Tierra pelada sin integralidad o productividad: Lo que está en juego para el campo colombiano

* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.

Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado

Agricultura & Ganadería

(MALA – Viernes 19 de junio de 2026).- Este domingo el sector rural no elegirá solamente un presidente. Elegirá entre dos visiones profundamente distintas sobre el futuro del campo: una que sigue apostándole a la redistribución de la tierra como eje del desarrollo rural y otra que prioriza la productividad, la seguridad jurídica, la infraestructura y la inversión como motores de prosperidad.

A pocos días de la segunda vuelta presidencial, resulta inevitable preguntarse qué le conviene realmente al campo colombiano. No se trata de una discusión ideológica ni de simpatías personales. Se trata de determinar cuál modelo ofrece mayores oportunidades para los productores, campesinos, ganaderos y empresarios rurales que todos los días enfrentan los desafíos de producir alimentos en medio de crecientes dificultades económicas, climáticas y de seguridad.

Durante décadas se nos ha dicho que la solución a los problemas del agro consiste en repartir tierras. Sin embargo, la experiencia demuestra que la tierra, por sí sola, no genera desarrollo. Una hectárea sin agua sigue siendo una hectárea seca, sin crédito sigue siendo improductiva, sin asistencia técnica produce menos, y sin vías para sacar la cosecha termina convirtiéndose en una promesa incumplida.

Por eso resulta válido preguntarse si la llamada reforma agraria ha logrado los resultados que se prometieron. Más allá de los anuncios oficiales, persisten interrogantes sobre el número de hectáreas efectivamente compradas, pagadas, formalizadas, adjudicadas y puestas en producción. Lo cierto es que el debate nacional continúa concentrado en las cifras de tierras entregadas mientras miles de productores siguen esperando acceso a crédito, sistemas de riego, asistencia técnica, conectividad rural, mejores vías terciarias, y comercialización.

Ese es precisamente el centro de la discusión.

La propuesta que representa Iván Cepeda mantiene como eje principal la profundización de la redistribución de tierras. Parte de una premisa comprensible: corregir desigualdades históricas en la propiedad rural. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿de qué sirve entregar tierra si no existen las condiciones para hacerla rentable y sostenible?

Del otro lado, la propuesta de Abelardo de la Espriella pone el énfasis en la seguridad jurídica, física, comercial y productiva, inversión, infraestructura productiva y el fortalecimiento de la actividad empresarial en el campo. Su planteamiento parte de una realidad económica elemental: la riqueza no se genera repartiendo activos improductivos sino creando las condiciones para que produzcan.

Y es precisamente allí donde muchos productores rurales encuentran una diferencia sustancial.

Hoy Colombia tiene oportunidades que hace apenas unos años parecían lejanas. El país ha logrado abrir mercados internacionales para la carne bovina, el ganado en pie, los lácteos, las frutas y otros productos agropecuarios. El desafío ya no es únicamente entregar más tierra; es producir más valor, más empleo y más exportaciones.

Sin embargo, para aprovechar esa oportunidad se requieren inversiones que siguen siendo insuficientes. Distritos de riego, reservorios de agua, electrificación rural, conectividad, vías terciarias, financiamiento oportuno, asistencia técnica, comercialización y seguridad para quienes producen. Esa es la verdadera infraestructura productiva que el campo reclama.

Además, el panorama climático obliga a actuar con urgencia. Los fenómenos extremos son cada vez más frecuentes y golpean con especial dureza a los pequeños productores. Sin sistemas adecuados de almacenamiento y manejo del agua, miles de familias rurales seguirán dependiendo exclusivamente de la suerte el comportamiento del clima y las oraciones a San Isidro Labrador.

Por eso considero que el debate rural de este domingo debe ir mucho más allá de la simple entrega de tierras. Lo verdaderamente importante es decidir qué modelo tiene mayores posibilidades de generar prosperidad y riqueza en el campo.

No cuestiono el derecho de los campesinos a acceder a la propiedad rural. Lo que cuestiono es la idea de que la propiedad, por sí sola, resolverá los problemas históricos del agro colombiano.

Entre una visión que sigue poniendo el acento en la redistribución y otra que prioriza productividad, seguridad jurídica, infraestructura e inversión, considero que el sector agropecuario tiene razones suficientes para respaldar la segunda.

Porque la tierra es importante, pero no es suficiente.

