Cuidar el suelo para alimentar el futuro

* En junio, el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía y otras conmemoraciones ambientales recuerdan que la degradación de los suelos no solo amenaza los ecosistemas: también pone en riesgo la producción de alimentos, la nutrición y los medios de vida rurales.

* En el marco del Año Internacional de la Agricultora 2026, el proyecto Suelos para la Nutrición destaca el papel de las mujeres rurales en el cuidado de la tierra, la producción de alimentos y la construcción de sistemas agroalimentarios más sostenibles. En el Meta, el inicio del programa Doctores de los Suelos muestra cómo esta apuesta comienza a echar raíces en el territorio.

Agricultura & Ganadería

(FAO – Miércoles 17 de junio de 2026).- Antes de sembrar, Adriana Escobar (en la foto) toma un puñado de tierra entre sus manos. Lo deshace con los dedos, lo huele, lo observa. Mira si está suelto o compacto, si conserva humedad, si hay lombrices, raíces finas o pequeños organismos que antes pasaban inadvertidos. Durante años, como muchas productoras rurales de Villavicencio, Meta, aprendió a reconocer las señales del clima mirando el cielo. Ahora también sabe que buena parte de las respuestas están bajo sus pies.

“Uno antes pensaba que el suelo era solo donde se sembraba. Ahora entiendo que el suelo es un semillero de vida y que, si uno lo cuida, también cuida la comida de la familia”, dice mientras recorre su parcela donde cultiva hortalizas, plátano, yuca y plantas aromáticas que destina al consumo del hogar y a la venta en el mercado local.

Su historia, construida a partir del conocimiento heredado de sus mayores y fortalecida por el programa Doctores de los Suelos, representa la de muchas mujeres rurales que sostienen la alimentación cotidiana de sus familias y comunidades. Mujeres que seleccionan semillas, conservan saberes, preparan alimentos, cuidan huertas, administran pequeñas unidades productivas y, cada vez más, lideran prácticas de producción limpia y manejo sostenible del suelo.

En sus manos, la tierra fértil representa mucho más que un medio para sembrar. Es la posibilidad de producir alimentos, generar ingresos y contribuir a que niñas, niños, personas mayores y familias enteras accedan a dietas más diversas y nutritivas. Ese vínculo entre suelo, alimentación y vida se expresa en la cotidianidad: en cada huerta, en cada mercado local y en cada plato de comida.

La salud del suelo también es nutrición

La degradación de los suelos, la desertificación y la sequía suelen abordarse desde una mirada ambiental. Sin embargo, sus impactos llegan directamente a la seguridad alimentaria y la nutrición. Cuando un suelo pierde materia orgánica, se compacta, reduce su capacidad de retener agua o disminuye su fertilidad, también se debilita la posibilidad de producir alimentos suficientes, diversos y de calidad.

A nivel global, la FAO ha señalado que el 95% de los alimentos que consumimos proviene directa o indirectamente de los suelos, y que cerca de una tercera parte de los suelos del mundo ya se encuentra degradada. A Colombia también la alerta ha llegado, cerca del 40% de los suelos presenta algún grado de erosión, una realidad que afecta la productividad, la disponibilidad de alimentos, los ingresos rurales y la resiliencia de los territorios frente al cambio climático.

Por eso, hablar de suelos es hablar también de nutrición. La calidad de los alimentos empieza mucho antes de llegar a la mesa: empieza en la salud del suelo que los produce. Un suelo vivo y bien manejado permite que las plantas crezcan en mejores condiciones, aprovechen mejor los nutrientes y resistan con mayor capacidad los periodos secos, las lluvias intensas o los cambios bruscos del clima. También permite diversificar la producción, recuperar prácticas agroecológicas y reducir la dependencia de insumos externos.

Desde esta perspectiva, el suelo deja de ser visto únicamente como soporte físico de los cultivos y pasa a reconocerse como un sistema vivo, estratégico y frágil. En cada centímetro interactúan minerales, agua, aire, materia orgánica, microorganismos, raíces y múltiples formas de vida que hacen posible la producción agrícola. Su cuidado requiere conocimiento técnico, pero también observación cotidiana, experiencia campesina y decisiones productivas adaptadas a cada territorio.

Aprender a leer la tierra

El proyecto Suelos para la Nutrición recoge esta visión y la convierte en una apuesta por fortalecer capacidades, promover el manejo sostenible del suelo y reconectar la producción de alimentos con la salud de las personas y de los ecosistemas. Su enfoque parte de una premisa sencilla y profunda: no puede haber alimentación saludable sin suelos saludables.

En el Meta, esta apuesta comienza a materializarse con el programa Doctores de los Suelos, una iniciativa que vincula a 30 mujeres y hombre productores en el proceso de formación productor a productor que promueve el aprendizaje práctico para observar, diagnosticar y cuidar los suelos. A través de herramientas sencillas, quienes participan aprenden a identificar señales de compactación, erosión, pérdida de materia orgánica, baja infiltración de agua o disminución de actividad biológica.

También reconocen prácticas que pueden ayudar a mejorar la salud del suelo, como el uso de coberturas vegetales, la incorporación de materia orgánica, la diversificación de cultivos, la rotación, el manejo adecuado del agua y la reducción de prácticas que aceleran la degradación.

Para Adriana, representante legal de la Asociación de Productores Agropecuarios Agroindustriales de la vereda Mi Llanito (Asomillanito), ubicada en Villavicencio, participar en este proceso significa aprender a mirar su finca de otra manera. “Cuando uno entiende qué le está pasando al suelo, puede tomar mejores decisiones. No se trata solo de sembrar más, sino de sembrar mejor, de cuidar lo que nos permite producir”, afirma.

Su finca es pequeña, pero en ella se cruzan muchos de los desafíos que enfrenta el país: producir alimentos en medio de la variabilidad climática, proteger los recursos naturales, mejorar los ingresos rurales y garantizar dietas más saludables. Allí, cada práctica cuenta. Cubrir el suelo para que no quede expuesto al sol directo, aprovechar residuos orgánicos, evitar quemas, sembrar diferentes especies y observar la humedad antes de preparar el terreno son acciones que pueden parecer simples, pero que contribuyen a recuperar la fertilidad y aumentar la resiliencia de los sistemas agroalimentarios.

Mujeres que cuidan el alimento desde la raíz

En 2026, el Año Internacional de la Agricultora invita a reconocer una realidad que muchas veces permanece invisible: las mujeres son esenciales para producir, transformar, comercializar y llevar alimentos a los hogares. A nivel mundial, representan el 40% de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios, mientras que en América Latina y el Caribe alcanza el 36%. En Colombia, esta agenda tiene rostro rural: cerca de 5,9 millones de mujeres viven en zonas rurales y sostienen, desde sus fincas, huertas, cocinas, mercados y organizaciones, buena parte de la alimentación cotidiana del país.

Su conocimiento sobre qué se siembra, cómo se prepara, qué se consume y qué alimentos hacen falta en la mesa del hogar resulta clave para avanzar hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles, inclusivos y sensibles a la nutrición.

Cuidar los suelos también implica cuidar el tiempo y el trabajo de las mujeres rurales. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del DANE, en Colombia las mujeres dedican en promedio 7 horas y 35 minutos diarios al trabajo no remunerado, más del doble que los hombres. En la Orinoquía, este tiempo asciende a 9 horas y 7 minutos diarios. Por eso, cuando una mujer rural fortalece su huerta, mejora la fertilidad del suelo o diversifica la producción de alimentos, también está defendiendo su tiempo, su autonomía y la nutrición de su familia.

Cuando la tierra pierde fertilidad, producir exige más esfuerzo, más recursos y mayores desplazamientos para acceder a insumos, agua o alimentos. Cuando el suelo se recupera, se abren oportunidades para fortalecer huertas, mejorar la disponibilidad de alimentos frescos, diversificar la dieta y generar excedentes para la comercialización.

La degradación del suelo no puede atenderse únicamente como un problema técnico, ni la nutrición puede abordarse solo desde el consumo. Entre la tierra y el plato existe una cadena de decisiones, saberes y prácticas que determinan qué alimentos se producen, cómo se producen, quiénes los producen y en qué condiciones llegan a las comunidades.

Las conmemoraciones ambientales de junio son una oportunidad para recordar que la lucha contra la desertificación y la sequía empieza en acciones concretas de manejo sostenible del suelo, pero también en el reconocimiento de quienes lo cuidan todos los días. Productoras como Adriana muestran que la transición hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles es posible desde la innovación, la cooperación y las políticas públicas, pero también ocurre en las fincas, en las huertas, en los mercados locales y en las manos de quienes producen los alimentos que llegan a la mesa.

Al finalizar la jornada, Adriana vuelve a tomar tierra donde cultiva la Guayaba que procesa y vende con la Red del Meta, pero esta vez no la mira como antes. Sabe que allí hay memoria, alimento y futuro. Sabe que, si el suelo se enferma, también se debilita la vida que depende de él. Y sabe que cuidarlo no es solo una tarea de productores, sino una responsabilidad colectiva. Porque proteger el suelo es proteger la alimentación, y con ello, cuidar el futuro de todos y todas.

Tierras raras, el recurso del siglo XXI que Colombia aún no explora a fondo

* Las tierras raras son elementos difíciles de encontrar en forma pura, pero al mismo tiempo son esenciales para la tecnología moderna. Foto Cortesía: Unimedios – Wang Chun Lyg / Imaginechina / Imaginechina vía AFP.

Agricultura & Ganadería

(UN – Martes 2 de junio de 2026).- “Mientras China limita la venta de minerales estratégicos y Estados Unidos busca nuevos países que los suministren, en Colombia crece la discusión sobre el potencial del país en depósitos de tierras raras, minerales clave para fabricar vehículos eléctricos, turbinas eólicas, baterías y chips”, aseguran expertos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Como parte del diálogo de saberes del Centro de Pensamiento de Responsabilidad y Sostenibilidad de la Industria Minera, académicos, geólogos y mineros expertos se reunieron en la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín, en donde advirtieron que Colombia se podría convertir en un actor emergente en este mercado global, siempre y cuando logre construir una política minera estable, moderna y técnicamente sólida.

“Las tierras raras no son solo minerales, son la infraestructura estratégica del siglo XXI”, afirmó el profesor Jorge León Pérez, de la Facultad de Minas.

Las tierras raras son un conjunto de 17 elementos químicos de la tabla periódica: los 15 lantánidos (del lantano al lutecio) más el escandio y el itrio. Aunque su nombre puede confundir, estos elementos no son necesariamente escasos en la corteza terrestre pero sí difíciles de extraer, ya que suelen aparecer mezclados y en bajas concentraciones dentro de otros minerales. Se destacan el neodimio y el disprosio, empleados para elaborar imanes potentes usados en motores eléctricos y turbinas eólicas; o el europio y el terbio, esenciales para algunos sistemas de iluminación y pantallas.

“Actualmente China domina cerca del 60 % de las reservas mundiales conocidas y alrededor del 80 % de la capacidad global de refinación, lo que ha convertido estos minerales en un asunto geopolítico de primer nivel. Quien tenga minerales críticos tiene poder en el mercado global”, señaló el profesor Pérez.

Por su parte, el docente Óscar Jaime Restrepo Baena, del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad de Minas de la UNAL, explicó que las reservas globales de tierras raras rondan los 130 millones de toneladas, y que América Latina aparece hoy como una región clave para nuevas exploraciones. En ese escenario, Colombia comienza a llamar la atención por su potencial geológico aún poco estudiado.

Según el experto, regiones como el Escudo Guayanés, la Sierra Nevada de Santa Marta y varios complejos alcalinos del país presentan condiciones favorables para la presencia de estos minerales. “Colombia tiene un potencial sin explorar y urge avanzar en estudios sistemáticos”, insiste.

Primeras descripciones

Uno de los proyectos que más interés ha despertado recientemente es Minastyc, en Vichada, realizado por la empresa canadiense Auxico. La iniciativa avanza en fases de prospección de minerales críticos y tierras raras asociadas con arenas aluviales superficiales, ubicadas apenas entre 3 y 4 m de profundidad. Esto se traduciría en costos de extracción más bajos en y una mayor viabilidad económica, al reducir la necesidad de hacer perforaciones profundas o voladuras.

También hay otros posibles hallazgos en Caldas, Antioquia, Boyacá y Cundinamarca, que la UNAL espera seguir explorando a futuro.

En el evento se presentó el documento “La minería en Colombia: análisis de su actualidad y propuestas programáticas para el manejo integral y sostenible de la minería en Colombia 2026-2030”, en el cual los investigadores recuerdan que la minería representa alrededor del 2 % del PIB nacional, aporta cerca del 13 % de la inversión extranjera directa y genera alrededor de 350.000 empleos directos.

Sin embargo, el sector enfrenta problemas estructurales: informalidad, extracción ilícita, conflictos ambientales, débil articulación institucional y baja confianza entre comunidades y empresas.

Frente a ese panorama, los expertos insisten en que el país debe evitar repetir los históricos errores de explotación desordenada.

Añaden que “el debate ya no se puede limitar a extraer minerales, sino a definir qué modelo de desarrollo quiere construir Colombia. Debe haber un techo que es confianza y seguridad. Es el momento de tomar las riendas académicas y recuperar un país minero”.

Los investigadores también advirtieron que Colombia llega tarde frente a otros países latinoamericanos, pues mientras Chile y Perú atraen grandes inversiones en minerales estratégicos, Colombia enfrenta un escenario de desinversión y falta de capital de riesgo para proyectos de exploración.

Sin embargo, las investigaciones en Antioquia muestran señales prometedoras. El profesor Luis Hernán Sánchez, de la UNAL Sede Medellín, presentó resultados de cartografía geoquímica y muestreos de sedimentos en el nordeste antioqueño, en donde se encontraron valores importantes de neodimio, uno de los elementos más codiciados para la fabricación de turbinas eólicas y motores de vehículos eléctricos.

El interés mundial por estos minerales no deja de crecer. Recientemente Europa anunció el hallazgo de uno de los mayores yacimientos de tierras raras del continente, valorado en cerca de 64.000 millones de euros y con potencial para cubrir hasta el 33 % de la demanda europea.

En medio de esa nueva carrera global, Colombia empieza a preguntarse si seguirá siendo solo un exportador tradicional de materias primas, o si intentará convertirse en un actor estratégico de la economía tecnológica del siglo XXI.

El campo colombiano avanza con paso firme hacia nuevos mercados internacionales

* Colombia siembra confianza. El mundo abre sus puertas. Y el campo responde con calidad, compromiso y vida.

Agricultura & Ganadería

(ICA – Viernes 15 de mayo de 2026).- El campo colombiano cruza fronteras con la fuerza de su gente y la confianza de su calidad. Gracias al trabajo articulado entre nuestros productores, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y el Gobierno nacional, hoy 54 productos agrícolas y pecuarios llegan a nuevos destinos, fortalecen economías locales y llevan el nombre de Colombia a escenarios internacionales.

Para la gerente general del ICA Paula Andrea Cepeda Rodríguez, “la admisibilidad sanitaria y fitosanitaria, liderada por el Instituto permite que los productos agropecuarios cumplan los más altos estándares internacionales y accedan a mercados exigentes. Este proceso, que se construye junto a otras entidades del orden nacional, abre puertas y genera oportunidades reales para productores, asociaciones y territorios”.

En los últimos cuatro años, Colombia ha logrado importantes avances. Productos y subproductos del sector avícola, porcino, bovino y acuícola, entre otros, han llegado a mercados como China, Emiratos Árabes Unidos, Chile, Cuba, Bahamas y Senegal. A esto se suma la apertura para alimentos para mascotas, colágeno, gelatina y subproductos industriales, que amplían la oferta exportadora del país.

El sector agrícola también florece con fuerza. El café en grano y el cacao; frutos frescos como arándanos, piña, pasifloras, cítricos y aguacate Hass; flores y material genético de flores como claveles, proteas y ranunculus, hoy encuentran nuevas oportunidades en países como Canadá, Brasil, Paraguay, Argentina, Uruguay, Ecuador y El Salvador.

Además, productos estratégicos del país consolidan su presencia en mercados clave con los que Colombia mantiene relaciones comerciales sólidas. El aguacate Hass continúa su posicionamiento en Estados Unidos y avanza en su reciente apertura hacia Uruguay, con exportaciones que alcanzaron 147.013 toneladas a noviembre de 2025. La carne de pollo logró un hito histórico con su primera exportación a Japón, uno de los mercados más exigentes del mundo, con un envío inicial de 12.000 kilogramos en octubre de 2025. A esto se suma la apertura de Brasil para la piña fresca colombiana, que fortalece la presencia del país en América Latina y amplía las oportunidades para el sector agrícola nacional.

“Cada admisibilidad representa una historia de esfuerzo colectivo”, destaca Ricardo Vargas subgerente de Regulación Sanitaria y Fitosanitaria. “Detrás de cada producto existe un productor que cuida su tierra, una cadena que apuesta por la calidad y una institucionalidad que protege la sanidad agropecuaria del país. El ICA, con respaldo del Gobierno nacional, consolida relaciones sanitarias internacionales y fortalece la confianza en Colombia como proveedor seguro y competitivo”.

Estos logros reflejan una apuesta clara por el desarrollo rural, la legalidad y la competitividad. La diplomacia sanitaria avanza como puente entre naciones y como motor para que el campo colombiano crezca con dignidad, sostenibilidad y oportunidades.

Cultivos sanos, alimentos seguros: la bioseguridad vegetal empieza antes de que la comida llegue a la mesa

* En el Día Mundial de la Sanidad Vegetal, la FAO llama la atención sobre la importancia de prevenir plagas y enfermedades en los cultivos para proteger la seguridad alimentaria. En Bogotá-Cundinamarca, este llamado también se conecta con el uso responsable de agroinsumos, la producción limpia, la trazabilidad y la necesidad de fortalecer prácticas sostenibles que cuiden los alimentos desde el campo hasta el consumo.

* Bogotá depende en un 88% del abastecimiento regional: cuidar la salud de los cultivos también es cuidar la comida que llega a la ciudad.

* El uso responsable de agroinsumos, los bioinsumos y la trazabilidad son claves para producir alimentos más inocuos y sostenibles.

* Las plagas pueden destruir hasta el 40% de los cultivos cada año; prevenirlas es proteger la seguridad alimentaria.

Agricultura & Ganadería

(FAO – Martes 12 de mayo de 2026).- Una ensalada fresca en el almuerzo, una papa servida en la mesa o una fruta empacada en la lonchera parecen alimentos simples, cotidianos, siempre disponibles. Están en la plaza, en el supermercado, en la tienda del barrio o en los mercados campesinos; pero antes de llegar a la mesa, cada alimento ha recorrido una ruta que empieza mucho antes de la cosecha: en la semilla, en el suelo, en el agua, en el manejo del cultivo y en la capacidad de prevenir plagas y enfermedades que pueden afectar la producción, encarecer los alimentos o aumentar las pérdidas a lo largo de la cadena.

En ese recorrido está el centro del Día Mundial de la Sanidad Vegetal, que se conmemora cada 12 de mayo y que en 2026 tiene como tema global la bioseguridad vegetal para la seguridad alimentaria. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recuerda que las plantas aportan el 80% de los alimentos que consumimos y el 98% del oxígeno que respiramos. Sin embargo, las plagas y enfermedades vegetales pueden causar la pérdida de hasta el 40% de los cultivos a nivel mundial y generar pérdidas comerciales superiores a los USD 220.000 millones anuales.

La bioseguridad vegetal consiste en prevenir la entrada, establecimiento y propagación de plagas y enfermedades que afectan a las plantas. Es una forma de proteger los cultivos antes de que el problema llegue al plato: desde el uso de material vegetal certificado y el reporte oportuno de plagas inusuales, hasta la inspección de productos, empaques, contenedores y medios de transporte que pueden mover organismos dañinos de un territorio a otro.

En una región como Bogotá-Cundinamarca, esta conversación es especialmente relevante. El diagnóstico del Sistema de Abastecimiento Regional Agroalimentario (SARA) señala que Bogotá depende mayoritariamente del abastecimiento regional: el 42% de los alimentos que ingresan a la ciudad proviene de Cundinamarca y el 46% de los demás departamentos de la región central —Boyacá, Meta, Tolima y Huila—, para un total de 88% de origen regional. Esto significa que cuidar la salud de los cultivos en los territorios que alimentan a la capital también es cuidar la disponibilidad, calidad y estabilidad de los alimentos que consumen millones de personas.

Pero la sanidad vegetal no se trata únicamente de combatir plagas, también implica producir con información, hacer monitoreo oportuno, usar insumos de manera técnica y responsable, proteger los suelos, cuidar el agua, reducir riesgos para quienes producen y consumen, y avanzar hacia prácticas más sostenibles.

Procesos en los que los agroinsumos químicos cumplen un papel importante en la protección de los cultivos y en la productividad agrícola. Sin embargo, su uso debe estar acompañado de asistencia técnica, buenas prácticas, registro de aplicaciones, respeto por los periodos de carencia y manejo adecuado de dosis, mezclas y residuos. Cuando esto no ocurre, el problema pasa de ser exclusivamente ambiental a afectar la inocuidad de los alimentos, la salud de quienes producen, la biodiversidad y la eficacia futura de los mismos productos usados para controlar plagas y enfermedades.

El diagnóstico del SARA identifica como uno de los retos de la producción regional metropolitana —situación que se presenta también a nivel nacional y global— la baja inocuidad química y biológica de los alimentos. De acuerdo con el Plan Nacional Subsectorial de Vigilancia y Control de Residuos de Alimentos del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) el 59,5% de las muestras de vegetales a nivel nacional evidenciaron trazas de Plaguicidas Químicos de Uso Agrícola —PQUA—. Además, para productos de importancia regional, como el tomate y la papa, se reportó que exceden los máximos de residuales de plaguicidas permitidos del 8 y el 41% de las muestras, respectivamente.

El diagnóstico también llama la atención sobre prácticas de uso irracional de plaguicidas, como aplicaciones por calendario sin monitoreo previo, falta de calibración de equipos, sobredosificación, ausencia de registros, mezcla de productos incompatibles, desconocimiento de los periodos de carencia antes de la cosecha y disposición inadecuada de residuos o empaques.

Uno de los riesgos asociados a este uso inadecuado es la resistencia de plagas y enfermedades. Cuando se repiten ingredientes activos con el mismo modo de acción, sin criterios técnicos ni rotación adecuada, las plagas pueden volverse menos sensibles a los productos utilizados. Esto obliga a aplicar dosis más altas o mezclas más fuertes, incrementa los costos de producción y puede generar un círculo de contaminación, pérdida de efectividad y mayor dependencia de insumos externos.

La sanidad vegetal, pasa entonces a ser también es una conversación sobre sostenibilidad económica. El diagnóstico del SARA señala que algunos sistemas productivos de alimentos en la región son altamente dependientes de insumos de síntesis química. En el caso del tomate bajo cubierta, por ejemplo, los insumos pueden representar entre el 54% y el 66% de los costos directos, dependiendo de la presión de plagas y del nivel de tecnificación. A esto se suma que Colombia cuenta con un índice de autosuficiencia de fertilizantes del 20%, lo que expone la competitividad del agro a la volatilidad de los precios internacionales y la tasa de cambio.

Frente a este desafío, la producción limpia, los bioinsumos, el manejo integrado de plagas, las Buenas Prácticas Agrícolas y la agroecología aparecen como caminos complementarios para fortalecer la sanidad vegetal sin aumentar la presión sobre los ecosistemas ni sobre los costos de producción. No se trata de reemplazar de un día para otro todas las herramientas disponibles, sino de usarlas mejor, combinarlas con conocimiento técnico y ampliar alternativas sostenibles adaptadas a cada territorio.

El diagnóstico del SARA reconoce que, aunque existe un potencial importante, la producción y uso de bioinsumos sigue siendo limitada. Colombia representa apenas el 0,9% del mercado global de bioinsumos; sin embargo, la producción local ha mostrado señales de expansión y cuenta con oportunidades para crecer si se fortalecen capacidades técnicas, registros, investigación, asistencia y mecanismos de comercialización.

En esta misma línea, las recomendaciones del SARA plantean incrementar la implementación y certificación en Buenas Prácticas Agrícolas y Buenas Prácticas Pecuarias, con énfasis en el manejo de PQUA; reducir la dependencia de insumos externos; fortalecer la producción local de bioinsumos; promover sistemas de registro en finca que permitan iniciar cadenas de trazabilidad; y avanzar hacia modelos de producción más sostenibles, inocuos y alineados con la demanda regional.

La bioseguridad vegetal también exige coordinación pues las plagas y enfermedades no reconocen fronteras administrativas. Pueden moverse con semillas, plantas, frutas, hortalizas, tubérculos, tierra, empaques, contenedores o productos comprados por internet. Por eso, la FAO recuerda que la sanidad vegetal es una responsabilidad compartida: evitar transportar material vegetal sin cumplir medidas fitosanitarias, verificar el origen de productos vegetales, usar material certificado y reportar plagas inusuales son acciones que ayudan a proteger los cultivos.

En el marco de Aliméntate de Región, impulsado por la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico, la RAP-E Región Central y la FAO, el SARA busca aportar a un sistema de abastecimiento más eficiente, sostenible e inclusivo. Esto implica fortalecer la producción regional, mejorar la información para la toma de decisiones, promover alimentos inocuos y saludables, reducir riesgos sanitarios, articular actores y avanzar hacia prácticas que cuiden tanto la productividad como los ecosistemas.

Cuidar la sanidad vegetal va más allá de cuidar las plantas, implica proteger la cosecha de quienes producen, la salud de quienes consumen, la biodiversidad que sostiene los cultivos y la estabilidad del abastecimiento regional. Detrás de cada alimento fresco hay una cadena de decisiones, y esa cadena empieza con cultivos sanos.

Colombia consume el 95% de su producción de arándanos, mientras se abre espacio para impulsar su exportación

* La industria del arándano podría crecer hasta un 20% en 2026, pero aún existe una oportunidad para fortalecer su presencia en mercados internacionales.

* En 2025, el país produjo 12.000 toneladas de arándanos en cerca de 1.000 hectáreas.

* El arándano genera inversiones de USD 50 millones por cada 200 hectáreas y más de 30.000 empleos en Colombia.

* Nación Berries se realizará el 20 y 21 de mayo de 2026 en Bogotá, con agenda académica, muestra comercial, networking y recorridos técnicos.

Agricultura & Ganadería

(Agrilink – Lunes 6 de abril de 2026).- La industria del arándano en Colombia gana escala y se posiciona como uno de los segmentos más dinámicos del sector agrícola, impulsada por condiciones que permiten la producción durante todo el año, una ubicación estratégica y un producto valorado por su calidad, factores que han llevado al país a entrar en el radar de los mercados internacionales, aún en una etapa de desarrollo.

En 2025, Colombia alcanzó una producción de 12.000 toneladas de arándanos y cerca de 1.000 hectáreas cultivadas. Para 2026, se proyecta un crecimiento del 20% en el área cultivada, que llevaría al país a cerca de 1.200 hectáreas. Sin embargo, el 95% de la producción se destina al consumo local, lo que evidencia el espacio para fortalecer su capacidad exportadora. De hecho, la alta demanda interna ha llevado incluso a la importación de arándanos, que superaron los USD 10 millones entre enero y septiembre de 2025.

Además, el arándano se consolida como un motor de la economía rural, con inversiones cercanas a los USD 50 millones por cada 200 hectáreas y la generación de más de 5.000 empleos directos y 25.000 indirectos en el país.

“Colombia tiene ventajas frente a otros mercados productores como la posibilidad de producir durante todo el año, una ubicación estratégica y un producto reconocido por su calidad. La expansión del cultivo y el interés de inversionistas están ampliando la base productiva, lo que nos permite entrar en momentos en los que otros países no tienen oferta y fortalecer nuestra presencia en mercados internacionales”, señaló Fredy Cortés, presidente de la junta directiva de Asocolblue.

En 2025, el país exportó 574.607 kg de arándanos por un valor estimado entre 3 y 3,5 millones de dólares, con Estados Unidos como principal destino, concentrando entre el 80% y el 90% de los envíos, seguido de mercados como Aruba, Canadá, Emiratos Árabes, Kuwait, Qatar y Curazao.

De cara a 2026, el crecimiento de las exportaciones dependerá de la capacidad del país para responder a la demanda internacional y de la expansión del cultivo en regiones como Cundinamarca y Boyacá, que concentran buena parte de la producción, así como su desarrollo en zonas como Antioquia, con cerca de 50 hectáreas, Cauca, el Eje Cafetero y Nariño, donde el cultivo empieza a ganar escala y a ampliar la base productiva. Además, se espera la apertura de mercados como Brasil, México y China, lo que podría ampliar el alcance internacional del producto colombiano.

En medio de esta expansión, se realizará la segunda edición de Nación Berries, un espacio que reunirá a productores, exportadores, proveedores y expertos para fortalecer la cadena de valor del arándano en Colombia, en un momento en el que el sector enfrenta retos asociados a la tecnificación, la calidad y su proyección hacia mercados internacionales.

“El momento que está viviendo la industria en Colombia abre la puerta para generar más conexiones, transferir conocimiento y fortalecer las capacidades del sector. Nación Berries busca convertirse en un punto de encuentro para quienes están impulsando esta industria”, afirmó Maria Alejandra Madrid Ramírez, CEO de Agrilink.

Nación Berries se llevará a cabo el 20 y 21 de mayo en Bogotá y es organizado por Agrilink y Asocolblue. El evento contará con un congreso académico, una muestra comercial, espacios de networking y ruedas de negocio, además de recorridos técnicos a cultivos y plantas de empaque en regiones como Cundinamarca y Boyacá, que permitirán conocer de primera mano los modelos productivos y estándares que están marcando el desarrollo del sector. Más información: https://nacionberries.com/

Sobre Agrilink: Agrilink es una empresa dedicada a conectar a los actores del sector agropecuario y agroindustrial mediante la organización de eventos, conferencias y exposiciones en diversas áreas del agro. Su misión es promover el crecimiento y la competitividad de la industria agroalimentaria, facilitando el intercambio de conocimientos, la generación de alianzas estratégicas y la apertura de nuevas oportunidades comerciales. Además de Nación Berries, Agrilink organiza otros eventos clave como ExpoAgrofuturo, Territorio Aguacate y AgStar, consolidándose como un referente en el impulso del sector agroindustrial en Latinoamérica.

Sobre Asocolblue: Asocolblue (Asociación de cultivadores de blueberries) tiene como objetivo desarrollar la agroindustria del arándano en Colombia, mediante la creación de valor para sus asociados, a través del fortalecimiento de sus competencias internas y externas, apoyados en la investigación, la innovación y el desarrollo; basados en los principios de trabajo en equipo, confianza y compromiso.

Panela Fest 2026: El sabor que impulsa el desarrollo del campo colombiano

* El evento contará con una programación integral orientada a generar oportunidades reales para los productores: Negocios, tecnología y cultura.

Agricultura & Ganadería

(Fedepanela – Miércoles 1 de abril de 2026).- El Fondo de Fomento Panelero, en articulación con Agencia de Desarrollo Rural y Fedepanela, destaca la realización del Panela Fest – Eje Cafetero 2026 “La Dulzura de Colombia”, organizado por la ADR, que se llevará a cabo los días 22 y 23 de abril en la Plaza Cívica Ciudad Victoria de Pereira.

Este evento reunirá a las familias paneleras de todo el país, representadas a través de asociaciones y organizaciones rurales, consolidándose como un espacio estratégico para fortalecer la comercialización, promover el consumo de panela y visibilizar el impacto del subsector en la economía campesina.

Desde el Fondo de Fomento Panelero acompañamos esta iniciativa como aliados del sector, aportando a la construcción de una agenda que impulsa el posicionamiento de la panela como un producto insignia de Colombia, reconocido por su valor nutricional, cultural y productivo.

Un escenario para conectar al subsector panelero

El Panela Fest contará con una programación integral orientada a generar oportunidades reales para los productores:

* Agroferia comercial, que visibiliza la diversidad de la panela colombiana.

* Rueda de negocios, que conecta oferta y demanda entre productores y compradores.

* Agenda académica, enfocada en innovación, sostenibilidad y fortalecimiento del subsector.

* Actividades culturales, que exaltan las tradiciones y saberes paneleros.

Adicionalmente, espacios como el Aula Viva permitirán el intercambio de conocimientos y experiencias, fortaleciendo las capacidades de los actores de la cadena productiva.

Impulsando el consumo, fortaleciendo el campo

La participación del Fondo de Fomento Panelero en este tipo de escenarios hace parte de su compromiso con la promoción al consumo de panela, una de las principales necesidades del subsector, y con la generación de oportunidades que contribuyan a mejorar los ingresos de las familias paneleras.

Este encuentro no solo dinamiza el mercado, sino que también fortalece la conexión entre el campo y la ciudad, acercando a los consumidores a un producto natural que representa tradición, identidad y desarrollo rural.

Una invitación a vivir la dulzura de Colombia

El Panela Fest 2026 es un evento abierto al público, dirigido a productores, asociaciones, compradores y ciudadanos comprometidos con el fortalecimiento del campo colombiano.

Desde el Fondo de Fomento Panelero extendemos una invitación a todo el país para ser parte de este gran encuentro y seguir apostándole a la panela como motor de desarrollo rural.

Las organizaciones interesadas en participar en la rueda de negocios podrán inscribirse en los siguientes enlaces dispuestos por los organizadores la Agencia de Desarrollo Rural ADR:

* Productores: https://forms.cloud.microsoft/r/V9GY4Ucjed

* Compradores (entidades públicas, mixtas y/o empresas que administren recursos públicos): https://forms.office.com/r/jA4MiGgpk5

Para conocer más detalles sobre la programación, invitados y actividades, los invitamos a seguir los canales oficiales de @FEDEPANELACOL, donde estaremos compartiendo toda la información actualizada de este gran evento.

El Panela Fest 2026 será una oportunidad única para conectar con el campo, apoyar a nuestros productores y vivir la dulzura que mueve a Colombia.

¿Cómo será el cacao en Colombia en 2050?

* Proyecciones climáticas indican que el 20% de las áreas aptas para cacao en Colombia podrían perderse hacia 2050, pero hay opciones de adaptación

* Las mayores afectaciones se concentrarían en las tierras bajas del norte del país y el cultivo podría desplazarse hacia zonas de mayor altitud, especialmente en el piedemonte andino. Sin embargo, las áreas donde hoy se concentra la mayor parte de la producción nacional, mantendrían condiciones climáticas favorables.

* El cacao silvestre y los sistemas agroforestales se perfilan como soluciones complementarias: el primero como fuente de genes para desarrollar variedades más resistentes, el segundo para crear condiciones de cultivo más estables frente al cambio climático.

* El estudio fue publicado en la revista científica Regional Environmental Change y destaca estrategias clave para asegurar el futuro del cacao colombiano.

Agricultura & Ganadería

(CIAT-Agrosavia – Martes 10 de marzo de 2026).- Hacia el año 2050, cerca del 20% de las áreas actualmente aptas para cultivar cacao en Colombia podrían dejar de tener condiciones climáticas favorables para producirlo, especialmente en las tierras bajas de los departamentos de la región Caribe y del nororiente del país, según un nuevo estudio científico.

La investigación fue desarrollada por la Alianza de Bioversity International y el CIAT, Fedecacao y Agrosavia. El estudio cruza proyecciones del clima futuro con información sobre las zonas donde hoy se cultiva cacao y donde crecen sus parientes silvestres, para estimar cómo podrían cambiar las condiciones de producción en el país en los próximos 25 años.

Los modelos indican que las mayores pérdidas de aptitud se concentrarían en zonas bajas del país, en los departamentos de Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, Sucre y Antioquia y del nororiente como Arauca, Casanare, Meta y Vichada, donde el aumento de las temperaturas y las lluvias más intensas o irregulares podrían traducirse en menores rendimientos, mayor estrés para el cultivo y más incertidumbre económica para las familias cacaoteras.

“Eventos recientes como la ola fría que tuvo implicaciones globales, pero afectó el norte de Colombia, la cual provocó grandes inundaciones en las zonas bajas de la región Caribe y otras zonas andinas, muestran cómo el cambio y la variabilidad climática ya están generando impactos reales”, indicó Carlos Eduardo González, investigador de Agrosavia, uno de los líderes del estudio.

Sin embargo, el panorama no es homogéneo. Las estribaciones de la cordillera de los Andes, donde hoy se concentra la mayor parte de la producción nacional, mantendrían condiciones climáticas favorables.

Además, el estudio proyecta una expansión cercana al 3% de áreas aptas, principalmente hacia mayores altitudes, lo que sugiere un posible desplazamiento del cultivo como respuesta al cambio climático.

Estos resultados ofrecen insumos clave para la planificación territorial y la definición de estrategias diferenciadas según su clima, altitud y condiciones ambientales.

“Esto significa que el cacao en Colombia no desaparecerá, sino que probablemente experimentará un proceso gradual de redistribución geográfica”, destacó el investigador Carlos Eduardo González.

El cacao silvestre: una ventaja estratégica para la adaptación

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que el cacao silvestre podría mostrar una expansión donde encuentre condiciones favorables si las tendencias de temperatura y lluvias continúan como se proyecta hacia 2050.

“El cacao silvestre tiene una ventaja que el cacao cultivado no tiene: ha evolucionado durante miles de años bajo condiciones climáticas extremas. Las poblaciones que hoy crecen en zonas muy calientes, muy secas o lluviosas son precisamente las que nos interesan, porque ahí es donde podemos encontrar genes que permitan desarrollar variedades más resistentes a los cambios climáticos del futuro”, explicó el investigador Tobias Fremout, de la Alianza de Bioversity International y el CIAT, quien también participó en el estudio.

Este hallazgo refuerza la importancia de conservar los bosques nativos de tierras bajas donde habitan estas poblaciones, ya que representan una fuente valiosa de diversidad genética para el mejoramiento de materiales más tolerantes al estrés climático.

Base científica para políticas y adaptación

Estos resultados resaltan la importancia de anticiparse mediante estrategias de planificación territorial basadas en evidencia científica y medidas de adaptación concretas. El establecimiento de sistemas agroforestales —donde el cacao crece bajo la sombra de otros árboles— ayuda a moderar las temperaturas y conservar la humedad del suelo. En las zonas donde se esperan períodos de sequía más frecuentes, el riego complementario puede ser clave para estabilizar la producción. A estas medidas se suman la diversificación productiva y el uso de materiales genéticos más resilientes. En este contexto, contar con información climática confiable permitirá apoyar a los productores y orientar decisiones junto con instituciones como el Ministerio de Agricultura, la UPRA o Fedecacao, para reducir riesgos y asegurar la sostenibilidad del cacao colombiano en las próximas décadas.

Los resultados del estudio serán integrados en la plataforma www.cacaodiversity.org para guiar las mejores opciones de adaptación del cultivo de cacao al cambio climático a nivel de parcela. El estudio fue publicado en la revista científica Regional Environmental Change.

Ciencia para la mesa: el hongo que se “transforma” en carne

* Investigadores logran, mediante tecnología CRISPR, un hongo más fácil de digerir, con sabor a carne y que reduce drásticamente el uso de agua y tierra.

* La innovación permite producir proteína un 88% más rápido, posicionándose como una alternativa clave ante la crisis climática y alimentaria en la región.

Agricultura & Ganadería

(AgroBio – Lunes 16 de febrero de 2026).- ¿Es posible disfrutar del sabor y la textura de la carne pero más sostenible? La respuesta parece estar en el reino de los hongos. Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista Trends in Biotechnology de Cell Press, revela cómo científicos han logrado editar genéticamente el hongo Fusarium venenatum para convertirlo en una superproteína: más nutritiva, más sostenible, más fácil de digerir y, lo más importante, con el sabor indistinguible de la proteína animal.

​Este avance utiliza la edición genética ​con CRISPR para ajustar los genes propios del hongo sin añadir ADN ​d​e otra especie. El resultado es el FCPD, una variante editada que no solo imita la experiencia de comer carne, sino que soluciona los dos grandes problemas de las proteínas derivadas de hongos en la actualidad: la digestión difícil y el alto costo de producción.​

Más nutritivo y amable con el estómago

El hongo original posee paredes celulares tan gruesas que el cuerpo humano lucha por absorber sus nutrientes.​ Al apagar o desactivar dos genes específicos, los científicos de la Universidad de Jiangnan de Wuxi, Jiangsu, en China, lograron que el hongo sea más fácil de digerir al adelgazar sus paredes celulares. Esto permite que el consumidor aproveche mucho más la proteína de alta calidad que ofrece.

Más sostenible en su producción

En un contexto donde la agricultura animal es responsable del 14% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, esta innovación surge como un salvavidas ambiental:

* Velocidad récord: Se produce un 88% más rápido que las cepas convencionales.

* Menos recursos: Requiere un 44% menos de azúcar para crecer.

* Más verde: Logra un 61% menos de impacto ambiental asociado a su producción.

* Ahorro de tierra y agua: Comparado con la producción de pollo en China, este hongo utiliza un 70% menos de tierra y reduce el riesgo de contaminación del agua en un 78%.

​”Los alimentos editados genéticamente pueden satisfacer la creciente demanda de alimentos sin los costos ambientales de la agricultura convencional”, mencionó Xiao Liu, coautor del estudio.

Impacto en la Región Andina

Aunque el hongo editado no se comercializa aún, para países como Colombia, Perú y Ecuador, donde la seguridad alimentaria y la protección de ecosistemas estratégicos son prioridad, estas tecnologías de edición genética representan una oportunidad de oro.

“Producir una alternativa de proteína de alta calidad sin extender la frontera agrícola, podría ser clave para alimentar a una población creciente sin sacrificar nuestra biodiversidad”, mencionó la experta en cultivos genéticamente modificados María Andrea Uscátegui, directora ejecutiva de la Asociación de Biotecnología Vegetal Agrícola Agro-Bio.

Este hongo que sustituye la carne promete ser el próximo gran salto en la oferta de alternativas más sostenibles.

Motores que impulsan el agro: financiamiento para la movilidad productiva

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La movilidad: un pilar para el agro colombiano

En el sector agropecuario, la movilidad no es un lujo: es una necesidad estratégica. Sin un transporte adecuado, los productos no llegan a tiempo, los costos logísticos se disparan y las oportunidades comerciales se reducen. Por eso, hoy más que nunca, invertir en vehículos y soluciones de transporte es clave para garantizar eficiencia, reducir pérdidas y conectar a los productores con los mercados.

El desafío: ¿cómo financiar la movilidad sin descapitalizar el negocio?

Para muchas empresas del agro, comprar un camión, un furgón o un vehículo especializado implica un gasto fuerte, que puede desajustar el flujo de caja y limitar la inversión en otras áreas críticas.

Aquí es donde el leasing financiero se convierte en un aliado estratégico: una alternativa que permite acceder a activos productivos sin realizar un desembolso inicial elevado, con pagos planificados y beneficios adicionales.

¿Qué es el leasing y por qué es ideal para el agro?

El leasing financiero es un mecanismo mediante el cual una empresa utiliza un bien (por ejemplo, un vehículo de carga) a cambio de un pago periódico, con la opción de adquirirlo al final del contrato.

Para el agro, esto significa:

●       No descapitalizarse en una sola compra.

●       Planeación financiera a largo plazo, con cuotas ajustadas al flujo del negocio.

●       Beneficios tributarios, pues el canon del leasing es deducible como gasto.

●       Mejor control contable, ya que no se considera una compra directa, sino un arrendamiento con opción de compra.

¿Qué activos puede financiar con leasing en el agro?

El portafolio de Davivienda está diseñado para cubrir las necesidades reales del campo:

●       Camiones para transportar productos agrícolas a los centros de acopio o distribución.

●       Furgones refrigerados, ideales para productos perecederos que requieren cadena de frío.

●       Vehículos livianos para operaciones internas o entrega directa a clientes.

●       Transporte especializado para maquinaria, ganado u otros insumos estratégicos.

Ventajas del leasing para el agro colombiano

1. No compromete su capital de trabajo

El negocio puede seguir invirtiendo en insumos, tecnología o mano de obra, mientras paga el vehículo en cómodas cuotas.

2. Beneficios tributarios

Los pagos del leasing son deducibles como gasto, lo que reduce la base gravable del impuesto de renta.

3. Flexibilidad y planeación

Los plazos y montos se ajustan a las condiciones del cliente, permitiendo una administración financiera eficiente.

4. Renovación tecnológica

Permite cambiar de vehículo o flota al finalizar el contrato, evitando quedarse con activos obsoletos.

¿Por qué elegir Davivienda para su movilidad agro?

●       Experiencia en el sector agropecuario.

●       Red de aliados para agilizar la entrega de vehículos.

●       Soluciones digitales para la gestión del leasing.

●       Tasas competitivas y condiciones flexibles.

Cada kilómetro que recorre su negocio cuenta. Si quiere competir, reducir costos y crecer, necesita un plan de movilidad que se adapte a sus necesidades. El leasing no es un gasto, es una inversión estratégica que le permitirá acceder a vehículos productivos sin descapitalizar su empresa.

¿Quiere impulsar la movilidad de su negocio agropecuario?

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Las economías emergentes impulsarán el aumento del consumo y la producción de alimentos

* Un nuevo informe titulado: OCDE-FAO Perspectivas Agrícolas 2025 -2034: Las economías emergentes impulsarán el aumento del consumo y la producción de alimentos de origen animal, revela lo que podría suceder con la producción de alimentos en el mundo durante los próximos 10 años.

* La nueva edición examina las tendencias del mercado para el próximo decenio y presta especial atención a la mitigación de las emisiones y el fomento de la seguridad alimentaria para las personas más pobres del mundo

* Mujer de la comunidad indígena de Panchimalco en El Salvador, a quien la FAO apoyó para desarrollar la crianza de aves de doble propósito: huevos y carne, con el objetivo de mejorar la seguridad alimentaria y nutricional. Foto Cortesía: ©FAO/Andrea Galdámez.

Agricultura & Ganadería

(FAO – Miércoles 23 de julio de 2025).- Según las previsiones, la producción y el aporte calórico de los productos de origen animal se incrementarán a medida que aumenten los ingresos en los países de ingresos medianos; no obstante, será necesario seguir aumentando la producción de alimentos a través de mejoras en la productividad agrícola a fin de reducir la subalimentación y las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provocadas por la agricultura en todo el mundo, de acuerdo con el nuevo informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

El informe OECD-FAO Perspectivas Agrícolas 2025-2034 representa una importante referencia mundial de las perspectivas a medio plazo para los mercados agrícolas y pesqueros en los planos nacional, regional y mundial. En la 21.ª edición del análisis conjunto se estima que el aporte calórico mundial per cápita de productos agropecuarios y pesqueros aumentará un 6% durante el próximo decenio, en gran medida debido al rápido aumento en los países de ingresos medianos bajos, donde se prevé que el crecimiento alcance el 24%, casi cuatro veces más rápido que la media mundial.

Si bien este aumento del consumo de alimentos ricos en nutrientes en los países de ingresos medianos bajos elevará el aporte medio per cápita a 364 calorías diarias, las persistentes desigualdades dentro de los países y entre ellos seguirán siendo un reto. En los países de ingresos bajos, se prevé que el consumo medio diario per cápita de alimentos de origen animal será de 143 kcal, muy por debajo del valor de referencia de 300 calorías utilizado por la FAO para analizar el coste y la asequibilidad de una dieta saludable.

“Disponemos de los instrumentos para poner fin al hambre y mejorar la seguridad alimentaria mundial”, afirmó el Sr. Mathias Cormann, Secretario General de la OCDE. “Se precisan políticas bien coordinadas para mantener abiertos los mercados mundiales de alimentos, al tiempo que se fomentan mejoras a largo plazo en la productividad y la sostenibilidad del sector agrícola. La OCDE y la FAO pueden brindar apoyo en estas iniciativas a los responsables de las políticas de todo el mundo haciendo uso de nuestros datos, análisis y recomendaciones basadas en hechos comprobados”.

“Estas proyecciones apuntan a una mejor nutrición para muchas personas de los países en desarrollo, un resultado alentador que debe ampliarse para llegar a las personas de los países con los ingresos más bajos”, señaló el Sr. QU Dongyu, Director General de la FAO. “También se acoge favorablemente la reducción de la intensidad de carbono de los sistemas agroalimentarios, pero podemos mejorar, y la FAO y la OCDE están dispuestas a contribuir para reducirla aún más”.

Tendencias de la productividad

Según las previsiones, la producción mundial de productos básicos agrícolas y pesqueros se incrementará en aproximadamente un 14% de aquí a 2034, gracias sobre todo al aumento de la productividad en los países de ingresos medianos. No obstante, este crecimiento conlleva un aumento de los rebaños de ganado y de las zonas de cultivo. Si bien se prevé que la producción de carne, productos lácteos y huevos aumente un 17%, las existencias mundiales totales de ganado bovino, ovino, porcino y aves de corral crecerán apenas un 7%. Estos avances se traducirán en un aumento del 6% de las emisiones directas de GEI provocadas por la agricultura durante el próximo decenio, lo que refleja una disminución de la intensidad de carbono de las emisiones directas mundiales asociadas a la producción en las explotaciones agrícolas.

Se espera que las mejoras previstas de la productividad ejerzan una presión a la baja sobre los precios reales de los productos básicos agrícolas. Esto podría plantear importantes dificultades para los pequeños agricultores, que son vulnerables a la volatilidad del mercado y tienen una capacidad limitada para adoptar las tecnologías innovadoras necesarias para aumentar la productividad. Además de apoyar las iniciativas con miras a impulsar el crecimiento de la productividad, los gobiernos también deben velar por que los agricultores tengan un mejor acceso a los mercados y a programas de apoyo adaptados a los contextos locales.

Según las Perspectivas, es necesario intensificar los esfuerzos para mejorar la productividad agrícola a fin de hacer frente al doble desafío de reducir la subalimentación y las emisiones de GEI provocadas por la agricultura. Un análisis de hipótesis sugiere que la subalimentación mundial podría erradicarse y las emisiones directas de GEI provocadas por la agricultura podrían reducirse un 7% respecto de los niveles actuales si se realizan inversiones combinadas en tecnologías de reducción de emisiones y en el aumento de la producción de alimentos mediante una mejora de la productividad del 15%. A fin de lograr estos objetivos, será preciso adoptar de forma generalizada las tecnologías de reducción de emisiones disponibles en la actualidad, entre las que se incluyen la agricultura de precisión, la mejora de los piensos para el ganado, una gestión mejorada de los nutrientes y los recursos hídricos, y prácticas ampliables de bajo coste tales como la rotación de cultivos y el cultivo intercalado.

Frente a las posibles perturbaciones en la cadena de suministro, también son fundamentales la cooperación multilateral y un sistema de comercio agropecuario basado en normas, debido a que, según las Perspectivas, el 22% de todas las calorías cruzarán fronteras internacionales antes de su consumo final. Facilitar los flujos de comercio agrícola favorecerá el equilibrio entre los déficits y los excedentes alimentarios, la estabilización de los precios y la mejora de la seguridad alimentaria y la sostenibilidad.

Principales conclusiones

Según las previsiones, la producción mundial de cereales crecerá a un ritmo medio anual del 1,1%, impulsada en gran medida por un aumento anual del rendimiento del 0,9%. Se prevé que la superficie cosechada aumente solo un 0,14% al año, menos de la mitad del 0,33% del decenio anterior.

Para 2034, el 40% de todos los cereales serán consumidos directamente por los seres humanos, mientras que el 33% se destinarán a la alimentación animal. Se prevé que la producción de biocombustible y otros usos industriales representen el resto.

Se estima que la demanda mundial de biocombustible crecerá a un ritmo medio anual del 0,9%, impulsada principalmente por los aumentos en el Brasil, la India e Indonesia.

El África subsahariana ilustra las importantes oportunidades para poner en marcha un conjunto sólido de iniciativas destinadas a mejorar la productividad: el ganado vacuno de carne de la región es tres veces mayor que el de América del Norte y se prevé que crezca un 15%, mientras que la producción por animal es apenas una décima parte.

Según las previsiones, los países de la India y Asia sudoriental representarán el 39% del aumento del consumo mundial de aquí a 2034, en comparación con el 32% del último decenio, mientras que la participación de China representará un 13%, porcentaje inferior al 32% del último decenio.

En los países de ingresos altos, se prevé que el consumo per cápita de grasas y edulcorantes disminuirá debido a la modificación de preferencias, los cambios de las políticas y los nuevos problemas de salud.