Colombia ante el espejo mundial de la carne

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 30 de octubre de 2026).- Colombia tiene una oportunidad que no debería dejar pasar. Lo confirmé durante nuestra participación en SIAL París, una de las principales vitrinas alimentarias, y en las reuniones de la Secretaría Internacional de la Carne, en Bruselas, donde Fedegán tiene asiento con los grandes jugadores del mercado internacional. Allí, productores, industriales y analistas examinaron las transformaciones del mercado mundial. Sus conclusiones deberían servirnos de espejo: mientras otros países organizan su ganadería para competir, nosotros seguimos discutiendo cómo aprovechar nuestro potencial.

Estados Unidos ofrece la señal más contundente. Entre enero y agosto de 2026 sus importaciones de carne bovina crecieron 14,4% frente al mismo período de 2025. Para el cierre del año se proyectan cerca de 2,9 millones de toneladas importadas. Su oferta interna atraviesa restricciones y necesita abastecimiento externo. Australia, Brasil, Nueva Zelanda, Uruguay y Argentina disputan ese mercado. Colombia, pese a su cercanía geográfica y al tratado comercial vigente, todavía tiene pendiente la admisibilidad sanitaria.

Recientemente, el presidente Trump solicitó 300 mil toneladas adicionales para noviembre. Activamos gestiones para incorporar nuestra solicitud de admisibilidad a las conversaciones arancelarias bilaterales.

Europa muestra otra cara del fenómeno. Su inventario bovino disminuye, presionado por costos, regulaciones y problemas de relevo generacional. Pero acceder al mercado europeo exige trazabilidad, garantías sanitarias, cumplimiento ambiental y estándares verificables. Las restricciones a productos brasileños recuerdan que un mercado puede cerrarse cuando falla la confianza en los controles. Nuestra ganadería sostenible puede diferenciarse, siempre que no confundamos discursos con certificaciones efectivas.

China sigue siendo un comprador decisivo, aunque depender excesivamente de sus decisiones comerciales representa un riesgo. Sus importaciones cubren cerca de una tercera parte del consumo bovino y la demanda cambia con los ingresos y hábitos de sus hogares. Otros mercados asiáticos y de Oriente Medio ofrecen posibilidades que debemos estudiar producto por producto, sin suponer que todos compran los mismos cortes ni pagan iguales precios.

¿Qué nos enseña ese panorama? Primero, que exportar no puede ser una actividad ocasional para colocar excedentes. Es un negocio construido desde la finca, con información, continuidad y contratos. Segundo, que la productividad no depende solamente del tamaño del hato: importan los kilogramos de carne por hectárea, su costo, calidad y tiempo de producción. Tercero, que vender ganado en pie, aunque genera ingresos, no sustituye una industria frigorífica capaz de agregar valor, aprovechar la canal y generar empleo nacional; industria afectada por el incremento del sacrificio informal y clandestino.

Colombia dispone de pasturas, genética y experiencia creciente en sistemas silvopastoriles. Tiene ganaderos que invierten en sanidad y mejoramiento productivo. Sin embargo, esas fortalezas conviven con una debilidad: la fragmentación entre la finca, la información sanitaria, la movilización, el sacrificio, la industria y el comprador internacional.

La respuesta exige una agenda de Estado. ICA, INVIMA, Gobierno, frigoríficos y productores debemos comprometernos con metas comprobables, con plazos definidos, responsabilidades claras y mecanismos públicos de seguimiento: abrir mercados, consolidar trazabilidad individual, asegurar estándares sanitarios, elevar productividad y construir oferta exportable constante. Fedegán está dispuesto a impulsar esa articulación, como lo ha hecho con la vacunación y la ganadería sostenible.

No se trata de escoger entre abastecer a los colombianos y exportar. Una cadena eficiente puede atender ambos mercados, remunerar mejor al productor y ofrecer al consumidor productos de calidad a precios competitivos y sostenibles.

El mundo no nos está esperando. Los competidores avanzan, los compradores imponen condiciones y las ventanas comerciales pueden cerrarse. La verdadera pregunta no es si Colombia tiene potencial ganadero. Lo tiene. La pregunta es si seremos capaces de convertirlo, con decisiones y resultados, en una presencia estable y competitiva en los mercados internacionales.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

Preocupación cafetera

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: German Bahamón Jaramillo * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(GBJ – Viernes 30 de octubre de 2026).- Colombia necesita recuperar la estabilidad de sus finanzas públicas. Es una responsabilidad que debemos asumir como país, con decisiones que permitan corregir el rumbo fiscal y fortalecer nuestra economía.

Sin embargo, nos preocupa profundamente la propuesta de incrementar del 5% al 19% el IVA al café.

El café colombiano ha enfrentado incrementos importantes en su precio al consumidor y, aun así, ha logrado mantener niveles significativos de consumo. Pero esa capacidad de resistencia tiene límites.

Un incremento de esta magnitud podría contraer la demanda, afectar a la industria nacional y debilitar los esfuerzos que venimos realizando para promover el consumo de café 100% colombiano.

Además, podría incentivar la sustitución hacia cafés importados de menor precio, en detrimento del valor agregado que generamos en nuestro país.