La tierra sin agua es incertidumbre. La tierra sin crédito es una limitación. La tierra sin seguridad es abandono. La tierra sin mercados es pobreza.

Y la tierra pelada, por sí sola, jamás ha producido el progreso que merece el campo colombiano.

Nota final: Quedan expuestos los elementos de juicio. Este domingo, vote pensando en el futuro de su familia, de su finca y del campo colombiano. No elija promesas; elija el modelo rural que considere más capaz de generar productividad, inversión, oportunidades y bienestar para quienes viven y trabajan la tierra.

* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu

Precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá

Agricultura & Ganadería

(DANE-SIPSA – Viernes 19 de junio de 2026).- Presentamos el reporte diario de precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá, suministrados por el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa).

Advertimos que estos precios son de referencia porque varían de acuerdo con la oferta y la demanda, la calidad del producto y la región donde se comercialicen.

*PIQUE en la imagen para ver el informe*

Lanzan un llamado conjunto para proteger a la población de fenómenos meteorológicos extremos

* Con una inversión total 202 millones de dólares a nivel global, las agencias (FAO y WFP) podrían proteger a 8,8 millones de personas antes de que sequías, inundaciones y tormentas destruyan cultivos, animales, ingresos y alimentos.

Agricultura & Ganadería

(FAO – Jueves 18 de junio de 2026).- La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP) hacen un llamado conjunto para ampliar de forma urgente la acción anticipatoria frente a los impactos previstos de El Niño entre junio de 2026 y marzo de 2027.

FAO y WFP están listas para apoyar de inmediato a 1,2 millones de personas expuestas a los riesgos asociados a El Niño. Sin embargo, con un financiamiento adicional de 167 millones de USD, la asistencia anticipatoria podría extenderse a 7,6 millones de personas más. En total, ambas agencias podrían proteger a 8,8 millones de personas con una inversión de 202 millones de USD.

En un contexto de presupuestos humanitarios cada vez más limitados, la acción anticipatoria representa una de las inversiones más eficaces disponibles: cada dólar invertido antes del impacto puede generar hasta siete dólares en pérdidas humanitarias evitadas.

“La experiencia demuestra sistemáticamente que la actuación temprana es más eficaz y menos costosa que responder una vez que la crisis se ha agravado”, declaró Beth Bechdol, subdirectora General de la FAO. “Contamos con los datos, las herramientas y la evidencia para identificar los riesgos antes de que se conviertan en emergencias. El reto consiste en garantizar que la financiación esté disponible con la suficiente antelación para actuar. Cuando se dispone de recursos antes de que se alcancen los umbrales críticos, los países pueden proteger la producción de alimentos, reducir las necesidades humanitarias y ayudar a las familias a salvaguardar sus medios de subsistencia antes de que se pierdan los periodos críticos de siembra, cosecha y producción ganadera”.

“No podemos permitirnos las consecuencias de otra crisis alimentaria”, declaró Carl Skau, director ejecutivo Interino del WFP. “Con El Niño a la vista, tenemos poco tiempo para actuar y evitar que las familias se vean obligadas a tomar decisiones imposibles más adelante. Ahora contamos con las herramientas para anticiparnos a estos eventos; lo importante es cómo actuamos con ese conocimiento. La acción temprana garantiza que haya alimentos en la mesa y protege a quienes corren mayor riesgo. Con los recursos adecuados, podemos actuar con mayor rapidez, reducir costos y llegar a las personas antes de que la crisis se agrave”.

América Latina y el Caribe

En América Latina y el Caribe se prevén impactos asociados a sequías, déficits de lluvias, afectaciones agrícolas, escasez de agua y daños a los medios de vida.

La región requiere 33 millones de USD para actuar a tiempo y proteger a 1,1 millones de personas frente a los efectos previstos de El Niño. La brecha actual de financiamiento asciende a 27,9 millones de USD.

Los riesgos van mucho más allá de la pérdida de cultivos. El Niño puede reducir la producción de alimentos básicos, limitar el acceso al agua para hogares y agricultura, afectar la ganadería y la pesca, y aumentar los daños asociados a tormentas tropicales y ciclones en zonas costeras del Pacífico.

El Corredor Seco centroamericano se encuentra entre las zonas de mayor preocupación. Allí, las condiciones asociadas a El Niño pueden intensificar períodos secos prolongados y déficits de precipitación, con impactos directos sobre la agricultura familiar, el agua y la seguridad alimentaria.

