Ganadería ilegal arrasa el hogar de los Nukak y abastece de carne a Bogotá

* El Resguardo Nukak está en peligro por el inclemente avance de la ganadería. Foto Cortesía: Juan Jacobo Walschburger, antropólogo de la UNAL.

Agricultura & Ganadería

(UN – Lunes 24 de noviembre de 2025).- La carne proveniente de la deforestación en el Resguardo Nukak, en la Amazonia colombiana, se comercializa en carnicerías de Bogotá sin que los consumidores sean conscientes de su origen. La expansión de la ganadería en Guaviare ha transformado los bosques en praderas artificiales poniendo en riesgo la biodiversidad y el modo de vida del último pueblo nómada de Colombia.

Desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 el territorio Nukak –ubicado entre los ríos Guaviare e Inírida– ha perdido 36.942 hectáreas de selva. Primero la coca y luego la ganadería han convertido el Resguardo en un campo de disputa, en donde la ausencia estatal ha permitido la explotación de sus recursos naturales. Entre 2016 y 2022, el hato bovino del Guaviare creció un 90 % mientras que el departamento se posicionó como el segundo con mayor deforestación en Colombia, perdiendo 11.467 hectáreas solo en 2023.

“Todos vamos a caminar juntos… allá afuera hay caseríos, no hay donde sacar miel, no hay donde bajar comida, ni donde irnos a cultivar, porque no es territorio sagrado, sino ajeno… eso es lo que no queremos nosotros, por eso profundizamos en las garantías que deben apoyar al pueblo Nukak”, aseguró un líder indígena en entrevista con el antropólogo Juan Jacobo Walschburger, egresado de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Hoy los Nukak y otras etnias como los Tucano y los Jiw deambulan por San José del Guaviare vestidos como cualquier otro habitante, con camisetas de algodón, pantalonetas de equipos de fútbol o de campañas políticas, crocs, sandalias o botas pantaneras. Además, usan joyas, caimanes para el pelo, aretes, e incluso, como lo cuenta una investigación de 2017, una gorra que dice “Jesús”. Atrás quedaron los taparrabos y la vestimenta tradicional con la que eran reconocidos por la sociedad.

La selva tampoco es la misma. Donde antes se escuchaban los cantos de aves rapaces y garzas, ahora resuena el mugido del ganado, que se extiende hasta las praderas artificiales donde antes había bosques densos. Esta transformación del Resguardo Nukak no ha sido un proceso espontáneo, sino el resultado de la ausencia estatal, que deja el territorio a merced de prácticas como los cultivos de coca y la ganadería en zonas de reserva, llevando a la Amazonia colombiana a concentrar más del 50% de la deforestación nacional.

Así, los Nukak se encuentran atrapados entre potreros y caminos de tierra que facilitan el tránsito del ganado hacia los mercados urbanos. La introducción de enfermedades, el contacto con colonos y la falta de recursos han puesto en riesgo su supervivencia como pueblo.

El ganado avanza, la selva retrocede

Investigadores de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), entre ellos el antropólogo Walschburger, han documentado el impacto de la ganadería en la región. A través de imágenes satelitales multitemporales han evidenciado patrones claros de deforestación progresiva, así como un crecimiento acelerado del hato bovino dentro del Resguardo.

Mientras en 2016 el ICA registró 281.611 bovinos en el Guaviare, en 2022 la cifra aumentó a 534.531. Además, los registros de movilidad ganadera muestran que una de cada 10 reses que llegan a Bogotá provienen de este departamento, una conexión que pasa desapercibida por falta de controles y trazabilidad en la comercialización de la carne.

El ingeniero Cristian Salas, investigador de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, se refiere al desmedido crecimiento ganadero en la región: “mientras entre 2016 y 2024 el crecimiento promedio en Colombia fue del 29%, en el Guaviare alcanzó el 95%, lo que significa una expansión descontrolada que está impactando gravemente los ecosistemas amazónicos”.

La falta de regulación ha permitido que la expansión ganadera en zonas de reserva natural siga sin freno. Aunque existen sistemas de seguimiento para el ganado, estos no garantizan que la carne que llega a Bogotá no provenga de territorios deforestados.

