMC, el Estado conserva margen de maniobra para fijar su arancel aplicado, siempre que respete el principio de no discriminación entre socios comerciales conforme a los acuerdos vigentes. En consecuencia, mantener un arancel o un mecanismo de estabilización dentro de los parámetros consolidados no constituye incumplimiento de obligaciones internacionales, sino ejercicio legítimo de soberanía en política comercial.

•          En lo que respecta a los Tratados de Libre Comercio suscritos por Colombia, muchos de ellos contemplan esquemas de desgravación progresiva o arancel cero para determinados orígenes preferenciales. No obstante, tales compromisos operan exclusivamente frente a los países parte de cada acuerdo y no implican la obligación de generalizar un arancel cero frente a todos los orígenes ni de eliminar instrumentos internos de estabilización cuando estos se encuentren dentro del marco permitido por el derecho internacional. La existencia de preferencias arancelarias no suprime la competencia del Estado para diseñar su política comercial respecto de terceros países ni para administrar instrumentos de estabilización conforme a la normativa vigente.

•          El Sistema Andino de Franja de Precios (SAFP) constituye un mecanismo reconocido dentro del ordenamiento andino, orientado a estabilizar los precios de productos agropecuarios sujetos a alta volatilidad internacional. Su finalidad es mitigar fluctuaciones abruptas que puedan afectar tanto a productores como a consumidores. La exclusión permanente de una subpartida de dicho sistema no responde a una obligación jurídica derivada de compromisos internacionales, sino a una decisión discrecional de política pública que debe ser cuidadosamente ponderada frente a sus efectos estructurales.

En síntesis, desde el punto de vista jurídico, el Estado colombiano no se encuentra compelido por norma constitucional ni por tratado internacional a establecer un arancel permanente del 0% para la cebada destinada a malteado. Por el contrario, el marco constitucional le impone el deber de considerar la protección de la producción agrícola nacional como un objetivo legítimo y prioritario. En este sentido, cualquier modificación permanente de instrumentos arancelarios o de estabilización debe evaluarse con rigor técnico y bajo el principio de equilibrio intersectorial, garantizando que las decisiones de competitividad industrial no comprometan la sostenibilidad de la base productiva agrícola ni los fines constitucionales de desarrollo rural.

Colombia disminuyó las áreas de siembra y la producción de cereales y leguminosas en 2025

* Todos los cereales y leguminosas que agremia la federación, incluida la soya, presentaron un comportamiento negativo en sus indicadores productivos por falta de garantías para los productores. Con respecto a las áreas de siembra, solo dos granos registraron un aumento en áreas: la cebada y la soya.

* Frente a estas cifras poco alentadoras, desde Fenalce hacen un llamado al Gobierno Nacional a implementar políticas que den garantías a los agricultores y aseguren condiciones justas, que les permita aumentar las áreas de siembra y, la producción.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Jueves 26 de marzo de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce) manifiesta nuevamente su preocupación ante el comportamiento negativo que registraron las áreas de siembra y los volúmenes de producción de los cereales y leguminosas en Colombia, durante el año 2025, en comparación con 2024, lo cual compromete cada vez más la sostenibilidad del campo y pone en riesgo la seguridad y soberanía alimentaria del país.

Específicamente, todos los cereales y leguminosas que agremia la federación, incluida la soya, presentaron un comportamiento negativo en sus indicadores productivos. Es decir, producimos en 2025, comparado con 2024, menos maíz amarillo (- 5%), maíz blanco (- 12%), avena (- 11%), cebada (- 2%), sorgo (- 72%), trigo (- 24%), arveja (- 30%), fríjol arbustivo (- 17%), fríjol voluble (- 11%), haba (- 48%) y soya (- 2%).

Con respecto a las áreas de siembra, solo dos granos registraron un aumento en áreas: la cebada (+ 21%) y la soya (+12 %). Mientras que los demás registraron una disminución de áreas: maíz amarillo (- 17%), maíz blanco (- 23%), avena (- 14%), sorgo (- 76%), trigo (- 8%), arveja (- 20%), fríjol arbustivo (- 12%), fríjol voluble (- 12%) y haba (- 23%).

El comportamiento a la baja, tanto de la producción, como de las áreas de siembra se debe a la falta de garantías para los productores de cereales y leguminosas. Factores climáticos adversos, la falta de seguros agropecuarios competitivos y de semillas competitivas, los bajos precios de los granos, los altos costos de producción, la falta de infraestructura de secado y almacenamiento, entre otros aspectos, desincentivan la siembra y bajan los niveles de producción. Dependiendo del grano, un aspecto puede influir más que otro.

Frente a estas cifras poco alentadoras para nuestros sectores de cereales, leguminosas y soya, desde Fenalce hacemos un llamado al Gobierno Nacional a implementar políticas que den garantías a los agricultores y aseguren condiciones justas, que les permita aumentar las áreas de siembra y, por ende, crecer en la producción de estos granos, fundamentales para la seguridad y soberanía alimentaria del país.

“De cara a este panorama, incrementar las áreas cultivadas y la producción de nuestros granos es vital, pero no hay una política clara para estos sectores que les permita crecer, ser rentables y competitivos. Fenalce está listo para acompañar este gran reto y lograr la tan anhelada seguridad y soberanía alimentaria. Sabemos que Colombia cuenta con suficiente potencial productivo, pero cualquier iniciativa de transformación requiere cambios estructurales de parte no solo de los agricultores, sino de todos los actores indispensables para lograr una cadena de valor competitiva y sustentable. Dichos cambios deben abarcar desde el entorno de la investigación científica hasta la regulación e incentivo del comercio, y es indispensable contar con el apoyo del gobierno nacional, para lograr los resultados esperados”, sostuvo Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Añadió, “la federación viene haciendo grandes esfuerzos en la ejecución de los recursos de los fondos parafiscales, haciendo investigación, extensión y fortaleciendo las capacidades técnicas de los agricultores, pero los recursos no son suficientes para la gran necesidad que tienen estos sectores y el país en general, de garantizar la producción de sus alimentos”.

A continuación, se presenta el balance de 2025 para los diferentes granos que representa la federación, en comparación con 2024: 

Cereales

•        El maíz amarillo en 2025 tuvo una producción de 985.759 toneladas, en 195.222 hectáreas cultivadas, siendo Meta Altillanura, Meta Piedemonte y Córdoba las regiones de mayor producción, tanto en sistema tecnificado, como tradicional. El rendimiento promedio fue de 5,05 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (1.040.723 toneladas – 236.450 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 5% y, el área cultivada 17%.