Durante el evento de El Niño 2023–2024, FAO y WFP lograron proteger a más de tres millones de personas frente a sus impactos en América Latina y el Caribe, hasta 10 meses antes que las intervenciones de respuesta.

Proteger la producción es proteger la seguridad alimentaria

El llamamiento FAO–WFP busca reducir pérdidas y daños mediante medidas adaptadas a cada territorio y medio de vida. Entre las acciones prioritarias se incluyen semillas tolerantes a la sequía o a inundaciones, herramientas agrícolas, transferencias de efectivo, captación de agua, micro-riego, apoyo a la salud animal, asesoría agrícola, difusión de alertas tempranas, defensas contra inundaciones y sistemas de almacenamiento de agua.

Estas medidas permiten que las comunidades rurales no solo sobrevivan al impacto climático, sino que mantengan su capacidad de producir alimentos, generar ingresos y evitar estrategias de supervivencia negativas, como vender activos productivos, reducir comidas o endeudarse en condiciones desfavorables.

La acción anticipatoria también abre una oportunidad para movilizar más financiamiento público, privado y combinado hacia sistemas agroalimentarios resilientes. Al reducir el riesgo climático y estabilizar la producción, estas intervenciones pueden mejorar las condiciones para nuevas inversiones, dinamizar economías locales y fortalecer la seguridad alimentaria en territorios vulnerables.

Un llamado a financiar antes del impacto

FAO y WFP subrayan que el progreso logrado en acción anticipatoria es significativo, pero aún insuficiente frente a la escala de los riesgos. Las agencias llaman a donantes, gobiernos, bancos de desarrollo, fondos climáticos, sector privado y socios humanitarios a aportar financiamiento temprano, flexible y de mayor volumen.

El objetivo es doble: sostener la producción local de alimentos y proteger a las familias vulnerables antes de que El Niño erosione sus medios de vida.

Cuando la alerta temprana se convierte en acción temprana, las comunidades no esperan pasivamente la crisis: se preparan, protegen sus activos, sostienen sus ingresos y mantienen alimentos en la mesa.

Comunidades étnicas certificaron sus viveros para proteger especies nativas

* Esta certificación va a permitir fortalecer los procesos de extensión fitosanitaria, a la vez que vincula a las comunidades étnicas en el trabajo por cuidar el estatus sanitario del departamento.

Agricultura & Ganadería

(ICA – Jueves 18 de junio de 2026).- Después de un proceso que inició en abril de este año, en el que a través del proyecto REDD y gracias al acompañamiento del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), ocho comunidades indígenas y dos consejos comunitarios de igual número de cuencas hídricas del Chocó recibieron, en la mañana de este jueves 18 de junio, la certificación de sus viveros, lo que abre el camino para que se inicie la protección de especies nativas de la zona y la comercialización de material de propagación certificado en el territorio.

Este logro histórico marca un hito en la producción agrícola del Chocó, pues el departamento solo contaba con cuatro viveros certificados, lo que limitaba la capacidad de investigación y salvaguarda del material genético endémico y ponía en riesgo la producción territorial, por cuanto la semilla que se venía utilizando en la producción, no necesariamente estaba siendo certificada.

Según explicó Luis Eduardo Klinger, gerente seccional del ICA, esta certificación va a permitir fortalecer los procesos de extensión fitosanitaria, a la vez que vincula a las comunidades étnicas en el trabajo por cuidar el estatus sanitario del departamento. Con la certificación de estos viveros, las comunidades también podrán encontrar una oportunidad de negocio que les permita seguir fortaleciendo sus procesos productivos.

Las comunidades que certificaron sus viveros son:

* Comunidad indígena Miacora Central Asociación (ACENAB) – Vivero Choiba Nepono.

* Comunidad indígena Peñita – Vivero Cumbarrá del río Cugucho.  

* Consejo Comunitario de Cugucho – Vivero Cugucho.

* Comunidad indígena Bella Luz Vieja – Vivero Semilla nativa.

* Cabildo indígena local de Londoño – Vivero Semilla Ancestral.

* Comunidad indígena Andeudo – Vivero Bakuru wandra (Espíritu del Árbol).

* Comunidad indígena Playita – Vivero Sabiduría ancestral.