Detrás de cada taza de café colombiano hay cientos de miles de familias productoras, una industria que genera empleo y una cadena de valor que aporta al desarrollo económico nacional.

Compartimos la necesidad de recomponer las maltrechas finanzas públicas heredadas, pero gravar aún más el café no es un camino. Aportamos más al país, creciendo el consumo.

Con respeto institucional y desde nuestra orilla técnica, hacemos un llamado al Gobierno y al Congreso para reconsiderar esta propuesta.

Proteger el consumo de café colombiano también es proteger nuestra economía.

* German Bahamón Jaramillo, Gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC). @GermanBahamon @FedeCafeteros

El Cercado: Del agua represada a una nueva economía para La Guajira

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

* Tercera entrega de tres: Financiación, ingeniería colombiana y desarrollo productivo.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Viernes 30 de octubre de 2026).- La Guajira tiene una oportunidad histórica de transformar su economía y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes representada en una infraestructura existente: el embalse El Cercado, del río Ranchería, con almacenamiento cercano a 198 millones de metros cúbicos.

No es simplemente una represa para regar cultivos. Es un proyecto multipropósito concebido para abastecer acueductos, desarrollar distritos de riego y generar energía eléctrica. Una inversión estratégica cuyo potencial sigue pendiente de materializarse plenamente.

En nuestra primera entrega examinamos las experiencias de Israel y los Países Bajos en el manejo del agua. En la segunda abordamos Caregato y la necesidad de proteger La Mojana. Hoy cerramos esta reflexión con una propuesta:

El Cercado motor de desarrollo económico, bienestar social y transformación productiva del Caribe colombiano.

Una decisión que merece concretarse

El Cercado tiene una larga historia de inversiones y promesas incumplidas.

Desde esta tribuna hemos insistido reiteradamente en completar su infraestructura y ponerla al servicio de los guajiros.

Por eso merece destacarse el compromiso del presidente De la Espriella, quien el pasado 17 de septiembre, en San Juan del Cesar, instruyó al ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, para estructurar con cooperación internacional un mecanismo financiero que permita poner en operación el proyecto.

La posterior misión de Dangond a Israel, con compromisos de capacitación, agricultura protegida y tecnologías de reutilización del agua, constituye un avance. Ahora corresponde traducir esas gestiones en financiación, obras y resultados.

También debemos reconocer la reciente habilitación de la conexión de El Cercado con la planta de tratamiento de Corral de Piedra, que abre una alternativa de abastecimiento para más de 45.000 habitantes de San Juan del Cesar y sus corregimientos.

El gran pendiente continúa siendo completar los distritos de riego Ranchería y San Juan del Cesar, en el marco de las obligaciones señaladas por el Consejo de Estado en 2023.

Quince mil hectáreas pueden transformar una región

El proyecto contempla 18.536 hectáreas de riego. Seamos prudentes: propongámonos poner efectivamente en producción 15.000 hectáreas con riego permanente, tecnificado y ambientalmente responsable.

Imaginemos esas tierras produciendo maíz, sorgo, frutas tropicales, hortalizas y forrajes para una ganadería más productiva, generando empleo y fortaleciendo la seguridad alimentaria.

Desde el barro y la boñiga sabemos que el agua no produce riqueza por sí sola. Necesita empresarios del campo, crédito, asistencia técnica, vías, energía y mercados.

La Guajira tiene una ventaja extraordinaria: Península dentro del mar Caribe, con puertos y aeropuertos internacionales a menos de 100 kilómetros desde el área del Cercado. Podemos desarrollar una oferta de carne, frutas y productos agroindustriales para abastecer mercados nacionales y las islas del Caribe, cumpliendo las exigencias sanitarias y comerciales.

Agua para producir, pero primero para vivir

El carácter multipropósito de El Cercado contempla principalmente abastecimiento humano y una pequeña central hidroeléctrica proyectada entre 7 y 10 megavatios.

Su aprovechamiento podría mejorar la seguridad hídrica regional, particularmente para las comunidades wayuu de la Media y Alta Guajira, siempre que se desarrollen las conexiones, plantas de tratamiento y redes necesarias, con participación de las comunidades.

El consumo humano debe tener prioridad, respetando las necesidades ambientales de la cuenca. También podrían explorarse actividades de turismo de naturaleza y pesca deportiva ambientalmente reguladas.

Ingeniería colombiana, tecnología internacional

La financiación debe convertirse en una convocatoria a nuestras capacidades nacionales.

Colombia cuenta con empresas públicas, mixtas y privadas capaces de aportar ingeniería hidráulica, construcción, materiales, tecnología y experiencia operativa.

EPM, Acueducto de Bogotá, EMCALI, Acueducto Metropolitano de Bucaramanga y Triple A de Barranquilla, junto con Cementos Argos, Acerías Paz del Río y fabricantes nacionales de tuberías, podrían ser convocados a evaluar su participación, conforme a sus competencias y capacidades.

La tecnología israelí debe complementar nuestra ingeniería, no reemplazarla. No necesitamos inventar lo inventado: necesitamos aprovechar el conocimiento disponible y ponerlo a producir con talento y capital colombiano.