“Los registros del ICA y las guías de movilización de ganado muestran que cada año miles de reses son transportadas desde Guaviare hacia el centro del país; son tantas, que se estima que una de cada 10 vacas que llegan a Bogotá provienen de allí”, explica la antropóloga Liliana Duica Amaya, investigadora de la Universidad de Georgetown (Estados Unidos).

Según la experta, “el sistema actual de trazabilidad no les permite a los consumidores saber si están comprando carne que ha contribuido directamente a la destrucción de la Amazonia”.

El futuro del Resguardo Nukak es incierto. Si la ganadería se sigue expandiendo y la selva desaparece, las opciones para proteger a esta comunidad y su territorio se reducen. Sin una intervención eficaz del Estado y sin mecanismos de control claros, la deforestación continuaría sin freno, sellando el destino de los Nukak y su hogar ancestral. Mientras para los habitantes de la ciudad la carne es solo un producto en la mesa, para los Nukak cada animal que pasta en lo que fue su selva es un símbolo de la pérdida de su mundo.

Para conocer el estudio completo puede consultar el siguiente enlace: https://revistas.unal.edu.co/index.php/anpol/article/view/118419

Tomate de árbol se ahoga en Boyacá, pero una hormona sería su “chaleco salvavidas”

* El tomate de árbol tendría un aliado sin precedentes que lo haría más resistente al invierno. Foto Cortesía: Unimedios.

Agricultura & Ganadería

(UN – Lunes 24 de noviembre de 2025).- Cuando las lluvias arrecian en zonas de planicie como Boyacá, el tomate de árbol paga las consecuencias: las raíces se asfixian bajo el exceso de agua y hasta el 90% de los frutos se pierden. Ahora, científicos probaron que una hormona obtenida de flores actuaría como escudo protector manteniendo el crecimiento y las hojas incluso en plena temporada invernal.

En las montañas frías de Boyacá, Cundinamarca y Antioquia –principales regiones productoras de este fruto– las lluvias excesivas saturan el suelo y lo vuelven incapaz de drenar. Las raíces quedan atrapadas en un charco invisible y, sin oxígeno, empiezan a marchitarse como si se ahogaran bajo tierra. El desenlace es devastador: las hojas se tornan amarillas, los frutos se desprenden antes de madurar y las cosechas se pueden reducir drásticamente en cuestión de días.

La magnitud del problema se refleja en las cifras. Según la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), el país produce más de 150.000 toneladas de tomate de árbol al año, y departamentos como Boyacá concentran buena parte de esta producción. En épocas de lluvias intensas, incluidas las asociadas con el fenómeno de La Niña, las pérdidas se convierten en una verdadera pesadilla para cientos de familias campesinas que dependen de este fruto para su sustento.

Este fruto ha sido poco estudiado, en especial su capacidad para resistir las inundaciones del suelo, por lo que el investigador Diego Alejandro Gutiérrez Villamil, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se adentró en el problema describiendo el primer impacto: “con 4 de inundación la planta ya empieza a colapsar, y después de ese momento el daño es irreversible”.

Resistir con ayuda de una hormona

El experimento fue sencillo de diseñar, pero exigente en la práctica. En un ensayo a campo abierto en Tunja, el investigador sembró más de 20 plantas de tomate de árbol en materas y luego las sometió a inundación. Así comprobó que el cuarto día es el punto crítico: las raíces dejan de absorber agua y nutrientes, las plantas se asfixian y la fotosíntesis se interrumpe frenando por completo su crecimiento.

El propósito no era solo identificar el momento crítico, sino probar una salida. Así surgió la opción de los brasinoesteroides, una hormona vegetal presente de forma natural en las plantas, pero insuficiente en condiciones de inundación. Con su aplicación externa, el investigador Gutiérrez buscó estimular al tomate de árbol para que generara un escudo en sus hojas capaz de resistir los embates de las lluvias intensas.

La hormona regula el crecimiento de las plantas y tiene una historia particular: la primera vez que se aisló fue en los nabos –ingrediente clave del cocido boyacense– y también en distintas flores. En el experimento, el producto utilizado provenía de un fabricante que obtiene de ellas una concentración baja (0,1%), ya que conseguirla en estado puro resulta difícil y costoso.