* Comunidad indígena Cocalito Río Ankosó (Cabildo Mayor Indígena del río Ankosó y Catrú CAMIRAC) – Vivero Bidua Nephono (Flor de Pichindé).

* Consejo Comunitario Bellavista Dubaza – Vivero Herencia Verde.

* Asociación de Cabildo Indígena ACI-Okendo – Vivero Neu.           

Este hito en el campo chocoano hace parte de las acciones del ICA en la implementación de la reforma agraria y considera la importancia del trabajo del gobierno por llevar dignidad al campo colombiano.

Precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco por carga de 125 kilos

Agricultura & Ganadería

(FNC – Jueves 18 de junio de 2026).- La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) ofrece a todos los cafeteros la Garantía de Compra, mediante la publicación de un precio base de mercado que se calcula de acuerdo con la cotización de cierre en la Bolsa de Nueva York del día, el precio del dólar del día y el diferencial o prima de referencia para el café colombiano.

Precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco por carga de 125 kilo

Jueves 18 de junio de 2026

La sequía “golpea” los cultivos de maíz en el Tolima

* Si sus cultivos de maíz se han visto afectados por la sequía que azota al departamento del Tolima, inscríbase en los listados de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), acercándose a la alcaldía de su municipio.

Agricultura & Ganadería

(Fenalce – Jueves 18 de junio de 2026).- La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce) en Colombia, tras un recorrido técnico realizado por diferentes zonas productoras de maíz en el departamento del Tolima, evidenció que la sequía ya ha afectado a más de 10.600 hectáreas de este cereal, provocando pérdidas de entre el 70% y 80%, que podrían superar los 40.000 millones. Este panorama pone en riesgo la sostenibilidad de cientos de agricultores, así como la seguridad y soberanía alimentaria del país.

Ante esta preocupante situación, la federación lideró una Mesa Técnica encabezada por su gerente general, Arnulfo Trujillo; el presidente de la Organización Regional Fenalce Tolima, Ariel Guarnizo; y el director Económico y de Apoyo a la Comercialización, Henry Vargas. En el encuentro participaron agricultores de Valle de San Juan, San Luis, Natagaima, El Espinal, Suárez y Armero Guayabal, quienes expusieron la magnitud de las afectaciones que enfrentan en sus cultivos.

“Fenalce, junto con el Fondo Nacional de Cereales, está comprometida con el acompañamiento y apoyo a los agricultores que viven momentos de crisis e incertidumbre debido a los efectos de la sequía en sus cultivos. Hago un llamado urgente al Gobierno Nacional para que reconozca la gravedad de esta emergencia y adopte medidas inmediatas que permitan mitigar el impacto sobre los agricultores y protejan la producción de alimentos. Nuestros agricultores no pueden seguir enfrentando solos los efectos del clima. Cada día, sin respuestas oportunas, se profundiza la crisis agropecuaria, se amenaza la rentabilidad del campo y se compromete el futuro de miles de familias productoras. Por eso estamos trabajando en articulación con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, para poder brindar las ayudas necesarias”, afirmó Arnulfo Trujillo Díaz, gerente general de Fenalce.

El gremio también participó en la Mesa Técnica convocada por la Secretaría de Desarrollo Agropecuario de la Gobernación del Tolima, a la que asistieron alcaldes, agricultores, representantes de otros gremios como los arroceros y ganaderos, que se han visto afectados por la sequía y, el Banco Agrario.

En el marco de esta reunión se abordaron las consecuencias que ha tenido este fenómeno climático en el departamento, se plantearon diversas acciones para enfrentar esta crisis y se proyectaron alternativas para lo que viene en los próximos meses con el fenómeno de El Niño. 

También se enfatizó en la importancia del trabajo articulado de todos los actores involucrados para dar lugar a acciones de corto y mediano plazo que beneficien a todos los sectores productivos.

Temas como la declaración de emergencia, ensilaje, reservorios, alivios en la deuda con los bancos, flexibilización ambiental y seguros de cosecha, entre otros, fueron planteados para presentar una propuesta formal tanto a la Gobernación del Tolima, como al Gobierno Nacional.

¿Qué deben hacer los agricultores afectados?

Si sus cultivos de maíz se han visto afectados por la sequía que azota al departamento del Tolima, inscríbase en los listados de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres – UNGRD, acercándose a la alcaldía de su municipio.

¿Qué se ha observado en los cultivos?

En las visitas y monitoreos realizados en campo se observaron lotes con síntomas de marchitez, enrollamiento foliar, reducción del crecimiento vegetativo y estrés generalizado de las plantas debido a la falta de humedad. En algunos casos, los cultivos se encuentran en etapas fisiológicas sensibles donde el déficit hídrico puede generar afectaciones irreversibles sobre el potencial productivo.

La problemática es más evidente en zonas donde los productores no cuentan con sistemas de riego, ya que dependen exclusivamente de las precipitaciones para el sostenimiento del cultivo. En estas áreas, la humedad del suelo actualmente es insuficiente para garantizar un adecuado desarrollo fisiológico de las plantas.

Por otra parte, en algunas zonas donde sí se dispone de riego, se han presentado dificultades relacionadas con la prestación del servicio y limitaciones en la disponibilidad de agua, generando retrasos en la programación de los riegos y afectando la oportunidad de las labores agrícolas.

Situación climática e impacto en el cultivo de maíz

Durante el mes de mayo, históricamente el departamento del Tolima presenta precipitaciones asociadas al primer periodo lluvioso del año, condiciones fundamentales para el adecuado desarrollo del cultivo de maíz, especialmente en zonas donde la producción depende directamente de las lluvias y no se cuenta con sistemas de riego.

Sin embargo, durante el presente periodo se ha registrado una disminución significativa de las lluvias en diferentes zonas productoras del departamento, presentándose aproximadamente 20 días consecutivos sin precipitaciones en varios sectores. Esta situación ha generado un déficit hídrico importante, afectando principalmente los cultivos de maíz establecidos en zonas de secano donde no se dispone de sistemas de riego.

Los municipios más afectados corresponden a San Luis, Valle de San Juan, Armero Guayabal y algunos sectores de El Espinal y Suárez, donde actualmente se evidencian cultivos de maíz con síntomas de estrés hídrico, disminución de la humedad en el suelo y afectaciones en su desarrollo fisiológico.

Esta situación ha limitado la capacidad de recuperación de los cultivos y ha incrementado el riesgo de afectaciones sobre el rendimiento final de las áreas sembradas.

Impactos agronómicos sobre el cultivo de maíz

El déficit hídrico que actualmente enfrenta el departamento ha comenzado a generar impactos importantes sobre el cultivo de maíz. La falta de humedad en el suelo limita la absorción de nutrientes por parte de las plantas, afecta el desarrollo radicular y reduce el crecimiento vegetativo del cultivo.

Asimismo, las condiciones actuales han dificultado considerablemente la realización de labores agronómicas como fertilización, debido a que las aplicaciones realizadas en condiciones de baja humedad presentan menor eficiencia y aumentan el riesgo de pérdidas de nutrientes y volatilización de los fertilizantes edáficos. Esto ha llevado a que muchos productores decidan retrasar aplicaciones hasta que se presenten lluvias o mejores condiciones de humedad.

En cultivos que se encuentran en etapas críticas como floración y llenado de grano, el estrés hídrico puede ocasionar disminuciones importantes en el rendimiento final, afectando directamente la productividad de los lotes. Dependiendo de la duración de la sequía y de la etapa fisiológica del cultivo, las pérdidas podrían incrementarse considerablemente si no se presentan precipitaciones en los próximos días.

Adicionalmente, las condiciones de estrés pueden aumentar la susceptibilidad de las plantas a problemas fitosanitarios y afectar la uniformidad de los cultivos, generando una menor estabilidad productiva en las áreas afectadas.

Impactos económicos y sociales

La actual situación climática representa una preocupación importante para los productores de maíz del departamento del Tolima debido al impacto económico que puede generar sobre la rentabilidad de los cultivos.

La disminución potencial en los rendimientos ocasionaría menores volúmenes de producción y reducción en los ingresos de los agricultores, afectando principalmente a pequeños y medianos productores que dependen económicamente de esta actividad.

A esto se suma el incremento en los costos de producción registrado durante el presente semestre, especialmente en fertilizantes, labores agrícolas y costos asociados al riego. La combinación entre altos costos y posibles pérdidas productivas aumenta el riesgo financiero para muchas familias productoras de la región.

Además del impacto económico directo, esta situación puede generar consecuencias sociales importantes relacionadas con disminución del empleo rural, afectación de la economía local y dificultades para el sostenimiento de las familias que dependen de la actividad agrícola.

Precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá

Agricultura & Ganadería

(DANE-SIPSA – Jueves 18 de junio de 2026).- Presentamos el reporte diario de precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá, suministrados por el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa).

Advertimos que estos precios son de referencia porque varían de acuerdo con la oferta y la demanda, la calidad del producto y la región donde se comercialicen.

PRECIOS DE LA PAPA EN $ COLOMBIANOS

(Primera Calidad)

Papa r-12 negra                    Bulto 50 Kilogramo                 100.000

Papa r-12 roja                       Bulto 50 Kilogramo                 100.000

Papa r-12 industrial              Bulto 50 Kilogramo                 100.000

Papa criolla limpia                 Bulto 45 Kilogramo                 300.000

Papa criolla sin lavar             Bulto 50 Kilogramo                 260.000

Papa parda pastusa             Bulto 50 Kilogramo                 100.000

Papa rubí                               Bulto 50 Kilogramo                 100.000

Papa sabanera                      Bulto 50 Kilogramo                 180.000

Papa superior                        Bulto 50 Kilogramo                 100.000

Papa única                            Bulto 50 Kilogramo                 100.000

Sector bananero: Colombia necesita más institucionalidad, más empleo y más confianza para producir

* La defensa de la institucionalidad, las libertades, el empleo y el desarrollo de las regiones no es una causa política: es una causa nacional.

Agricultura & Ganadería

(Augura – Miércoles 17 de junio de 2026).- La agroindustria bananera colombiana reafirma su compromiso con la institucionalidad, la seguridad jurídica, la libertad de empresa y el desarrollo regional como pilares del progreso nacional.

El sector genera más de 200.000 empleos directos e indirectos, es el tercer producto agrícola de exportación del país y constituye el principal motor económico y social de numerosas zonas rurales, durante más de 38 años, productores y trabajadores han consolidado uno de los modelos de diálogo social más sólidos de Colombia, sustentado en la negociación colectiva, la formalidad laboral y el mejoramiento de las condiciones de los trabajadores. Este esfuerzo ha convertido a la agroindustria bananera en referente internacional de salario digno, trabajo decente y desarrollo sostenible.

Expresamos nuestra preocupación ante manifestaciones que promueven la polarización, la estigmatización o la descalificación de personas, organizaciones y sectores productivos que actúan dentro de la legalidad y aportan al crecimiento del país.

Creemos en una Colombia que valore a quienes invierten, producen, generan empleo y construyen oportunidades en las regiones. Por ello, coincidimos con el programa de gobierno que defienda instituciones sólidas, seguridad jurídica, confianza para invertir, respeto por la iniciativa privada y reconocimiento de los sectores productivos como motores de bienestar y desarrollo.

Invitamos a los trabajadores del sector bananero y de las demás actividades productivas, así como a empresarios, comunidades y ciudadanos, a reflexionar sobre la necesidad de proteger lo construido.

El empleo formal, el diálogo social, la estabilidad institucional, la inversión y las oportunidades regionales no pueden darse por sentados. Preservarlos es una responsabilidad colectiva para construir un mejor país para las generaciones presentes y futuras.

Precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco por carga de 125 kilos

Agricultura & Ganadería

(FNC – Miércoles 17 de junio de 2026).- La Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC) ofrece a todos los cafeteros la Garantía de Compra, mediante la publicación de un precio base de mercado que se calcula de acuerdo con la cotización de cierre en la Bolsa de Nueva York del día, el precio del dólar del día y el diferencial o prima de referencia para el café colombiano.

Precio interno de referencia para la compra de café pergamino seco por carga de 125 kilo

Miércoles 17 de junio de 2026

Cuidar el suelo para alimentar el futuro

* En junio, el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía y otras conmemoraciones ambientales recuerdan que la degradación de los suelos no solo amenaza los ecosistemas: también pone en riesgo la producción de alimentos, la nutrición y los medios de vida rurales.

* En el marco del Año Internacional de la Agricultora 2026, el proyecto Suelos para la Nutrición destaca el papel de las mujeres rurales en el cuidado de la tierra, la producción de alimentos y la construcción de sistemas agroalimentarios más sostenibles. En el Meta, el inicio del programa Doctores de los Suelos muestra cómo esta apuesta comienza a echar raíces en el territorio.

