Compromisos ganaderos 2025

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento de www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Jueves 9 de enero de 2025).- En esta primera semana del año, de cabañuelas sobre un clima impredecible, pero también de cabañuelas políticas en un año de clima electoral tormentoso, me aparto de esa tendencia de opinión para aterrizar en el terreno, para mí más cercano, de la ganadería, no con ánimo predictivo, sino con el de plasmar compromisos, como nos corresponde desde la dirigencia gremial y el deber ser de FEDEGÁN.

Ahora bien, para que el tema no sea extraño a mis lectores no ganaderos, inicio con unas cifras que los puedan acercar a la importancia social y económica de nuestra ganadería.

Con más de 30 millones de animales, Colombia tiene el hato bovino número 11 del mundo y produce anualmente más de 7.000 millones de litros de leche y de 900.000 toneladas de carne. Además de abastecer el mercado nacional y ser un sector determinante para la seguridad alimentaria, entre 2023 y 2024 exportamos carne a 39 destinos del mundo y logramos abrir las puertas del mercado chino a la carne colombiana.

Más de 700.000 colombianos se dedican a la ganadería, con un alto componente de pequeños productores (82%) que dependen de ella para su subsistencia, sobre todo en la producción minifundista de leche, pero también con una “clase media ganadera” que empuja la modernización y la generación de empleo rural.

Hablando ahora sí de nuestros compromisos para 2025, es necesario acotar que siempre estarán limitados por la realidad de la ruralidad, sometida al abandono de las instituciones y los recursos del Estado, en el que se dan silvestres la inseguridad y la violencia.

Por esa razón, nuestro primer compromiso es con la Seguridad Ganadera Solidaria, soportada en la unidad gremial, la prevención a partir de tecnologías de comunicaciones y, sobre todo, la articulación cercana, permanente y civilista con las autoridades. Hoy se han creado 136 Frentes Solidarios de Seguridad y Paz con una meta de 500 para 2025.

Reiteramos nuestro compromiso con la salud animal; sobre todo con la erradicación de la Fiebre Aftosa, porque la salud de nuestros animales es activo valioso y porque el estatus de país libre de aftosa abre puertas en los mercados internacionales. Con recursos de los ganaderos, un ejército de 6 mil vacunadores recorre el país dos veces por año inmunizando el hato nacional, en un complejo y costoso operativo en el que ya es hora de una participación del Presupuesto Nacional, pues la erradicación de la enfermedad no es asunto de los ganaderos solamente, sino de “interés social nacional”, como estableció la ley 395 de 1997.

Nuestro compromiso con la defensa de la producción lechera es de supervivencia, hoy amenazada por el libre comercio derivado del TLC con Estados Unidos a partir de 2026, pero también por factores estructurales como la baja capacidad de acopio y pulverización de una industria altamente concentrada, detrás de la cual hay a 350.000 ganaderos, la mayoría campesinos minifundistas, queriendo vender su leche a precio razonable, pero enfrentados a una clara posición dominante.

Nuestro compromiso de futuro es con la Ganadería Sostenible a partir de Sistemas Silvopastoriles, tema en que tenemos reconocimiento internacional. Hacia ese objetivo canalizamos los esfuerzos en Ciencia, Tecnología e Innovación, a través de programas de capacitación y extensión en diferentes modalidades, como Escuelas de Mayordomía, Brigadas Tecnológicas y Giras Técnicas Ganaderas nacionales e internacionales.

Es un propósito que representaría una “revolución ambiental” sin precedentes, pero que requiere apoyo del Estado para financiar su implementación, porque más allá de las declaraciones en foros internacionales, es con acciones en los territorios como se puede cambiar la realidad.

Finalmente, nuestro compromiso para 2025 sigue siendo con los ganaderos de Colombia.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

Colombia sigue aumentando su producción cafetera

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Por: Germán Bahamón Jaramillo * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(GBJ – Miércoles 8 de enero de 2025).- Los cafeteros colombianos cerramos la producción del año 2024 con una satisfactoria cifra de 13,99 millones de sacos y un valor preliminar de la cosecha cafetera de $16 billones de pesos, cifra record.

Con optimismo y satisfacción por el deber cumplido observamos un crecimiento de +24% frente al año calendario 2023, manteniendo de esta forma la senda de crecimiento que traemos desde 2023.

Los esfuerzos realizados por los cafeteros y liderados por el gremio en materia de renovación, fertilización, crecimiento de la participación de variedades resistentes, son y serán la clave para crecer la producción con el firme propósito de una caficultura sostenible para el productor con fundamento en su productividad.

Específicamente en el mes de diciembre de 2024, se registró una producción creciendo +47% respecto del mismo mes de 2023.

En cuanto a las exportaciones, los datos preliminares señalan que aportamos al mercado internacional 12.3 millones de sacos frente a 10.5 de 2023, lo que implica un crecimiento de +16%; Por su parte, las exportaciones del Fondo Nacional del Café registran un crecimiento del +18% para los mismos años comparados.

En relación con la actividad de los importadores, los datos preliminares informan una caída del -72% para el mes de diciembre de 2024, comparado con el mismo periodo de 2023, pasando de 94 mil a 26 mil sacos.

Desde @FedeCafeteros seguiremos trabajando por una caficultura sostenible a partir de la productividad de los cafeteros y abriendo los mercados internacionales para nuestra insignia de Café de Colombia.

* Germán Bahamón Jaramillo, Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC). @GermanBahamon

El año que viene…

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Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Sábado 28 de diciembre de 2024).- Nada cambia realmente un 1º de enero, aunque el nuevo comienzo de ese giro completo de la tierra alrededor del sol, que llamamos “año”, suele ser momento de recapitulación de lo sucedido en el anterior y de expectativas y propósitos para el que viene.

El año que viene, sin embargo, más allá de los propósitos entusiastas que individualmente podamos tener, no le da al país mucho margen para el optimismo y plantea, más bien, un escenario de claroscuros en materia de seguridad, de crecimiento económico, de bienestar general y, por supuesto, de paz.

No ayuda el incremento no concertado del salario mínimo, que suena como a revancha por el entierro de la ley de financiamiento y, definitivamente, además de ensanchar las brechas entre el sector privado y el Gobierno, traerá más desempleo y mucha más informalidad.

De otra parte, 2025 será un año preelectoral en el que se empieza a definir la sucesión presidencial, lo que no es necesariamente malo, pero resta gobernabilidad y suma polarización, no solo en el Congreso de la República frente a las reformas presentadas por el Gobierno, sino en otros sectores de la sociedad y de la política.

La paz es otro de esos brochazos oscuros, pues ni en las disidencias y reincidencias de las Farc, ni en las mal llamadas Autodefensas Gaitanistas y otros grupos de delincuencia común, ni tampoco en el ELN, se percibe siquiera un asomo de verdadera voluntad de abandonar la violencia y el hostigamiento a la población vulnerable.

En cuanto al proceso con el ELN, con diálogos avanzados, persiste la puja entre un Gobierno afanado por mostrar resultados y una guerrilla que ya anunció públicamente que no firmará un Acuerdo Final con este Gobierno. Entonces…, ¿a qué jugamos?

En ese escenario reiteró el sentido de mi participación: No se trata de asumir la actitud deshonesta del palo en la rueda, pero sí de seguir siendo una voz independiente que rompe la unanimidad de la delegación gubernamental y denuncia con verticalidad la incoherencia y los incumplimientos del ELN, como me lo ha pedido el Congreso Ganadero y como lo piden amplios sectores a los que también represento, que ante los diálogos con el ELN se mueven entre la incredulidad y el escepticismo

Lo cierto es que la inseguridad derivada de las luchas por el control territorial para proteger las rentas ilícitas del narcotráfico, la minería ilegal y todo tipo de fechorías, ya no es exclusiva de lo que hoy llaman la Colombia profunda, sino que se ha tomado los parques y los barrios de las ciudades y las veredas de los municipios, en donde la población atemorizada ha quedado otra vez atrapada por dinámicas que, a partir del microtráfico, han venido articulando núcleos duros de criminalidad que desbordaron la capacidad de respuesta de las autoridades.

Ahora bien, el miedo es una reacción necesaria para que la sociedad se detenga ante el abismo y asuma posiciones frente a las amenazas, muy especialmente de cara al proceso electoral de 2026. Somos más los que queremos un mejor país, y esta es la oportunidad para responder con altura frente a las circunstancias adversas y hacer un frente común alrededor de la restauración del orden y la defensa de las libertades.

En el año que viene, a pesar de las dificultades y de las pinceladas de oscuridad, prefiero los tonos claros del optimismo y la determinación. Por eso les deseo a los colombianos la prosperidad que es fruto del esfuerzo y de la fe en un futuro mejor.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

“Paz en la tierra…”

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento de www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 20 de diciembre de 2024).- Ensimismados por la alegría navideña, los colombianos, en su gran mayoría “de buena voluntad”, no parecen sentir la paradoja del mensaje de Belén en un país agobiado por la violencia y, también, por la desesperanza frente a una paz “estable y duradera” que resultó un engaño; esa paz que hoy se promete “Total” y de la cual seguimos lejos.

La paz en Colombia no se alcanza solo con el deseo, porque la violencia en todas sus formas, con el narcotráfico como factor desencadenante, nos llevaron a una realidad de inseguridad que afecta a millones en campos y ciudades.  Entre ellos está Cristian Serrano, ganadero santandereano a quien le robaron su libertad y, con ella, le robaron la paz a su familia y a la comunidad ganadera. Así sea una voz en el desierto, sigo exigiendo su inmediata liberación.

Así mi voz resulte incómoda en medio de los festejos, seguiré rechazando el doble rasero de grupos ilegales, incluido el ELN, que se acercan a la paz total del Gobierno sin dejar de secuestrar, extorsionar, reclutar menores, desplazar y confinar a comunidades vulnerables.

No es casual que el lema del 40º Congreso Nacional de Ganaderos haya sido la SEGURIDAD GANADERA SOLIDARIA, que se expresa en las Brigadas Ganaderas Solidarias que evitaron invasiones de fincas en todo el país, y a partir de 2024, en los Frentes Solidarios de Seguridad y Paz, de los cuales ya se han creado más de 130 en 25 regiones ganaderas, bajo los principios de la solidaridad, la articulación civilista con las autoridades y el respaldo de Fedegán a través de los gremios locales, como un sistema de alertas tempranas a partir de tecnologías de comunicación.

Es el mismo sendero hacia la paz que nos llevó a firmar con el Gobierno el Acuerdo para la compra de tierras para Reforma Agraria, que Fedegán ha honrado con la oferta de más de 600.000 hectáreas, aunque, a 31 de octubre, la Agencia Nacional de Tierras solo había comprado 14.260, a pesar de lo cual nuestra repuesta es una sola: ¡Seguiremos cumpliendo!

Durante 2024 emprendimos también la defensa férrea del derecho a la legítima propiedad de la tierra, frente a los intentos del Gobierno de despojar a los propietarios de la fase judicial en los procesos de expropiación con indemnización y de extinción de dominio por incumplimiento de la función ecológica de la tierra.

Frente a la crisis lechera que afecta a 350.000 ganaderos, en su mayoría pequeños productores minifundistas, aplicamos recursos parafiscales aportados por los ganaderos en cuantía de $14.600 millones para fomentar exportaciones y reducir inventarios, mientras insistimos en propuestas siempre escuchadas, pero nunca implementadas, para neutralizar esa suma de factores estructurales que se resume en alto nivel de producción, bajo nivel de acopio formal, alta informalidad, bajos precios al ganadero, altos precios al consumidor, caída del consumo e importaciones crecientes.

Sin embargo, a pesar de las dificultades, los ganaderos no podemos caer en la desesperanza, porque tenemos una ganadería, moderna, sostenible y de mostrar ante el mundo. Con el hato bovino número 11; producimos anualmente más de 7.000 millones de litros de leche y más de 900.000 toneladas de carne; en 2023 exportamos carne a 39 destinos, logramos abrir las puertas del mercado chino y vamos por el de Estados Unidos. Es un saldo entre resultados y retos por asumir, que nos permite mirar el futuro con optimismo.

Finalmente, mi deseo de navidad: Que la paz llene los corazones de todas las familias, para que esa suma virtuosa aporte al logro de la paz y haga realidad en Colombia el mensaje de Belén.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

Hay tiempo, no está muerto quien respira

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento de www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Viernes 13 de diciembre de 2024).- Después de presentar diferentes argumentos sobre la inconveniencia de la Jurisdicción Agraria como está siendo presentada y aprobada en el congreso, en las comisiones conjuntas de Senado y Cámara, en primer debate atendiendo el Mensaje de Urgencia presentado por el Gobierno Petro. Llama poderosamente la atención que algunos Senadores, que hacen parte de estas células legislativa, ante este funesto resultado para quienes denodadamente nos dediquemos a la producción agropecuaria, presenten esta aprobación como un éxito a medias “De los males, el menor”, circunscribiendo su actuación legislativa el haber logrado que la Agencia Nacional de Tierras se le retirara la facultad de adelantar procesos administrativos como juez y parte.

Siento contarles apreciados legisladores, mientras ustedes daban la pelea por retirar esta facultad, el Ministerio de Agricultura y la ANT, dieron a conocer el Proyecto de Decreto mediante el cual, las promesas de compraventa sobre inmuebles rurales, deberán de manera obligatoria ser reportadas a la ANT para que autorice su venta o en caso contrario, ejecute la compra del bien de manera preferencial al privado que prometió adquirirla, no es otra cosa diferente que la Expropiación Exprés Recargada. Han sido ustedes timados en su buena fe en el desarrollo de su actividad legislativa, y pareciera, sin revisar consecuencias, fueron presa fácil del ejecutivo.

En la discusión de este proyecto de ley, el Representante Hernán Cadavid, fue claro y dio en el punto que en muchas oportunidades hemos manifestado, nada tienen que hacer en este P.L, normas de carácter sustantivo (Principios que regirán a futuro la Jurisdicción Agraria), si estamos frente a una norma de carácter meramente procedimental. Acá, es donde está el real fondo del asunto, los principios de esta jurisdicción son totalmente lesivos a los derechos de propiedad de quienes de manera justa, legal y buena fe los han adquirido.

No es posible que no haya una definición legal de quien se considera campesino de manera objetiva. Tampoco lo es, que la aplicación de la justicia agraria quede al criterio subjetivo del operador judicial agrario, que hoy no cuenta con parámetros claros y precisos de manera objetiva para la solución de conflictos. Lo que es aún peor, en Colombia no hay un desarrollo legislativo sobre esta jurisdicción, lo que lleva a que la aplicación de esta quedará en manos de personas ideologizadas, en el mejor de los casos o, formadas desde la idea de estigmatización de quienes hoy son propietarios de las tierras rurales.

Tampoco cumple con la Consulta Previa, dado que su aplicación invade la jurisdicción territorial de minorías que cuentan con legislación propia los Indígenas. De la misma manera pareciera tener la atracción de diferendos que se presenten en el área rural y urbana por conexidad en el origen de la empresa agropecuaria, igualmente borra los alcances jurisdiccionales del acuerdo de Escazú.

Todo lo anterior, sin contar con la creación de una fuente de burocracia y contratación en todo el territorio nacional, con su carga patrimonial, para un Estado empobrecido. Si bien esta jurisdicción está contenida en el punto 1 de los acuerdos del Teatro Colón, no es el momento político para aprobarla, menos si median intereses políticos electorales del gobierno de turno.

Aún están a tiempo señores congresistas, si bien se surtió el debate y aprobación en las comisiones conjuntas de ambas cámaras, quedan pendientes los debates en plenarias de Senado y Cámara, separadamente que pudiesen darse de manera simultánea en el tiempo, mas no conjuntas en Plenaria del Congreso, donde pueden revisarse las decisiones tomadas en las comisiones y desechar esta lesiva jurisdicción como está planteada.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

La jurisdicción agraria en su recta final

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento de www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 13 de diciembre de 2024).- El nuestro es un país de jueces, magistrados y “altas cortes”, pero de poca justicia, que, en lo penal, ostenta un vergonzoso índice de impunidad del 90% -del 100% en la JEP-, mientras que, en lo civil, laboral y contencioso, es un atropello permanente a los derechos ciudadanos.

Ahora tendremos nueva jurisdicción, la Agraria, con ley estatutaria aprobada, que definió su estructura y relaciones dentro del sistema judicial, la cual se encuentra en revisión en la Corte Constitucional. De otra parte, el proyecto de ley ordinaria, que establece competencias, procesos y procedimientos, acaba de ser aprobado en comisiones primeras de Senado y Cámara, faltándole los debates en plenaria de las dos corporaciones, con lo que el Gobierno no solo espera anunciar un resultado en medio de duros golpes, como el de la Ley de Financiamiento, sino mostrar el proceso como ejemplo de concertación.

Y en verdad lo fue, pues en la etapa prelegislativa el Ministerio de Agricultura abrió espacios en los que pudimos señalar, artículo por artículo, los sesgos y, sobre todo, las amenazas que representaba el proyecto original para el derecho a la legítima propiedad privada de la tierra, algo que yo venía reiterando en varios escritos en este mismo espacio, a resultas de mi compromiso con la defensa de los derechos de los ganaderos colombianos.

Fue también importante la concertación con el Congreso de la República, que merece nuestro reconocimiento, principalmente en la audiencia pública convocada por la Comisión Primera del Senado, en la que los sectores interesados pudimos expresar y consignar por escrito nuestros reparos al proyecto, lo cual, no cabe duda, fue definitivo para los debates en las comisiones conjuntas y lo será para las plenarias.

¿Qué se logró? Sin entrar en detalles, primero: “desideologizar” el proyecto, suprimiendo o morigerando unos principios permeados por el sesgo, muy de las narrativas populistas de izquierda, de una ley pensada para “proteger” a unos sectores vulnerables e indefensos, de otros poderosos y perversos, un sesgo que acabo de ver hasta en el Noticiero del Senado, cuando anuncia la aprobación en comisiones con el subtítulo en pantalla de “Los campesinos contarán con jueces especializados”. ¿Los campesinos solamente?, me pregunto. 

Segundo: acotar el desbordamiento de competencias, casi omnímodas y omnipotentes que el proyecto pretendía otorgar a los jueces agrarios; y tercero, y muy importante: recuperar para los propietarios de tierra el derecho a la fase judicial de los procesos agrarios, entre ellos la extinción de dominio y la expropiación, que el proyecto había cercenado para dejar la decisión de cierre en manos de la Agencia Nacional de Tierras.

¿Qué sigue preocupando?  Primero: que al proyecto todavía le sobra ideología y sesgo, pues, como he reiterado, la ley debe proteger a la población vulnerable en términos del acceso a la justicia y de acompañamiento, pero ya dentro del proceso, frente al juez, todos somos y debemos seguir siendo iguales ante la ley, sin favorecimientos procesales que desvirtúan la noción misma de justicia.

Y sigue preocupando que, si bien la extinción de dominio por incumplimiento de la función ecológica de la tierra existe desde la ley 160 de 1994, es una espada de Damocles que sigue pendiendo sobre la nuca de los propietarios de tierra, en un país con autoridades ambientales “autónomas” y cooptadas por el clientelismo regional, y con una legislación ambiental difusa y difícilmente aplicable en un campo agobiado por la violencia.

Con o sin fase judicial, la extinción de dominio, justificada para corruptos y narcotraficantes, es a todas luces un castigo excesivo para la presunta violación de normas ambientales. Revisarlo es una tarea del Congreso en las plenarias que vienen.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

La Federación protege el patrimonio de los cafeteros y la garantía de compra

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento de www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Agricultura & Ganadería

(GBJ – Miércoles 11 de diciembre de 2024).- La caficultura mundial ha enfrentado un contexto de alta complejidad debido a una combinación de factores económicos, climáticos y de logística que han impuesto retos enormes tanto a países productores como consumidores.

La pandemia marcó un punto de inflexión. La disrupción en los sectores económicos globales provocó el aumento inusitado de las tasas de interés, lo que llevó a los exportadores a adoptar modelos de trabajo distintos favoreciendo el “café a la vista”. Como resultado, los niveles de inventarios en los países consumidores y productores alcanzaron niveles extremadamente bajos.

Por su parte el consumo global de café se mantuvo sólido durante los últimos 5 años. La lenta normalización de las tasas de interés en los últimos dos años no ha revertido esta dinámica (sigue la curva invertida) y la construcción de inventarios no se ha dado, lo cual mantiene el mercado en niveles de incertidumbre.

En cuanto a la producción, las condiciones climáticas adversas han afectado gravemente a las principales regiones productoras. Brasil, reportó eventos extremos como heladas y sequías prolongadas, que impactaron significativamente los rendimientos. La producción de café arábica en el país vecino podría estar afectada en los próximos dos años, lo que generaría un déficit importante. A esto se suma la sequía severa en Vietnam, el primer productor de robusta mundial, elevando la presión sobre la oferta global.

En Colombia, aunque los efectos climáticos en la producción han sido menos drásticos (logramos detener la caída en 2023), y pudimos entregar al mercado una noticia positiva de recuperación en 2024 (+21%), no somos ajenos a estos retos. Participar en un mercado global significa que cualquier alteración en la oferta y la demanda tiene implicaciones directas para nuestro país.

Ante esta coyuntura, el aumento del +80% en la cotización de la bolsa de NY en el último año y por ende el alto valor de la carga de café es sin duda alentador para nosotros los cafeteros. Sin embargo, pone una presión enorme sobre el andamiaje de compra, al necesitar ingentes recursos económicos.

Desde @FedeCafeteros como administradores del Fondo Nacional del Café damos un parte de tranquilidad acerca del cuidado responsable de los intereses del fondo y aseguramos el bien público más importante: la garantía de compra.

* Germán Bahamón Jaramillo, Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC). @GermanBahamon

La excepción convertida en regla general

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento de www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Sábado 7 de diciembre de 2024).- Desde siempre se ha dicho, el derecho de dominio tiene tres facultades, uso, goce y libre disposición. En tratándose de inmuebles la libre disposición, no tiene cortapisa más allá de la ley y jurisdicción que imponga gravamen que no permita su ejercicio. En Colombia cuando el negocio jurídico recae sobre inmueble, debe cumplir con dos etapas claramente definidas en el ordenamiento jurídico, Título y Modo, negocio jurídico complejo, que se refleja por regla general en tres partes:

– La Promesa de contrato, que debe contener de manera exacta las bases del contrato prometido, en ocasiones está rodeado de garantías de cumplimiento. En cumplimiento de la promesa,

– El negocio de Compraventa, se eleva a escritura pública, la cual para darle validez debe ser sometido al,

– Registro de instrumentos públicos correspondiente a la jurisdicción territorial del inmueble.

Solo así se puede pregonar que el negocio se perfeccionó y, se transmitió el derecho de dominio de una persona a otra.  Este escueto resumen es aplicable a los sujetos tanto de derecho público o privado.

Dicho lo anterior, encontramos en el art 39 de la ley 160 de 1992, excepción a la regla general: El adjudicatario del Unidad Agrícola Familiar (UIAF), que haya ejercido el derecho de dominio, posesión o tenencia durante 15 años, que desee hacer enajenación del inmueble, debe solicitar autorización expresa al Incora, hoy Agencia Nacional de Tierras, para poder ejercer el derecho de la libre disposición del bien adjudicado. Esta solicitud debe ser resuelta dentro de los tres meses siguientes a la radicación de la petición autorizando la venta o no, o ejerciendo el derecho de recompra. Nótese, se trata de un sujeto de derecho público y uno privado.

Desde el Ministerio de Agricultura han preparado un Proyecto de Decreto que coarta el ejercicio de la libre disposición de los inmuebles rurales, imponiendo la obligación al propietarios, que las promesas de compraventa de inmuebles obligatoriamente deben ser comunicadas a la ANT, so pena de viciar el negocio jurídico, para que  emita autorización para su venta entre  particulares  o,  en caso contrario ejerza  la facultad de interferir en la negociación entre privados,  para hacerse al bien  inmueble en las condiciones consagradas en la promesa de compra venta informada, manifestando su intención de compra, arrogándose el Derecho Preferencial de compra a favor del Estado. Las implicaciones económicas, fiscales, patrimoniales, seguridad jurídica, física, son absolutamente nefasta para el titular del Derecho de Propiedad. No es más que el ejercicio de la Expropiación Exprés Recargada, ya que no habría manera de oponerse a que el Estado a través de la ANT se haga a las tierras prometidas en venta entre particulares.

La expropiación exprés por vía administrativa se ha intentado desde el PND, art 61, declarado inexequible, en el Proyecto de Ley de Jurisdicción Agraria y ahora en esta intentona de introducirla en el ordenamiento jurídico colombiano.

Está haciendo tránsito en el Congreso el Proyecto de Jurisdicción Agraria, sobre el cual he manifestado prevenciones, no es posible que se cree esta jurisdicción desde el Principio de Asimetría Judicial, atentado abiertamente contra el derecho a la propiedad privada desde los principios básicos de esta jurisdicción, que le servirían de guías.

El Fondo de este Proyecto de Ley, está en los principios que entrarían a regir. No es posible que hoy haya legisladores que crean que el peligro se termina en la graduación de interés público o ecológico de las tierras y, en la expropiación por vía administrativa a través de la ANT.  No, es un todo que no puede, no debe hacer tránsito positivo en el legislativo, de permitirse que esta jurisdicción prospere, la seguridad jurídica, física, alimentaria y la democracia están en gravísimo peligro.

PD.: Aupar ocupaciones de tierras por el Estado mediante simulacros de entrega a campesinos, sin tener en su haber el derecho de libre disposición del bien, no es nada diferente que cohonestar con la ilegalidad y caminar sobre las líneas negras de los Códigos Penales, Policivo y Disciplinarios de la República de Colombia, Mensaje para Juan para que Pedro lo escuche con atención.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

Frente al ELN: incredulidad o escepticismo

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento de www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Sábado 7 de diciembre de 2024).- “Él no ha sido menos duro con nosotros (…) ojalá siga en la mesa, porque uno tiene que hablar es con los enemigos”. Así respondió Pablo Beltrán el 25 de noviembre, cuando a raíz de algunos comunicados del ELN, duros frente a mis posiciones, uno de los periodistas de La W le preguntó si habían pedido mi salida de la mesa de negociaciones.

Asumo, por supuesto, que Pablo Beltrán se refería a una “enemistad ideológica y política”, pues es conocida mi posición en las antípodas de la izquierda, a pesar de lo cual hago parte de una delegación gubernamental mayoritariamente de izquierda, como era de esperarse de un gobierno ídem.

Esa condición de “enemistad ideológica”, que he ejercido con “dureza” cuando ha sido necesario, pero también con respeto a la diferencia; al ser reconocida expresamente por el jefe negociador del ELN justifica mi participación en la mesa como representante de los ganaderos, por delegación de su Congreso Nacional frente a la invitación del presidente Petro, pero también en representación de amplios sectores de la sociedad que se mueven entre la incredulidad y el escepticismo frente a la voluntad de paz del ELN.

Esa condición, finalmente, estuvo detrás de la decisión del Congreso Ganadero al aprobar, por aclamación unánime, mi continuidad como miembro de la delegación gubernamental. En efecto, los representantes de los ganaderos colombianos coincidieron en que mi presencia en la delegación es una garantía para el gremio y para el país, una especie de muro de contención para que el proceso no se desvíe ni se desborde, sobre todo en un año electoral y frente a la anunciada intención del ELN de avanzar hasta 2026, pero seguir negociando en armas con “próximos gobiernos”.