Para evaluar su efecto, el magíster conformó dos grupos: uno sin tratamiento y otro al que aplicó brasinoesteroides en las hojas con dos dosis: 6,7 y 3 mililitros por litro, antes y 24 horas después de inundar las materas. Esto le permitió comparar la resistencia y recuperación de las plantas tratadas frente a aquellas que no recibieron ninguna ayuda.

Los resultados sorprendieron al investigador: mientras las plantas sin protección empezaban a marchitarse y perder vigor a los pocos días, las tratadas con la hormona lograron mantener sus hojas verdes, conservar la clorofila y seguir realizando fotosíntesis incluso bajo condiciones de estrés. Además, produjeron sustancias protectoras como la prolina, un aminoácido que actúa como escudo interno frente al ahogamiento.

El estudio fue dirigido y acompañado por el profesor Helber Enrique Balaguera López, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL, y de Óscar Humberto Alvarado Sanabria, magíster en Ciencias Agrarias.

Hasta la raíz

La hormona permitió que el tomate de árbol no se hundiera del todo. Después de la inundación, las plantas tratadas se recuperaron más rápido y siguieron creciendo, algo que no ocurrió con las demás. Fue como darle un flotador a un nadador que lucha contra la corriente: el río sigue caudaloso, pero al menos tiene la oportunidad de llegar a la orilla.

“Actualmente los agricultores tratan de hacer zanjas para que el agua fluya y las plantas no se ahoguen, pero esto no siempre es efectivo. Por otro lado, algunos ya usan la hormona, pero sin saber cuáles son las concentraciones ideales o en qué momento aplicarla. El estudio es una guía para que lo hagan de manera correcta”, indica el investigador Gutiérrez.

Además de alimentar a miles de hogares, el tomate de árbol también se exporta: en 2022 llegaron cargamentos a Países Bajos, Canadá, Bélgica y Rusia. Su peso económico y cultural lo hace símbolo de la agricultura andina, pero también víctima del cambio climático, “que no solo eleva la temperatura, sino que en pocos días concentra lluvias que antes caían en un mes, seguidas de largas sequías”, señala el investigador.

Los científicos advierten que no se trata de una solución mágica. Falta probar la hormona en las raíces y medir su efecto, aunque allí el reto es mayor porque puede diluirse en el suelo y perder eficacia. Aun así, representa una pieza en el rompecabezas de la adaptación agrícola a las lluvias intensas. Lo ideal es combinar un buen manejo del agua con la aplicación estratégica de estas hormonas para obtener cultivos más resistentes.

“Aunque las hormonas aplicadas en las plantas no tienen impacto en la salud humana, para ellas sí son perjudiciales en concentraciones muy altas, pues impiden su crecimiento normal”, explica el experto.

En las montañas boyacenses, donde las lluvias golpean sin tregua y las nubes oscurecen los valles, los campesinos seguirán sembrando tomate de árbol con la esperanza de que sus frutos lleguen intactos a la cosecha. Quizá con la ayuda de esta hormona “salvavidas”, tengan más posibilidades de ganar la batalla contra el exceso de agua que amenaza sus huertas.

En Zipaquirá la expansión urbana incrementa la presión sobre ríos y quebradas

* En Zipaquirá la expansión urbana ha llevado a un aumento de la presión sobre rondas de ríos y quebradas, y pérdidas en el sistema de acueducto. Foto Cortesía: SOS Amoladero.

Agricultura & Ganadería

(UN – Lunes 24 de noviembre de 2025).- Este municipio de la Sabana de Bogotá crece sobre franjas de protección de ríos y quebradas y de antiguos suelos agrícolas, amparada en un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que hace más de 10 años no se actualiza. Este desfase entre planeación y gestión ambiental ha llevado a que más del 30% del agua tratada se pierda en redes obsoletas, mientras que las aguas residuales se descargan sin tratamiento al río Bogotá, en medio de un auge inmobiliario que avanza más rápido que la capacidad hídrica del territorio.

La investigación realizada por Juan Sebastián Fonseca, magíster en Gobierno Urbano de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), evidenció que en Zipaquirá las modificaciones al POT en las áreas de transición entre lo urbano y lo rural (zonas suburbanas) duplicaron los índices de ocupación —del 20 al 40%— entre las versiones de 2000 y 2003, lo que permitió urbanizar áreas concebidas originalmente para regular la expansión hacia suelos agrícolas y ecosistemas sensibles.

El estudio reconstruyó hasta el 2000 la historia hídrico-urbana de Zipaquirá y de la Sabana de Bogotá —conformada por 27 municipios—, analizando los cambios en el uso del suelo y su relación con las fuentes de agua.

“Encontramos que la urbanización temprana del municipio siguió lógicas territoriales heredadas de los periodos muisca y premuisca, y que durante la colonia se consolidó una división espacial entre el ‘pueblo de blancos’ y el ‘pueblo de indios’, una forma temprana de segregación socioespacial. Esa separación histórica sigue presente hoy en la manera en que se han transformado los suelos agrícolas en áreas residenciales, muchas de ellas ubicadas sobre rondas de ríos y quebradas”, afirma el magíster.

En ese contexto, el crecimiento urbano reciente se ha concentrado en el noroccidente del municipio, en donde se desarrollaron proyectos de vivienda de interés social (VIS) y vivienda de interés prioritario (VIP). Como consecuencia, zonas cercanas a las quebradas El Molino y El Amoladero han perdido franjas verdes y suelos productivos, que han sido reemplazados por urbanizaciones cerradas y proyectos de alta densidad, con edificaciones de hasta 12 pisos que ejercen presión directa sobre estos cuerpos de agua.

El investigador también revisó los POT de 2000, 2003 y 2013, comparando sus disposiciones con la expansión real de la ciudad mediante cartografía y análisis normativo. Este ejercicio le permitió evidenciar cómo las modificaciones sucesivas facilitaron el avance urbano sobre zonas originalmente destinadas a contención, y cómo en la franja de expansión se concentraron conflictos entre dinámicas urbanas y sistemas hídricos, documentados a partir de las percepciones de actores sociales y comunitarios.

“Al superponer las cartografías de los diferentes POTs evidenció que la ciudad ha mantenido las mismas dinámicas de segregación socioespacial sobre suelos agrícolas y rondas hídricas, generando nuevas conflictividades sin darles manejo. Esa lectura permitió ver que el instrumento no solo quedó desactualizado, sino que además no ha logrado concretar un modelo de ciudad armonioso con el agua, ni en el papel ni en la práctica”, señala el magíster Fonseca.

El agua sin “voz” en la planeación

La ausencia de una visión integral del agua en el POT se refleja directamente en el sistema de acueducto de Zipaquirá. El municipio se abastece de una planta de tratamiento regional que comparte con Nemocón y Cogua, a través de redes de distribución instaladas hace décadas. Más del 30% del agua tratada se pierde por fugas, superando los límites legales permitidos, y una gran parte de Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado —formulado en 2011— sigue sin ejecutarse, a pesar de haber superado su horizonte de planeación.

A esta situación se suma una distribución desigual del recurso: mientras los barrios tradicionales enfrentan cortes frecuentes, los nuevos conjuntos residenciales son priorizados, lo que refleja que la expansión urbana ha avanzado sin considerar la capacidad hídrica real del territorio.

Este escenario convierte el manejo del agua en un problema integral, en el que, además de las dimensiones ambientales y sociales mencionadas, se cruzan las culturales, pues la transformación de suelos agrícolas ha erosionado la identidad campesina y debilitado el vínculo histórico de la población con el agua como sustento de vida.

Una torre de Babel institucional

El caso de Zipaquirá es representativo de lo que ocurre en varios municipios pequeños de la Sabana de Bogotá que enfrentan limitaciones técnicas e institucionales para actualizar y ejecutar sus instrumentos de ordenamiento. Su POT, expedido en el 2000, tuvo modificaciones excepcionales en 2003 y 2013, pero debió ser objeto de una revisión estructural en 2012, lo que no ocurrió. Como resultado, hoy opera desactualizado y sin incorporar integralmente resoluciones ambientales recientes de entidades como la CAR o el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, ni fallos judiciales como la sentencia que ordena el saneamiento del río Bogotá.

Este rezago ha creado un campo normativo ambiguo, en el que las administraciones locales pueden otorgar licencias con base en el POT, en circulares internas o en otras normatividades que no están articuladas coherentemente entre sí. Las tensiones con el nivel nacional —ambiental, agrario y cultural, dado que el centro histórico es patrimonio nacional— se superponen sin una jerarquía clara, generando vacíos y conflictos regulatorios.

“Esto ha derivado en una verdadera torre de Babel institucional que dificulta la gestión sostenible y abre espacios a prácticas discrecionales, por ejemplo, en el licenciamiento”, advierte el investigador.

A este problema institucional se suma la precariedad de la infraestructura sanitaria. Zipaquirá no cuenta con una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) plenamente funcional, el sistema actual, basado en una laguna de oxidación diseñada en el POT del 2000, rebosa en temporada de lluvias y descarga directamente al río Bogotá.

“La coexistencia de un alcantarillado mixto, donde confluyen aguas residuales y pluviales, incrementa la carga contaminante y limita la capacidad de respuesta frente al crecimiento poblacional”, indica el magíster.

Por otra parte, la presión sobre el recurso hídrico trasciende las fronteras municipales. Zipaquirá depende en parte de la cuenca del río Neusa, compartida con otros municipios de la Sabana, lo que evidencia la falta de articulación regional en la planeación.

Ciudadanía y territorios sensibles al agua

La investigación del magíster Fonseca también identificó procesos comunitarios que han surgido como respuesta a las deficiencias institucionales. En la quebrada El Amoladero, por ejemplo, habitantes de la zona se han organizado para defender la ronda hídrica y proponer alternativas locales de manejo, articulando prácticas cotidianas con una visión territorial del agua.

Tales hallazgos evidencian que la planeación urbana, particularmente en Zipaquirá, enfrenta una debilidad estructural en el desconocimiento del agua como eje central del territorio. Así mismo, sin la actualización de los POT y su articulación con normas ambientales y resoluciones judiciales, los municipios seguirán expuestos a crisis de abastecimiento, deterioro de ecosistemas y conflictividades sociales ligadas a su dimensión hídrica en su expansión.

Así, la investigación concluye que el agua no solo es un recurso sino un actor territorial que configura la forma en que se habita el territorio, que cumple un rol desde lo ambiental, cultural, político y simbólico, y que opera en diferentes escalas, de lo local a municipal y regional.

Precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco por carga de 125 kilos

Agricultura & Ganadería

(FNC – Lunes 24 de noviembre de 2025).- La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) ofrece a todos los cafeteros la Garantía de Compra, mediante la publicación de un precio base de mercado que se calcula de acuerdo con la cotización de cierre en la Bolsa de Nueva York del día, el precio del dólar del día y el diferencial o prima de referencia para el café colombiano.

Precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco por carga de 125 kilo

Lunes 24 de noviembre de 2025

Precios mayoristas de la cebolla y el plátano en la central de abastos de Bogotá

Agricultura & Ganadería

(DANE-SIPSA – Lunes 24 de noviembre de 2025).- Presentamos el reporte diario de precios mayoristas de la cebolla y el plátano en la central de abastos de Bogotá, suministrados por el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa).

Advertimos que estos precios son de referencia porque varían de acuerdo con la oferta y la demanda, la calidad del producto y la región donde se comercialicen.

PRECIOS EN $ COLOMBIANOS

(Primera Calidad)

Plátano

Plátano guineo                               1 Kilogramo                              2.500

Plátano hartón maduro                  Bolsa 20 Kilogramo              75.000

Plátano hartón verde                      Bolsa 20 Kilogramo                75.000

Plátano hartón verde llanero          Canastilla 20 Kilogramo         95.000

Cebollas

Cebolla cabezona blanca              Bulto 50 Kilogramo                 80.000

Cebolla cabezona roja                  Bulto 50 Kilogramo               100.000

Cebolla junca aquitania                Atado 30 Kilogramo               60.000

Cebolla puerro                              Atado 20 Kilogramo               80.000

Precios mayoristas de la arveja, frijol, habichuela y tomate en la central de abastos de Bogotá

Agricultura & Ganadería

(DANE-SIPSA – Lunes 24 de noviembre de 2025).- Presentamos el reporte diario de precios mayoristas de la arveja, fríjol, habichuela y tomate en la central de abastos de Bogotá, suministrados por el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa).

Advertimos que estos precios son de referencia porque varían de acuerdo con la oferta y la demanda, la calidad del producto y la región donde se comercialicen.

PRECIOS EN $ COLOMBIANOS

(Primera Calidad)

Leguminosa

Arveja verde en vaina                    Bulto 50 Kilogramo               300.000

Arveja verde en vaina pastusa      Bulto 50 Kilogramo               280.000

Fríjol verde cargamanto                Bulto 50 Kilogramo              220.000

Habichuela                                    Bulto 60 Kilogramo              160.000

Tomates

Tomate chonto                                Canastilla 22 Kilogramo          40.000

Tomate larga vida                           Canastilla 20 Kilogramo          80.000

Precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá

Agricultura & Ganadería

(DANE-SIPSA-CORABASTOS – Lunes 24 de noviembre de 2025).- Presentamos el reporte diario de precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá, suministrados por el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa).

Advertimos que estos precios son de referencia porque varían de acuerdo con la oferta y la demanda, la calidad del producto y la región donde se comercialicen.

PRECIOS DE LA PAPA EN $ COLOMBIANOS

(Primera Calidad)

Papa r-12 negra                    Bulto 50 Kilogramo                  45.000

Papa r-12 roja                       Bulto 50 Kilogramo                  40.000

Papa r-12 industrial              Bulto 50 kilogramo                   50.000

Papa criolla limpia                Bulto 45 Kilogramo                180.000

Papa criolla sucia                  Bulto 50 Kilogramo                140.000

Papa parda pastusa             Bulto 50 Kilogramo                  55.000

Papa tocarreña                     Bulto 50 Kilogramo                105.000

Papa sabanera                      Bulto 50 Kilogramo                110.000

Papa pastusa superior          Bulto 50 Kilogramo                  65.000

Papa única                            Bulto 50 Kilogramo                  35.000

Colombia crea figura inédita para proteger territorios de pescadores y campesinos

* En la COP30, los ministerios de Ambiente y Agricultura lanzaron el decreto que reconoce a los Ecosistemas Acuáticos Agroalimentarios como nueva territorialidad estratégica para impulsar la reforma agraria, proteger los humedales y garantizar la soberanía alimentaria.

Agricultura & Ganadería

(Minagricultura – Viernes 21 de noviembre de 2025).- Desde la COP30, que se realiza en Brasil, el Gobierno anunció un avance histórico para la protección ambiental y el fortalecimiento del campesinado y las comunidades pesqueras del país. Las ministras de Ambiente y Desarrollo Sostenible (e), Irene Vélez Torres, y de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino, presentaron el decreto que reconoce oficialmente a los Ecosistemas Acuáticos Agroalimentarios (EAA) como una nueva territorialidad estratégica para Colombia.

El decreto desarrolla el artículo 359 de la Ley 2294 de 2023 y es fruto de un proceso participativo que reunió a ambas carteras, la Mesa de Pescadores y la academia.

La creación de los EAA busca garantizar la seguridad y soberanía alimentaria mediante el fortalecimiento de la pesca artesanal y la producción agroecológica. La medida también reconoce la territorialidad campesina y pesquera como sujeto de especial protección y contribuye a la conservación de la biodiversidad acuática, los humedales y los servicios ecosistémicos estratégicos.

“Es una nueva territorialidad que por mucho tiempo ha esperado el campesinado anfibio. Son comunidades que habitan ecosistemas que liberan riesgos, que protegen la vida y que merecen este reconocimiento para poder territorializarse en áreas estratégicas que históricamente han sido invisibles”, afirmó la ministra (e), Irene Vélez Torres.

Por su parte, la ministra Martha Carvajalino aseguró: “En nuestros ríos y mares está la pesca como fuente de vida. Hoy Colombia ha crecido en exportaciones pesqueras y piscícolas, pero también reconocemos que muchos pescadores han visto cómo se han acaparado las tierras del agua. Con este decreto dignificamos su trabajo y avanzamos en el reconocimiento de sus territorios”.

La medida representa un paso decisivo hacia la recuperación de ecosistemas degradados y la equidad territorial. Con este reconocimiento, el Gobierno del Cambio impulsa procesos de restitución de territorios a campesinos y pescadores abriendo el camino para uno de los procesos de restauración ecológica más ambiciosos en las zonas inundables del país.

Con este avance, el Gobierno Nacional fortalece la planificación participativa de los territorios, el ordenamiento alrededor del agua y el reconocimiento de las comunidades y la labor de los pescadores que históricamente han sostenido la alimentación de sus regiones y el cuidado estos ecosistemas estratégicos.

Reclutamiento de menores: ¿discusión bizantina?

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(JFLR – Viernes 21 de noviembre de 2025).- “Si se sabía o si era posible saber, allí en el terreno, que había menores de edad reclutados…Si no se sabía, por qué no se sabía y si es que era inevitable saberlo… Si se sabía, qué previsiones se tomaron”. Esta fue la respuesta a los medios del procurador delegado para los Derechos Humanos, Néstor Osuna, a propósito de lo que buscan establecer las cinco investigaciones por bombardeos en que han muerto menores, aunque más parece un juego bizantino de palabras, al estilo de los teólogos que se devanaban los sesos en Constantinopla adivinando el sexo de los ángeles.

Es la discusión que enreda al país, con los medios atizando emociones y moviendo sintonía frente a la “incoherencia” de Petro, que hoy defiende lo que ayer condenaba, cuando acompañó la moción de censura contra el exministro Botero, promovida por el camaleónico Roy, que hoy jura que hace seis años no dijo lo que dijo.

En la mitad, el “centro movedizo”, desconcertado ante un viraje en la política de seguridad del gobierno Petro que no sabe si rechazar o defender, sin parecer incoherente ni arriesgar sus cálculos políticos hacia 2026.

No ayuda la Defensoría del Pueblo, arguyendo que la presencia de menores en los campamentos “con funciones continuas de combate, no habilita la posibilidad de un ataque”, mientras condena el reclutamiento forzado que, según la Procuraduría, entre 2024 y lo corrido de 2025 suma más de 740 menores convertidos en combatientes. Es la misma posición ambivalente de las ONG de Derechos Humanos, que rechazan los bombardeos y defienden a ultranza la prioritaria protección de la niñez, mientras exigen respeto al DIH y el fin del reclutamiento forzado. ¿A quién se lo exigen…, acaso a Mordisco?  ¡Qué cinismo!

Pero bueno…, ¿qué dice el DIH? El Protocolo II adicional a los Convenios de Ginebra, establece que: “Los niños menores de quince años no serán reclutados en las fuerzas o grupos armados…”, rango de edad compartido por la Corte Penal Internacional, que tipifica ese reclutamiento como crimen de guerra.

La Convención sobre los Derechos del Niño (1990) definió que “se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años”, aunque deja la posibilidad a las Fuerzas Armadas de reclutar menores entre 15 y 18, pero lo prohíbe terminantemente a grupos armados que no pertenezcan a las fuerzas armadas de un Estado.

En Colombia, el Código de Infancia y Adolescencia no deja duda: Son niños las personas entre 0 y 12 años y adolescentes entre 12 y 18 años, en tanto que el Código Penal tipifica como delito el reclutamiento de menores de 18 años.

Fin de la discusión. El mismo procurador Osuna del galimatías inicial, con algo más de juicio lo dejó claro: “Los niños reclutados siguen siendo niños, pero también son combatientes. Y, por tanto, si se trata de un combate militar, se les aplica el régimen de los combatientes”.

Desde la Operación Berlín (2010-2011), cuando las Farc de Timochenko pretendían cruzar el país con un ejército de niños que fue interceptado y, según medicina legal, murieron 28 menores, aunque más de 70 para las narrativas de la izquierda, en ese entonces, como señala María Fernanda Cabal en uno de sus ensayos, “la izquierda abrió un juicio moral contra el Ejército, pero se le olvidó abrir un juicio moral contra quienes utilizaron a menores como escudos humanos para evitar la acción legítima de la Fuerza Pública”.

No se trata de una discusión nueva ni bizantina. Es una discusión interesada para deslegitimar y atar las manos de quienes deben defendernos porque la Constitución no solo lo autoriza, sino que lo ordena. Y punto.

* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie

El campo exige un cambio real: no más ideología, más producción

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Viernes 21 de noviembre de 2025).- La inflación alimentaria y las políticas agrarias improvisadas han demostrado ser un lastre para el campo colombiano. El próximo presidente de centro-derecha debe aplicar una agenda moderna de economía de mercado, centrada en productividad, infraestructura, crédito y seguridad rural. Sin ello, seguiremos importando lo que deberíamos estar produciendo.

El agro colombiano está cansado de discursos y experimentos. La entrega de tierras sin planes productivos serios ha sido un error estratégico que hoy pagamos en los precios de los alimentos. No es teoría: mientras la inflación total alcanzó 5,51% en octubre de 2025, los alimentos subieron 6,64%, según el DNP. Y cuando la comida se encarece, no es porque “la reforma agraria está avanzando”, sino porque la producción está retrocediendo.

Aunque en 2024 el agro creció 8,1% según el DANE, ese crecimiento no es fruto de una política coherente, sino del esfuerzo de los productores que sobreviven a pesar de la falta de infraestructura, crédito y apoyo técnico. Como han señalado analistas de desarrollo rural, muchas de las tierras entregadas en la llamada reforma agraria carecen de riego, drenajes, electrificación y vías terciarias. Repartir tierra no es reforma: hacerla producir sí lo es.

La ganadería —columna vertebral del campo colombiano— tampoco ha recibido un trato responsable. En 2024 el subsector creció 5,6%, según MinAgricultura; sin embargo, continúa enfrentando inseguridad, sacrificio ilegal y competencia desleal de importaciones. El país cuenta con 30 millones de bovinos, produce 755.000 toneladas de carne y más de 7.700 millones de litros de leche, pero carece de un Estado que acompañe este potencial de forma estratégica.

Aun así, los productores han logrado avances notables. En 2024, las exportaciones ganaderas superaron los US$301 millones, y en el primer semestre de 2025 ya iban en US$216 millones, abriendo mercados como Rusia, Egipto y China. Lo que no ha avanzado es la diplomacia sanitaria para conquistar destinos clave como Estados Unidos o Venezuela, donde se requiere un gobierno que trate al sector no como adversario ideológico, sino como aliado económico.

En este contexto, el próximo presidente de centro-derecha —con visión de economía de mercado y enfoque orientado a resultados— debe implementar una agenda seria de transformación productiva.

1. Distribución de tierras con rigor técnico.

Asignación basada en vocación productiva, experiencia y planes verificables. No más clientelismo ni simbolismos. La tierra debe ir a quienes van a trabajarla y hacerla rentable.

2. Infraestructura rural inmediata.

El 90 % del área cultivable sin riego adecuado es una barrera directa a la productividad. Un verdadero gobierno de modernización rural invertirá en riego, drenajes, electrificación y vías terciarias como políticas de Estado, no como promesas.

3. Crédito accesible y seguro agrario.

Fortalecer las líneas del Banco Agrario, microfinanzas rurales y seguros climáticos obligatorios. La producción no puede depender de la suerte ni quedar expuesta a fenómenos como La Niña.

4. Tecnología y agroindustria.

El campo global compite con drones, semillas mejoradas, mecanización y agricultura de precisión. Colombia necesita un salto tecnológico que convierta la productividad en la nueva norma.

5. Comercialización moderna.

Contratos a futuro, plataformas “coseche y venda”, alianzas directas con la industria y el comercio. Un modelo de mercado donde el productor tenga herramientas, no intermediarios dominantes.

6. Impulso estratégico a la ganadería.

Sanidad animal, trazabilidad, genética, diplomacia sanitaria y fortalecimiento del ICA. La ganadería no puede seguir siendo un sector resiliente: debe ser un sector impulsado.

7. Seguridad rural firme y sostenida.

Sin presencia del Estado, no hay inversión. El abigeato, la extorsión y la criminalidad afectan hasta el 40 % de la producción ganadera en algunas zonas. Producir sin seguridad es imposible.

Esta agenda no es ideológica: es una hoja de ruta de centro-derecha con enfoque empresarial, diseñada para que Colombia produzca, compita y exporte. El país no necesita romanticismo agrario: necesita resultados. Necesita un Estado que acompañe y productores que prosperen.

El campo colombiano está listo para dar el salto. Solo necesita un gobierno que entienda que la seguridad alimentaria no nace de discursos, sino de productividad. Y ese será el desafío —y la oportunidad— del próximo presidente.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu