(DANE-SIPSA – Lunes 3 de agosto de 2026).- Presentamos el reporte diario de precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá, suministrados por el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa).
Advertimos que estos precios son de referencia porque varían de acuerdo con la oferta y la demanda, la calidad del producto y la región donde se comercialicen.
* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.
Por: José Félix Lafaurie Rivera * / Autor Invitado
Agricultura & Ganadería
(JFLR – Sábado 1 de agosto de 2026).- Llegando a Houston, donde me encuentro, vi el mensaje de Camila Santamaría y luego recibí una llamada de José Miguel, los hijos de Miguel Santamaria Dávila, que tuvieron el hermoso gesto de compartir conmigo la dolorosa noticia del fallecimiento de su padre.
La noticia de la muerte de Miguel Santamaría, cariñosamente “Miguel” para estas líneas y para mis recuerdos, me estremeció profundamente y, entonces, se agolparon los sentimientos, que iniciaron, cuando lo conocí, por el respeto, hicieron tránsito a la admiración, hasta llegar a la amistad y a un afecto genuino. Aunque la vida nos haya negado más momentos compartidos, su charla era un verdadero deleite.
Miguel fue el primer presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos, FEDEGÁN, después de nacer oficialmente a la institucionalidad gremial colombiana el 13 de diciembre de 1963, y por supuesto que me honra ser uno de sus sucesores.
Con el gracejo muy cachaco que era de su esencia, me contó alguna vez la anécdota de su llegada a FEDEGÁN, cuando, un día cualquiera, a comienzos de 1964, tres amigos, Augusto Espinosa, Oliverio Lara y Pepe Lafaurie –José Vicente, mi padre– aparecieron por su casa a proponerle gerenciar una organización gremial recién nacida. Miguel, quien para entonces no distinguía entre un ternero y un perro grande, preguntó muchas cosas y, entre ellas, por los recursos con que contaría y… por su sueldo. ¡Cómo te parece ala…, no tenían un peso!, me dijo, mientras soltaba una de sus espontáneas carcajadas.
Ya sea por su amistad con quienes lideraban esa iniciativa quijotesca, por intuición o por el reto de organizar el gremio nacional que levantaría la bandera en defensa de la propiedad privada de la tierra, frente a la reforma agraria expropiatoria de los gobiernos liberales de entonces; por lo que haya sido…, Miguel aceptó.
Lo que vino después fue realmente épico. Miguel aplicó su liderazgo y bonhomía para conseguir apoyo de recursos públicos, en una primera aproximación a lo que 30 años después sería la parafiscalidad ganadera. Con esos recursos desarrolló muchos programas y servicios que hoy reseñan los medios a partir de un video que realizamos en su honor hace tres años, cuando le otorgamos la condecoración que, años atrás, habíamos creado con su nombre: La Gran Gruz al Liderazgo Ganadero Regional Miguel Santamaría Dávila.
Porque, a mi juicio, ese fue quizás su mayor logro, el de “constructor de gremios”. Miguel recorrió el país durante diez años, promoviendo a FEDEGÁN como gremio nacional y convenciendo a los ganaderos de la importancia de unirse en comités locales y regionales que, a su vez, confluyeran en la Federación como gremio cúpula.
Así que, más que su primer presidente, Miguel se llevó el honor intacto de haber sido “el gran arquitecto” de FEDEGÁN, su constructor durante la primera década de su existencia, hasta llevar a nuestra Federación al reconocimiento nacional e internacional como el gremio más representativo de la ganadería colombiana.
Esa reconocida representatividad, que el gobierno Santos pretendió desconocer, tiene un nombre: Miguel Santamaría Dávila, razón de más para defenderla con la entereza con que Miguel la construyó.
Quiero destacar otro logro realmente precursor de Miguel: el de unir a los ganaderos con la tecnología de comunicaciones de la época, un propósito que retomé hace varios años y cuya última fase: FEDEGÁN 5.0, lanzaremos en noviembre, en el Congreso Nacional de Ganaderos en Valledupar, un evento donde sentiremos su presencia y, por ello, lo haremos en su honor.
Miguel Santamaría Dávila, presidente emérito de FEDEGÁN; su vida se apagó, pero la luz de sus luchas y realizaciones seguirá iluminando la historia de la ganadería colombiana. ¡Gracias Miguel!
* José Félix Lafaurie Rivera, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán). @jflafaurie
* NOTA: Las opiniones expresadas en esta publicación no necesariamente reflejan el pensamiento del periódico www.agriculturayganaderia.com y son responsabilidad exclusiva de quien las emite y/o de su actor.
Por: Miguel Ángel Lacouture Arévalo* / Autor Invitado
Agricultura & Ganadería
(MALA – Sábado 1 de agosto de 2026).-
Blindar al productor colombiano frente al riesgo cambiario
“Con una TRM que ya se ubica por debajo de los $3.200 pesos por dólar y con perspectivas de continuar descendiendo, miles de productores agropecuarios y exportadores enfrentan una reducción directa de sus ingresos. Colombia no puede aspirar a ser potencia agroindustrial si deja que la volatilidad cambiaria determine, sin ninguna protección, la rentabilidad de quienes producen y generan divisas.”
En las últimas semanas hemos venido analizando una realidad que no siempre aparece reflejada en los grandes debates económicos del país: mientras una parte de Colombia celebra una tasa de cambio baja por sus efectos sobre el costo de las importaciones, en el campo colombiano esa misma situación representa una amenaza directa contra el ingreso y la rentabilidad de miles de productores.
Hoy, con una TRM por debajo de los $3.200 pesos por dólar, esta situación debe llamar la atención del sector agropecuario exportador. No porque un dólar bajo sea negativo para toda la economía, sino porque Colombia todavía no cuenta con instrumentos suficientes para proteger a quienes producen alimentos, generan empleo rural y aportan las divisas que necesita el país.
El productor colombiano no controla la tasa de cambio. No decide la política monetaria internacional, el comportamiento de los mercados financieros ni los flujos de capital que fortalecen o debilitan el peso. Sin embargo, termina asumiendo completamente las consecuencias cuando el dólar cae.
Esa realidad nos obliga a una reflexión: ¿cómo puede Colombia pretender competir en los mercados internacionales si el productor enfrenta solo uno de los mayores riesgos de cualquier actividad exportadora?
Las grandes potencias agroexportadoras entendieron hace décadas que la competitividad no depende únicamente de producir más y mejor. También depende de administrar adecuadamente los riesgos.
Chile, facilita herramientas de cobertura para sus exportadores;
Brasil cuenta con un mercado financiero desarrollado donde las empresas gestionan permanentemente sus exposiciones cambiarias y en, Estados Unidos y Europa la administración del riesgo hace parte integral de la actividad empresarial agropecuaria.
Colombia ya tuvo una experiencia exitosa. Entre 2011 y 2013, el Ministerio de Agricultura y FINAGRO implementaron programas de coberturas cambiarias que permitieron proteger más de USD 1.260 millones en exportaciones agropecuarias. En 2012 se cubrieron aproximadamente USD 607 millones, con compensaciones cercanas a $30.000 millones, demostrando que estos instrumentos funcionan cuando existe voluntad institucional.
La conclusión es evidente: estas herramientas son útiles. El problema es que Colombia las abandonó precisamente cuando más las necesita.
Por eso, dentro de la Agenda para la Competitividad y la Transformación del Agro Colombiano, propongo la creación del Sistema Nacional de Protección del Ingreso Agroexportador, una política pública permanente que permita administrar el riesgo cambiario y no simplemente reaccionar cuando la crisis ya llegó.
Este sistema debería involucrar al Ministerio de Agricultura, Ministerio de Hacienda, Banco de la República, FINAGRO, Banco Agrario, La Previsora, el sector asegurador y los gremios productivos, con cuatro objetivos principales:
Recuperar y modernizar los programas de cobertura cambiaria para pequeños y medianos productores vinculados a cadenas exportadoras.
Facilitar que los grandes exportadores puedan cubrir sus operaciones mediante instrumentos financieros adecuados.
Diseñar un seguro especializado contra la volatilidad cambiaria que permita proteger parcialmente el ingreso del productor cuando movimientos abruptos de la TRM pongan en riesgo la viabilidad de su actividad.
Estudiar la creación de un fondo de estabilización para sectores estratégicos exportadores, financiado con participación de las propias cadenas productivas, siguiendo modelos exitosos que Colombia ya conoce.
No se trata de subsidiar ineficiencias ni garantizar utilidades. Se trata de brindar herramientas modernas de administración del riesgo, las mismas que utilizan nuestros competidores internacionales.
Quienes conocemos el campo sabemos dónde se siente realmente este problema. No se analiza solamente desde un escritorio en Bogotá. Se vive desde el barro y la bosta del pequeño productor ganadero y agricultor que madruga todos los días, enfrenta el clima, los costos, las dificultades de comercialización y ahora una variable adicional que puede reducir sus ingresos sin que tenga ninguna capacidad de controlarla.
El impacto no se limita al exportador directo. Cuando disminuye la rentabilidad de las cadenas productivas, también se afecta el productor que abastece el mercado interno, porque se reduce la inversión, el empleo rural y la capacidad futura de producir alimentos para Colombia.
Exportar no es solamente vender en el exterior. Exportar significa construir una cadena competitiva donde el productor tenga condiciones para permanecer en el negocio.
Blindar al productor frente al riesgo cambiario es proteger el empleo rural, incentivar la inversión, fortalecer las exportaciones y convertir el campo colombiano en uno de los grandes motores del desarrollo económico nacional.
Esta propuesta está dirigida al Gobierno Nacional que asumirá la conducción del país, al Ministerio de Agricultura, al Ministerio de Hacienda, a los gremios y a todos quienes tienen la responsabilidad de construir una política agropecuaria moderna.
El mensaje desde el campo es claro: la volatilidad cambiaria ya está afectando la rentabilidad de productores de todos los tamaños. Actuar oportunamente será fundamental para proteger la inversión, el empleo rural y la seguridad alimentaria de Colombia.
Esta es la primera propuesta de la Agenda para la Competitividad y la Transformación del Agro Colombiano.
Porque las grandes transformaciones del campo no comienzan con discursos. Comienzan con propuestas serias, sustentadas en evidencia y con la decisión política de convertirlas en realidad.
* Miguel Ángel Lacouture Arévalo, Práctico en Desarrollo Rural y Agropecuario. @lacoutu
(DANE-SIPSA – Sábado 1 de agosto de 2026).- Presentamos el reporte diario de precios mayoristas de la papa en la central de abastos de Bogotá, suministrados por el Sistema de Información de Precios del Sector Agropecuario (Sipsa).
Advertimos que estos precios son de referencia porque varían de acuerdo con la oferta y la demanda, la calidad del producto y la región donde se comercialicen.