•        El maíz blanco en 2025 tuvo una producción de 392.823 toneladas, en 81.628 hectáreas cultivadas, siendo Tolima, Meta Altillanura y Córdoba los departamentos con mayor producción, tanto en sistema tecnificado, como tradicional. El rendimiento promedio fue de 4,81 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (448.859 toneladas – 106.516 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 12% y el área cultivada 23%.

•        La avena en 2025 tuvo una producción de 4.426 toneladas, en 1.963 hectáreas cultivadas, siendo Boyacá el único departamento en el que se sembró este cereal. El rendimiento promedio fue de 2,25 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (5.000 toneladas – 2.280 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 11% y el área cultivada 14%.

•        La cebada en 2025 tuvo una producción de 10.238 toneladas, en 4.547 hectáreas cultivadas, siendo Boyacá, Nariño y Cundinamarca los departamentos en los que se sembró este cereal. El rendimiento promedio fue de 2,25 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (10.488 toneladas – 3.760 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 2%, mientras que el área cultivada aumentó 21%. Esto se explica por una caída del rendimiento (de 2,79 t/ha pasó a 2,25 t/ha).

•        El sorgo en 2025 tuvo una producción de 2.527 toneladas, en 900 hectáreas cultivadas, siendo Meta Altillanura, Tolima y La Guajira las regiones en las que más se cosechó este cereal. El rendimiento promedio fue de 2,81 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (9.070 toneladas – 3.820 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 72% y el área cultivada 76%.

•        El trigo en 2025 tuvo una producción de 3.530 toneladas, en 1.375 hectáreas cultivadas, siendo Boyacá, Nariño y Cundinamarca los departamentos en los que se sembró este cereal. El rendimiento promedio fue de 2,57 toneladas por hectárea. En comparación con 2024 (4.636 toneladas – 1.490 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 24% y el área cultivada 8%.

Leguminosas

•        La arveja en 2025 presentó un área total cultivada de 19.315 hectáreas, con una producción de 84.895 toneladas y un rendimiento promedio de 4,40 toneladas por hectárea. Nariño, Boyacá y Cundinamarca fueron los departamentos en los que más se produjo esta leguminosa. En comparación con 2024 (24.228 hectáreas – 121.500 toneladas), en 2025 disminuyó el área cultivada 20% y la producción 30%.

•        El fríjol arbustivo en 2025 presentó un área total cultivada de 33.608 hectáreas, con una producción de 32.008 toneladas y un rendimiento promedio de 0,95 toneladas por hectárea. Santander, Nariño y Antioquia fueron los departamentos en los que más se produjo esta variedad de fríjol. En comparación con 2024 (38.335 hectáreas – 38.413 toneladas), en 2025 disminuyó 12% el área cultivada, y la producción 17%.

•        El fríjol voluble en 2025 presentó un área total cultivada de 32.444 hectáreas, con una producción de 52.290 toneladas y un rendimiento promedio de 1,61 toneladas por hectárea. Cundinamarca, Antioquia y Huila fueron los departamentos en los que más se produjo esta variedad de fríjol. En comparación con 2024 (37.069 hectáreas – 58.576 toneladas), en 2025 disminuyó 12% el área cultivada y la producción 11%.

•        El haba en 2025 presentó un área total cultivada de 1.240 hectáreas, con una producción de 4.540 toneladas y un rendimiento promedio de 3,66 toneladas por hectárea.  Nariño y Cundinamarca fueron los departamentos en los que se sembró esta leguminosa. En comparación con 2024 (1.610 hectáreas – 8.744 toneladas), en 2025 disminuyo el área cultivada 23% y la producción 48%.

Soya

•        La soya en 2025 tuvo una producción de 230.862 toneladas en un área cultivada de 104.416 hectáreas, presentando un rendimiento promedio de 2,21 toneladas por hectárea. Meta Altillanura, Valle del Cauca y Córdoba fueron las regiones en las que más se sembró esta oleaginosa.

En comparación con 2024 (235.454 toneladas – 93.267 hectáreas), en 2025 disminuyó la producción 2%, mientras que el área cultivada aumentó 12%. Esto se explica por una caída del rendimiento (de 2,52 t/ha pasó a 2,21 t/ha).

Cifras 2025

Comportamiento de la demanda nacional de granos

En 2025 la demanda nacional de granos fue de 15.013.113 toneladas, para cubrir esta se importó el 88% (13.209.215 toneladas), mientras que la producción nacional representó solo el 12% (1.803.898 toneladas).

Participación en la demanda por granos – 2025

•        Maíz / Demanda total: 9.040.877 toneladas / 85% importado (7.662.295 toneladas) / 15 % producción nacional (1.378.582 toneladas).

•        Maíz amarillo / Demanda total: 8.294.204 toneladas / 88% importado (7.308.445 toneladas) / 12% producción nacional (985.759 toneladas).

•        Maíz blanco / Demanda total: 746.673 toneladas / 53% producción nacional (392.823 toneladas) / 47% importado (353.850 toneladas).

•        Fríjol / Demanda total: 130.990 toneladas / 64% producción nacional (84.298 toneladas) / 36% importado (46.692 toneladas).

•        Soya (grano y derivados) / Demanda total: 3.265.355 toneladas / 93% importado (3.034.493 toneladas) / 7% producción nacional (230.862 toneladas).

•        Soya (grano) / Demanda total: 826.226 toneladas / 72% importado (595.364 toneladas) / 28% producción nacional (230.862 toneladas).

•        Avena / Demanda total: 5.386 toneladas / 82% producción nacional (4.426 toneladas) / 18% importado (960 toneladas).

•        Cebada / Demanda total: 365.641 toneladas / 97,2% importado (355.403 toneladas) / 2,8% producción nacional (10.238 toneladas).

•        Sorgo / Demanda total: 2.580 toneladas / 98% producción nacional (2.527 toneladas) / 2% importado (53 toneladas).

•        Trigo / Demanda total: 1.911.733 toneladas / 99,8% importado (1.908.203 toneladas) / 0,2% producción nacional (3.530 toneladas).

•        Arveja / Demanda total: 114.459 toneladas / 74% producción nacional (84.895 toneladas) / 26% importado (29.564 toneladas).

Colombia pierde terreno en abastecimiento interno de cereales y leguminosas

* En 2025, Colombia importó 10,6% más de toneladas de cereales, leguminosas y soya que en 2024, aumentando la dependencia de otros países para cubrir su demanda interna de granos 

* En esta vigencia, el país importó casi 10 millones de toneladas de cereales, más de 190 mil toneladas de leguminosas y más de 3 millones de toneladas de soya. Comparado con las importaciones de 2024, que sumaron 11.821.339 toneladas, en 2025 importamos 1.387.867 toneladas adicionales de granos (13.209.215 toneladas – total importado 2025) para cubrir la demanda interna.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Martes 17 de marzo de 2026).- Colombia, año tras año, incrementa su dependencia de las importaciones para abastecer el consumo interno de cereales, leguminosas y soya. Así lo revela el más reciente análisis de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), tras monitorear el comportamiento de las importaciones durante 2025.

