La justicia… ¿utilizada?

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 29 de agosto de 2025).- En el siglo XVIII, el Barón de Montesquieu desarrolló el fundamento de la democracia moderna: la separación de tres poderes, entre los cuales, sin embargo, “La justicia es la virtud de las instituciones”. Nada nuevo. Aristóteles, hace 23 siglos, afirmaba que “En la justicia se encuentran en suma todas las virtudes” y es el centro del ordenamiento de la sociedad. 

No obstante, hoy se pretende despojarla de sus virtudes y utilizarla para repartir impunidad o como arma de persecución política. El autor de un magnicidio, menor de edad, pero con pleno uso de razón, estará siete años en una “institución especializada”, condenado por “intento de homicidio”, porque -vaya curiosidad de nuestras leyes- cuando aceptó cargos, Miguel Uribe aún vivía y, aunque parezca insólito, la ley está por encima de la tozuda realidad de la muerte.

Los responsables, según la JEP, del “reclutamiento y utilización sistemática” de 18.677 menores, incluido abuso sexual, esperan condena sentados en el Congreso y tranquilos, porque saben que serán apenas “restaurativas”. ¿Acaso impunidad como negación de justicia?

En 2012, el senador Cepeda acusó al también senador Álvaro Uribe de conformación de grupos paramilitares, a partir de testimonios de bandidos condenados, por lo cual el expresidente lo demandó ante la Corte Suprema por manipulación de testigos.

Seis años después la Corte cierra el caso contra Cepeda y, sorpresivamente, el acusador pasa a ser acusado. Es la Corte de los desacuerdos con el expresidente durante su mandato y de la cual hacía parte José Leónidas Bustos, su presidente en 2015 y hoy prófugo, acusado de corrupción con otros magistrados: el “Cartel de la Toga”. ¿Acaso la utilización de la justicia como venganza?

Desde entonces ha sucedido de todo: chuzadas ilegales y falta de garantías, renuncia al Senado del expresidente y traslado a la jurisdicción ordinaria, donde la justicia también se había quitado la venda de su neutralidad. ¿Qué siguió? La negación de dos solicitudes de preclusión por parte de los fiscales del caso y una tercera en el Tribunal, terminando con un juicio oral en el que, por fin, coinciden una fiscal y una juez que querían condenar a Uribe y no lo pudieron ocultar; juicio plagado de irregularidades que el país vio por televisión. ¿Acaso el ataque de una justicia sesgada?

La defensa del expresidente apela la condena a 12 años de cárcel e interpone tutela contra la reclusión inmediata de Uribe, que es fallada a su favor, a lo cual Cepeda contraataca buscando anulación, mientras que, gracias a su triunfo contra Uribe, que es de toda la izquierda, se catapulta como precandidato presidencial.

En el entretanto, el expresidente, sus hijos y el Centro Democrático denuncian su inconformidad con el juicio, así como la agresiva obsesión de Cepeda y sus nexos con las Farc y la llamada Farc-política, frente a la cual ha callado la justicia durante años.

Epílogo: Una nueva demanda del senador por injuria y calumnia contra Uribe, sus hijos y el director del partido. ¿Acaso es selectivo el derecho a denunciar y sentirse ofendido?, ¿acaso es la justicia utilizada como arma política?

Creo en la justicia como institución; creo, con el estagirita, que la justicia, como virtud esencial de la democracia, debe seguir siendo el eje del ordenamiento de la sociedad. Sin embargo, cuando se quita la venda de la neutralidad para ser selectiva o utilizada a conveniencia, afecta gravemente la confianza ciudadana y, entonces, cuando dejamos de creer, la justicia pasa de ser el centro del ordenamiento de la sociedad… a la causa de su desorden.

Sin justicia no hay ley ni orden…, sin orden no hay seguridad…, sin seguridad no hay verdadera libertad.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

La Reforma Agraria de Petro: Promesas incumplidas y ataques a la propiedad privada

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Viernes 29 de agosto de 2025).- El gobierno de Gustavo Petro ha enarbolado la reforma agraria como una de sus banderas populistas para afianzar su permanencia en el poder. Desde la época preelectoral, buscó capturar el voto rural con la promesa de entregar tierras a quienes no las poseen o las tienen en cantidad insuficiente. Para ello, juró distribuir tres millones de hectáreas en cumplimiento de sus compromisos de campaña.

Sin embargo, según datos oficiales de la Agencia Nacional de Tierras (ANT) y la Presidencia, hasta agosto de 2025 se han gestionado alrededor de 647.000 hectáreas mediante recuperación, compra y formalización, de las cuales solo unas 250.000 han sido efectivamente entregadas a beneficiarios. Esto representa menos del 10% de lo prometido, y el tiempo se agota: el sol está a sus espaldas, y muy poco de lo anunciado se ha materializado. Incluso, en lo poco que ha avanzado, el gobierno actúa al margen de la ley. Un ejemplo flagrante es la hacienda Las Américas en el Cesar, donde, a sabiendas de la imposibilidad jurídica para repartir las tierras, Petro procedió a una entrega simbólica a más de mil familias.

Los propietarios ejercieron su derecho a la defensa y ganaron el pleito judicial, convirtiendo a esas familias en invasores ilegales. Recientemente, en agosto de 2025, un tribunal tumbó la venta de esta finca de 1.453 hectáreas, avaluada en más de 26.000 millones de pesos, confirmando la irregularidad y dejando en evidencia la irresponsabilidad presidencial que fomenta ocupaciones ilegales.

Durante el 39º Congreso Ganadero en noviembre de 2022, José Félix Lafaurie, a solicitud de Petro, fue designado negociador en los diálogos con el ELN. A cambio, se firmó un acuerdo entre Fedegán y el Ejecutivo: los ganaderos se comprometieron a vender tierras al Estado para distribuirlas entre la población rural necesitada. Hasta la fecha, se han ofertado 1.434 fincas con 605.067hectáreas.

La ANT ha adquirido 62 predios (19.887 hectáreas) y tiene comprometidas 23.056 hectáreas en 48 adicionales, totalizando 110 predios con 42.944 hectáreas de ganaderos.A pesar de esta colaboración, el 14 de marzo de 2025 Petro arremetió nuevamente contra los ganaderos, tildándolos de terratenientes renuentes a vender. Esta reforma se reduce a entregar tierras sin la integralidad para hacerlas productivas, condenando a los beneficiarios a una subsistencia precaria. Los discursos incendiarios de Petro han resonado en el campesinado, impulsando vías de hecho como invasiones y ocupaciones ilegales, a menudo orquestadas por grupos al margen de la ley.

En las últimas semanas, hemos visto un recrudecimiento de ataques a la propiedad rural. En Bolívar, en Arjona y Turbaco, ocupantes traídos de otras regiones, apoyados por motos de alto cilindraje y gama, camiones con equipo, se instalaron rápidamente en fincas, en acciones coordinadas que sugieren respaldo organizado. En Puerto Parra, Santander, invasores equipados desde fuera ocuparon predios ilegalmente. En Zarzal, Valle del Cauca, la ANT prefirió entregar tierras a afrodescendientes e indígenas de Cali, ignorando a los lugareños. En Tolima, las fincas Guamal y Tabor fueron invadidas; solo gracias a la Policía Nacional, con su componente de carabineros y el apoyo del gremio ganadero local, se logró el desalojo.

Como se aprecia, estas ocupaciones ilegales, al parecer, presuntamente son promovidas desde el gobierno mediante filtraciones de información sobre fincas ofertadas en venta, aún en proceso de compra por la ANT, sin cierre ni pago. Esto parece un esfuerzo por ganar adeptos políticos en el rural, generando “núcleos productivos” que, en realidad, son puntas de lanza para atacar la propiedad privada.

Desde otra perspectiva, los avalúos catastrales del IGAC, inflados desproporcionadamente (hasta diez veces), parecen diseñados para forzar daciones en pago, configurando una expropiación indirecta. Recordemos a la ANT y al Ejecutivo: estos avalúos fijan el precio mínimo de negociación estatal. Si no cumplieron con los anteriores, menos lo harán ahora. No se debe engañar a los electores con promesas incumplibles.

En conclusión, esta reforma agraria no es más que un fracaso legal y productivo que socava el Estado de derecho. se le debe exigir al gobierno Petro, aclarar si están presuntamente detrás de las invasiones y cesar de ser así, su promoción, respetar la propiedad privada y priorizar compras legales con apoyo técnico para verdadera productividad. De lo contrario, Petro no solo incumple, sino que siembra caos y divide al país. La ley debe prevalecer sobre el populismo.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

Llamado de urgencia por la defensa del agro colombiano

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Por: Leonardo Ariza Ramirez * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(Acosemillas – Jueves 28 de agosto de 2025).- Cada vez es más evidente la crisis cíclica que enfrenta el sector agropecuario colombiano. Hoy subsectores como el arroz, la papa y la leche han alzado su voz en medio de una realidad repetitiva: la sobreoferta, la caída de precios por debajo de los costos de producción y la ausencia de una política estructural que respalde al productor. Pero igual sucede cada rato con otros productos como la panela, el maíz, los cítricos, el plátano, la yuca, entre otros.

En el campo del arroz, según Fedearroz, la carga de 125 kg de arroz paddy verde se vende entre 170.000 y 185.000 pesos, mientras que los productores exigen un precio mínimo de 205.000 a 220.000 pesos para cubrir costos. La caída de precios de 11,8% en 2024 junto a un inventario nacional récord de más de 534.000 toneladas, casi un 68% por encima del promedio de la última década, lo que desencadenó paros que generaron bloqueos regionales y que afectaron a todos los sectores y a la comunidad en general. Paro y bloqueos que afortunadamente ya se han levantado pero que se mantiene la amenaza latente ante la incertidumbre de la aplicación real de las medidas y acuerdos planteados por el gobierno con los productores y la industria arrocera.

Por su parte la papa tiene su crisis por la baja en el consumo, el contrabando, la sobre oferta y las importaciones de papa procesada entre otras causas que han llevado al sector a un panorama desalentador que afecta a centenares de familias en varios departamentos. Los precios han disminuido en un 71,7 por ciento con respecto a los registrados a comienzos del año, cuando una carga se vendía entre $250.000 y $280.000, con un promedio de $265.000. En el último mes, ese mismo volumen se comercializa entre $70.000 y $80.000, con un promedio de $75.000… y hasta en menos.

