De lluvia en lluvia…, de desastre en desastre

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 6 de enero de 2026).- Ya pasaron las épocas en que los inviernos y los veranos eran más predecibles y el Almanaque Bristol era suficiente guía para saber cuándo sembrar, abonar y cosechar.

En 2025, después de un verano…verano, el país estuvo, prácticamente, de lluvia en lluvia. La primera temporada se desgajó en abril, pero no de esa lluvia que se bendice, sino la que aterroriza porque arrasa con todo. Empezando julio, cuando bajaron las aguas, más de 168.500 familias habían sido afectadas en 754 municipios, según la UNGRD.

En agosto no dejó de llover y, casi sin solución de continuidad, en septiembre inició la segunda temporada, que se fue hasta diciembre, cuando tuvimos fiestas con algo de veranillo, pero sin dejar de llover. Comenzando noviembre, más de 64.000 familias habían sido afectadas en 253 municipios.

Las esperanzas estaban puestas en el nuevo año, pero las cabañuelas también fallaron y, según el IDEAM, contra lo acostumbrado, “enero registró niveles de precipitación superiores a los históricos, especialmente en las regiones Caribe y Andina”. El desastre se anunciaba…

Y el desastre llegó. Terminando enero “el cielo s’esfondó”, como decían las abuelas, generando una catástrofe que ha afectado a más de 27.000 familias, no en un mes o una temporada, sino en apenas días, con más fuerza en el Caribe y, en especial, en el departamento de Córdoba, donde, en menos de 24 horas llovió lo de un mes, obligando también a más de 12 horas de descarga de la hidroeléctrica Urrá I, con caudales superiores a 2.000 metros cúbicos por segundo. El resultado: un verdadero diluvio bíblico y más de 19.000 familias afectadas en la región…, y la cuenta aumenta con las horas.

La agricultura está devastada y en cuanto a la ganadería, en 183 veredas de 26 municipios, 6.414 predios ganaderos que cubren 140.492 hectáreas están inundados, 1.207 animales han muerto o desaparecido y más de 315.000 están afectados, sin pastos, suplementos, sin agua potable y un lugar seco, con un inminente riesgo de salud animal.

En un departamento ganadero la solidaridad ganadera no podría faltar. Por ello, a través de la Fundación Colombia Ganadera (Fundagán), el gremio ha gestionado, hasta ahora, la entrega de leche con el Fondo Nacional del Ganado, siete (7) toneladas de arroz y 4.000 prendas de vestir con la Organización Minuto de Dios, 1.000 pañales con la Fundación Fruto Bendito y la logística de distribución con el Ejército Nacional.

Sin embargo, semejante catástrofe requiere una suerte de “Plan Marshall” que articule esfuerzos locales, departamentales y nacionales, para atender lo urgente, que es la vida, la salud y el bienestar, tanto de humanos como de animales, al tiempo que se adoptan medidas, no menos urgentes y articuladas, para la reconstrucción y reparación de viviendas, de vías, puentes, acueductos y, muy importante para un departamento eminentemente agropecuario, la recuperación de praderas, plantaciones e instalaciones  productivas, que son la fuente de generación de la riqueza perdida.

Y hacia delante, un gobierno más serio, más austero, de menos arengas y más resultados, deberá asumir las causas estructurales: una gestión ambiental a cargo de unas corporaciones clientelistas que no deberían ser “autónomas”; una gestión del riesgo libre de corrupción, que de verdad lo prevenga y no sea meramente reactiva, y a veces ni eso: El dique Caregato en La Mojana es un ejemplo vergonzoso.

En fin, una institucionalidad fortalecida y con recursos para atender una emergencia y, mejor aún, para prevenirla. Nunca he entendido por qué las mafias tienen dragas para sacar oro y dañar los ríos, y el Estado no las tiene para cuidarlos y evitar que el país siga… de desastre en desastre.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

No he renunciado

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Sábado 31 de enero de 2026).- Es inevitable referirme en este espacio a la carta que envié al director del Centro Democrático, filtrada a los medios con intenciones que desconozco, pero adivino, en la cual señalaba algunos indicios y hechos que merecen ser aclarados –y no lo han sido–, sobre el proceso para elegir el candidato presidencial del partido, en el cual mi esposa, María Fernanda Cabal, fue una de las precandidatas. 

Sea lo primero reiterar que mis reparos son “al proceso”, que no al resultado, aunque este último pueda verse afectado por un proceso cuestionable. Vale decir, entonces, como lo afirmé en la carta de marras, que no desconocemos la condición de Paloma Valencia como candidata del Centro Democrático. Es, simplemente, un hecho cumplido y apoyaremos su aspiración mientras seamos miembros del partido.

Eso me lleva a una segunda consideración, o mejor, a una afirmación categórica. No he renunciado al partido y menos aún María Fernanda. Hoy seguimos siendo miembros activos y yo parte de su Dirección Nacional, mientras no renuncie o sea retirado de ella por las instancias que correspondan. 

Claramente, en la carta en que hicimos reparos al proceso, firmada por mí, pero a nombre también de María Fernanda, manifestamos nuestra incomodidad –“No queremos continuar… Sentimos que no tenemos espacio” –, pero una cosa es manifestar inconformidad en una organización que se precia de democrática, y otra muy diferente interpretar tal manifestación como una renuncia, cuando lo que presentamos fue una propuesta de escisión que le permita a María Fernanda abrir caminos y conquistar espacios en su propósito de servirle a los colombianos desde el quehacer político, en consonancia con sus convicciones.

Ahora bien, al margen de que mi carta haya sido filtrada con oportunidad conveniente y ocultos intereses, no puedo entender que se responda con un escueto comunicado, en la línea de seguir eludiendo las respuestas, y que, además, haya sido entendida como una carta de renuncia, pues nada en ella indicaba que así fuera.

Los estatutos contemplan que el militante puede renunciar manifestando por escrito la voluntad expresa de hacerlo, la cual no necesita aceptación y opera con la sola presentación. Así las cosas, aunque el comunicado de la Dirección del partido lamenta mi renuncia y agradece mis servicios, pues yo también agradezco esas palabras, pero la manifestación escrita de mi expresa voluntad de renunciar no existe, porque, sencillamente, no la he presentado.

Una cosa más: Hay quienes critican que sea yo el firmante de la carta y de los derechos de petición que la precedieron, y que hable en nombre de María Fernanda. Bueno, es algo que decidimos en esa suerte de propósito familiar que fue la campaña, al que se sumaron muchos entusiasmos que agradezco. Ya hablará ella cuando bajen las aguas. Además, lo hago basado en el derecho que me asiste como miembro del partido y de su Dirección Nacional.

¿Qué pienso ahora? Que en medio de tanta gente valiosa con la que he compartido, hay titiriteros visibles que mueven hilos invisibles en el partido para mover sus propias agendas y sacar a codazos a quienes les estorban. Uno de ellos, escondido tras los editoriales de un medio digital, a comienzos de diciembre denostaba del partido y de sus tres precandidatas, y el 15 de diciembre, una vez conocido el resultado, editorializó con tono triunfal: “Sin Cabal, Uribe gana”.

¿Qué pensamos hacia delante? Que nuestra identificación con los principios fundantes del Centro Democrático sale incólume de este infortunado episodio; que el partido no debería perder su identificación con “La Derecha” que hoy resurge en el mundo…, y que seguimos esperando una respuesta a nuestras inquietudes y nuestra solicitud.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

El campo no necesita tierras: necesita dueños, tecnología y autoridad

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Viernes 30 de enero de 2026).- Mientras la política insiste en repartir tierra como consigna ideológica, el campo colombiano se hunde entre informalidad, baja productividad y pérdida de mercados. Sin propiedad protegida, sin agua, sin tecnología y sin autoridad, no hay soberanía alimentaria posible. Esta columna interpela directamente a los candidatos de centro y derecha —y en especial a Abelardo de la Espriella— a asumir una verdad incómoda: el agro no es una causa social, es una empresa estratégica que exige gobierno, carácter y resultados.

El debate agropecuario en Colombia sigue atrapado en una nostalgia peligrosa. Se discute la tierra como si estuviéramos en el siglo XIX, mientras el mundo compite con tecnología, escala, trazabilidad y mercado. Ese desfase intelectual es el que mantiene al campo pobre, informal y políticamente manipulable.

La realidad de 2026 no admite relatos: el dólar ronda los $3.660, castigando el ingreso exportador; la leche de Estados Unidos entra con arancel cero, amenazando a miles de productores nacionales; y la inseguridad jurídica continúa expulsando inversión del territorio rural. Frente a este escenario, el romanticismo agrario no es ingenuo: es irresponsable.

Este mensaje va dirigido a los candidatos que se reclaman del centro y la derecha, y de manera particular a Abelardo de la Espriella: si aspiran a gobernar Colombia, deben entender que el campo no se administra con consignas, se gobierna con autoridad, números y mercado.

Propiedad o miseria: no hay punto medio

No existe agro competitivo sin seguridad jurídica plena. Más del 50% de los predios rurales permanecen en la informalidad. La tierra sin título no es riqueza: es pobreza con papeles. Es productor sin crédito, sin inversión y sin futuro.

No caben ambigüedades:

La invasión de tierras es un delito económico, no una causa social.

La titulación masiva, apoyada en catastro moderno y tecnología, debe ser prioridad nacional.

Un productor con propiedad protegida es empresario; sin ella, es rehén del asistencialismo.

Candidatos: si no son capaces de defender la propiedad privada rural, no están listos para gobernar el país productivo.

Seguridad rural: sin orden no hay agro

No hay productividad donde manda la extorsión, el abigeato o el grupo armado. La seguridad rural no es un asunto ideológico: es política económica pura.

Quien aspire a la Presidencia debe decirlo sin rodeos:

Fuerza Pública permanente en zonas rurales.

Judicialización efectiva del delito rural.

Cero tolerancia con el despojo disfrazado de reforma agraria.

El campo no vota por discursos; vota por quien le devuelva el control del territorio.

Agua: el insumo que el Estado sabotea

Entregar tierra sin agua es una estafa social. El caso de la Represa del Cercado (Rancherías), con 198 millones de m3 sin distritos de riego funcionales, es la prueba de una política pública fallida.

Colombia no necesita más diagnósticos: necesita ingeniería hidráulica productiva, riego, drenaje y gestión técnica del agua. Sin eso, cualquier promesa agraria es humo.

Ganadería regenerativa: la ventaja que nadie se atreve a liderar

Con 28 millones de hectáreas en pasturas y una carga promedio de apenas 0,6 cabezas por hectárea, Colombia desperdicia su mayor activo. El problema no es la ganadería; es la mediocridad productiva tolerada por el Estado.

La ruta es clara:

Sistemas silvopastoriles.

Elevar la carga a 2,0 UGG/ha.

Certificar carne baja en carbono y trazable.

Apuntar a mercados premium en China y Medio Oriente.

Mientras EE. UU. compite con leche subsidiada, Colombia debe responder con carne de alto valor. El ganadero no es el enemigo ambiental: es parte de la solución económica si se le deja producir y vender bien.

Crédito y tecnología: solo para los que producen

El crédito público no puede seguir financiando la ineficiencia. El ICR debe premiar exclusivamente la tecnificación real, la genética adaptada al trópico, la sanidad, la infraestructura de frío y la transformación en origen.

Y basta de diplomacia decorativa: Colombia necesita embajadores vendedores, con metas claras de apertura sanitaria y exportaciones agroalimentarias.

Conclusión

Un peso revaluado obliga a ser eficientes o desaparecer. La soberanía alimentaria no se construye con minifundios improductivos ni con discursos de plaza pública, sino con una clase media rural propietaria, tecnificada y conectada al mercado global.

El mensaje final a Abelardo de la Espriella y a los candidatos de centro-derecha es inequívoco:

El agro es una empresa de alto nivel.

Quien no tenga el carácter para imponer autoridad, defender la propiedad y exigir productividad, no debe aspirar a gobernar Colombia.

El campo no necesita más promesas.

Necesita gobierno.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

Arroz: Precio explicaría reducción del área

NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Carlos Alberto Estefan Upegui * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(CAEU – Jueves 29 de enero de 2026).- El paro arrocero sufrido a partir del 14 de julio del 2025, con bloqueos en vías de varios departamentos, entre ellos Tolima, Huila, Meta, Casanare, Córdoba y Sucre, que según el DANE ofrecen el 75% del arroz total de Colombia incluido el Valle, fue ocasionado por la crisis de precios y el incumplimiento de los acuerdos firmados con el Gobierno Nacional en marzo de ese mismo año.

Entre enero de 2024 y enero de 2025 el valor de la tonelada de arroz paddy verde, varió en $276.771 a la baja; a raíz de lo cual se le dijo al gobierno, que primero debía sentar a negociar a las partes, productores e industriales, conforme lo establece la Ley 1340/09 artículo 5 y de no haber negociación, implementar medidas que permitiesen sacar del mercado la sobre oferta estacional de ese momento que no había sido absorbida por el sistema de comercialización. Más el contrabando y las importaciones.

Así mismo, se le recordó que en situaciones semejantes lo más adecuado había sido el «Incentivo al almacenamiento de cosechas», exitoso durante 25 años.

O tal como lo venimos diciendo hace 30 años desde la otrora Bolsa Nacional Agropecuaria (BNA), utilizar los instrumentos de cobertura a través de los derivados financieros, como sucede en los principales mercados agrícolas del mundo.

Recordemos que este es un mercado oligopsónico o sea, de muchos vendedores y pocos compradores, donde quien compra tiene la posición dominante; motivo por el cual, los gobiernos deben vigilar su comportamiento.

En consecuencia, la Cartera de Agricultura emitió una resolución, previa publicación del borrador para comentarios, con la cual sometía el precio del arroz paddy verde al régimen de libertad regulada.

Sin embargo, un año después sucede que… «El pronóstico arrocero 2025/2026 muestra un escenario pesimista debido precios desfavorables.» Así lo señala el boletín de Agrobursátil S.A., con fines informativos, sobre cifras obtenidas de fuentes primarias y secundarias y sus respectivas estimaciones.

“Escenario pesimista que se construye a partir de un ajuste a la baja en el área sembrada y en la producción total, como respuesta racional del productor a un entorno de precios deprimidos.”

En ese contexto, se refleja una contracción significativa de la escala productiva respecto a escenarios más optimistas. La superficie total proyectada asciende a 164.686 hectáreas, evidenciando una reducción del área como mecanismo de mitigación del riesgo de rentabilidad ante la caída del precio. Y la producción estimada alcanza 1.011.172 toneladas, lo que representa una contracción relevante de la oferta física.

En este orden de ideas, sugiere que la caída del precio podría explicar la reducción del área y del volumen producido y que “el principal riesgo del ciclo es económico, concentrándose en la rentabilidad del productor durante los meses de mayor cosecha (enero–marzo), que agrupan el 61% de la producción…”

A esto se agregan los altos costos del arriendo de la tierra, la preparación del terreno, riego, fertilización, etc.

* Carlos Alberto Estefan Upegui, Exgobernador del Tolima y exgerente de la Bolsa Nacional Agropecuaria, hoy Bolsa Mercantil de Colombia.

Mercado del cacao bajo presión en Colombia

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Alejandro Peralta * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(Marcafab – Sábado 24 de enero de 2026).- Hasta el martes 20 de enero, el cacao en bolsa se ubicó en USD 4.352 por tonelada, mientras que el quintal ronda los USD 179. Analistas advierten que el precio podría seguir bajando por el aumento de la oferta internacional, especialmente desde África Occidental, y una demanda global más débil.

Aunque el 20 de enero se registró un leve repunte, los fundamentos del mercado siguen apuntando a una tendencia bajista con alta volatilidad. Comerciantes y productores señalan que mejores condiciones climáticas, menor molienda y una corrección tras precios históricamente altos explican la caída. En zonas productoras de Colombia, el quintal ya se paga cerca de USD 170.

Preocupación en el campo colombiano

Productores advierten que, si la baja se prolonga, la rentabilidad podría verse comprometida. Los costos de fertilizantes y productos de nutrición se mantienen elevados y, con la llegada de la temporada de lluvias, aumentan los gastos por poda y mano de obra, presionando aún más los márgenes.

Dato clave: El 21 de enero de 2026, el cacao tocó su nivel más bajo en dos años, tras haber alcanzado meses atrás valores cercanos a USD 11.000 por tonelada. En el mercado local, un tarro de cacao se cotiza entre USD 25 y USD 30.

El cacao sigue siendo rentable por ahora en Colombia, pero el mercado muestra señales claras de enfriamiento.

* Alejandro Peralta (Analítico y Escritor), LATAM Business Developer and Expansion Specialist. Marketing & Comercio de Café & Cacao.

Carne y Leche: mundos y riesgos diferentes

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 23 de enero de 2026).- En mi columna de la semana anterior advertí del desastre del gobierno Petro en el manejo de las finanzas públicas, que amenaza con arrastrar a la economía y, por tanto, a la producción y las exportaciones agropecuarias, riesgo del cual no escapa la ganadería, eslabón primario de las cadenas cárnica y láctea, estratégicas para la seguridad alimentaria del país y la diversificación de las exportaciones agropecuarias.

Sin embargo, la carne y la leche son mundos con fortalezas comunes, pero con amenazas diferentes, a las que hoy se suma el impacto negativo de las medidas económicas del gobierno.

Hablemos de carne. La población mundial, que sobrepasó los 8.000 millones de habitantes, no detiene su tendencia de crecimiento ni su apetito por la proteína animal, lo que representa una oportunidad para los países productores de carne bovina, Colombia entre ellos, en el puesto 16 de la producción mundial, hoy concentrada en cinco países:  Estados Unidos, Brasil, China, Argentina y Australia, que suman el 51,6% del total.

Durante la última década nuestras exportaciones de carne y animales han crecido, con un pico en 2022, cuando superaron los 500 millones de dólares, cota a la que nos acercamos nuevamente con rapidez, pese a la devaluación de dólar, pero gracias al acceso al mercado chino en 2024; el cual abre una inmensa posibilidad a partir de 2026, con el establecimiento de cuotas anuales y arancel del 55% a las importaciones de Brasil, Argentina y Uruguay que superen el 3% de las mismas, mientras que Colombia conserva el acceso libre. Sin embargo, es una oportunidad coyunturalmente neutralizada por la devaluación del dólar, un fenómeno mundial, pero más acelerado en nuestro país por la monetización de la excesiva deuda pública, de los dólares del narcotráfico y la amenaza de repatriación de inversiones de los fondos de pensiones.

Ahora bien, lo que para la carne es la afectación coyuntural de una oportunidad, para la leche es el agravante cierto de una amenaza a la supervivencia del subsector. En efecto, a partir de 2026, en virtud del TLC con Estados Unidos se libera el comercio de lácteos con ese país y las importaciones entrarán sin límite, sin arancel y sin contraprestación alguna, pues el principal producto transable, la leche en polvo, es un commodity en el que Colombia no es competitiva, desventaja que ni siquiera se compensa con exportaciones de carne, esas sí competitivas, pero sin acceso a ese mercado; por lo que le hemos pedido al gobierno que este tema se incorpore y sea relevante en la próxima reunión de los presidentes Trump y Petro.

El libre comercio de leche con Estados Unidos y el dólar barato amenazan con una avalancha importadora que disminuirá el acopio formal y deprimirá el precio interno, mientras los costos de producción aumentan por efectos de la inflación y, en este año en particular, por el exagerado incremento del salario mínimo. Las estimaciones son catastróficas. Se podrían perder más de 150 mil empleos rurales y 70 mil fincas ganaderas, la mayoría pequeñas, podrían desaparecer del mapa productivo de la leche en Colombia.

Sea la oportunidad para reivindicar el inmenso esfuerzo de más de 600.000 ganaderos, invisible para el consumidor que no repara en las dificultades de producir carne y leche en medio del abandono y la violencia, que son marca de fábrica de nuestra producción rural.  Gracias a su tesón tenemos el hato número 12 del mundo, con cerca de 30 millones de animales que producen anualmente más de un millón de toneladas de carne y más de 7.500 millones de litros de leche.

Un esfuerzo bajo amenaza, mientras el Gobierno… guarda silencio.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

Café: Preocupación por el comportamiento del dólar

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: German Bahamón Jaramillo * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(GBJ – Sábado 17 de enero de 2026).- En el último año el peso colombiano se ha apreciado con fuerza: pasamos de COP $4.409 por dólar a comienzos de enero de 2025, a alrededor de COP $3.663 el 13 de enero de 2026. Es una apreciación cercana al 16,9%.

Para muchos esto suena a una “buena noticia”. Pero para un país que vive de producir y exportar, una revaluación tan rápida tiene un costo real: perdemos competitividad y se reducen los ingresos de quienes generan divisas y desarrollo económico.

En el café, el impacto es directo y fácil de entender. En el último año, la tasa de cambio se apreció cerca de COP $746 por dólar. Eso ha significado que, solo por efecto cambiario, cada carga de café ha perdido del orden de $500.000 a $550.000 pesos por carga frente a lo que habría recibido el productor hace un año. En otras palabras: el mismo café, con la misma calidad y el mismo esfuerzo, hoy paga medio millón de pesos menos por carga únicamente por la revaluación del peso.

Así, miles de familias cafeteras han visto caer sus ingresos aun cuando hacen bien su trabajo y responden a un mercado cada vez más exigente en calidad y sostenibilidad.

Cuidar la competitividad no es pedir privilegios: es proteger el ingreso rural, el empleo y las exportaciones. Hoy el cafetero recibe menos pesos por cada dólar, en tanto sus costos suben por inflación, salario mínimo más alto y tasas de interés elevadas en 2026. Esa combinación reduce los márgenes y pone en riesgo la inversión y la producción. Por eso se necesita una ruta fiscal seria y creíble, con gasto más eficiente y un recaudo que no castigue la formalidad ni la producción, para que el tipo de cambio vuelva a ser un aliado y no un freno para el país productivo.

La fortaleza de Colombia no se mide por una moneda artificialmente fuerte, sino por un aparato productivo competitivo, capaz de generar valor, empleo y divisas de manera sostenible.

* German Bahamón Jaramillo, Gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC). @GermanBahamon @FedeCafeteros

15 minutos de confusión

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 16 de enero de 2026).- Así se podría describir la alocución presidencial del 14 de enero, en la que Petro nos quiso convencer de que avanzamos hacia un milagro económico, que no al desastre de las finanzas públicas que amenaza con arrastrar consigo a la economía y a los pobres que dice defender.

La alocución inició con una primera confusión –léase mentira– que insulta la realidad de la producción nacional. Para justificar los aumentos populistas del salario mínimo, ahora resulta que, a pesar del aumento real del mínimo del 18%, que “sus decretos” lograron entre 2023 y  2025, es decir, a pesar del aumento de los costos laborales y de todos los precios de la economía, expresados en la inflación, que fue del 5,1% para 2025, durante ese año “mágico” fue más barato producir cualquier cosa en Colombia, pues según una gráfica del DANE, que Petro mostró sacando pecho, el Índice de Precios al Productor (IPP), sorpresivamente disminuyó un 2,63% y los productores se ahorraron una platica. Demasiado bueno para ser cierto. Definitivamente, el DANE no paga las facturas ni las nóminas del sector productivo. 

De ahí pasó Petro a otra “confusión” sobre su decisión justiciera del “mínimo vital”, pues, sin que se haya pagado siquiera la primera quincena, Petro asegura que el desproporcionado aumento del 23,7% para 2026, no ha hecho ni hará subir los precios, para lo cual sacó del sombrero la prueba reina de un extenso listado de alimentos de Corabastos, cuyos precios, ese  14 de enero, se reportaban “estables”, sin explicar con respecto a qué periodo: ¿el día, la semana  o el mes anterior?, para rematar afirmando que “el precio de los alimentos es lo que determina la inflación en Colombia”, lo cual es falso, pues olvida el transporte, los servicios públicos, la salud y el largo etcétera de la canasta familiar.

En el segundo segmento de su alocución, Petro defendió la emergencia económica, porque un malvado Congreso le tumbó la Ley de Financiamiento y eso para él es un “hecho sobreviniente”, es decir, que el manejo fiscal irresponsable es comparable a la pandemia o la erupción del Nevado del Ruiz en 1985.

Muchos analistas han desmentido estas “confusiones”: Que los impuestos son para los más ricos, pero incluyen el alza al “aguardientico”, que desató la rebelión de los gobernadores. Que el endeudamiento reciente en más de 10.000 millones de dólares es cambio de deuda cara por deuda barata, pero somos el cuarto país ¡en el mundo! con la deuda externa más costosa y, además, es sabido que el afán es cuadrar caja para seguir gastando y así comprar la victoria de Cepeda. Que este endeudamiento reduce el déficit fiscal, pero los expertos vaticinan que podrá ser el más alto en la historia. 

La verdad es que estamos ante una situación de riesgo inminente y grave, una de cuyas expresiones es la apreciación del peso por la monetización del endeudamiento y, claro, de los dólares del narcotráfico, amén de la amenaza de repatriación de las inversiones de los fondos de pensiones. El dólar barato es excelente noticia para los importadores, pésima para la pequeña y mediana industria que no podrá competir, y un desastre para los exportadores.

La ganadería es un ejemplo de esa perturbación económica. Los aranceles del 55%, impuestos por China a sus principales vendedores de carne son una oportunidad para Colombia, hoy neutralizada por el dólar barato. El libre comercio de leche con Estados Unidos a partir de 2026 y ese dólar barato, amenazan con importaciones masivas y la destrucción de la producción lechera nacional. 

Así que, frente a la confusión…, una decisión sensata en las urnas. 

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

China abre la puerta; Colombia debe entrar con decisión

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Sábado 10 de enero de 2026).- La imposición de cuotas y aranceles a los grandes exportadores de carne en Sudamérica deja a Colombia en una posición privilegiada ante China. La oportunidad es histórica: tenemos hato, tenemos sostenibilidad y tenemos reputación. Ahora necesitamos trazabilidad plena, genética dirigida a carne, institucionalidad alineada y decisión del sector ganadero para asumir el rol que el mundo nos está ofreciendo.

El inicio de 2026 trae un remezón en el tablero mundial de la carne bovina. China, el mayor consumidor del planeta, decidió imponer cuotas y un arancel del 55 % a las importaciones que superen los volúmenes asignados a Argentina, Brasil y Uruguay. Pero Colombia quedó al margen. No nos aplican límites ni sanciones, no estamos en las listas castigadas y, por primera vez en mucho tiempo, la geopolítica de la carne nos pone en ventaja.

Mientras los grandes jugadores hacen cuentas para no desbordar sus cupos, Colombia entra sin sobrecostos ni penalidades. Y eso cambia el equilibrio competitivo. No es un guiño menor del mercado. Es una oportunidad histórica que exige visión, responsabilidad y liderazgo.

Las cifras confirman que ya estábamos tocando esa puerta. Entre enero y octubre de 2025, China nos compró 16.006 toneladas de carne bovina por 77,6 millones de dólares, superando de largo las 10.650 toneladas de todo 2024. Las proyecciones de Fedegán hablan de la posibilidad de llegar a cerca de 50.000 toneladas, dependiendo del comportamiento del mercado interno. Eso significa empleo, inversión, divisas, desarrollo rural y fortalecimiento de una cadena productiva que nunca ha fallado en su compromiso con Colombia.

Pero nuestra ventaja no es solo comercial; es moral, ambiental y productiva. A diferencia de otros países, en Colombia la producción cárnica en confinamiento es absolutamente marginal. Nuestro modelo no es de encierro y ración industrializada. Nuestro modelo es de potrero, de pasto, agua y sal; de carne natural, libre de modificadores inorgánicos y prácticas agresivas. Y eso hoy pesa en la reputación internacional tanto como el precio o el volumen.

Además, no es un discurso vacío. El gremio viene haciendo una tarea seria. Fedegán avanza, con apoyo de la cooperación internacional, en sistemas silvopastoriles que integran árboles, pradera y ganado, aportando captura de carbono, bienestar animal, biodiversidad y restauración ambiental. Ese esfuerzo debe escalarse, financiarse mejor, consolidarse en política pública y convertirse en sello de identidad ante el mundo. Colombia puede y debe posicionarse no solo como proveedor de carne, sino como proveedor de carne sostenible.

Sin embargo, hay que decirlo con franqueza: nos falta terminar de cerrar el círculo. La trazabilidad sigue siendo una deuda estratégica. No basta con producir bien; tenemos que demostrarlo, certificarlo y seguirlo desde el origen hasta el plato del consumidor. El trabajo institucional existe, pero aún no logramos la meta final de trazabilidad plena y confiable. Ese es el pasaporte definitivo para competir sin complejos en mercados sofisticados.

Tampoco podemos depender únicamente de China. Hoy abre su puerta, pero el mundo cambia. Se necesitan más mercados, más acuerdos, más diversificación y una estrategia agresiva pero inteligente para no caer en dependencias que luego puedan castigarnos con aranceles o restricciones. Y ahí el nuevo gobierno tiene una obligación histórica: fortalecer sanidad, infraestructura portuaria, diplomacia comercial, seguridad jurídica y acompañamiento real al productor. Estados Unidos debe ser mercado natural por proximidad y capacidad, y debemos llegar con la misma decisión con que hoy miramos a China.

Tenemos hato, tenemos calidad, tenemos sostenibilidad y tenemos reputación. Falta ordenar la casa, consolidar trazabilidad, mejorar genética orientada a carne, ampliar los sistemas silvopastoriles y creer en grande. La invitación a los ganaderos es clara: es tiempo de producir pensando en el mundo, no solo en el mercado interno. El escenario está servido y Colombia tiene con qué ocupar un lugar protagónico en la carne global.

Hoy el mundo mira hacia nosotros. La pregunta es si vamos a responder con timidez o con grandeza. Yo espero, y creo, que será lo segundo.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

El riesgo de volver a equivocarse

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 9 de enero de 2026).- El tema del día y quizás del año es la “extracción” de Nicolás Maduro, pero más allá de lo episódico, lo importante es lo que viene para Venezuela y también para Colombia, pues nuestra frontera común, nuestras 300.000 hectáreas de coca y nuestros bandidos binacionales nos hacen parte del problema.

Van y vienen las tesis de expertos y la condena de la izquierda y del centro confundido a la operación militar y a las intenciones de Estados Unidos con viejos lugares comunes: que la libre determinación de los pueblos, como si el venezolano no hubiera perdido, hace un cuarto de siglo, esa libertad de definir su destino; que la soberanía, entendida como el poder “soberano” de un Estado para gobernar, legislar e impartir justicia por delegación del pueblo en las urnas, algo que perdió Venezuela cuando la voluntad popular quedo sepultada bajo la dictadura socialista del siglo XXI.

Democracia, libertad, soberanía, son palabras vacías si no tienen expresión en la vida de las personas. Ocho millones de exiliados, la destrucción del aparato productivo, incluido el  petróleo; presos políticos, corrupción, desempleo, pobreza y el miedo de un pueblo como forma de vida, sometido por el Estado y sus tentáculos en la sociedad –colectivos chavistas armados y paramilitarismo eleno, entre otros– son la demostración de que esos conceptos, que hoy se invocan con supina hipocresía en el mundo, son historia en Venezuela desde hace décadas, con el silencio cómplice de una comunidad internacional que ahora se escandaliza con la intervención estadounidense.

Siempre habrá quien se acomode a la tiranía por mezquindad o subsistencia, pero la mayoría de los venezolanos exiliados o en su patria, a quienes no les importa la geopolítica, el petróleo ni el imperialismo, ve en la intervención un camino posible hacia el retorno de la democracia.

Ahora bien, hay señales confusas para quienes vemos la película desde lejos, mas no para el gobierno Trump, que no se embarcó en semejante operación militar de alto riesgo y precisión quirúrgica, para luego no saber qué hacer, como afirman algunos analistas. “No estamos improvisando”, afirmó Marco Rubio ante la prensa mundial, después de explicar la estrategia para Venezuela.

Por el contrario, hay una hoja de ruta, y se equivocan quienes pretenden que la motivación de Estados Unidos debería ser meramente filantrópica o de defensa romántica de la democracia. No. Se trata de geopolítica pura y dura, de supremacía política y comercial en la región, de Doctrina Monroe, de América para los americanos.

La interdependencia entre países es una realidad económica y geopolítica, y si me preguntan, prefiero la alianza con mi vecino, a quien conozco y con quien comparto afinidades. No tengo dudas cuando pienso en lo que el lejano comunismo soviético le hizo a América Latina con la financiación de la revolución armada a través de su enclave cubano, que hoy todavía nos amenaza devenida en narcoterrorismo, y en lo que le hizo a Venezuela su heredero, el socialismo progresista.

Petro entregará el poder el 7 de agosto y en mayo Colombia no puede volver a equivocarse en las urnas ni a equivocarse de amigos, pues la economía del país no resistirá un segundo capítulo de la izquierda populista y promesera, ni de su connivencia negociadora con el narcoterrorismo, aunque Petro, de dientes para afuera, le haya pedido a Trump que le ayude a “golpear duro al ELN en la frontera”.

Trump tiene clara su estrategia en Venezuela, y si Colombia no corrige el rumbo y se coloca del lado correcto de la historia y de la geopolítica continental, también tendrá clara su estrategia frente al narcoterrorismo en nuestro país.