En esta vigencia, el país importó casi 10 millones de toneladas de cereales, más de 190 mil toneladas de leguminosas y más de 3 millones de toneladas de soya. Comparado con las importaciones de 2024, que sumaron 11.821.339 toneladas, en 2025 importamos 1.387.867 toneladas adicionales de granos (13.209.215 toneladas – total importado 2025) para cubrir la demanda interna. Es decir, en 2025 Colombia importó 10,6% más de granos, que en 2024. 

Ahora bien, si observamos por sector en 2025, importamos 812.891 toneladas más de cereales, 31.332 toneladas adicionales de leguminosas y, de soya y derivados 552.653 toneladas, lo que representa un incremento de las importaciones del 8,2%, 16,3% y, 18%, respectivamente.

“Esta situación es preocupantes y nos invita a analizar la Ley actual del sector agropecuario; necesitamos una ley fuerte que respalde el sector. Es necesaria una reflexión real del sector productivo, crear una comisión accidental con la presencia de senadores y gremios para analizar un Proyecto de Ley que defienda la soberanía alimentaria ofreciendo créditos oportunos, seguros de cosecha eficientes, infraestructura de almacenamiento y secado, transporte de los granos, acceso a maquinaria y equipos que garanticen una agricultura de precisión, precios de estabilización y contratos de cosecha a futuro, seguridad jurídica y proyectos transversales que tengan que ver con el mejoramiento de vías, conectividad, información de alertas tempranas, acceso a semillas competitivas y garantías para trabajar de manera asociada”, afirma Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Añadió, “es importante, por ejemplo, que desde el gobierno se genere un acuerdo con la industria, darles incentivos para que compren el producto nacional, en primer lugar, respondiendo al consumo del país. No es posible que crezca la industria y la demanda nacional de cereales, leguminosas y soya, que además es abastecida en su mayoría por las importaciones, reduciéndose cada vez más la participación de los granos nacionales, por no existir las garantías suficientes para que los productores nuestros sean competitivos. No podemos depender de otros países para alimentarnos, menos en la coyuntura actual de incertidumbre”, explica el dirigente gremial.

Variaciones representativas en las importaciones de granos / 2024 – 2025

En 2025, Colombia importó 7.308.445 toneladas de maíz amarillo, lo que representa un aumento de 13,3% frente a 2024 (6.448.575 toneladas). Este resultado refuerza la alta dependencia del país del abastecimiento externo para este grano. Las principales empresas importadoras fueron C.I. ADM Colombia Ltda., Alims Finca S.A.S., Italcol de Occidente S.A., Contegral S.A. e Italcol S.A., que en conjunto concentraron el 48,6% de las importaciones de maíz amarillo, siendo Estados Unidos el único país de origen de estas importaciones.

En contraste, las importaciones de maíz blanco registraron una reducción de 5,3% en 2025, totalizando 353.850 toneladas, es decir, 19.629 toneladas menos que en 2024, probablemente por una reducción en la demanda. En este segmento, Organización Solarte y Cía. S.C.A., Precocidos del Oriente S.A., Soberana S.A.S. y Alimentos Polar Col S.A.S. concentraron el 69,4% del total importado.

En 2025, las importaciones de trigo registraron una leve reducción de 0,8% frente a 2024. En total, Colombia importó 1.908.203 toneladas. Los principales países de origen fueron Canadá y Estados Unidos, con participaciones de 53% y 43%, respectivamente. Por el lado de los actores del mercado, Harinera del Valle S.A. lideró las compras externas en el año, con 301.485 toneladas, equivalentes al 15,8% del total importado.

En cuanto a la cebada, las importaciones también disminuyeron en 2025, con una caída de 0,9% respecto al año anterior. Argentina se mantuvo como el principal proveedor, concentrando el 68% del total importado. En este mercado, Bavaria S.A. continúa como único importador, consolidándose como el actor dominante del segmento en Colombia.

En 2025, las importaciones de fríjol en Colombia aumentaron 11,5% frente a 2024, al totalizar 46.629 toneladas, lo que demuestra que perdimos terreno. Estas compras externas provinieron principalmente de Argentina (33%), Perú (17,5%) y Ecuador (15,1%). En cuanto a los actores del mercado, las principales empresas importadoras fueron Comercializadora Luhomar S.A.S., Dist. y Comercializadora Mercogranos Ltda. y Granipack S.A.S., las cuales en conjunto concentraron el 51% del total importado.

Continuando con el abastecimiento externo, en 2025 Colombia importó 29.564 toneladas de arveja, un 24,6% más que en 2024. Estas compras provinieron principalmente de Canadá, que concentró el 96,5% del total importado. Entre las principales empresas importadoras se destacan Sudespensa Barragán S.A., Granos y Cereales La Perla S.A.S. y Dist. y Comercializadora Mercogranos Ltda., que en conjunto representaron el 45% de las importaciones.

En 2025, las importaciones de soya en grano en Colombia aumentaron 34,2% frente a 2024, al totalizar 595.364 toneladas. De manera similar, aunque con un crecimiento menor, las importaciones de torta de soya se incrementaron 19%, alcanzando 2.043.076 toneladas durante el año. En cuanto al origen, Estados Unidos se mantuvo como el principal proveedor de soya y sus derivados para Colombia. En 2025, este país concentró el 99,9% de las importaciones de soya en grano y, el 95% de las de torta de soya, hecho favorecido por un entorno de precios internacionales más bajos y condiciones cambiarias que estimularon el abastecimiento externo.

Por el lado de los actores, entre las principales empresas importadoras de soya en grano se destacan ADM Colombia Ltda., Avidesa Mac Pollo y Solla S.A. En el caso de la torta de soya, sobresalen Italcol S.A., Contegral S.A. e Italcol de Occidente, como los mayores compradores del producto en el país.

Balance de importaciones en 2025

•        Cereales / 9.981.849 toneladas

Se importaron:

•        7.308.445 toneladas de maíz amarillo, de Estados Unidos (100%), que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Santa Marta, Barranquilla y Cartagena.

•        1.908.203 toneladas de trigo, de Canadá (53%) y Estados Unidos (43%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Barranquilla, Santa Marta y Cartagena.

•        355.403 toneladas de cebada, provenientes de Argentina (68%) y Francia (16%) principalmente, que ingresaron por los puertos de Cartagena y Santa Marta.

•        353.850 toneladas de maíz blanco, de Estados Unidos (100%), que ingresaron por los puertos de Santa Marta, Barranquilla, Cartagena y Buenaventura.

•        26.286 toneladas de malta sin tostar, de Francia (47%), Polonia (16%) y Canada (15%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Bogotá, Buenaventura, Cartagena, Ipiales y Santa Marta.

•        21.359 toneladas de maíz pira, de Argentina (55%) y Estados Unidos (28%) principalmente, que ingresaron por los puertos de Cartagena, Buenaventura y Barranquilla.

•        6.402 toneladas de extracto de Malta, provenientes de Singapur (75%) y Brasil (16%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Cartagena y Bogotá. 

•        960 toneladas de avena, provenientes de Chile (72%) y Estados Unidos (26%) principalmente, que ingresaron por el puerto de Buenaventura.

•        441 toneladas de malta tostada, de Holanda (58%) y Alemania (21%) principalmente, que ingresaron por los puertos de Bogotá, Cartagena y Buenaventura.

•        53 toneladas de sorgo, de Estados Unidos (100%), que ingresaron por el puerto de Cartagena. 

•        Leguminosas / 192.873 toneladas 

Se importaron:

•        103.026 toneladas de lenteja, de Canadá (78%) y Estados Unidos (22%), que ingresaron por los puertos de Cartagena y Buenaventura. 

•        46.692 toneladas de fríjol, de Argentina (33%), Perú (18%), Ecuador (15%) y Canadá (14%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Cartagena, Ipiales y Buenaventura.

•        29.564 toneladas de arveja, de Canadá (96%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura y Cartagena.

•        13.591 toneladas de garbanzo, de Canadá (44%) y Argentina (36%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura y Cartagena. 

•        Soya y derivados / 3.034.493 toneladas

Se importaron:

•        2.043.076 toneladas de torta de soya, de Estados Unidos (95%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Barranquilla, Buenaventura, Santa Marta y Cartagena. 

•        595.364 toneladas de soya, de Estados Unidos (100%), que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Santa Marta y Barranquilla. 

•        396.053 toneladas de aceite de soya, de Bolivia (48%) y Estados Unidos (37%), principalmente, que ingresaron por los puertos de Buenaventura, Santa Marta y Barranquilla. 

Cereales, leguminosas y soya en el “filo de la navaja”

* El consumo nacional de cereales, leguminosas y soya crece, al tiempo que crece la dependencia de las importaciones.

* Un análisis hecho por la federación desde el 2012, hasta el primer semestre de 2025 (cifras cerradas), para los cultivos de maíz y fríjol, evidencian cómo ha caído la participación de la producción nacional en la demanda de estos granos, fundamentales para la soberanía y seguridad alimentaria del país.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Lunes 9 de marzo de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), alerta ante la preocupante situación del decrecimiento de las áreas de siembra y la producción de los granos que representa (maíz, fríjol, soya, trigo, cebada, avena, arveja, haba y sorgo), un escenario que contrasta con el crecimiento sostenido de la demanda interna y el aumento continuo de las importaciones, año tras año. El país importa alrededor del 85%, de los 260 millones de sacos que consume en cereales, leguminosas y soya, en un año; siendo la producción nacional tan solo del 15%. 

Los hechos no mienten, aunque Fenalce representa a los productores de estos nueve granos en el país, un análisis hecho por la federación desde el 2012, hasta el primer semestre de 2025 (cifras cerradas), para los cultivos de maíz y fríjol, evidencian cómo ha caído la participación de la producción nacional en la demanda de estos granos, fundamentales para la soberanía y seguridad alimentaria del país.

Maíz amarillo y maíz blanco

En el 2012, la participación del maíz amarillo y el maíz blanco nacionales representaban el 25% y el 93% de la demanda, respectivamente. El mercado mostraba estabilidad relativa, pero ya existía preocupación por un factor determinante: la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Estados Unidos.

Aunque en 2012 aún había protección arancelaria con un contingente de 2,1 millones de toneladas y un arancel del 22%, las importaciones ya superaban los 3,2 millones de toneladas de maíz amarillo y las 69.062 toneladas de maíz blanco. En ese mismo año (2012), la producción nacional superaba 1 millón de toneladas en maíz amarillo y 820.000 toneladas en maíz blanco. Sin embargo, el efecto no tardó en evidenciarse: para 2014, la participación nacional había caído a 22% y 79%, respectivamente.

Con la progresiva reducción del arancel, el crecimiento del sector de alimentos balanceados y el aumento de la población, la demanda continuó expandiéndose mientras la producción nacional perdía terreno. Para 2015, con una demanda de 5,2 millones de toneladas de maíz amarillo y 0,6 millones de maíz blanco, la participación del producto nacional cayó a 15% y 66%, respectivamente. Cinco años después (2020), la demanda de maíz amarillo alcanzó 6,65 millones de toneladas, pero la pérdida de participación persistió: solo el 14% del maíz amarillo y el 50% del maíz blanco fue de origen nacional, muy por debajo de los niveles de 2012 (25% y 93%).

Para el primer semestre de 2025, se evidenció que el maíz amarillo nacional participó con apenas el 7% en la demanda, y el blanco, con el 47%. Esto ocurrió en un contexto de precios internacionales bajos, desprotección arancelaria, clima adverso en Colombia y un dólar débil que incentivó mayores importaciones y desincentivó la siembra local.     

La demanda total de maíz (amarillo y blanco) en 2024 fue de 8.381.248 toneladas, de las cuales el 81,4% fue importado (6.822.054 t), mientras que la producción nacional cubrió tan solo el 18,6% de la demanda (1.559.194 t). Si revisamos 2025 (cifras estimadas), de la demanda total de 8.992.587 toneladas de maíz, el 14,7% representa la producción nacional (1.325.792 t), mientras que el 85,3% las importaciones (7.666.795 t), lo que denota una disminución de la participación del maíz nacional, tanto amarillo, como blanco.

Fríjol

En 2012, la demanda de fríjol fue de 184.770 toneladas, con un consumo per cápita de 4,16 kilogramos. El fríjol nacional suplía el 77% del consumo, mientras que las importaciones apenas representaban el 23%.

Con el paso del tiempo, el consumo per cápita, la demanda y la producción empezaron a caer. No obstante, hasta 2022 el grano nacional continuó abasteciendo más del 75% del mercado. Ese año (2022), la demanda se ubicó en niveles de 2016 y comenzó un reemplazo más fuerte del producto nacional: las importaciones alcanzaron el 32 % del consumo, nivel que se mantuvo hasta 2024.

Para el primer semestre de 2025, la situación se invirtió completamente: el fríjol importado aportó el 67% del consumo, mientras que el nacional lo hizo con el 33%. La menor producción interna aceleró esta pérdida de participación.