Agricultura & Ganadería

(FAO – Miércoles 17 de junio de 2026).- Antes de sembrar, Adriana Escobar (en la foto) toma un puñado de tierra entre sus manos. Lo deshace con los dedos, lo huele, lo observa. Mira si está suelto o compacto, si conserva humedad, si hay lombrices, raíces finas o pequeños organismos que antes pasaban inadvertidos. Durante años, como muchas productoras rurales de Villavicencio, Meta, aprendió a reconocer las señales del clima mirando el cielo. Ahora también sabe que buena parte de las respuestas están bajo sus pies.

“Uno antes pensaba que el suelo era solo donde se sembraba. Ahora entiendo que el suelo es un semillero de vida y que, si uno lo cuida, también cuida la comida de la familia”, dice mientras recorre su parcela donde cultiva hortalizas, plátano, yuca y plantas aromáticas que destina al consumo del hogar y a la venta en el mercado local.

Su historia, construida a partir del conocimiento heredado de sus mayores y fortalecida por el programa Doctores de los Suelos, representa la de muchas mujeres rurales que sostienen la alimentación cotidiana de sus familias y comunidades. Mujeres que seleccionan semillas, conservan saberes, preparan alimentos, cuidan huertas, administran pequeñas unidades productivas y, cada vez más, lideran prácticas de producción limpia y manejo sostenible del suelo.

En sus manos, la tierra fértil representa mucho más que un medio para sembrar. Es la posibilidad de producir alimentos, generar ingresos y contribuir a que niñas, niños, personas mayores y familias enteras accedan a dietas más diversas y nutritivas. Ese vínculo entre suelo, alimentación y vida se expresa en la cotidianidad: en cada huerta, en cada mercado local y en cada plato de comida.

La salud del suelo también es nutrición

La degradación de los suelos, la desertificación y la sequía suelen abordarse desde una mirada ambiental. Sin embargo, sus impactos llegan directamente a la seguridad alimentaria y la nutrición. Cuando un suelo pierde materia orgánica, se compacta, reduce su capacidad de retener agua o disminuye su fertilidad, también se debilita la posibilidad de producir alimentos suficientes, diversos y de calidad.

A nivel global, la FAO ha señalado que el 95% de los alimentos que consumimos proviene directa o indirectamente de los suelos, y que cerca de una tercera parte de los suelos del mundo ya se encuentra degradada. A Colombia también la alerta ha llegado, cerca del 40% de los suelos presenta algún grado de erosión, una realidad que afecta la productividad, la disponibilidad de alimentos, los ingresos rurales y la resiliencia de los territorios frente al cambio climático.

Por eso, hablar de suelos es hablar también de nutrición. La calidad de los alimentos empieza mucho antes de llegar a la mesa: empieza en la salud del suelo que los produce. Un suelo vivo y bien manejado permite que las plantas crezcan en mejores condiciones, aprovechen mejor los nutrientes y resistan con mayor capacidad los periodos secos, las lluvias intensas o los cambios bruscos del clima. También permite diversificar la producción, recuperar prácticas agroecológicas y reducir la dependencia de insumos externos.

Desde esta perspectiva, el suelo deja de ser visto únicamente como soporte físico de los cultivos y pasa a reconocerse como un sistema vivo, estratégico y frágil. En cada centímetro interactúan minerales, agua, aire, materia orgánica, microorganismos, raíces y múltiples formas de vida que hacen posible la producción agrícola. Su cuidado requiere conocimiento técnico, pero también observación cotidiana, experiencia campesina y decisiones productivas adaptadas a cada territorio.

Aprender a leer la tierra

El proyecto Suelos para la Nutrición recoge esta visión y la convierte en una apuesta por fortalecer capacidades, promover el manejo sostenible del suelo y reconectar la producción de alimentos con la salud de las personas y de los ecosistemas. Su enfoque parte de una premisa sencilla y profunda: no puede haber alimentación saludable sin suelos saludables.

En el Meta, esta apuesta comienza a materializarse con el programa Doctores de los Suelos, una iniciativa que vincula a 30 mujeres y hombre productores en el proceso de formación productor a productor que promueve el aprendizaje práctico para observar, diagnosticar y cuidar los suelos. A través de herramientas sencillas, quienes participan aprenden a identificar señales de compactación, erosión, pérdida de materia orgánica, baja infiltración de agua o disminución de actividad biológica.