En el sector lechero, el gremio Analac, gremio de los productores, alertó que grandes procesadoras han reducido la compra de leche en finca hasta un 15% desde febrero de 2024, en tanto que el precio pagado al productor cayó en al menos un 12,2%, intensificando la presión sobre miles de pequeñas familias rurales.

Asoleche, el gremio de los industriales de la leche advierte que el consumo de leche ha caído un 9% en 2022 y un 6% en 2023, lo que ha generado inventarios industriales equivalentes a unos 200 millones de litros y complicaciones financieras para la agroindustria del sector.

Estas cifras evidencian una urgencia, debemos consolidar una agenda común que movilice lo mejor del agro colombiano: su diversidad, su agroindustria, su talento técnico y su capacidad asociativa. Un campo productivo solo tiene futuro si su producción es acopiada, transformada y conectada con mercados formales y competitivos.

Lo preocupante no es solo la coyuntura, lo verdaderamente alarmante es que seguimos respondiendo con medidas de corto plazo a un problema que requiere una visión de Estado, una ruta clara de largo aliento para el fortalecimiento del agro. Es hora de dejar atrás la dispersión de esfuerzos y unirnos, como sociedad, en torno a una causa que nos concierne a todos: la defensa de la producción nacional de alimentos.

Esa unidad debe ser más que simbólica, implica compromisos reales del Gobierno y del Congreso, que deben mirar al agro con una perspectiva estratégica, lejos de cálculos electorales. Se necesitan políticas públicas estables, construidas con todos los actores del sector, que reconozcan y promuevan la diversidad de los sistemas productivos, desde los campesinos hasta los agroindustriales, con libertad para elegir modelos y tecnologías.

La agroindustria juega un papel clave en esta ecuación. Es el puente que permite transformar la producción primaria en valor agregado, generar empleo rural no agrícola, dinamizar las cadenas de abastecimiento y abrir oportunidades de exportación. Fortalecer la agroindustria no es competir con el agricultor; es darle sostenibilidad y sentido de futuro a la actividad agropecuaria.

Pero para que eso ocurra, necesitamos más inversión en infraestructura, en distritos de riego, vías terciarias, centros de acopio y secado. Requerimos acceso real a tecnología, digitalización, insumos de calidad y asesoría técnica permanente. Y, sobre todo, necesitamos apostarle en serio a la asociatividad: cooperativas, alianzas productivas, esquemas colaborativos que permitan generar economías de escala y mejorar el poder de negociación del productor frente al mercado.

Es por esto por lo que el llamado de urgencia se requiere para establecer lo siguiente:

⮚      Una política pública agropecuaria de estado, con visión a largo plazo y sin afectación de los tiempos electorales y los nuevos funcionarios de turno en el poder.

⮚      Una legislación que asegure la libre operación de todos los sistemas productivos, combinando incentivos a la inversión privada con respaldo no solo al pequeño productor sino a todos los actores de las cadenas productivas de alimentos.

⮚      Recursos efectivos para infraestructura física (vías terciarias, distritos de riego, centros de acopio, secadoras), crédito accesible, insumos de calidad y asistencia técnica profesional para el desarrollo integral de los proyectos productivos.

⮚      Una ruta de representación activa del Congreso, cimentada en alianzas entre bancadas, sin sesgos ideológicos, enfocada en proteger la producción nacional de alimentos.

⮚      Una agenda conjunta de gremios, asociaciones, agroindustria, academia y sociedad, capaz de diseñar estrategias integrales para estabilizar el mercado interno y proyectar exportaciones de valor agregado.

El agro colombiano no puede seguir a la deriva, atrapado entre la incertidumbre climática y la inestabilidad del mercado. Defenderlo es defender la seguridad alimentaria del país, la paz territorial y la economía rural. Ya no hay margen para la indiferencia, nos convoca la urgencia, pero también la oportunidad de hacer las cosas bien. El agro puede y debe ser motor de desarrollo, lo que necesitamos es decisión, coherencia y unidad.

* Leonardo Ariza Ramírez, Gerente general de Acosemillas.

Otra vez…    ¡Ojo con el 2026!

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 22 de agosto de 2025).- Un helicóptero de la Policía Nacional es derribado en Amalfi, Antioquia. Los primeros informes daban cuenta de al menos un muerto…, luego fueron seis…, luego ocho y al final doce.

Cali no cura aún el dolor de los atentados del 10 de junio ni sabe de tranquilidad desde el ataque narcoterrorista disfrazado de estallido social, y hoy un camión bomba explota cerca de la Escuela de Aviación Marco Fidel Suárez, con una cuenta que terminó en seis víctimas fatales.

Dios quiera que los heridos no aumenten la lista de 18 compatriotas que perdieron la vida en apenas unas horas de un mismo día. Sus nombres se publicarán y quizás sus historias, pero muy pronto solo sus familias y amigos los recordarán en un país aquejado de Alzheimer selectivo.

Las víctimas de Cali lo fueron de una guerra ajena para ellos, y los héroes de Amalfi de una contra el narcotráfico que perdió el norte cuando Santos, echando mano de argumentos incompletos de salud pública, cedió a la presión de Chávez en el oriente, de Correa en el sur y de las Farc en la mesa de negociaciones, para suspender la fumigación aérea y reabrirle la puerta al narcotráfico y la violencia que hoy acorralan a la democracia. Tremenda responsabilidad histórica.

Frente a esta ola de violencia, que no será la última, habrá consejos de seguridad, declaraciones oficiales, recompensas, explicaciones estrambóticas de Petro acusando a una Junta del Narcotráfico en Dubái que intenta asesinarlo, y hasta declaraciones de conmoción; pero, una vez más, en este país amnésico todo sucede… y nada pasa.

Que hay un contubernio internacional del narcotráfico, no me cabe duda, pero acá mismo y en la vecindad, surtido por los grupos armados ilegales colombianos que hoy, sin excepción, son mafias narcoterroristas, aunque sorprende que Petro haya solicitado al mundo declarar como tales al Clan del Golfo y las disidencias de las Farc, cuidándose de excepcionar al ELN,  el grupo ilegal con probados vínculos con el dictador en Venezuela, donde funge como grupo paramilitar a su servicio, mientras acá es mafia narcotraficante, ejército de ocupación y financiador del terrorismo, como se comprobó en el tal estallido social en Cali.

Tampoco dudo que “estamos ante una ofensiva por la toma del Estado en buena parte de Latinoamérica por la mafia”, como trinó Petro en junio, a raíz del atentado contra Miguel Uribe, pero no se trata de una amenaza también lejana, porque Petro, aunque deba negarlo, hace parte de esa ofensiva que ha puesto presidentes progresistas en toda la región con recursos del narcotráfico, siguiendo el modelo de Chávez en Venezuela y las directrices del Foro de Sao Paulo, que ante el fracaso de la toma del poder por las armas, opta por el asalto a la democracia desde la democracia misma. En esas estamos en Colombia.

Es claro que ese contubernio narcotraficante está detrás de los ataques terroristas, para allanarle el camino a la continuidad del neocomunismo progresista en la próxima contienda electoral. Es claro que Estados Unidos tiene información sobre el Cartel de los Soles y su cabecilla, Nicolás Maduro, que soporta la bicoca de 50 millones de dólares de recompensa por el dictador y 25 por su compadre Diosdado.

Es claro que Trump no manda por capricho una armada con capacidad de ataque insospechada, como es claro que la tal zona binacional es un piloto de lo que sería el sueño compartido por Petro y Maduro de una Gran Colombia progresista y aliada de potencias terroristas.

Es claro que el narcoterrorismo seguirá atacando. Y si es tan claro…, ¿qué estamos haciendo? ¡Ojo con el 2026!

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

“La paz no es impunidad, ni la seguridad es guerra”

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Viernes 22 de agosto de 2025).- La Constitución garantiza el derecho a elegir y ser elegido; negarlo, vulnerarlo o condicionarlo es quebrar la esencia misma de la democracia.

En lo poco que pude conocerlo, esta frase del entonces senador Miguel Uribe Turbay resume su pensamiento socio-político: un ideario enmarcado en la Seguridad Democrática que, bajo Álvaro Uribe Vélez, rescató a Colombia del narcoterrorismo que la asolaba desde finales del siglo XX.

Miguel retomó esas banderas y las defendió con estatura moral y política en tiempos adversos, frente a un gobierno encabezado por Gustavo Petro, antiguo miembro de grupos que, con violencia, pretendieron tomarse el poder, en una época en que la guerrilla servía al narcotráfico. Aquellos años dejaron tragedias como la toma y quema del Palacio de Justicia (1985), que acabó con casi toda la cúpula de la Corte Suprema y el Consejo de Estado.

Su legado es el de la entrega total a las causas nacionales, con coherencia y servicio. Su carrera fue vertiginosa: concejal de Bogotá, secretario de Gobierno, candidato a la Alcaldía, aspirante al Senado y, finalmente, senador más votado del último periodo legislativo, con 223.000 votos.

Nieto del presidente Julio César Turbay Ayala —creador del Estatuto de Seguridad (Decreto 1923 de 1978), que permitió desarticular organizaciones subversivas—, fue presidente del Concejo de Bogotá y figura destacada del Centro Democrático.

Esa visibilidad despertó la ira presidencial. Entre el 1.º y el 20 de mayo de 2025, Petro dedicó 43 publicaciones en X y dos discursos públicos a atacarlo —uno el Día del Trabajo y otro en Barranquilla—. Ambos precedieron el atentado del 7 de junio de 2025 que, pese a los esfuerzos médicos, terminó con su vida.

Petro no disparó la pistola Glock usada en el crimen, pero con su retórica inflamó los ánimos y corrió simbólicamente la corredera, dejando lista el arma para que un fanático, enardecido por el lema “libertad o muerte”, apretara el gatillo.

Hoy, tras despedir a Miguel, corresponde exigir al gobierno garantías plenas para el ejercicio del derecho fundamental a elegir y ser elegido (art. 40 C.P.). Según la Registraduría Nacional, más de 39 millones de colombianos integran el censo electoral. Deben poder votar libres de miedo y coacción.

La historia enseña: no podemos permitir que en 2026 se repita el error de Venezuela, donde un cálculo político entregó el poder a un proyecto autoritario que lleva 26 años y 6 meses de narcodictadura disfrazada de democracia.

Los partidos y movimientos afines en lo ideológico deben abandonar intereses individuales —políticos, burocráticos o económicos— y acordar un mecanismo único de selección. La Ley 1475 de 2011 (art. 6) permite consultas interpartidistas para definir candidatos. La cita debe ser en marzo de 2026, para llegar a la primera vuelta con un solo aspirante de coalición.

Arriesgarse a una segunda vuelta con voto fragmentado es jugar a la ruleta rusa. La matemática política es implacable: 70 % dividido en diez partes es menos que un 30 % unificado. Y cuidado: una centroizquierda cohesionada (Fajardo o López, por ejemplo) podría superar fácilmente a una derecha dispersa y forzar una segunda vuelta favorable a la izquierda.

No hay excusas: el marco jurídico existe, la experiencia histórica advierte y las cifras confirman el riesgo. La unión no es una opción, es una obligación patriótica.

Soldado avisado no muere en guerra.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

“Su causa fue la seguridad”

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 15 de agosto de 2025).- La historia se repite… Ayer, un niño de 4 años pierde a su madre…, hoy, el hijo de ese niño pierde a su padre, y en medio de esa historia repetida, la entereza de una esposa y madre a pesar del dolor…, y el dolor de un padre convertido en dignidad, compungido, pero con la frente en alto para hablarle sin ambages al país.

¿Por qué esta tragedia se repite en una familia, como se repite, una y otra vez, la dolorosa historia de Colombia, acaso condenada por un dios perverso a cargar cuesta arriba la pesada roca de la violencia, sin alcanzar nunca la cima de la paz?

La historia se repite porque hoy, cuando es asesinado Miguel Uribe, como hace 34 años, cuando lo fue su madre, Diana Turbay, el enemigo es el mismo: el narcotráfico, lo que responde a la primera certeza de Miguel Uribe Londoño: “No tenemos duda de dónde viene la violencia”.

Sin embargo, en este país de paradojas, en la misa fúnebre estaba ausente, por arbitraria decisión de la justicia, el presidente que rescató del narcotráfico a un país al borde del abismo; pero estaba presente y glorificado por el mundo el que, buscando lograr a toda costa la paz que se firma en un papel, no la que siguen esperando los colombianos, le devolvió al narcoterrorismo un país que ya estaba a las puertas de la redención y de un mejor futuro.

Doloroso que así sea, pero en medio de la tristeza de la familia y del país, la despedida de Miguel Uribe fue un momento “político”. No podía ser de otra manera, y no es un irrespeto a su memoria o su familia, pues no dudo que Miguel habría querido que su muerte tuviera ese significado.

Y en ese entorno “político” se habló de paz, sempiterno anhelo de los colombianos, pero no de negociaciones, de perdón social, de justicias restaurativas o de “Paz total”. De lo que sí se habló fue de justicia, de lucha contra el crimen; se habló de… SEGURIDAD.

El expresidente Uribe, en su mensaje leído en el Salón Elíptico –se puede encerrar al hombre, pero no a sus ideas– lo tenía muy claro, no solo cuando exaltó a Miguel, un joven “espiritualmente preparado para ejercer la Presidencia de la República con decoro, con nobleza en la acción y en la palabra. También con la firmeza necesaria para desarticular el crimen…”, sino cuando, haciendo referencia al magnicidio de Galán, afirmó que entonces se gobernaba “con respeto a la Constitución y con vocación de enfrentar al terrorismo, lo cual contrasta con lo que vivimos de un gobierno más preocupado por la alianza terrorista que por la erradicación del crimen”.

Lo tenía claro María Claudia Tarazona cuando le recordó al país que “Miguel siempre creyó en la seguridad y la justicia como pilares fundamentales para conseguir la paz…”

Lo tenía clarísimo Miguel padre al devolverles, con gallardía –palabra que usó una juez para agredir a quien juzgaba– a Álvaro Uribe Vélez y al Centro Democrático las ideas de Miguel; ideas con la impronta del Partido que sabrán honrar sus compañeros: Paloma, Paola, María Fernanda y Andrés, y honrará quien, al final, sea ungido “para emprender la lucha más grande de todos los tiempos para el restablecimiento de la paz”.

Por eso, al final, invitó al país a defender el triunfo de quien tome esas banderas para que vuelva la seguridad, porque “Sin seguridad nunca habrá paz; sin seguridad nunca habrá nada; sin seguridad no habrá una Colombia posible”. Ese fue un propósito de vida para Miguel…, “su causa fue la seguridad”.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

“Por la libertad y la democracia”

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Lunes 11 de agosto de 2025).-Con ese lema el Centro Democrático convocó a los colombianos a marchar el 7 de agosto, con un éxito que, para el gobierno, la izquierda y el centro-santismo, -el que Santos dice que no existe, pero ahí está-, fue inesperado y, claro, también desestimado; éxito que, por el contrario, no sorprendió al partido ni al número cada vez mayor de colombianos que se confiesan “uribistas” o que lo son sin confesarlo; todos los que comulgan con la lucha por la libertad y la democracia.