El Gobierno nacional y la ADR deben liderar una estructuración financiera transparente, explorando concesiones APP alianzas público-privadas, crédito de largo plazo, cooperación internacional e inversión nacional, con participación de FINAGRO y el Banco Agrario en la financiación productiva.

Queremos generar empleo colombiano, fortalecer nuestras empresas y favorecer la reinversión de utilidades en el país.

Administrar el agua para garantizar el futuro

El éxito dependerá también de una cultura de pago y uso responsable del recurso.

La tasa por utilización de aguas, TUA, recaudada por Corpoguajira dentro de sus competencias, puede fortalecer la financiación ambiental para proteger la cuenca. La operación de los distritos y los sistemas de agua potable requieren recursos adicionales.

Las asociaciones de usuarios deben participar en una administración eficiente, con medición del consumo, tarifas sostenibles, mantenimiento y reglas claras para distribuir el agua.

Economía más allá del carbón

La Guajira tiene turismo, minería y un enorme potencial agropecuario. El Cercado puede contribuir a diversificar su economía y reducir gradualmente la dependencia del carbón.

Sus beneficios podrían extenderse al Cesar, Magdalena, Atlántico y los mercados del Caribe mediante la producción, transporte, transformación y comercialización.

No necesitamos aventurar cifras sobre su impacto en el PIB. Necesitamos estudios, financiación, cronogramas, responsables y ejecución.

Colombia no necesita solamente construir infraestructura; necesita convertirla en riqueza productiva, seguridad alimentaria, empleo y bienestar.

Esa es la verdadera obra que todavía nos falta terminar en el río Ranchería

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

Una oportunidad de cambio

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Sábado 24 de octubre de 2026).- ¿Para qué sirve la asistencia técnica si no logra transformar una finca en una explotación más productiva y rentable? La pregunta merece respuesta ahora que el Gobierno formula su Plan Nacional de Desarrollo (PND)2026-2030. Es la oportunidad de cambiar la manera como se utilizan los instrumentos de política agropecuaria. Seguir haciendo lo mismo solo prolongará los mediocres resultados del desarrollo rural.

Colombia cuenta con más de 584.000 pequeños ganaderos, con inventario promedio de 21 animales promedio en sus predios. Tienen tierra, experiencia y vocación, pero carecen del capital y de acompañamiento para aprovechar mejor sus recursos.

Lo mismo sucede en la agricultura. Millones de familias rurales trabajan parcelas de reducida escala, con bajos niveles de tecnificación, dificultades de crédito y débil conexión con mercados. No basta entregar insumos o financiar la cosecha, necesitan asistencia técnica para decidir qué producir, cómo hacerlo con mayor eficiencia, reducir riesgos y vender mejor.

El Informe Nacional de Competitividad 2025-2026 recuerda que apenas el 16,5% de las unidades productivas recibe asistencia técnica (AT) e ilustra la brecha estructural: sin conocimiento, tecnología y financiación, la tierra difícilmente se convierte en progreso y bienestar, tanto en ganadería como en agricultura.

Existe, además, una dimensión financiera que no podemos ignorar. Según los estados financieros del Fondo Agropecuario de Garantías, FAG, en 2025 se pagaron $646.165 millones por siniestros. Sería equivocado atribuir todos esos pagos a créditos mal estructurados: intervienen el clima, los mercados y otros riesgos. Pero sería igualmente equivocado no preguntarse: ¿cuánto podría prevenirse mediante AT y seguimiento efectivo?

El impacto también es fiscal. Una garantía pública no puede convertirse en excusa para prestar sin acompañar al productor. Si el Estado financia conocimiento junto con capital y vigila su utilización, gana el productor y se protege el patrimonio colectivo.

Nuestra propuesta es concreta. Cada intervención de AT debería identificar las oportunidades de mejoramiento de la finca y, cuando exista viabilidad, traducirse en un proyecto productivo con crédito apropiado. El desembolso debe comenzar con el control de inversiones y el acompañamiento técnico para que el proyecto produzca y el productor pueda pagar y mejorar su vida.

El PND debe tener una línea de base y metas verificables. En la ganadería puede medirse la natalidad, mortalidad, producción de leche, ganancia de peso, carga animal, costos, ingresos y la capacidad de pago. En agricultura el rendimiento por hectárea, costos de producción, calidad, pérdidas poscosecha, comercialización, ingresos y capacidad de pago.

FEDEGÁN no improvisa. ASISTEGÁN desarrolla experiencia de acompañamiento y trabaja con Banco Agrario en articulación de asistencia técnica, proyectos y financiación. Desde 2020 he insistido a Finagro incorporar acompañamiento a los créditos. En septiembre presenté la propuesta al ministro de Agricultura y en octubre la reiteré al presidente de la Agencia de Desarrollo Rural.

La ADR junto con MADR, Finagro, BanAgrario y gremios, puede impulsar pilotos regionales.

En el PND 2026-30 en construcción deberían incluirse estas ideas. Coordinar instrumentos y evaluar su eficacia. Una política de esa naturaleza permitiría producir más con la misma tierra, mejorar ingresos familiares y reducir riesgos para los fondos públicos y los bancos.