Varios aspectos han afectado la competitividad nacional del maíz y el fríjol, incluso de otros granos que representa la federación, llevándonos poco a poco a la situación actual de extrema urgencia. La baja productividad y los altos costos de producción son el resultado de la falta de incentivo de buenas prácticas agrícolas entre los productores, así como el desconocimiento y poca apropiación de acciones como la rotación, el estudio de suelos, la siembra directa sin labranza, la agricultura de precisión y el cultivo asociado, entre otras.

Avances y solicitud de la federación

La federación ha venido trabajando por la defensa de la soberanía y seguridad alimentaria de Colombia, para esto ha hecho varias alertas al Gobierno Nacional, participado en debates políticos y generado un diálogo con la industria en mesas mensuales de trabajo, todo esto con el objetivo de hacer un importante llamado que derive en acciones concretas: la protección de lo nuestro, de nuestros productores, de nuestra tierra y lo que produce, frente a aspectos como los precios, el mercado externo y  las inclemencias climáticas, entre otros, generando un agro más rentable, próspero para quienes se dedican a cultivar y para el país en general, reduciendo las importaciones, de tal manera que podamos ser autosuficientes y autosostenibles con nuestros alimentos en la medida de nuestras posibilidades, que son muchas.

Gracias a nuestra posición geográfica contamos con climas y suelos que permiten diversidad de cultivos durante todo el año, pero hemos descuidado temas clave como las vías, la seguridad, la infraestructura y la rotación de cultivos, entre otros, haciéndonos poco competitivos hasta en nuestro propio territorio. 

La defensa de la soberanía y seguridad alimentaria de nuestro país requiere del trabajo de todos: gobierno, productores, entidades, gremios, empresas, industria e incluso, la población en general, cada uno de nosotros debe hacer su aporte. Ahora que el país está en época electoral, la defensa de la seguridad y soberanía alimentaria debe ser prioridad para los candidatos presidenciales y, aún más, para la nueva o nuevo mandatario de los colombianos.

“Se debe analizar la ley actual del sector agropecuario; necesitamos una ley fuerte que respalde el sector. Es necesaria una reflexión real del sector productivo, crear una comisión accidental con la presencia de senadores y gremios para analizar un Proyecto de Ley que defienda la soberanía alimentaria ofreciendo créditos oportunos, seguros de cosecha eficientes, infraestructura de almacenamiento y secado, transporte de los granos, acceso a maquinaria y equipos que garanticen una agricultura de precisión, precios de estabilización y contratos de cosecha a futuro, seguridad jurídica y proyectos transversales que tengan que ver con el mejoramiento de vías, conectividad, acceso e información de alertas tempranas, acceso a semillas competitivas y garantías para trabajar de manera asociada”, afirma Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

Añadió, “es importante, por ejemplo, que desde el gobierno se genere un acuerdo con la industria, darles incentivos para que compren el producto nacional, en primer lugar, respondiendo al consumo del país. No es posible que crezca la industria y el consumo nacional, pero la producción decrezca en el país por no existir las garantías suficientes para que los productores sean competitivos”.

No todo son cifras negativas, lo que demuestra que unidos podemos recuperar nuestra producción nacional, tal es el caso de la soya, un grano que ha crecido en el país en los últimos años. Un análisis de este cultivo, hecho por la federación, desde el 2012, hasta el 2025 (cifras estimadas), lo demuestra. 

Soya

La soya presenta una dinámica distinta. En 2012, la demanda de grano fue de 365.626 toneladas, de las cuales el 76% provenía del exterior y solo el 24%, era nacional.

Con la expansión del mercado y el fortalecimiento de la producción local, la demanda de grano de soya aumentó progresivamente hasta alcanzar las 678.996 toneladas en 2024. A diferencia del maíz y del fríjol, la producción nacional de soya creció de forma sostenida a partir de 2020, acumulando un incremento del 137%, desde 2012. En consecuencia, para 2024 la soya nacional abasteció el 35% del consumo nacional; mientras que las cifras estimadas de 2025, con una demanda de 796.621 toneladas de soya en grano, evidencian una participación nacional del 30%, importando el 70%.

Si bien hemos aumentado nuestra participación en la demanda nacional de grano de soya, con respecto al importado, las cifras son poco alentadoras si analizamos la demanda total de soya en Colombia, necesaria para abastecer tanto el consumo directo como la transformación industrial; lo que denota nuestro atraso en procesos de transformación de materia prima, como los granos.

En 2012, la demanda total de soya fue de 1.781.774 toneladas, de las cuales la participación nacional fue de tan solo el 5%, mientras que el importado representó el 95%. Ahora bien, en 2024, la demanda ascendió a 2.953.142 toneladas, siendo el 92% importado, y el 8% producción nacional, generándose un leve incremento del 3%. Sin embargo, las cifras estimadas para 2025, con una demanda total de 3.289.826 toneladas, muestran una participación nacional del 7,2%, frente al 92,8% importado.

Si comparamos 2024 (cifras cerradas) con 2025 (cifras estimadas), las leves caídas en participación nacional, tanto de soya en grano (de 35% a 30%), como la demanda total que contempla la importación de torta de soya (de 8% a 7,2%), se explican por los menores precios internacionales que incentivan las importaciones, a pesar del crecimiento en áreas y producción de la oleaginosa nacional.

Propuestas de Fenalce a la industria

La federación ha promovido el diálogo con la industria, a través de encuentros mensuales, como una manera de trabajar de la mano con quienes siempre debieron ser los aliados de los productores nacionales. Estos encuentros han sido muy positivos, demostrando todas las partes participantes, su interés por llegar a acuerdos y sacar adelante el país.

En las reuniones con la industria, la federación ha tomado un rol activo a través de propuestas, enfocadas en fomentar la compra nacional, que ha llevado a las mesas mensuales de trabajo.  Estas son: un Sello Nacional de Abastecimiento, para distinguir a las empresas que demuestren un compromiso real con la compra de materias primas agrícolas nacionales; un plan conjunto de inversión en infraestructura de secado y almacenamiento, que consiste en impulsar una alianza de inversión mixta entre la Industria, Fenalce y el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para desarrollar centros logísticos cercanos a las zonas productivas; un acuerdo nacional de comercialización: “Compro Colombia”, para el diseño y promoción de contratos de suministro a futuro entre productores nacionales e industriales; y propuestas para la Agenda Política 2026 que contempla aspectos como competitividad productiva y financiera, líneas especiales de crédito e incentivos tributarios.