¿Por qué nuestra confianza? Porque tenemos claro, y también los cientos de miles de marchantes, que la encarnación de esa lucha por la libertad y la democracia en Colombia tiene nombre propio: Álvaro Uribe Vélez, quien nos devolvió la una y la otra cuando estuvimos a punto de perderlas y el mundo empezaba a vernos como un “país fallido”.

Porque en ese orden de ideas, o mejor, de convicciones, los marchantes tenían igualmente claro que la lucha por la libertad y la democracia es una causa gemela a la del rechazo a la libertad arrebatada al expresidente. Por eso el grito era uno solo ¡URIBE INOCENTE!, en legítimo reclamo a una justicia en la que quiero seguir creyendo, pero en la que poco o nada creen los colombianos, y esa es la principal amenaza para una democracia.

Es difícil creer en la justicia después de seguir el juicio contra Uribe, con sus chuzadas ilegales que se legalizan como quien saca un conejo de un sombrero, con sus testigos ausentes, sus señitas a testigos entrenados, sus papelitos que se dejan caer, sus justificaciones espurias a la conducta criminal del testigo estrella – ¡pobrecito! – y la descalificación a destajo y sin fórmula “de juicio” a las pruebas y alegatos de la defensa; con sus “juicios” de valor con evidente animadversión contra Uribe y su familia. En fin, hasta con sus teléfonos que, sencillamente…, se pierden.

Sin embargo, aunque nos cueste creer en la justicia, no queremos sumar a la desconfianza que pesa sobre su independencia. Las marchas no pretendían presionar la segunda instancia, que restituirá el equilibrio perdido -no lo dudo-, pero sí fueron un acto de fe en la inocencia de Uribe, con todo lo que ello representa como “hecho político”, en respuesta a un juicio que fue antijurídico en lo formal y “político-vengativo” en sus objetivos. Por ello, parodiando una tradicional frase española con paternidad discutida, tras las marchas podemos ripostarles a la izquierda y a los enemigos gratuitos del expresidente y del Centro Democrático: “el enemigo político que vos matasteis…, goza de cabal salud”.

Sin duda, esa expresión espontánea y multitudinaria, en un día feriado, lluvioso en Bogotá y, además, sin almuerzos, buses, ni artistas invitados, es un incuestionable hecho político con peso de cara a las elecciones de 2026. Las guerrillas comunistas, la izquierda “democrática” devenida en gobierno progresista y el narcotráfico, no cejarán en su ataque obsesivo contra Álvaro Uribe, sin reparar, quizás cegados por el odio gratuito, que cada ataque, cada agravio que el expresidente responde con la indignación que amerita, pero con la dignidad que lo acompaña, lo convierte en mártir vivo de la democracia y mejora aún más su inquebrantable salud política.

Ni la injusta detención domiciliaria frenará este proceso de fortalecimiento político, porque el expresidente no necesita salir de su casa, ni hablar siquiera. Su ideario retumba en el sentir de los colombianos, en un momento en que la violencia, los escándalos y el desgobierno siembran la desesperanza.

Por ello, la lucha por la libertad y la democracia, la lucha por la esperanza… continúa y triunfará en 2026.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

Lenguaje y diplomacia de las flores

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Augusto Solano Mejía * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(ASM – Lunes 4 de agosto de 2025).- Hoy, la conversación que predomina en el mundo —y especialmente en Colombia— está marcada por la polarización, los conflictos y la intolerancia. Nos cuesta escucharnos y reconocernos. Por eso, más que nunca, necesitamos lenguajes que nos acerquen, que no necesiten traducción; y símbolos que inspiren respeto, empatía y esperanza.

Sin duda, nuestras flores se han convertido en un lenguaje universal: hablan sin palabras, pero con una fuerza emocional que atraviesa fronteras. Además, el esfuerzo de cientos de miles de trabajadores rurales se ha convertido en un símbolo internacional de progreso, equidad y sostenibilidad.

En Japón, una rosa colombiana puede ser un gesto de gratitud. En Canadá, un crisantemo puede acompañar un momento de duelo con respeto. En Estados Unidos, un ramo de alstroemerias puede decir “te extraño” o “te quiero”. Así, sin hablar el mismo idioma, desde nuestros suelos se conectan corazones. Ese poder simbólico y emocional es una forma de diálogo entre culturas, y un lenguaje silencioso con el que recorremos el mundo.

Y es precisamente por esa fuerza que, en más de 100 países, quienes compran y reciben estas expresiones de nuestra tierra encuentran en ellas mucho más que belleza: reconocen un símbolo de respeto por los ecosistemas, por todas las formas de vida, y por el compromiso con el desarrollo de las comunidades rurales.

Esa percepción se ha construido a lo largo de los años, alrededor del mundo, gracias al trabajo constante, la responsabilidad ambiental y el compromiso social de este sector de la economía nacional.