¿En qué va el proceso? De la reunión de reencuentro se conocieron los 13 principios del ELN, incluido el muy cuestionable de definirle, como horizonte, el tránsito hacia una “sociedad post capitalista”. También se decidió reanudar los diálogos en otro ciclo en Caracas, entre el 19 y el 25 de noviembre, de cuyos resultados poco se conoce, pero realizado sin que se hubiera producido la señal “inequívoca” de voluntad de paz exigida por la delegación gubernamental como condición para reanudarlos, tras la suspensión por el ataque a la base militar en Puerto Jordán, Arauca.

En cuanto a mi posición, seguiré actuando, como lo he venido haciendo, sin perjuicio de mis principios y convicciones. Personalmente me encuentro en ese estado intermedio del escepticismo, que es la antesala de la incredulidad. Mientras el incrédulo perdió la fe, ya no cree ni le importa creer, condición en la que están muchos sectores de la sociedad, el escéptico desconfía, alberga dudas y temores, pero quiere creer todavía.

Siempre he reiterado, sin embargo, que las negociaciones no son un asunto exclusivo del Gobierno y del ELN, sino del país todo; necesitan amplio respaldo social y, para tenerlo, hay un componente esencial que está faltando: la “credibilidad”, hija de la “coherencia”, que no es otra cosa que decir lo que se piensa, hacer lo que se dice y cumplir lo que se promete.

La credibilidad del proceso está afectada por la credibilidad del Gobierno mismo, pero, sobre todo, por la falta de señales reales de voluntad de paz del ELN y por la falta de resultados, de las transformaciones prometidas en los territorios, que se irían implementando al ritmo de lo acordado.

De eso no hay nada, ni un piloto de paz ni avances en beneficio de las comunidades; solo hostigamientos, paros armados, desplazamientos, secuestros… Por eso el país se mueve del escepticismo a la incredulidad…, a la desesperanza.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

“Para ganar la paz… es preciso ganar el campo primero”: LAFAURIE

El periódico Agricultura & Ganadería, por considerar de interés para los lectores publica la intervención de José Féliz Lafaurie Rivera, Presidente Ejecutivo de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) en el acto de instalación del  40º CONGRESO NACIONAL DE GANADEROS – “SEGURIDAD GANADERA SOLIDARIA…, Porque unidos somos más”, realizado el jueves 28 de noviembre de 2024.

Agricultura & Ganadería

(Fedegán – Sábado 30 de noviembre de 2024).- “Para ganar la paz… es preciso ganar el campo primero”. Esta frase se la recordé al presidente Petro hace dos años, en este mismo recinto, cuando creí de buena fe que, a pesar de nuestras diferencias ideológicas y políticas, era algo en lo que podíamos coincidir con un gobierno de izquierda, como también en que un campo recuperado del abandono y la violencia podría erigirse en motor del desarrollo y convertir a Colombia en potencia agroalimentaria.

Cómo me habría gustado que estuviera aquí nuevamente, para volver sobre esa frase y evaluar en qué van esos propósitos que creíamos compartidos, ¿o acaso el campo fue otra vez una estrategia de campaña y no el eje de un programa de gobierno como esperábamos?

Esa frase -Para ganar la paz es preciso ganar el campo primero- no fue una ocurrencia retórica para llenar un discurso en 2022. Por el contrario, con tozuda insistencia, que prefiero llamar coherencia, la he repetido mil veces y la he defendido en mil espacios, desde cuando la lancé como consigna, por primera vez, en otro Congreso Nacional de Ganaderos, en noviembre de 2004, ¡hace ya veinte años!

Lo mío es el vallenato, no el tango, pero si en dos décadas el país sigue ciego frente a la causa de todos sus males, si no logra ver que su gran error histórico fue y ha sido condenar al abandono a la que hoy llaman la Colombia profunda, entonces debo repetir con Gardel que “veinte años no es nada” …

Que la paz de Colombia pasa, necesariamente, por la recuperación del campo es una convicción que, en lugar de menguar, se fortalece con la frustración de sentir que el país está ciego o se hace el ciego ante tan evidente relación de causalidad.

“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven”. Es el descubrimiento final del protagonista de una gran novela, “Ensayo sobre la ceguera”, del nobel portugués José Saramago, en la que recrea una sociedad en que, sorpresivamente, todos empiezan a quedar ciegos, para recobrar luego la vista, pero después de muchos conflictos, traiciones y tribulaciones…

¿Por cuántos conflictos, traiciones y tribulaciones tenemos que pasar los colombianos para ver con claridad lo que, simplemente, está frente a nuestros ojos?

¿Es tan difícil ver que, en un campo atrapado en el hoyo profundo del abandono, la ilegalidad, la violencia y, con ellas, la desesperanza son un resultado inevitable?

País ciego que, viendo, es incapaz de ver que en el abandono de inmensos territorios que hoy llaman la “Colombia profunda”, la ilegalidad busca refugio y la violencia no encuentra contención ni castigo.

Sí, Colombia profunda la llaman, en una especie de reconocimiento de culpa, porque hasta ella no han llegado ni el Estado, ni el progreso ni el bienestar, pero sí 300.00 hectáreas de coca, sembradas por labriegos sin alternativa de subsistencia y por empresarios del delito.

Inmensos territorios donde el país ya no es soberano, algo que vio la ONU con claridad meridiana, porque la ley y el orden, la justicia y las instituciones son precarias o cooptadas por los bandidos. Inmensos territorios donde la ganadería es el último asomo de soberanía, porque la presencia legítima, civilista y productiva del ganadero también es soberanía. Inmensos territorios donde el ganadero, que no puede trastear con sus vacas para otra parte, sigue expuesto a la peor de las violencias, la del abandono, y a la cotidiana y desgarradora de las mafias narcoterroristas, en guerra por el control territorial para proteger sus rentas ilícitas; guerra alimentada por el narcotráfico, mal de males de la patria, aunque la patria no quiera verlo.

Hace 20 años el campo empezaba a resurgir gracias a la mano tendida que, sin entregar las instituciones, desmovilizó a más de 18.000 guerrilleros y 35.000 paramilitares, y gracias a la Seguridad Democrática, que persiguió sin cuartel a las mafias del narcotráfico.   

En 2010, el país llegó a un mínimo histórico de cultivos de coca y también de violencia. La Fuerza Pública había recuperado el control territorial y el país la soberanía, mientras las Farc, doblegadas militarmente, pero agazapadas en Venezuela, seguían siendo la principal mafia narcotraficante.

No obstante, Santos convirtió a esa guerrilla disminuida en alta parte negociadora, no para concertar su sometimiento al Estado de derecho, sino para modificarlo a su amaño y conveniencia, incluida una justicia transicional con vocación de impunidad y ahora de permanencia, una política antidrogas negociada con la mafia y una Reforma Rural negociada con la guerrilla que había destruido el campo durante décadas.

Si no fuera porque hoy sufrimos las consecuencias de ese Acuerdo sellado con un golpe tramposo y sin precedentes a la democracia, no habría traído a este Congreso una historia que dividió al país. Pero este país, ciego y además olvidadizo, todavía le hace celebraciones al acuerdo que prometió verdad y la contó a su conveniencia, prometió justicia y consagró la impunidad, prometió reparación y abandonó a las víctimas, prometió paz y multiplicó la violencia.

El país no puede olvidar, y si lo olvida aquí estamos para recordárselo, que los ganaderos, en legítima defensa de nuestros intereses, pero además por convicción y principios, fuimos el único sector que le plantó cara a la pretensión de negociar con una guerrilla comunista el futuro del campo y de la producción agropecuaria…, ¡nuestro futuro!

El país no puede olvidar que las Farc habían secuestrado y asesinado a miles de los nuestros, que nos habían sometido al impuesto oscuro de la extorsión, que nos habían declarado objetivo militar y que, en efecto, intentaron asesinar varias veces a mi antecesor, Jorge Visbal, y lograron asesinar a quien lo antecedió, José Raimundo Sojo.

Apoyar esa negociación era un imposible ético…, ¡y qué caro nos costó! La historia del país no conoce una persecución tan implacable a un gremio de la producción, como la que entonces sufrió FEDEGÁN.

Pero siempre vale la pena pagar el precio de la dignidad, que hoy, con la cara en alto, nos permite defender a los ganaderos y reclamar nuestros derechos a la seguridad, a la legítima propiedad de la tierra y a una política rural despojada de ideologías y enfocada al crecimiento.

Y seguiremos reclamando, ante este y todos los gobiernos venideros; hasta que el país vea y voltee a mirar al campo, porque los ganaderos no estamos apenas pintados en el mural de la historia colombiana. Somos, por el contrario, una realidad de 700.000 voces, 700.000 vidas, 700.000 esperanzas, que tienen derechos…, que construyen riqueza y tejido social en todo el territorio nacional.

Santos supo venderle a Colombia y al mundo sus negociaciones a partir de mentiras abiertas y con la promesa populista de que la paz firmada sería “estable… y duradera”.

Esa paz nunca llegó. Las Farc resucitaron en sus disidencias, el ELN prosigue con su estrategia de atacar, negociar y volver a atacar, y la delincuencia común está de fiesta. Volvimos al deshonroso lugar en lo más alto del podio de la producción mundial de cocaína… y al escalamiento de la violencia rural y urbana.

La Seguridad Solidaria

No es en vano que el tema central del Congreso Nacional de Ganaderos en su versión número 40 sea LA SEGURIDAD SOLIDARIA a partir de la unidad gremial ganadera, que tuvo su primera expresión en las BRIGADAS SOLIDARIAS GANADERAS en 2022, cuando las invasiones amenazaban la propiedad privada y desde el propio gobierno se estimulaba la movilización campesina.

Bueno es recordar que la respuesta entusiasta de los ganaderos a las Brigadas Solidarias y su eficacia para evitar pacíficamente las invasiones y lograr la reacción de las autoridades, fue lo que generó los primeros contactos con el Gobierno, que terminaron en el llamado “Acuerdo de Tierras” y, meses después, en la invitación del presidente Petro, hace dos años en este mismo recinto, a ser parte de la delegación gubernamental en el proceso de diálogos con el ELN.

No fue una decisión fácil. En este caso no había traición ni engaño, pues la negociación con el ELN era una promesa de campaña y, al parecer, el Gobierno pensaba que sería un proceso expedito por la afinidad de esa guerrilla con un gobierno de izquierda, aunque ya está demostrado que el ELN no pensaba lo mismo.

Sin embargo, era claro que el presidente no invitó al ciudadano, sino al  presidente de FEDEGÁN. Por eso la decisión se sometió a la Asamblea de delegados y, con ese respaldo, acepté pensando en la ganadería y en el campo, a sabiendas de ser una voz disonante, como lo he sido, lo cual, lejos de generar rechazo, ha producido respeto por la posición y la voz de FEDEGÁN, porque allá soy eso, la voz de todos ustedes, la voz de esa otra Colombia que votó en contra del plebiscito, y lo seguiré siendo si así lo disponen las decisiones de este Congreso.

Espero que nuestras voces no queden en el vacío, pues el futuro luce incierto para los diálogos con el ELN por varias razones: porque la voluntad de paz no es un compromiso de papel, sino de realidades de paz; porque el país se quedó esperando la manifestación inequívoca de paz que la delegación gubernamental exigió tras el atentado en Arauca y, a cambio, solo ha recibido manifestaciones de violencia: secuestros, extorsiones, reclutamiento de menores, atentados dinamiteros, paros armados y el asesinato sistemático de miembros de la Fuerza Pública. En fin, porque la ceguera del ELN, esa sí crónica, no le permite ver que el tiempo de su juego a dos bandas se le acaba.

Los ganaderos no nos hemos distraído. Siempre atentos a las señales que recibimos de todos los rincones ganaderos del país, Por ello, ya comenzando 2024, cuando la violencia rural volvió a asomarse amenazante, el éxito de las Brigadas Solidarias nos movió a dar un paso adelante: los FRENTES SOLIDARIOS DE SEGURIDAD Y PAZ, que ya fueron presentados en el video que acaban de apreciar.

Sin embargo, no tardaron, en ser satanizados, por el presidente inclusive y por el ministro de Defensa, como la resurrección del paramilitarismo. ¿Cómo esperar entonces que la sociedad no nos estigmatice, si desde el Gobierno se lanza semejante insinuación?

Parece que nada fuera suficiente, ni nuestras explicaciones y argumentos en declaraciones públicas y artículos de prensa, ni nuestras acciones de colaboración pacífica y civilista con las autoridades, como corresponde a cualquier ciudadano. 

No. Basta ya de narrativas infames. Nuestro único propósito es evitar ser golpeados por la violencia, como en el pasado. Nuestro propósito es trabajar por el campo y por Colombia, sin la zozobra del secuestro, la extorsión y la muerte. Nuestro pedido al Gobierno y a Colombia es que no nos dejen solos otra vez; que no se repita la historia del ganadero víctima de todas las violencias y, de contera, tildado de victimario.

Tierra, pobreza rural y Reforma Agraria

Hoy…, la violencia vuelve a ser la gran preocupación de la Colombia rural. Nada más ayer, en la Junta Directiva de FEDEGAN, los reportes de los representantes de las regiones ganaderas eran alarmantes.

Pero en medio de esa vorágine de violencia el país se olvidó de la tragedia de la pobreza, que algunos convierten en bandera para el populismo promesero y para alimentar el odio entre colombianos, en tanto que los bandidos que dicen defender a los pobres, justifican con ella su violencia mientras los hacen más pobres, los hostigan, les roban sus hijos para la guerra y, con ellos, les roban la esperanza.

 ¿Preguntémonos entonces cuál es la causa real de la pobreza rural? La respuesta inmediata es culpar a la violencia, pero si les preguntamos a las Farc, que se ganaron sin votos sus curules en el Congreso, nos contestarán que es la concentración de la propiedad de la tierra. No pueden responder de otra forma, porque con esa bandera secuestraron, asesinaron, extorsionaron, reclutaron y abusaron de menores, y se robaron miles de hectáreas que nunca devolvieron.

No. El país debe abrir los ojos frente al cuento populista de que un campesino sin tierra es pobre y uno con tierra deja de serlo como por arte de magia; un cuento con el que se incita al odio entre colombianos y se engaña al propio campesino, tanto al que le dieron su parcelita y hoy es pobre con título de propiedad, como al que la sigue esperando.

Lo cierto es que las entregas de tierra de la reforma agraria, que no llegan al millón 800 mil hectáreas en seis décadas, sirvieron para justificar su propia burocracia, incluido un pasado de corrupción en el INCORA, pero no han movido un ápice los indicadores de pobreza rural. ¿Por qué? Porque más de la mitad fueron vendidas por los campesinos que iban a dejar de ser pobres con ellas, porque nunca tuvieron como hacerlas productivas, y las restantes quedaron en rastrojos.

Hoy, 63 años después de la primera ley de Reforma Agraria, y a pesar de sus fracasos, persiste la obsesión por redistribuir la tierra. Desde su campaña, el presidente Petro se comprometió con el punto 1 del acuerdo Santos-Farc, y sus amenazas de expropiación en campaña causaron sobresalto, como sorpresa su anuncio de comprar la tierra a precio comercial.

En ese contexto favorable firmamos el Acuerdo para la compra directa de tierras ganaderas, aunque los resultados no han sido alentadores. Hasta el pasado 21 de noviembre los ganaderos habían presentado 1.432 ofertas por un total de 601.911 hectáreas, de las cuales solo se habían comprado 48 predios que suman 14.260 hectáreas.

Los ganaderos hemos cumplido y seguiremos cumpliendo, pero el bajo volumen de compras no guarda relación con los anuncios del Gobierno sobre la destinación de 5 billones de pesos a este objetivo en 2024, ni con su compromiso de entregar tierras con proyectos productivos, ni con su anunciado interés en darle cumplimiento a la Reforma Rural Integral.

Entre tanto, el presidente busca a toda costa flexibilizar las condiciones para la expropiación con indemnización y la extinción de dominio por incumplimiento de la función ecológica de la tierra, mientras no desperdicia ocasión para acusar a los “hacendados feudales”, que así llama a los propietarios de la tierra, de bloquear esas iniciativas para seguir esclavizando a los campesinos, a los que incita a la movilización popular.

La extinción de dominio para tierras incultas existe desde la Ley 200 de 1936, y desde la ley 160 de 1994 para el incumplimiento de la función ecológica de la tierra, en tanto que la expropiación con indemnización existe desde la Ley 135 de 1961, argumento que ha utilizado el Gobierno para afirmar públicamente que no está inventando nada.

Y es cierto, no inventa, pero sí recorta. Pretende quitarles a los propietarios la fase judicial, es decir, el derecho a defenderse ante un juez en los procesos agrarios, establecido en el Decreto Ley 902 de 2017, dejándolos a merced de una decisión administrativa y sumaria.

Falló el Gobierno en su primer intento, con un “mico” en la Ley del Plan que ya tumbó la Corte Constitucional. El segundo avanza en el proyecto de Ley ordinaria de la Jurisdicción Agraria que hace trámite en el Congreso con una profunda contradicción, pues el Gobierno argumenta que los procesos agrarios en la congestionada jurisdicción ordinaria son una traba para la adquisición de las tierras que necesita, pero entonces, ¿por qué eliminar la fase judicial en la misma norma que soluciona el problema y crea jueces exclusivos para esos procesos?

Si la estrategia de arrebatarnos recursos judiciales obedece a las afugias presupuestales del Gobierno, estamos ante una amenaza, pues se privilegiará la extinción de dominio, no solo porque le sale gratis al Gobierno, sino porque la determinación del presunto incumplimiento de la función ecológica está en cabeza de autoridades ambientales dispersas, autónomas y cooptadas por el clientelismo regional, y ahora, al parecer, por las autoridades indígenas.

Por ello, los ganaderos de todo el país aquí reunidos:

Rechazamos todo intento de arrebatarnos garantías jurídicas en los procesos agrarios.

Rechazamos el señalamiento de hacendados feudales y esclavistas.

Rechazamos la amenaza velada de la movilización campesina en contra de los propietarios legítimos de la tierra, poque los ganaderos también podemos movilizarnos… y lo haremos pacíficamente.

Invitamos al Gobierno a redoblar esfuerzos para cumplir primero el Acuerdo con FEDEGAN, antes de lanzar señalamientos peligrosos que entrañan una amenaza para los ganaderos en los territorios.

Frente a la necesidad de tierras para Reforma Agraria nos preguntamos: ¿Dónde están las de las Farc?, ¿dónde las arrebatadas al narcotráfico?   Esa debe ser la prioridad del Gobierno, antes que colocar a los propietarios legítimos en estado de indefensión jurídica, para arrebatarles la tierra en procesos administrativos sumarios.

Los ganaderos preservaremos el legado de quienes, en 1963, se reunieron en el IX Congreso Nacional para crear a FEDEGAN, en defensa del legítimo derecho a la propiedad privada de la tierra.      

Reiteramos que no estamos en contra del derecho del campesino a la propiedad de la tierra, pero rechazamos, primero, que se garantice a costa del derecho a la legítima propiedad privada, y segundo, que los programas de reforma agraria no obedezcan a un concepto de desarrollo rural verdaderamente INTEGRAL.

Desarrollo Rural INTEGRAL: la solución

El abandono del campo por parte de los recursos y las instituciones del Estado, que no la violencia ni la concentración de la tierra, es la verdadera causa de la pobreza y de la violencia misma.

Sí, ¡es el abandono!, por cuenta de un modelo paticojo, que privilegió el desarrollo urbano a costa del desarrollo rural y la dignidad de la vida campesina, que aparecen en las promesas de campaña y no en los programas de gobierno, y desde 2016, con políticas erráticas dictadas por una guerrilla comunista y un gobierno entregado a sus exigencias.

Si el abandono es la causa, el Desarrollo Rural INTEGRAL es la respuesta, sin ideologías, que la producción agropecuaria no las necesita; lo que necesita son tractores y vías por donde puedan andar; necesita insumos baratos, asistencia técnica y mercados de buenos precios. Con ideología no ordeñamos una vaca ni cebamos un ternero.

Si producimos más y mejor, todos tendremos más plata en los bolsillos, el ganadero grande, el mediano y el pequeño, y también los trabajadores mejor pagos de las finas ganaderas. Así, sin dejar de tenderle la mano al campesino que quiera comprar o agrandar su parcela, la tierra dejará de ser la obsesión que siempre ha sido.

Entonces, al decir de Saramago, este país ciego verá que la pobreza no es solo un asunto de quién tiene más o menos tierra y de quién no la tiene, porque de nada sirve un pedazo de tierra en medio de la nada, con trochas intransitables que llamamos vías terciarias con excesiva generosidad.

De qué sirve una escritura si no hay conectividad, asistencia técnica, crédito, ¡si no hay mercados! De qué sirve ser propietario si no hay servicios y los hijos del campesino no tienen educación de calidad, ni salud, ni recreación y cultura que dignifiquen la vida rural.

País ciego que no ve, como lo han visto las potencias agroalimentarias, que para aprovechar las ventajas comparativas: tierra, agua, clima, diversidad, que las tenemos todas, hay que sumarle ventajas competitivas: infraestructura física y social, para que luego lleguen la inversión, la tecnología, el empleo. Eso es desarrollo rural integral

La revolución social de las vías rurales primero, como también hemos repetido durante veinte años. El comunismo ultracapitalista chino, aunque les duela a quienes hoy anuncian un futuro poscapitalista para Colombia, en los primeros tres trimestres de 2023 reconstruyó 118.000 kilómetros de carreteras rurales, con una inversión de 50.000 millones de dólares; vías de alta calidad, según el ministro de Transporte chino, “para apoyar la estrategia de revitalización rural del país, acelerar la modernización de la agricultura y las regiones rurales, como también para promover la prosperidad común”. Más claro no canta un gallo, decimos en Colombia.

Ganaderas y ganaderos de Colombia:

Un mensaje de optimismo, o mejor, de tesón y entereza en medio de la adversidad, porque los ganaderos no podemos caer en la desesperanza. La desesperanza enceguece frente al futuro.   

A pesar de la inseguridad por el asedio de la violencia, tenemos ganadería. A pesar de la estigmatización del ganadero con ignominias promovidas desde el gobierno mismo, tenemos ganadería. A pesar del clima, del mercado, de los costos altos y los precios bajos, de las importaciones, de las trochas que llamamos vías, en suma, a pesar del abandono…, a pesar de todo, tenemos una gran ganadería, moderna y sostenible, digna de mostrar ante el mundo.

Tenemos el hato bovino número 11 del mundo

Producimos anualmente más de 7.000 millones de litros de leche y más de 900. 000 toneladas de carne.

En 2023 exportamos carne a 39 destinos del mundo y ya se abrieron las puertas del mercado chino a la carne colombiana, y por fin vamos por el de Estados Unidos .

Administramos con rigor los recursos de la parafiscalidad ganadera. El Fondo Nacional del Ganado le ha cumplido a la salud animal, con la preservación del estatus de país libre de fiebre aftosa con vacunación, avanzamos en la modernización ganadera con enfoque de sostenibilidad a partir de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Tenemos un sello con norma ICONTEC de Ganaderís Sostenible, y fomentamos el consumo de carne y leche entre la población vulnerable.

Con el Fondo de Estabilización de Precios promovemos nuestros productos en los mercados del mundo y apoyamos las exportaciones de carne y leche.

No ha sido fácil… Nos preocupa la suerte de 350.000 ganaderos, en su mayoría pequeños y medianos productores dedicados exclusivamente a la producción de leche, gravemente afectados por las distorsiones estructurales del mercado, hoy agravadas por los fenómenos climáticos extremos y por la disminución del consumo, que lesionan el ingreso y amenazan con una crisis social en las zonas productoras.

Estamos con ellos y seguiremos insistiendo en las propuestas de solución que presentamos año tras año, gobierno tras gobierno, siempre escuchadas con interés, pero siempre desatendidas.

Nos preocupa el futuro inmediato; nos preocupa el 2025, porque ya se anuncian las movilizaciones campesinas alentadas desde el Gobierno.  Nos preocupa, sobre todo, la evolución de la Paz Total frente a la poca o ninguna voluntad que percibimos en los grupos armados ilegales por alcanzarla, y nos preocupa porque un eventual fracaso de la Paz Total solo tiene una contracara: la violencia total. Y de la seguridad depende el porvenir de la ganadería.

Nos sigue preocupando la ceguera del país y del Estado frente al futuro del campo, que es el escalón para dar el paso a la verdadera paz y a niveles superiores de desarrollo y bienestar para todos, porque hoy, como hace veinte años, nuestra convicción es inmodificable: La paz de Colombia pasa, necesariamente, por la recuperación económica y social del campo, como lo he señalado permanentemente en las conversaciones con el ELN. No hay otro camino.

Ganaderas y ganaderos:

La gratitud que se ofrece y que se recibe es uno de los sentimientos más entrañables, y por eso quiero expresarla con particular complacencia:

 A la Junta Directiva, que desempeña con lujo su papel de direccionamiento estratégico y de acompañamiento cercano, sin disputarle espacios a la camaradería y la amistad.

A los delegados al Congreso, a los ganaderos presentes y a los que nos siguen en la virtualidad.  

Muy especialmente, a las mujeres ganaderas de Colombia, que cada día son más y con mayor liderazgo en la modernización ganadera.

A Barranquilla, próspera imponente y bella. Al señor alcalde, al señor gobernador y a sus autoridades por su hospitalidad.

A los condecorados con merecimientos de sobra y, muy especialmente, a todos los héroes de la patria, aquí representados en las banderas y los lemas de las cuatro fuerzas, los símbolos que mueven su coraje y su espíritu de servicio a la patria. Gracias señor general Hugo López por acompañarnos.   

Siempre he pensado que una sociedad que no honra a sus héroes…, dejará de tenerlos, y nosotros los ganaderos, y la patria entera los necesita. Sabemos que una medalla y un pergamino son apenas un símbolo, pero ustedes saben que la verdadera gratitud está en nuestros corazones.

A los invitados especiales, conferencistas y panelistas que han sido generosos con su saber y con su tiempo.

A los medios de comunicación que cubren para el país los temas ganaderos y la realización de nuestro Congreso.

A esos otros héroes y heroínas, los funcionarios de FEDEGÁN, los que están aquí y los que desde Bogotá y todos los rincones del país, aportan su esfuerzo al éxito de este congreso y a que todos los programas y servicios continúen sin novedad, entre ellos la campaña de vacunación. A nuestro ejército de vacunadores, que se entregan con pasión, a veces temeraria, al logro de un objetivo que han hecho suyo.

Siempre discretos y diligentes, cordiales y dispuestos, hoy quiero rendirles un homenaje de gratitud y aprecio, en el que les pido acompañarme con un sonoro aplauso, y a ellos les pido que se pongan de pie para recibirlo.

Finalmente, inmensa gratitud a María Fernanda, esposa y compañera de mil luchas, la madre de cuatro hijos que hoy nos enorgullecen, la empresaria que no se amilana ante la dificultad, la mujer vertical en defensa de sus convicciones, pero también generosa y sensible frente a los necesitados, actitud que inspiro en 2007 la Fundación Colombia Ganadera, FUNDAGAN, creada y dirigida por ella durante los primeros años, antes de ser atrapada por el ejercicio digno de la política, a donde llegó también con el ánimo de servir, que siempre ha sentido como su misión de vida.  Mi corazón contigo María Fernanda.

Ganaderas y ganaderos de Colombia:

Les dejo un inmenso abrazo, un abrazo ganadero y mis mensajes finales:

Contra la inseguridad…, solidaridad, unión gremial y colaboración civilista con las autoridades.

Contra la estigmatización…, la verdad y los argumentos.

Contra los tiempos difíciles…, el tesón y el orgullo con que los hemos superado en el pasado.

Y no olviden…: Unidos somos más…, más hombres y mujeres construyendo la nueva ganadería colombiana.

MUCHAS   GRACIAS.