También reconocen prácticas que pueden ayudar a mejorar la salud del suelo, como el uso de coberturas vegetales, la incorporación de materia orgánica, la diversificación de cultivos, la rotación, el manejo adecuado del agua y la reducción de prácticas que aceleran la degradación.

Para Adriana, representante legal de la Asociación de Productores Agropecuarios Agroindustriales de la vereda Mi Llanito (Asomillanito), ubicada en Villavicencio, participar en este proceso significa aprender a mirar su finca de otra manera. “Cuando uno entiende qué le está pasando al suelo, puede tomar mejores decisiones. No se trata solo de sembrar más, sino de sembrar mejor, de cuidar lo que nos permite producir”, afirma.

Su finca es pequeña, pero en ella se cruzan muchos de los desafíos que enfrenta el país: producir alimentos en medio de la variabilidad climática, proteger los recursos naturales, mejorar los ingresos rurales y garantizar dietas más saludables. Allí, cada práctica cuenta. Cubrir el suelo para que no quede expuesto al sol directo, aprovechar residuos orgánicos, evitar quemas, sembrar diferentes especies y observar la humedad antes de preparar el terreno son acciones que pueden parecer simples, pero que contribuyen a recuperar la fertilidad y aumentar la resiliencia de los sistemas agroalimentarios.

Mujeres que cuidan el alimento desde la raíz

En 2026, el Año Internacional de la Agricultora invita a reconocer una realidad que muchas veces permanece invisible: las mujeres son esenciales para producir, transformar, comercializar y llevar alimentos a los hogares. A nivel mundial, representan el 40% de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios, mientras que en América Latina y el Caribe alcanza el 36%. En Colombia, esta agenda tiene rostro rural: cerca de 5,9 millones de mujeres viven en zonas rurales y sostienen, desde sus fincas, huertas, cocinas, mercados y organizaciones, buena parte de la alimentación cotidiana del país.

Su conocimiento sobre qué se siembra, cómo se prepara, qué se consume y qué alimentos hacen falta en la mesa del hogar resulta clave para avanzar hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles, inclusivos y sensibles a la nutrición.

Cuidar los suelos también implica cuidar el tiempo y el trabajo de las mujeres rurales. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del DANE, en Colombia las mujeres dedican en promedio 7 horas y 35 minutos diarios al trabajo no remunerado, más del doble que los hombres. En la Orinoquía, este tiempo asciende a 9 horas y 7 minutos diarios. Por eso, cuando una mujer rural fortalece su huerta, mejora la fertilidad del suelo o diversifica la producción de alimentos, también está defendiendo su tiempo, su autonomía y la nutrición de su familia.

Cuando la tierra pierde fertilidad, producir exige más esfuerzo, más recursos y mayores desplazamientos para acceder a insumos, agua o alimentos. Cuando el suelo se recupera, se abren oportunidades para fortalecer huertas, mejorar la disponibilidad de alimentos frescos, diversificar la dieta y generar excedentes para la comercialización.

La degradación del suelo no puede atenderse únicamente como un problema técnico, ni la nutrición puede abordarse solo desde el consumo. Entre la tierra y el plato existe una cadena de decisiones, saberes y prácticas que determinan qué alimentos se producen, cómo se producen, quiénes los producen y en qué condiciones llegan a las comunidades.

Las conmemoraciones ambientales de junio son una oportunidad para recordar que la lucha contra la desertificación y la sequía empieza en acciones concretas de manejo sostenible del suelo, pero también en el reconocimiento de quienes lo cuidan todos los días. Productoras como Adriana muestran que la transición hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles es posible desde la innovación, la cooperación y las políticas públicas, pero también ocurre en las fincas, en las huertas, en los mercados locales y en las manos de quienes producen los alimentos que llegan a la mesa.

Al finalizar la jornada, Adriana vuelve a tomar tierra donde cultiva la Guayaba que procesa y vende con la Red del Meta, pero esta vez no la mira como antes. Sabe que allí hay memoria, alimento y futuro. Sabe que, si el suelo se enferma, también se debilita la vida que depende de él. Y sabe que cuidarlo no es solo una tarea de productores, sino una responsabilidad colectiva. Porque proteger el suelo es proteger la alimentación, y con ello, cuidar el futuro de todos y todas.