El desafío es construir una clase media rural. Cuando el 82% de los productores son pequeños, la política agropecuaria debe pensar en él como empresario que necesita crédito; un proyecto productivo; asistencia técnica; mercados; infraestructura, conectividad y reglas que le permitan planear. Una finca que produce genera empleo, demanda bienes y servicios y fortalece el comercio, ofrece una alternativa distinta a abandonar el campo.

La transformación rural no consiste en administrar la pobreza, sino en crear las condiciones para generar riqueza, prosperidad y desarrollo.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

Caregato: Cerrar el boquete no basta, hay que proteger La Mojana

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

* Segunda entrega de tres: Cooperación internacional, pérdidas productivas y soluciones estructurales.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Sábado 24 de octubre de 2026).- En La Mojana, las inundaciones dejan una factura que pagan el agricultor que pierde su cosecha, el ganadero que ve amenazado su hato, el pescador que pierde su sustento, el comerciante que deja de vender y las familias que deben abandonar sus viviendas.

El problema de Caregato, en el río Cauca, no puede reducirse a cerrar un boquete y esperar que la próxima creciente no vuelva a poner en riesgo a la región.

Cerrar la emergencia es indispensable; resolver el problema de fondo es una obligación del Estado.

En la 1° entrega planteé: Colombia debe aprender de Israel a aprovechar el agua y de los Países Bajos a convivir con ella. Ahora debemos llevar esa reflexión al terreno: ¿cómo aprovechar ese conocimiento para proteger La Mojana y recuperar su capacidad productiva?

Las pérdidas: mucho más que hectáreas inundadas

Las cifras disponibles permiten dimensionar el problema, aunque todavía no contamos con una valoración económica consolidada y verificable de todas las pérdidas acumuladas durante 2024 y 2025.

En mayo de 2024, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres reportó afectaciones en 7.928 hectáreas de cultivos de arroz, maíz, yuca y plátano, además de más de 8.664 bovinos y búfalos afectados en el balance de la emergencia. Por su parte, la Alcaldía de San Jacinto del Cauca estimó en 35.000 las hectáreas de cultivos perdidas tras el rompimiento de abril de ese año. Son reportes con cortes y alcances distintos; no deben sumarse como si fueran daños independientes.

En octubre de 2025, la Procuraduría alertó sobre cerca de 250.000 personas afectadas por las inundaciones en territorios de Sucre, Córdoba, Antioquia y Bolívar. La entidad también denunció la persistencia de familias en condiciones críticas y la falta de respuestas estructurales.

Detrás de esas cifras hay daños a la agricultura, la ganadería, la pesca, el comercio local, el transporte y la infraestructura educativa y vial. También se afectan la alimentación de los hogares, el empleo rural, la asistencia escolar y la capacidad de las familias para financiar una nueva siembra o recuperar sus animales.

No se trata de una emergencia exclusivamente ambiental. Es una crisis social y económica que compromete el patrimonio de los productores y la estabilidad de toda una región.

El país necesita una evaluación pública de las pérdidas de 2024 y 2025. Sin esa cuenta, resulta difícil medir el costo real de la inacción y comparar cuánto cuesta prevenir frente a cuánto cuesta atender cada desastre.

Países Bajos: cooperación que debe traducirse en soluciones

La experiencia neerlandesa ofrece una ruta concreta. Su programa Room for the River combinó obras de protección con ampliación de cauces y recuperación de espacios para que los ríos pudieran conducir las aguas altas con menor riesgo. La lección es que no siempre basta con levantar barreras: hay que entender la dinámica del río y planificar el territorio alrededor del agua.

Colombia no tiene que limitarse a estudiar esa experiencia desde lejos. El instituto neerlandés Deltares ya ha participado en discusiones técnicas sobre la problemática de La Mojana. Además, Colombia y los Países Bajos cuentan con antecedentes de cooperación bilateral en gestión integrada de los recursos hídricos y adaptación al cambio climático.

¿Por qué no dar el siguiente paso y promover una misión técnica de cooperación para La Mojana? Especialistas neerlandeses, ingenieros colombianos, autoridades ambientales y comunidades podrían contrastar estudios, evaluar alternativas y contribuir a una hoja de ruta con prioridades, costos, responsables y plazos.

No se trata de importar soluciones prefabricadas ni de sustituir a nuestros técnicos. Se trata de sumar conocimiento internacional a la experiencia local para tomar mejores decisiones.

Caregato: una solución que mire todo el sistema

Las obras de emergencia son necesarias, pero no equivalen automáticamente a una solución definitiva. El Fondo Adaptación ha señalado la necesidad de estudiar las condiciones hidráulicas, geomorfológicas, ambientales y operativas del sistema para formular intervenciones de mayor alcance.

La respuesta debe considerar la relación entre el río Cauca, las ciénagas, los caños y la planicie de inundación. Según los estudios, habrá que determinar dónde reforzar protecciones, cómo recuperar la funcionalidad hidráulica y qué medidas pueden reducir la exposición de las comunidades.

Cada obra debe tener sustento técnico, presupuesto, mantenimiento y seguimiento. También debe existir coordinación efectiva entre las entidades nacionales, los departamentos, los municipios y las autoridades ambientales. La improvisación y las intervenciones aisladas no pueden seguir siendo la respuesta recurrente.

Proteger el territorio es proteger la producción

La Mojana es un territorio de agricultura, ganadería, pesca, comercio y familias que dependen del equilibrio entre el agua y la tierra.

La gestión del riesgo debe conectarse con la recuperación productiva: vías transitables, alertas tempranas, asistencia técnica, acceso al crédito y mecanismos para recuperar cultivos y actividades económicas después de las emergencias.

Desde el barro y la boñiga sabemos que una finca inundada no se recupera con un comunicado. Se recupera cuando el suelo vuelve a producir, los animales tienen alimento, las vías permiten sacar la cosecha y el productor encuentra quién se la compre.

La tercera entrega de esta serie abordará cómo convertir el agua en una oportunidad para La Guajira y el Cesar: El Cercado, los distritos de riego, la Alta Guajira y las inversiones necesarias para transformar infraestructura en productividad.

Cerrar un boquete puede contener una emergencia. Proteger La Mojana exige ciencia, cooperación internacional, inversión bien ejecutada y decisiones que se cumplan. Cada invierno sin una solución estructural tiene un costo humano y productivo que Colombia no debería seguir aceptando.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

Misión Crecer: la oportunidad está en el campo

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Lunes 19 de octubre de 2026).- La encrucijada fiscal de Colombia no se resolverá solamente con más impuestos o recortes del gasto. Sin crecimiento no habrá recaudo suficiente, empleo ni bienestar. Por eso celebro Misión Crecer, la iniciativa del vicepresidente José Manuel Restrepo que propone llevar la economía a una senda de crecimiento del 6%, mediante inversión privada, productividad y coordinación institucional.

Comparto esa visión, pero agregaría una reflexión que he sostenido durante años: Colombia ha construido buena parte de su desarrollo de espaldas a sus ventajas comparativas como país tropical, con dos océanos y enormes posibilidades agropecuarias.

El modelo de sustitución de importaciones, promovido por la CEPAL, orientó los incentivos hacia la industrialización urbana, mientras el campo quedaba rezagado en capitalización, infraestructura y tecnología. Pretendimos industrializarnos sin aprovechar suficientemente nuestra capacidad de producir alimentos para el mundo.

Las cifras históricas son reveladoras. En 2005, de cada cien pesos de formación bruta de capital fijo, la industria recibía 33,6 y el agro apenas dos. Sin embargo, en 2006 sus participaciones en el PIB eran del 15,3% y 12,6%, respectivamente. Esa desproporción exige revisar una política de inversión que no ha correspondido a nuestro potencial rural. En 2024 el agro creció 6,1%. ¿Cuánto más podría aportar con una capitalización decidida?

La formación bruta de capital fijo no es una abstracción estadística. En el campo se traduce en infraestructura productiva, sistemas de riego, equipos, instalaciones, mejoramiento de praderas y capacidad para incorporar tecnología. Son inversiones cuyos frutos no aparecen, pero elevan la capacidad de producir. Por eso el crédito de corto plazo, pensado para financiar operaciones corrientes, difícilmente puede reemplazar la financiación de proyectos que maduran. Necesitamos instrumentos que acompañen los ciclos de la actividad rural y permitan a pequeños y medianos productores acceder a capital. El desafío no consiste en enfrentar agricultura e industria, sino en corregir una asignación de recursos que ha limitado el potencial de encadenamientos entre ambas. Cuando el campo se capitaliza, crecen el transporte, la transformación de alimentos, el comercio y los servicios.

La ganadería ilustra esa oportunidad. La OCDE y la FAO proyectan que el consumo mundial de carne bovina aumentará cerca del 13% hacia 2034. Colombia, con un hato cercano a 30 millones de bovinos, tiene condiciones para responder a esa demanda creciente.

He sostenido que podemos duplicar el inventario hasta 60 millones de animales y, simultáneamente, reducir de 34 a 20 millones las hectáreas dedicadas a ganadería. Es decir, elevar la carga promedio de 0,88 a tres bovinos por hectárea y liberar 14 millones de hectáreas para usos compatibles con su vocación productiva y ambiental.

Esa transformación exige capital, mejoramiento genético, nutrición, pasturas, sanidad y sistemas silvopastoriles. Exige también crédito de largo plazo que mejore la FBCF, infraestructura, industrialización y acceso real a los mercados.

Ahí encuentro uno de los mayores aciertos de Misión Crecer: reconocer que el crecimiento económico requiere una acción coordinada de las instituciones públicas, capaz de generar condiciones favorables para la inversión y el desarrollo productivo. Desde Fedegán queremos contribuir a ese propósito con una propuesta técnica que aporte los elementos necesarios para incorporar esta deseable transformación de la ganadería colombiana a los objetivos de Misión Crecer.

Y hay una razón adicional: muchos territorios ganaderos soportan todavía la violencia de los grupos armados. La seguridad exige presencia de la Fuerza Pública, pero su consolidación necesita oportunidades productivas y bienestar.

Siempre he sostenido que la paz de Colombia pasa por el desarrollo del campo. Misión Crecer tiene allí una oportunidad que el país no debería desperdiciar y los ganaderos la haremos propia.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

El agua como motor de desarrollo: lecciones de Israel y los Países Bajos para Colombia

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

* Primera entrega de tres: Tecnología, gestión e inversión para convertir el agua en productividad.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Lunes 19 de octubre de 2026).- Hay países que entendieron que las limitaciones de su territorio no eran una condena, sino un desafío. Israel aprendió a producir con poca agua; los Países Bajos, a convivir con ella, proteger sus territorios y reducir el riesgo de inundaciones. Ambos convirtieron dificultades en oportunidades de desarrollo.

Colombia, en cambio, tiene una enorme riqueza hídrica, pero todavía no consigue transformarla suficientemente en productividad agropecuaria, seguridad alimentaria y bienestar rural. El problema no es solamente cuánta agua tenemos, sino dónde está, cómo la almacenamos, cómo la distribuimos y cuánto cuesta llevarla hasta donde puede generar riqueza.

La visita del ministro de Agricultura, Indalecio Dangond, a Israel abre una oportunidad para discutir qué podemos aprender de esas experiencias y cómo adaptarlas a nuestra realidad. La Guajira y el Cesar deben ocupar un lugar central en esa conversación, sin olvidar otras regiones que padecen inundaciones, sequías y pérdidas recurrentes.

Desde el barro y la boñiga sabemos que la tierra, por sí sola, no produce prosperidad. Necesita agua, infraestructura, tecnología, financiación, asistencia técnica y mercados. Si falla alguno de esos eslabones, la inversión pierde fuerza y el productor termina asumiendo los costos.

Israel: aprovechar cada gota

Israel demuestra que la escasez de agua puede enfrentarse con planificación, innovación y disciplina. Según información oficial de ese país, alrededor del 90 % de sus aguas residuales domésticas se reutilizó en 2022, principalmente para la agricultura y otros usos autorizados. El tratamiento, la reutilización y el riego eficiente permiten aprovechar un recurso que, en otros lugares, se pierde o termina convertido en un problema ambiental.

No se trata de importar tecnologías sin evaluar sus costos. Se trata de identificar qué soluciones podemos adaptar: riego por goteo, sensores de humedad, medición del consumo, tratamiento y reutilización de aguas, y sistemas de distribución que reduzcan pérdidas.

Para el Cesar, esto significa estudiar cómo asegurar agua para cultivos y pasturas, mejorar la productividad por hectárea y producir y almacenar alimento para el ganado durante los meses críticos. En La Guajira, supone examinar alternativas para producir más con menos agua, sin comprometer el abastecimiento humano.

Países Bajos: aprender a convivir con el agua

La experiencia neerlandesa enseña otra lección. Su programa Room for the River no se limitó a levantar barreras contra las crecientes: combinó obras de protección con la ampliación de cauces y la recuperación de espacios para que los ríos pudieran conducir las aguas altas con menor riesgo.

La enseñanza es sencilla: no siempre basta con construir diques más altos o cerrar una emergencia. También hay que entender el comportamiento de los ríos, planificar el territorio, mantener las obras y reducir la exposición de las comunidades.

Caregato, en La Mojana, ilustra el costo humano y productivo de no contar con una solución duradera. Las inundaciones golpean viviendas, cultivos, ganadería y medios de vida. Cerrar el boquete es indispensable, pero la respuesta debe ir más allá: considerar la dinámica del río Cauca, las condiciones hidráulicas y ambientales, la protección de las poblaciones y el mantenimiento posterior.

No podemos copiar mecánicamente el modelo neerlandés. Sí podemos estudiar sus principios y adaptarlos a nuestra geografía, con ingeniería, conocimiento local y decisiones que miren más allá de la próxima temporada de lluvias.

El Cercado: una obra debe convertirse en productividad

En La Guajira tenemos otro desafío. El embalse El Cercado, sobre el río Ranchería, es una infraestructura construida, pero todavía está pendiente materializar plenamente su potencial productivo mediante los distritos de riego Ranchería y San Juan del Cesar.

La Agencia de Desarrollo Rural ha señalado la necesidad de avanzar en asuntos técnicos y jurídicos relacionados con el caudal ambiental y la futura operación de los distritos. Es una discusión que exige decisiones, coordinación institucional y reglas claras.

Almacenar agua es apenas una parte de la tarea. Hay que definir cómo se distribuye, quién la administra, cuánto cuesta llevarla a los predios y cómo garantizar que llegue a los productores, respetando el consumo humano y las necesidades ambientales.

En la Alta Guajira también debe evaluarse la desalinización, especialmente para atender necesidades de agua potable. Pero cualquier proyecto debe calcular con rigor los costos de energía, operación y mantenimiento, así como el manejo de la salmuera. No es lo mismo garantizar agua para una comunidad que abastecer grandes extensiones de riego.

De la obra pública al negocio productivo

Estas transformaciones requieren recursos y modelos de gestión que no dependan exclusivamente del presupuesto público. Según las características de cada proyecto, pueden estudiarse alianzas público-privadas, concesiones legalmente viables, cooperación internacional y acuerdos entre productores e inversionistas.

Antes de anunciar inversiones hay que responder preguntas concretas: ¿qué vamos a producir?, ¿con cuánta agua?, ¿a qué costo?, ¿quién comprará la producción? y ¿cómo se recuperará la inversión?

Propongo avanzar en tres frentes: cooperación tecnológica con Israel y los Países Bajos; soluciones integrales y duraderas para Caregato y La Mojana; y decisiones que permitan convertir El Cercado en una fuente efectiva de desarrollo agropecuario para La Guajira y el Cesar.

El Caribe colombiano necesita diversificar su economía y generar nuevas oportunidades productivas. Para lograrlo, no basta con inaugurar infraestructura ni presentar estudios. Necesitamos proyectos que funcionen, agua que llegue a los predios, cultivos que produzcan, ganado bien alimentado y productores capaces de competir.

Esta es la primera entrega de una reflexión que continuará con los desafíos de la gestión del agua y las soluciones que Colombia necesita. El propósito no es admirar modelos extranjeros, sino identificar qué podemos aplicar para resolver nuestros propios problemas.

El agua no debe quedarse en los embalses, los canales o los informes. Debe convertirse en alimentos, empleo, ingresos y desarrollo rural. Esa es la verdadera medida de una inversión.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

Consejo Nacional del Arroz: ¡Por fin citaron…!!

NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Carlos Alberto Estefan Upegui * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(CAEU – Domingo 18 de octubre de 2026).-  Luego de los Núcleos Arroceros haber solicitado la convocatoria del Consejo Nacional del Arroz, el ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, Indalecio

Dangond Baquero, procedió a convocarlo para el próximo lunes 19 de octubre, a partir de las 7:30 en su despacho, y en el cual se espera esté garantizada una participación efectiva y equilibrada de los diferentes eslabones que conforman esa cadena alimenticia, incluidos lógicamente los representantes de dichos Núcleos como de los distritos de riego, pues es a través  suyo que se asegura la representación de las principales zonas productoras del país, conforme a la segmentación territorial adoptada por el DANE.

En el marco de la estrategia del Gobierno Nacional y teniendo en cuenta, que la Cartera agrícola ha reiterado su disposición a mantener un diálogo permanente y constructivo con el sector arrocero esta determinación se estaba haciendo esperar, ya que es el Consejo Nacional del Arroz la instancia llamada a asesorar al Ministerio tal como lo establece la Resolución 00028 de 2002.

Así las cosas, la citación dice:

MINISTERIO DE AGRICULTURA Y DESARROLLO RURAL

Señores

MIEMBROS DEL CONSEJO NACIONAL DE LA CADENA DEL ARROZ

Ministerios, entidades públicas, gremios y representantes de los núcleos arroceros regionales.

Asunto: Invitación a sesión del Consejo Nacional de la Cadena del Arroz

Respetados miembros del Consejo:

Por instrucciones del señor ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, doctor Indalecio Dangond Baquero, me permito convocarlos a la sesión del Consejo Nacional de la Cadena del Arroz, que se realizará el próximo lunes 19 de octubre, a partir de las 7:30 a. m., en las instalaciones del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, con él

propósito de fortalecer la coordinación entre el Gobierno nacional, los productores, la industria molinera y los demás actores de la cadena, frente a los principales desafíos de la producción y el abastecimiento de arroz en el país.

Este espacio de diálogo y concertación reviste especial importancia para avanzar hacia una planificación articulada de la actividad arrocera, sustentada en información actualizada sobre la oferta y la demanda nacional, las proyecciones de producción, la programación de las siembras, la capacidad de compra y almacenamiento de la

Industria, y la disponibilidad de semilla certificada. Asimismo, abordaremos las acciones de coordinación institucional para fortalecer el control al contrabando y la Protección de la producción nacional.

La reunión tendrá como propósito central concertar una Hoja de Ruta Nacional de Abastecimiento de Arroz, que permita identificar las principales brechas, definir acciones concretas, establecer responsabilidades institucionales y gremiales, y acordar un cronograma e indicadores de seguimiento para su implementación.

Para el Ministerio es fundamental contar con la participación activa de cada uno de los integrantes del Consejo, así como con sus análisis, propuestas y compromisos, de manera que las decisiones que se adopten respondan a las necesidades del sector y contribuyan a la sostenibilidad económica de los productores, la competitividad de la

cadena y la seguridad del abastecimiento nacional (…)»

* Carlos Alberto Estefan Upegui, Exgobernador del Tolima y exgerente de la Bolsa Nacional Agropecuaria, hoy Bolsa Mercantil de Colombia. @CarlosEstefan1

Ellas cuidan el campo; es hora de que el país cuide de ellas

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Alberto Esmeral Ramírez * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(AER – Miércoles 14 de octubre de 2026).- En el campo colombiano hay un trabajo que no aparece en ninguna cuenta. Empieza antes del amanecer: traer el agua, prender el fogón de leña, preparar la comida para los trabajadores, alimentar a los animales, regar la huerta, cuidar a los niños y a los mayores. Lo hacen, sobre todo, las mujeres rurales. Y casi nunca reciben a cambio un pago, ni siquiera un reconocimiento.

Y es que, a propósito del Día Internacional de las Mujeres Rurales, que se conmemora cada 15 de octubre, en la UPRA publicamos el documento ‘Mujer rural, agroecología y economía del cuidado’, elaborado por nuestro equipo técnico. Su propósito es reconocer la contribución de las mujeres rurales a la sostenibilidad socioecológica del país. Lo hicimos convencidos de algo sencillo: lo que no se mide no se ve, y lo que no se ve no llega a las políticas públicas.

Las cifras son contundentes. En la ruralidad, el 81,8% del trabajo doméstico no remunerado recae en las mujeres: cerca de nueve horas diarias, frente a tres horas de los hombres. En todo el país, la diferencia es de casi cinco horas cada día. En muchos hogares rurales se dice que las mujeres “ayudan”. No es ayuda: es trabajo. Trabajo que sostiene familias, comunidades y, en últimas, la producción de alimentos que llega a nuestras mesas.

Esa sobrecarga tiene un costo. El 67% de la población rural desalentada —la que ya dejó de buscar empleo— son mujeres, y el 23% de las jóvenes rurales que no estudian lo dejaron para encargarse de los oficios del hogar. Cocinar con leña, una realidad en buena parte del campo se asocia a 774.000 casos anuales de infecciones respiratorias agudas en niños menores de cinco años y en mujeres mayores de 30. En el campo, la desigualdad también se respira.

Pero quedarnos en la carga sería contar solo la mitad de la historia. Las mujeres rurales son también guardianas de la agrobiodiversidad. Según el Censo Nacional Agropecuario, en las unidades productoras con mujer jefe de hogar hay más diversidad que en el promedio: el 66% cría más de cinco especies pecuarias, el 88% usa semillas de uso libre y el 46% protege con vegetación las fuentes de agua. Ellas conservan las semillas, cuidan la huerta y transmiten, de madres a hijas, estos saberes ancestrales que hoy reconocemos como agroecología.

Experiencias como las de los acueductos comunitarios de Nariño, donde las mujeres lideran la gestión y la protección del agua, demuestran que el cuidado también es una forma de ordenar el territorio. Lo resume Laura, cogestora del acueducto Acualoma, en Sandoná: “Sin agua no hay vida y somos nosotras quienes debemos cuidar de ella, porque somos las primeras afectadas”.

Reconocer, sin embargo, no basta si no se traduce en decisiones. Necesitamos que las mujeres tengan derechos plenos sobre la tierra; crédito e incentivos para quienes lideran proyectos agroecológicos; asistencia técnica y formación con enfoque de género, e infraestructura —agua, servicios y acceso a mercados— que les devuelva tiempo. Y, sobre todo, necesitamos redistribuir el cuidado: entre hombres y mujeres en el campo, entre el campo y la ciudad, porque cada alimento que llega a la mesa urbana carga horas de trabajo que nadie paga.

Desde la UPRA asumimos el compromiso de que el enfoque de género sea parte de la planificación del territorio rural. Este 15 de octubre no basta con felicitar a las mujeres rurales: hay que ver su trabajo, medirlo y planificar con ellas. Un campo que no ve a sus mujeres no puede llamarse sostenible.

Finalmente, quiero invitar a las entidades del sector agropecuario, públicas y privadas, a la academia, a la ciudadanía en general a consultar la publicación ‘Mujer rural, agroecología y economía del cuidado’, la cual les va a servir de base para formular políticas entorno a las mujeres rurales de nuestro país: https://upra.gov.co/sites/default/files/2026-10/01_MujerRural.pdf 

* Alberto Esmeral Ramírez, director general de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA)

Colombia cierra el año cafetero con menor producción

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: German Bahamón Jaramillo * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(GBJ – Lunes 12 de octubre de 2026).- Colombia cierra el año cafetero 2025/26 con una reducción del -15% en su producción.

La caficultura colombiana termina un ciclo de menor producción. Entre octubre de 2025 y septiembre de 2026 alcanzamos 12,65 millones de sacos de 60 kg, frente a 14,87 millones del año cafetero anterior.

Durante septiembre se produjeron 1,215 millones de sacos, un crecimiento del +6% frente a los 1,142 millones registrados en septiembre de 2025.

En el acumulado del año calendario (enero-septiembre), Colombia produjo 8,95 millones de sacos, frente a 9,97 millones del mismo período de 2025, una reducción del -10%.

Las exportaciones colombianas de café alcanzaron 11,78 millones de sacos durante el año cafetero, una disminución del -12% frente al ciclo anterior. Sin embargo, en septiembre crecieron un +9%, hasta alcanzar 1,172 millones de sacos.

La @FedeCafeteros, como administradora del Fondo Nacional del Café, exportó 2,54 millones de sacos durante el año cafetero, alcanzando una participación del 21,5% de las exportaciones nacionales, frente al 19,8% del ciclo anterior.

Las importaciones de café alcanzaron 1,61 millones de sacos durante los últimos doce meses. El consumo interno se ubicó en 2,32 millones de sacos anuales.

Los desafíos climáticos, la productividad de los cafetales y la rentabilidad de las familias productoras definirán nuestra capacidad para responder a un mercado internacional que necesita asegurar su abastecimiento.

* German Bahamón Jaramillo, Gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC). @GermanBahamon @FedeCafeteros