Buenas Prácticas Agrícolas y otras acciones para mejorar la productividad

Fenalce ha venido firmando convenios con entidades del orden nacional e internacional, con el objetivo de fortalecer la productividad y reducir los costos de producción de los 9 granos que representa, que incluyen la implementación de buenas prácticas agrícolas y la implementación de acciones como la rotación, el estudio de suelos, la siembra directa sin labranza, la agricultura de precisión y el cultivo asociado, entre otras, para obtener todos los beneficios que conllevan como mejorar la fertilidad del suelo, reducir plagas y enfermedades y, conservar y optimizar los recursos.

La correcta implementación de estas prácticas y acciones, con acompañamiento técnico, permitirán mejorar la productividad, rentabilidad y sostenibilidad de los cultivos de cereales, leguminosas y soya en el país, mejorando las unidades productivas agrícolas y protegiendo, además, el medio ambiente.

En Colombia no hay desabastecimiento de arroz

* El Gobierno Nacional avanza en un plan de recuperación productiva para la región afectada por la emergencia invernal, orientado a restablecer y reactivar los sistemas agroalimentarios, y reordenar el territorio alrededor del agua en defensa de la vida y la soberanía alimentaria.

Agricultura & Ganadería

(Minagricultura – Jueves 19 de febrero de 2026).- El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural aclara a la opinión pública que no existe riesgo de desabastecimiento de arroz en Colombia, como de manera errónea se ha informado por algunos medios de comunicación.

Por el contrario, durante los meses de diciembre y enero el país registró el segundo mayor nivel de inventarios del cereal desde 2015, lo que garantiza plenamente el abastecimiento para los hogares colombianos.

Este resultado se presenta en un contexto de ajuste productivo del sector, en el que el área sembrada de arroz, en el segundo semestre de 2025, se redujo en un 17,4 % frente al mismo periodo de 2024 (DIAN, 2026), sin comprometer el abastecimiento nacional.

Así mismo precisa que el fenómeno que actualmente se presenta es una afectación puntual y localizada sobre los cultivos en el departamento de Córdoba, derivada de una emergencia climática cada vez más recurrente y severa, así como de transformaciones profundas del territorio asociadas a grandes obras de infraestructura que han alterado los equilibrios naturales de los ecosistemas de la región. Estos factores, acumulados en el tiempo, han incrementado de manera significativa la vulnerabilidad del territorio frente a eventos climáticos extremos, evidenciando los impactos concretos de la crisis climática sobre la vida de las comunidades y la producción de alimentos.

Plan de acción

El Gobierno Nacional avanza en un plan de recuperación productiva para la región afectada por la emergencia, orientado a restablecer y reactivar los sistemas agroalimentarios, y reordenar el territorio alrededor del agua en defensa de la vida y la soberanía alimentaria.

En el orden nacional, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, adelanta acciones concretas para atender las problemáticas del sector arrocero, entre las que se destacan: el mantenimiento de un precio regulado, la disposición de recursos del Presupuesto General de la Nación para la entrega de apoyos directos a los productores, la puesta en marcha de una nueva edición del programa Fondo de Acceso a Insumos Agropecuarios (FAIA), y el diseño e implementación de un Fondo Nacional de Salvamento Arrocero (FONSA) para atender las deudas de los productores de arroz,  a partir de la Resolución Conjunta No. 000013 de 2026 suscrita por el Ministro de Hacienda y Crédito Público y la Ministra de Agricultura y Desarrollo Rural.

Finalmente, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural ratifica su compromiso con la estabilidad y sostenibilidad de la producción arrocera en el mediano y largo plazo, mediante políticas públicas orientadas a la gestión del riesgo climático, el fortalecimiento de la producción nacional, la protección del ingreso de los productores y la garantía permanente del abastecimiento de alimentos para todos los colombianos.

Lluvias excesivas impactan pronóstico de producción cafetera del primer semestre de 2026

* El gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón, pronostica que la producción cafetera colombiana se ubicará en 6,2 millones de sacos.

Agricultura & Ganadería

(Federecafé – Miércoles 18 de febrero de 2026).- De acuerdo con la metodología desarrollada por Cenicafé, basada en el monitoreo permanente de cerca de 2.150 fincas cafeteras, el pronóstico de producción para el primer semestre calendario de 2026 se ubicaría en 6,2 millones de sacos, confirmando un escenario de menor oferta.

Este comportamiento productivo responde, principalmente, a los efectos de las lluvias excesivas registradas en las zonas cafeteras, que han impactado los procesos de floración y desarrollo del grano. En el acumulado del ciclo 2025/2026, las estimaciones técnicas indican que la producción se ubicará alrededor de 12,8 millones de sacos, lo que limitará la disponibilidad exportable en los próximos meses.

En este contexto, la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia refuerza su estrategia de diferenciación y generación de valor, priorizando la comercialización de cafés de alta calidad y el fortalecimiento de experiencias que conectan al consumidor con el origen Colombia.

Como parte de esta apuesta, la apertura de la tienda Juan Valdez número 1959, la primera tienda flagship de Juan Valdez en el mundo, ubicada en Bogotá, marca un punto de inflexión en la estrategia de valor agregado del café colombiano. No se trata únicamente de una nueva tienda, sino de una declaración estratégica que eleva la experiencia alrededor del café, resalta su calidad, su origen y el trabajo de las familias caficultoras.

La caficultura colombiana consolida así una estrategia orientada a vender más calidad y más experiencia, fortaleciendo su presencia en los mercados y con los clientes que valoran atributos como la excelencia en taza, la trazabilidad, la sostenibilidad y el origen.

La institucionalidad cafetera reafirma su compromiso con la calidad como principal ventaja competitiva, el bienestar de las más de 500.000 familias cafeteras y el posicionamiento del café de Colombia como uno de los más valorados del mundo.

Minagricultura abre el Fondo de Acceso a Insumos Agropecuarios (FAIA)

* El programa FAIA, dispone de recursos por más de $32.000 millones. Se agrupa en 8 líneas productivas y espera beneficiar a 13.500 pequeños productores en 369 municipios de 22 departamentos.

* Adicionalmente, se priorizó el trabajo de protección de los suelos en la Cuenca del Río Bogotá, para avanzar en la declaratoria de las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos APPA.

Agricultura & Ganadería

(Minagricultura – Lunes 16 de febrero de 2026).- En la plaza principal del municipio de Tabio (Cundinamarca), el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural dio un nuevo espaldarazo a la producción campesina con el lanzamiento del programa Fondo de Acceso a Insumos Agropecuarios (FAIA), focalizado en otorgar a los pequeños productores de cadenas priorizadas un apoyo económico directo, enfocado en la compra de insumos agropecuarios definidos. De esta manera se garantiza la continuidad productiva, así como la seguridad alimentaria a las comunidades que optan por este beneficio.

El evento fue liderado por la ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino Villegas, quien a su vez estuvo acompañada por la viceministra de Asuntos Agropecuarios, Geidy Ortega, el viceministro de Desarrollo Rural, José Luis Quiroga, el alcalde del municipio de Tabio, Carlos Javier Julio, así como del director de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), Juan Pablo Sandoval.

La ministra Carvajalino destacó que: “Tabio tiene un patrimonio estratégico que Colombia no puede perder: sus suelos y su agua. En medio de la crisis climática, estos suelos son la base de nuestra seguridad y soberanía alimentaria, y protegerlos es una responsabilidad de todos. Por eso estamos acá, para garantiza que las y los campesinos puedan seguir sembrando alimentos, cultivando esperanza y fortaleciendo nuestra Revolución por La Vida. Para el Gobierno del presidente Gustavo Petro, es motivo de satisfacción anunciar la puesta en marcha del programa FAIA, una herramienta estratégica que se inscribe en la Reforma Agraria que impulsa el país, promoviendo la sostenibilidad, la resiliencia climática y la autonomía productiva del campo colombiano”.

El programa FAIA, dispone de recursos por más de $32.000 millones. Se agrupa en 8 líneas productivas así: Cereales, cultivos tropicales, frutales. leguminosas, oleaginosas, vegetales, tubérculos y plátano. Su tiempo de ejecución será de 4 meses en los cuales espera beneficiar a más de 13.500 pequeños productores ubicados en 369 municipios de 22 departamentos. Así mismo, opera como herramienta concreta para aliviar costos pues contempla un reembolso del 20% sobre compras de insumos dentro de un listado definido por el MADR.

Para acceder al programa los interesados deberán acercarse al orientador asignado en la Alcaldía municipal o ingresar a la página: www.faia.com.co. También podrán comunicarte a la línea: 3009130228.

Las apuestas de ordenamiento territorial en la Sabana de Bogotá

El espacio también fue un punto de encuentro para presentar ante la comunidad y entidades locales las apuestas de ordenamiento del suelo rural que lideran el Ministerio de Agricultura y la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA): las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos (APPA) y de las Zonas de Protección para la Producción de Alimentos (ZPPA). Esta última, en Tabio, se encuentra construcción, con una zona identificada de alrededor de 3.646 hectáreas, representando el 48% del área municipal.

Cabe recordar que los suelos de la Sabana de Bogotá son claves para la región Andina. Cundinamarca produce 25.079 toneladas anuales de alimentos en 1.398 hectáreas y 11 productos agrícolas, mostrando que la productividad depende más de la calidad del suelo que de su extensión. Sin embargo, actualmente es uno de los departamentos que presenta mayor presión por la urbanización intensiva y, por ende, mayor exposición en los cambios en su uso.

Es por esto que el Minagricultura priorizó el trabajo de protección de dichos suelos en la Cuenca del Río Bogotá, para avanzar en la declaratoria de las APPA como estrategia para frenar la pérdida de suelos rurales en un país donde la tierra agrícola de alta calidad es escasa y no puede seguir perdiéndose frente a la expansión inmobiliaria.

La ministra Martha Carvajalino, el viceministro de Desarrollo Rural, y el director de la UPRA, recalcaron el respaldo jurídico que la figura traerá al territorio, además de fortalecer las economías campesinas de la Agricultura Campesina, Familiar, Étnica y Comunitaria (ACFEC), base de la producción del 70% de los alimentos del país, y aclararon que el fin último de estas figuras no es la expropiación ni prohibiciones generales.

El alcalde de Tabio indicó: “Quiero agradecer al Ministerio de Agricultura por confiar en Tabio, por mirar hacia nuestro municipio y por abrir esta puerta que estoy seguro será el inicio de muchos más proyectos y alianzas. Hoy reafirmamos nuestro desarrollo rural con dignidad del trabajo campesino y con el crecimiento de nuestro municipio”.

Maíz y fríjol, los más afectados por las lluvias en el país

* Las afectaciones se vienen presentando en varias zonas productoras del país, principalmente en el Caribe y la región Andina.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Jueves 12 de febrero de 2026).- Ante las recientes lluvias presentadas en el país y las afectaciones a los cultivos, la Federación Nacional de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce) hace un llamado urgente (SOS) al Gobierno Nacional a atender las emergencias presentadas que afectan a la población colombiana en general y, más específicamente a brindarle apoyo a los gremios para atender las necesidades de los productores que hoy enfrentan una situación crítica y requieren del respaldo decidido del Estado para seguir aportando al abastecimiento alimentario y al desarrollo rural del país.

El llamado urgente, de parte de Fenalce, va enfocado específicamente para los productores de fríjol y maíz afectados por el frente frío atípico, en plena temporada seca, que ha provocado graves afectaciones en sus cultivos.

Durante las últimas semanas, este evento climático ha generado lluvias intensas, persistentes y fuera de los patrones normales, afectando de manera directa zonas estratégicas de la producción agrícola. En el caso particular de los cultivos de fríjol y maíz, las precipitaciones coincidieron con etapas críticas como la madurez fisiológica y la cosecha, ocasionando en numerosos casos la pérdida total de los cultivos, y en otros, un deterioro significativo de la calidad del grano, el cual no cumple con los estándares de comercialización, ni tiene aceptación en el mercado.

“Desde Fenalce, teniendo en cuenta los nueve granos que representamos, hemos podido evidenciar que, en la presente temporada de lluvias, los cultivos más afectados han sido el maíz y el fríjol, especialmente aquellos que se encuentran en etapas de cosecha o secamiento de grano en campo. En el caso del fríjol, se reportan afectaciones tanto en volumen como en calidad, mientras que en el maíz los principales impactos se relacionan con retrasos en la cosecha y mayores problemas de humedad del grano”, explica Arnulfo Trujillo, gerente general de Fenalce.

Las afectaciones se vienen presentando en varias zonas productoras del país, principalmente en el Caribe y la región Andina. En estas regiones, el exceso de humedad ha condicionado las labores agrícolas, tanto en cosecha como en el cierre de ciclo de los cultivos. Las lluvias han generado dificultades operativas, riesgos de deterioro de la calidad del grano y mayores presiones fitosanitarias asociadas principalmente a temas de hongos.

Desde la federación, consideramos fundamental resaltar que el fríjol y el maíz son cultivos estratégicos para la seguridad y soberanía alimentaria del país. En el caso del maíz, el fortalecimiento de su producción nacional es un pilar para reducir la dependencia externa y avanzar hacia un modelo agroalimentario más justo y sostenible.