Un claro ejemplo de este lenguaje universal se encuentra en la Feria de las Flores de Medellín. Miles de visitantes, tanto nacionales como internacionales, descubren una certeza: estas obras naturales no solo son ornamento. Son cultura viva, historia contada con colores, identidad que se lleva a la espalda como lo hacen los silleteros. Son también arte, tradición, trabajo digno, y emisarias silenciosas del esfuerzo, la biodiversidad y la creatividad de nuestro país.

En una globalización que necesita relaciones internacionales más humanas y cercanas, también las ciudades empiezan a reclamar espacios que no solo ofrezcan belleza, sino que restablezcan el vínculo esencial del ser humano con la naturaleza y con la memoria rural que habita en sus raíces.

De allí que nacional e internacionalmente, en cada intervención urbana que el sector realiza, en cada evento cultural que apoya, reafirma que va mucho más allá de la exportación: es una forma de contarnos, de valorarnos y de mostrarnos al mundo.

Así, se ha cultivado una forma de diplomacia silenciosa, profunda y constante. A través de Asocolflores, el país tiene una voz activa en los principales escenarios y asociaciones internacionales del sector. Además, Colombia participa en el Summit que reúne a las nueve principales asociaciones florales de Estados Unidos y forma parte de espacios estratégicos en Europa.

Estos vínculos internacionales, construidos con seriedad y visión gremial, han consolidado alianzas técnicas y comerciales, al tiempo que proyectan al país como un actor comprometido con la Agenda 2030, el comercio justo y la cooperación global.

Sin embargo, esta diplomacia no se ejerce solo en mesas de trabajo ni en foros internacionales. También ocurre de forma cotidiana, cuando un consumidor en cualquier parte del mundo elige un tallo colombiano. Ese gesto activa una cadena de reconocimiento que asocia a nuestro país con la conservación de los ecosistemas, la generación de empleo digno y el desarrollo rural sostenible.

Por eso las flores colombianas no solo cruzan fronteras: tienden puentes. Lo hacen con la delicadeza de lo bello, pero con la potencia de lo auténtico. Por eso, hoy más que nunca, se han convertido en nuestras mejores embajadoras ante el mundo.

Solo resta decir que, en tiempos donde las palabras muchas veces dividen, ellas siguen uniendo. Son lenguaje que acaricia, diplomacia que no impone, y símbolo de un país que apuesta por la belleza con propósito y por la sostenibilidad con sentido humano.

Porque al final, lo que prospera no es solo un sector económico: es una forma de país que dialoga con el mundo a través del respeto, el trabajo, la sostenibilidad y la esperanza.

* Augusto Solano, Presidente Ejecutivo de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores).

Elogio de… la dignidad

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 1 de agosto de 2025).- Con el sarcasmo como recurso, Erasmo de Róterdam escribió el “Elogio de la locura”, convirtiendo a la locura misma en protagonista –la estulticia–, para criticar a la sociedad y a la Iglesia de su tiempo.

Con la indignación como recurso, esquivo el debate sobre las irregularidades del juicio a Álvaro Uribe y el ladrillo que la juez puso en uno de los platos de la balanza que simboliza el equilibrio de la justicia, para intentar un “Elogio de la dignidad”, hoy personificada en el expresidente Uribe, en medio del odio y los insultos de unos cuantos, contra él, su legado y lo que representa para Colombia.

Quizás algunos colombianos se pregunten por qué Álvaro Uribe, que dedicó su vida al servicio público hasta llegar al máximo honor de dirigir los destinos del país, con resultados que, además, fueron tabla de salvación cuando la violencia extrema y multiforme nos había llevado a la condición de país inviable ante el mundo, no declaró entonces su misión cumplida para dedicarse a dar conferencias, a recuperar tiempo con su familia…, con sus nietos.

¿Por qué? Por patriotismo, que no es agitar una bandera en un estadio o colgarla de cualquier ventana el 20 de julio, sino amar de veraz a este país imperfecto y emproblemado, sí, pero el de nuestros abuelos y nuestros padres, y el que les estamos dejando a nuestros hijos y nuestros nietos; razón suficiente para no sentarse a descansar cuando nuestro país se desmorona y nos necesita. Álvaro Uribe lo tiene claro.

¿Por qué? Por coherencia, que no es otra cosa que obrar de acuerdo con lo que hablamos, hablar de acuerdo con lo que pensamos y ser fieles a esos fundamentos ideológicos. Se puede cambiar de opinión frente a coyunturas diferentes, pero nunca de principios. Álvaro Uribe lo tiene claro. En medio del saltimbanquismo político que cambia de principios como de camisa, es inamovible su discurso del imperio de la ley y la seguridad como cimientos del libre emprendimiento y la equidad.

¿Por qué? Por coraje, y Uribe sí que lo tiene, pues en este país la coherencia entraña riesgos contra la libertad y la vida, proporcionales al compromiso patriótico, pero también al número de quienes confunden la diferencia ideológica con el odio a muerte.