“Esta situación pone en peligro la competitividad del sector agrícola y el bienestar de cientos de productores que dependen de sus cosechas y siembras para su sustento. No hay garantías frente a las inclemencias climáticas, poniendo en riesgo la seguridad y la soberanía alimentaria del país. Le pedimos al Gobierno Nacional que se movilice y atienda esta emergencia que también nos afecta a todos como colombianos, al ser consumidores de estos granos, a diario. La comida de Colombia está en riesgo”, afirmó el gerente de Fenalce.

Específicamente, las mayores afectaciones se han reportado en Córdoba y Cundinamarca. En Córdoba, las lluvias intensas, con registros superiores a 200 mm (milímetros) en pocos días, han inundado lotes de fríjol cabecita negra y afectado la calidad del grano, mientras que en Tolima las lluvias persistentes y los días nublados han retrasado las cosechas e incrementado los costos.

En la región Cundiboyacense, especialmente para fríjol Bola Roja y fríjol Cargamanto Rojo, el exceso de humedad ha impedido el ingreso a los lotes y ha deteriorado la presentación del grano.

En el caso del maíz, las lluvias han generado principalmente retrasos en las labores de cosecha, altos contenidos de humedad del grano y dificultades para el ingreso de maquinaria a los lotes. En varias zonas, los lotes se encuentran listos para cosechar, pero las condiciones de altas precipitaciones provocan el aumento de humedad del grano, incrementando el riesgo de pérdidas de calidad y mayores costos de secado.

Desde Fenalce, los ingenieros agrónomos están brindando acompañamiento en campo a los productores de las 15 regionales en las que la federación hace presencia. Sumado a esto, estamos emitiendo alertas tempranas del clima y su efecto en los cultivos, a través de recomendaciones agroclimáticas. Así mismo, en temas de calidad y comercialización, se está ofreciendo soporte a los productores.

Peticiones de Fenalce al Gobierno Nacional

En atención a lo anterior, respetuosamente solicitamos al Gobierno Nacional la adopción urgente de medidas de apoyo y alivio, entre las cuales destacamos:

1. Activación de líneas especiales de crédito a través de Finagro, con tasas subsidiadas, periodos de gracia amplio y condiciones preferenciales de acceso (muchos productores se encuentran reportados en las centrales de riesgo), orientadas a:

• Capital de trabajo para la recuperación productiva.

• Créditos de inversión para adecuación de tierras, maquinaria y equipos.

• Refinanciación y normalización de obligaciones crediticias vigentes.

2. Implementación de apoyos económicos directos para los productores más afectados, que permitan compensar las pérdidas y garantizar la continuidad de la actividad agrícola.

3. Articulación con la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgos de Desastre -UNGRD, para el reconocimiento formal de la emergencia productiva agropecuaria y la atención integral en los territorios afectados.

4. Fortalecer la asistencia técnica y acompañamiento productivo, orientado a prácticas de adaptación al cambio climático, manejo de excesos hídricos y reducción de la vulnerabilidad futura de los sistemas productivos. Es importante el desarrollo de materiales de fríjol resistentes a la humedad en épocas de cosecha.

5. Ampliación y fortalecimiento del seguro agropecuario, con mayores subsidios a la prima de cultivos de fríjol y maíz, de manera que se convierta en una herramienta asequible y efectiva de gestión del riesgo climático.

Incidencia en los precios

En cuanto al impacto en precios, hasta el momento no se evidencian incrementos generalizados asociados a las lluvias, dado que la oferta de grano, particularmente de maíz, se mantiene activa en varias regiones.

No obstante, en el caso del fríjol, las afectaciones de calidad y los retrasos en cosecha podrían generar ajustes puntuales en el mercado, especialmente en zonas con menor disponibilidad de grano, dichos impactos se podrán reflejar en el precio las próximas semanas.

Recomendaciones desde el componente técnico – agroclimático

Frente al escenario actual de lluvias persistentes y alta variabilidad climática, se debe actuar de forma preventiva y operativa, para la toma de decisiones en campo. De manera concreta, se pueden estructurar los siguientes tipos de alertas, que permiten anticiparse al riesgo, reducir pérdidas y mejorar la capacidad de respuesta de los productores.

1. Alertas por exceso de lluvias y saturación de suelos

Riesgos asociados: encharcamientos, anegamiento, asfixia radicular, caída de cultivos, dificultades de cosecha y compactación del suelo.

Acciones sugeridas: verificación y limpieza de drenajes, control de escorrentías y restricción de tránsito de maquinaria pesada.

2. Alertas operativas para cosecha

Riesgos asociados: pérdidas de calidad, germinación del grano en mazorca o vaina, aumento de impurezas y costos operativos.

Acciones sugeridas: concentrar cosecha en horas de la mañana, priorizar lotes más avanzados, uso de secado oportuno, programación flexible de labores y considerar cosechas manuales.

3. Alertas fitosanitarias

Riesgos asociados: mayor incidencia de enfermedades fúngicas y bacterianas (pudriciones, manchas foliares, roya, antracnosis), así como aumento de algunas plagas.

Acciones sugeridas: monitoreo frecuente, ajustes en calendarios de control, uso oportuno de medidas preventivas y manejo integrado de plagas y enfermedades.

4. Alertas por riesgo de pérdida de calidad y poscosecha

Riesgos asociados: deterioro del grano, incremento de humedad, contaminación por hongos y micotoxinas.

Acciones sugeridas: secado inmediato, manejo adecuado del almacenamiento y control de humedad en centros de acopio.

5. Alertas agroclimáticas regionales

Riesgos asociados: persistencia o intensificación de lluvias, eventos extremos puntuales.

Acciones sugeridas: planificación anticipada de labores, priorización de zonas y fortalecimiento del seguimiento climático local.

6. Alertas de seguridad para el personal rural

Riesgos asociados: accidentes por suelos inestables, exposición prolongada a humedad o estrés térmico.

Acciones sugeridas: adecuar horarios de trabajo, uso de elementos de protección y restricción de labores en condiciones de riesgo.

Ante desbordamientos de ríos

Suspender inmediatamente labores agrícolas en zonas inundadas o en riesgo.

Priorizar la seguridad de personas y familias rurales.

Retirar maquinaria, insumos y cosechas a zonas altas y seguras.

Mantener comunicación con autoridades locales de gestión del riesgo.

Realizar evaluación rápida de daños una vez bajen los niveles de agua.

Ante deslizamientos y derrumbes

Evitar ingreso de personas y maquinaria a laderas inestables.

Activar evacuación preventiva si se observan grietas o movimientos del terreno.

Reportar de inmediato a autoridades locales.

Restringir siembras en zonas afectadas hasta nueva evaluación técnica.

Identificar zonas de riesgo para implementar coberturas vegetales y manejo de escorrentías en áreas recuperables.