Y todo eso, más la humildad del conocimiento y la sencillez, la honestidad y la transparencia, arroja un resultado virtuoso: LA DIGNIDAD, que no se compra, se nace con ella y la vida es una lucha por preservarla. Muchos la pierden en el camino, la juegan o la cambian por un espejismo, la dan en usufructo o la regalan, como Stepansky en el poema de León de Greiff.

La dignidad le permitió a Uribe enfrentar a la justicia con la entereza de quien se sabe inocente, cuando muchos escapan del país con la tolerancia de las autoridades.

La dignidad le impidió a Uribe atender el consejo malintencionado de acogerse a la justicia de un acuerdo espurio, porque una justicia que regala impunidad a los criminales no tiene nada que ofrecer a un inocente.

La dignidad le permitió y le seguirá permitiendo a Uribe enfrentar a la justicia con respeto, aunque sienta que a esa institución fundante de la democracia haya que limpiarle muchas telarañas.

El legado de Uribe, más vivo y necesario que nunca en un país arrastrado a la violencia y el desgobierno, es el muro de contención para detener a quienes buscan sembrar el caos y destruir nuestra democracia con ayuda del narcotráfico.

El único camino es recobrar el patriotismo, la coherencia y el coraje, para enfrentar la amenaza… CON DIGNIDAD.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

¿Hacia una Gran Colombia narcoprogresista?

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 25 de julio de 2025).- “Están muy…, muy interesados”. ¿Quiénes? “China, India, los turcos, los rusos…”. ¿En qué? En invertir en la nueva zona binacional entre Colombia y Venezuela. Esas fueron las declaraciones del dictador Maduro. Así que… ¿“por ahí va el agua al molino”? ¿Qué hay detrás de la zona binacional?

Los anuncios del presidente Petro y de Saade, su actual “hombre eco”, están marcados por la opacidad. Generan mucha suspicacia la reticencia a publicar el documento y la actitud de Saade ante los medios, su discurso aprendido, sus evasivas y su insulto a la inteligencia de los empresarios no consultados, invitándolos a limitarse, sin preguntas, a esperar el paraíso anunciado de los grandes negocios.

En cuanto a las declaraciones de Petro, en principio desconfío de todo aquello que se pretende justificar con LA PAZ, como sucedió con la “estable y duradera” de Santos para justificar hasta un ataque a la democracia y un Acuerdo de impunidad, verdad segmentada, COCA y víctimas estafadas…, de disidencias y reincidencias.

Desconfío de su obsesión bolivariana y grancolombiana. En la reciente Reunión Ministerial de Energía de la CELAC, esa OEA de izquierda y sin Estados Unidos que hoy preside Colombia, Petro proclamó que el proyecto de Bolívar “puede comenzar por la integración de la Gran Colombia en términos energéticos limpios…”. Así puede comenzar y… ¿cómo puede continuar?, ¿acaso con una zona binacional ensanchada hasta fusionarse en una Gran Colombia progresista?

No estoy delirando. Si las declaraciones de Petro son preocupantes, las del dictador lo son aún más, pues no tiene que andarse con eufemismos ni cuidarse de ataduras, porque ya la democracia recibió la estocada en Venezuela y Maduro puede exclamar, como el Rey sol: ¡El Estado soy yo!

El dictador no le importa si es Memorando de Intenciones o Acuerdo. Mientras el gobierno colombiano habla de un piloto con Norte de Santander y los estados Zulia y Táchira, Maduro marcó en el mapa un “gran círculo” que, además del Catatumbo, incluye al Cesar y La Guajira. Es más, continuó bajando por el mapa y afirmó que estaban estudiando otras zonas en regiones como Arauca, enfrentada al estado Apure, y nuestros departamentos de Guainía y Vichada con el estado Amazonas en Venezuela, una zona que “es importante para la conservación de la selva amazónica, rescatarla de la depredación de la minería ilegal”.

Ahora bien, más allá de si, en el plano de lo formal, un Memorando de Intenciones compromete o no, pues como su nombre lo indica, es un documento con una clara “intención”, con la que ambos gobiernos están “comprometidos”.

Frente a la realidad, vuelven las suspicacias. Nuestra zona piloto no solo es la de mayor concentración de cultivos de coca en el mundo, aunque Saade se haya atrevido a la mentira de que el 75% del Catatumbo ya está recuperado, sino que suministra la cocaína que pasa fácil a Venezuela para ser distribuida a los mercados de Estados Unidos y Europa principalmente. La realidad es la presencia también binacional del ELN como grupo armado ilegal en Colombia y paramilitar en Venezuela.

La realidad es que el Cartel de los Soles no es fantasía y que, entre Maduro, Diosdado y Padrino, suman 65 millones de dólares en recompensas ofrecidas por Estados Unidos por delitos de narcotráfico y, por lo tanto, a ese régimen le importan poco o nada la erradicación del narcotráfico y la minería ilegal.

Es el inició del sueño de Bolívar, Chávez Maduro y Petro, decía emocionado Saade. ¿Cuál sueño?, ¿el de una Gran Colombia narcoprogresista, donde florezcan las muy interesadas inversiones de China, India, los turcos, los rusos y los iraníes?

¡Dios nos libre!

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie